Una vida normal

El mocoso faltó por primera vez al entrenamiento de la tarde. Sabía donde estaba. Con su madre y los abuelos. Le molestaba pero algo para sus adentros le decía que, seguramente, si la suya volviera a la vida, también querría pasar tiempo con ella... incluso ahora. Habría un montón de cosas que le querría preguntar. De hecho, si tuviera que escoger a recuperar alguien, la recuperaría a ella y no a su padre. Para sus adentros todavía lo culpaba de todo. Siempre inculcándole la necesidad de ser fuerte, cuando él mismo sentenció su especie y planeta con el acuerdo con el imperio. Recordaba que ella era más de la opinión de huir y preparar una resistencia desde un lugar seguro. Le hicieron creer que era una cobarde. Pero no era así, era una estratega. Ahora empezaba a darse cuenta. Ella no se quería rendir. Quería luchar pero no a cualquier precio ni de cualquier manera.

La mujer, en cierto modo, se la recordaba. No era fuerte, pero no se rendía. Ingeniaba su propia ventaja. Y a pesar de haber muerto a manos de su propio hijo, no le temía... ni a él tampoco. Esto lo continuaba desconcertando. Quizás no es que fuera valiente, quizás es que era una inconsciente. Bien, en un aspecto al menos.

Decidió continuar con sus ejercicios en solitario mientras le daba vueltas a la cabeza. Aunque Kakaroto hubiera podido explicarle todo lo que sabía, era cierto que, si se lo paraba a pensar, aquel inútil tampoco podía saber como funcionaba. No lo habían educado. Por lo tanto, tenía que ser algo instintivo. Pero ¿Cómo? Podía entender la necesidad desde ellos, al llegar a la edad idónea de reproducción. Pero con ellos dos, había sido ella quien lo había iniciado. No podía ser, no tenía ningún tipo de sentido. A menos que alguna de las leyendas fuera cierta y ellos no fueran originarios del planeta. ¿Podía ser que tuvieran algún antepasado en común? Decidió que intentaría investigar sobre esto. Quizás el viejo podría echarle una mano con ello. Recordaba haber visto algún reportaje donde se decía que, anteriormente, la especie había tenido cola. Decían que incluso les quedaba un vestigio anatómico interno, el cóccix o algo así.

Después de cenar, por inercia, fue como cada noche a la habitación del crío. Ya había empezado a leerle el nuevo capítulo cuando entró ella. Había estado deseando durante meses acabar con estos momentos, donde el crío no dejaba de preguntar cosas, y ahora, se le hacía extraño. Pero ella había vuelto. Por fin era libre ¿No? Ella le pidió que no se fuera y sin saber por qué razón, se quedó. La voz de la mujer, leyendo, lo relajaba. El crío, como siempre, paraba la lectura cada dos por tres. Pero ahora era ella la que contestaba. Era agradable, los tres juntos, leyendo aquel libro que también lo hacía pensar, a pesar de no ser considerada una lectura adulta.

Cuando se durmió, salieron y ella le agradeció y le dio un beso en la mejilla. Estuvo tentado de retenerla. De hecho, seria de esperar. Ahora era su mujer. El problema era que no estaba seguro de que ella lo supiera. Tampoco de cómo abordarlo.

Se fue a su propio aposento, refrescándose antes de dormir. Pero no podía. Tenía demasiadas cosas en la cabeza. De hecho, se volvía a sentir como después de la derrota de Célula. Decidió salir fuera, a contemplar la lejana luz de donde se habría encontrado Vegetasei... Aquella que todavía estaba viajando, sin saber que el lugar de donde provenía ya no existía. Era tristemente hermoso, tal como sentía su vida en aquel momento. Nada era lo que tendría que ser y, a la vez, en cierto modo, lo parecía. Pero, en realidad, solo era un espejismo.

- ¿Tampoco puedes dormir? -le preguntó ella a su espalda.

- No -le contestó sin girarse. Notó como se le acercaba.

- Siempre me he preguntado si desde aquí podías ver tu planeta.

- No, pero se puede ver la estrella a la cual orbitaba. Freezer también la destruyó -No sabía por qué sintió la necesidad de explicarle-. Él quería que no quedara ningún rastro, ni la de una luz que pudiera testimoniar su pasada existencia ¡Imbécil! Se creía que podía llegar a ser un dios -Rio con amargura.

- Y su sistema de origen, de Freezer ¿Se puede ver? -Lo sorprendió, preguntándole.

