Kagome despertó con la mirada de inuyasha y shippou fija en ella y con una sango preocupada por miroku en estado de shock.

No perdieron el tiempo y al amanecer emprendieron el viaje.

Ella no quería ir cargada por un inuyasha que la tocaría por las piernas, eso haría más complicada su convivencia debido a ese candente sueño, le quería decir a sango que si podía viajar en kirara con ella, pero se dio cuenta que miroku necesitaba más de ella.

Todos se encontraban callados, el deseo ya había salido de su sistema, pero estába muy confundida, cómo es que ella soñaba cosas así, para nada desagradables, por el contrario, mientras que miroku la pasaba muy mal con esos sueños perturbadores.

¿Qué estába pasando?

Tenían que descubrirlo pronto, su amigo los necesitaba.

Miroku ya iba más calmado, sólo extremadamente pensativo.

El viaje era de 3 días pero querían hacerlo lo más pronto posible y si se podía llegar mucho antes mejor, miroku no quería soñar, tenía miedo de cerrar los ojos.

Pasaron hambre y estaban cansados, pero no querían parar, no había tiempo de descansar, apenas y cruzaban palabra unos con otros, era muy serio lo que pasaba.

Llegaron a un alrededor de las 4 de la madrugada, kagome se había llevado un reloj de muñeca para saber el horario en la época antigüa.

Todos necesitaban descansar, en el viaje habían comido algunas barras energéticas que kagome les había dado pero en ningún momento se detuvieron, tenían muchísima hambre.

Al llegar se dieron cuenta que había un campo de energía que los demonios no podían pasar, miroku dio un paso al frente, el sabía qué sellos se estaban usando.

En su educación como monje sabía cómo retirar los sellos pero le parecía muy grosero de su parte quitar la protección de los que iban a pedir ayuda.

Sango lo acompañó, le pasó a kirara a los brazos de su amiga kagome, la que lo recibió con gusto y la acarició en sus brazos, a ella y a inuyasha les había tocado todo lo pesado del viaje.

Quería acompañar a sus amigos pero no podía dejar sólos a inuyasha, shippou y kirara.

Un anciano con una túnica morada apareció de la neblina y se le acercó a miroku.

-veo que eres un monje budista y también tienes la maldición.

Miroku se sorprendió del conocimiento del anciano, ¿cómo sabía de naraku y la maldición de la kaasana?.

Miroku hizo una rápida reverencia y comenzó a cuestionar.

-hola buen hombre, disculpe la intromisión, pero necesitamos ayuda, ¿cómo sabe de mi maldición, naraku vino aquí también?

-no conozco al naraku que mencionas, pero tus párpados tienen ojeras violetas, ese es signo de la maldición del demonio cuervo.

Miroku no sabía que decir, estaba tan preocupado.

Sango intervino.

-si señor venimos de hacer un viaje muy largo porque necesitamos ayuda, mi amigo miroku y mi amiga kagome tienen la maldición, y cuenta la leyenda que aquí yacen los restos del único monje que ha sellado a éste demonio.

-veo que vienen con demonios, ¿por qué debería ayudarlos o dejarlos pasar?.

-venimos con nuestros amigos, kirara es nekomata y está conmigo desde que soy una niña, nunca haría daño, así como shippou que solo es un niño, y nuestro amigo inuyasha es mitad demonio pero es nuestro amigo y nos protege, por favor déjelos entrar.

Sango estaba deshecha, estaba muy preocupada por el hombre que amaba y por su mejor amiga, las palabras del anciano sólo la envolvían en agobio, sólo quería ayudarlos, no quería perder a sus seres queridos nunca más.

No sabía si era el cansancio, el hambre, la preocupación o todo junto que se arrodilló y le suplico con lágrimas en los ojos al anciano que los ayudara.

El anciano percibió su aura y se dio cuenta del gran dolor que cargaba la muchacha, ella no mentía.

Quitó la barrera y les dijo a todos que lo siguieran a su cabaña, era un tema largo de explicar.

Kagome y miroku ayudaron a sango a levantarse y en silencio todos caminaban a la cabaña.

Ahora inuyasha cargaba a kirara, él estaba cansado pero no tanto, antes de conocerlos a todos había días que se la pasaba escapando, sin comer ni beber nada, cuando era cachorro su vida era esconderse y correr por su vida.

Obligando a su cuerpo a hacerlo más fuerte.

Esperaba poder conseguir algo de comida para él y sus amigos, cuidaría de ellos, eran humanos frágiles, kagome a pesar de ser tenaz, y perseverante era humana, y la cuidaría con su vida.

Todos se sentaron alrededor del fuego y el anciano comenzó a explicar.

-lamento mucho su situación, no sé de qué manera pueda ayudarlos, pero les explicaré primero lo que está pasando.

Hace 200 años hubo un genocidio en una aldea llamada lao Camboya, una familia de la etnia Hmong logró huir y pedir asilo a esta aldea.

El abuelo de mi abuelo era el líder aquí y los dejó quedarse, no sabía las desgracias que vendrían después.

Los miembros de la familia empezaron a dejar atrás los terribles recuerdos que habían vivido en el campo de exterminio de los que habían escapado, pero uno de los hijos empezó a comportarse de manera extraña.

Por las noches despertaba gritando y decía que algo lo perseguía en sueños, sus papás le decían que sólo era una pesadilla, pero al día siguiente el episodio se repitió, incluso amaneció con marcas en el brazo, como si lo hubieran tomado con mucha fuerza.

Era tanto su terror a lo que le aparecía en sueños que tenía miedo de dormir, y así pasó tres noches, sus padres le pusieron en la comida unas hiervas para dormir, pero el niño nunca despertó.

Meses después otros aldeanos empezaron a tener pesadillas, aseguraban que alguien los perseguía en sueños.

Se negaban a dormir, y los que cedían al sueño aparecían muertos con expresiones de terror en sus rostros.

Un demonio cuervo es el culpable de esas muertes, te asecha en tus sueños y te lleva a su reino.

El demonio atacó a la aldea llevándose consigo la muerte de 200 aldeanos, ésta aldea era muy basta y fructífera, quedaban pocos sobrevivientes y todos vivían con miedo.

Cuando sueñas, entras a un mundo totalmente tuyo en dónde estas a salvo a menos que algo o alguien logre entrar, acecharte, conocer tus miedos, aterrorizarte y llevarte con él.

-keh! y cómo sellaron al demonio.

-sólo conozco una persona que pudo sellarlo, fue mi tatarabuelo y lo hizo a costa de su propia vida.


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