- No. Ellos no provenían de un sistema estelar. Su especie era originaría de una nebulosa oscura.

- Sin fuente de calor próximo... -dedujo ella.

- ¡Exacto! -Ya volvía a aparecer aquel aroma tan suyo.

- Pues entonces, el que no ha dejado rastro para el resto del universo ha sido él -Se giró para observarla. Ella tenía razón-. Sí que era un imbécil pues -Rio ella sin mirarlo, paseando la mirada por el cielo hasta que notó su escrutinio.

- ¡Qué es lo siguiente que recuerdas, después de resucitar? -le preguntó finalmente.

- Si me haces esta pregunta, entonces, es que no lo he soñado ¿Me equivoco? -Le mantuvo la mirada.

- No, no lo has soñado. ¿Por qué lo has hecho?

- No lo sé. Creía que era un sueño. Tenía que ser un sueño ¡Te he golpeado con todas mis fuerzas! -De repente, volvió a reír- ¿Y no me lo has vuelto? ¿Por qué?

Ahora le tocó reír a él por la ocurrencia- Si te la hubiera vuelto, no habría servido de nada recuperar las bolas, ¿No crees?

- No, supongo que no -Bajó la mirada-. Pero fue muy extraño ¿No? También me hubieras podido gritar o sacarme de encima...

- Era parte del ritual de unión -contestó recuperando la seriedad.

- ¿El ritual de unión? -Lo volvió a mirar sorprendida.

- ¿Recuerdas lo qué me preguntó tiempo atrás tu padre, sobre la equivalencia de rituales de apareamiento?

- Espera, para el carro. No me querrás hacer creer que aquel polvo ha sido un ritual, como si fuera una boda ¡Es absurdo!

- ¿Qué polvo? -¿Qué tenía que ver el polvo ahora? Es más, dudaba que en toda aquella casa hubiera alguno. Todos los ensamblajes eran de alta precisión y la casa se limpiaba casi sola.

- El sexo -Le aclaró ella haciendo el gesto con las dos manos. A veces podía a llegar a ser muy vulgar.

- Solo una parte. Lo importante son los pasos del compromiso y la demostración de la decisión por parte de la hembra. Esta es la que siempre tiene la última palabra para no aceptar, tanto si el macho es quien lo empieza como si lo es ella.

- ¿Yo demostré esta decisión? ¿Cuándo? ¿Cómo? -Claramente no tenía ni idea de la importancia de lo qué había hecho aquella misma mañana.

- Cuando me pediste que te hiciera mía, cuando me mordiste para tentarme, cuando tomaste el control, cuando me golpeaste para reafirmarlo y cuando te coordinaste conmigo para sellar el pacto de por vida.

- ¿Queeeeeè? Pero yo no sabía nada de esto -Retrocedió horrorizada-. Yo, de esto ¿Qué?, yo no le di este sentido... solo era un juego y ni siquiera creía que fuera de verdad. Así que no puede tener validez ¿No?

No se lo podía creer. Ahora ¿Quería romper el compromiso? Quizás para ella, todo aquello le parecía una broma, pero para él no lo era - Pues claro que tiene validez ¡Esto no se deshace! -subió la voz, incordiado-. No es ningún juego. Como ya le dije a tu padre, esto es de por vida y no se puede deshacer.

- No puede ser.

- Mujer, por más que lo quieras negar no cambiará nada. Ahora eres mi mujer -Se cruzó de brazos tratando de ser definitivo.

- Pe... pero, tú no me amas, lo sé -Lo acusó cómo si aquel hecho tuviera alguna importancia.

- No. Y no tiene nada que ver con el hecho que ahora eres mi mujer y yo tu hombre.

- ¿Qué dices? ¿Cómo que no tiene nada a ver? ¡Para mí tiene que ver todo! Yo no puedo ser la mujer de alguien que no me ama, de alguien al que no le importo ¡Es tan absurdo para mí como el hecho que para ti sea lógico! Y no lo pienso aceptar ¡Me oyes! -Enojada, volvió a entrar en su habitación y cerró la puerta, como para dejarle claro que no lo pensaba dejar entrar.

De repente, la idea de matarla le volvió a parecer buena. Al menos si estaba muerta, no se tendría que matar a pajas, si ella no quería tener sexo. El deseo desaparecería. Por el contrario, si las cosas continuaban así mucho tiempo, podría convertirse en un infierno en vida.

Continuará...