Una vida normal

Todo parecía indicar que sus sospechas eran ciertas. Existía una clara coincidencia en la mayoría del genoma de ambas especies. Casi había completado la comparativa. No había ninguna duda que en algún momento tuvieron un antepasado común. Como control había utilizado el material genético extraterrestre del equipamiento requisado del Dr. Gero. En este último se podrían detectar trazas de hasta tres especies diferentes, además de la humana. Y entre ellas, la coincidencia era inexistente. También rescató varias muestras de su maltrecha armadura, la que recibió el impacto mortal en Namek.

Él solía ser meticuloso en la limpieza de su equipamiento. Sin embargo, aquel no lo iba a volver a utilizar y, por suerte, la mujer tampoco lo había restaurado. Solo lo había utilizado como base para replicarle armaduras nuevas. Así que también pudo contrastar material genético de siete especies más. De ninguna de ellas se obtenía una coincidencia tan similar, ni por aproximación. Algunas incluso estaban basadas en cadenas de silicio en vez de carbono.

Descubrió que ambas especies habían desarrollado mejoras, si se introducía el factor de entorno. En los terrícolas había desaparecido una gran cantidad de genes, que al experimentar con ellos, inyectándolos en ratones de laboratorio, bajo una determinada frecuencia de luz parecida a la reflejada por la luna, duplicaban su tamaño hasta el de un conejo con muy mala leche. Repitió varias veces las pruebas. Todos los conejos acabaron fulminados por sus bolas de energía. Incluso con los ratones que habían demostrado ser más inteligentes, la transformación los convertía en incontrolables y muy destructivos. Dedujo que allí radicaba la esencia de su ozaru.

Por contra, había otra gran cantidad de genes que no se encontraba en los saiyajins pero fue incapaz de determinar sobre qué incidían. Pero en casi un 99,7%, la coincidencia era total. Eso explicaría por qué eran capaces de reproducirse entre ellos. También podía implicar que sus hijos pudieran tener descendencia, a pesar de ser el resultado de un cruce. Seguía sin entender la razón para que la mujer hubiera podido ejecutar el ritual. Se le estaba escapando algo y no era capaz de descifrarlo.

Además, la mujer seguía evitándolo, no siempre con éxito. Él había empezado a experimentar sensaciones extrañas cuanto más alejada intentaba mantenerse. Aunque trabajaban en diversos proyectos conjuntos, ella trataba de hacerlo en horarios diferentes a los de él. Tan solo, durante las comidas en familia o en los ratos que compartían con Trunks, desaparecía esa sensación. A veces, especialmente durante los entrenamientos, se descubría preguntándose qué estaría haciendo ella en aquel momento. Podía deducir su posición localizando su ki y teorizar sobre ello.

Luego estuvo la reacción incontrolable que experimentó, hacía ya tres meses, el día que ella celebró su último cumpleaños. La mujer invitó a la mayoría de sus amigos, entre ellos, no podía faltar, el inútil de su ex. Todos le habían traído regalos, pero cuando el cara cortada le entregó el suyo y ella le correspondió abrazándolo y besándolo en la mejilla, se desató en él una ira como hacía tiempo que no experimentaba. Sin ser consciente de ello, se acercó por detrás. El imbécil se había quedado sujetándola por la cintura. De un manotazo le retiró la mano que la sujetaba y luego lo empujó, separándolo de ella, enviándolo al jardín del vecino. No volvió a la fiesta. Durante el resto del día, ningún hombre más se atrevió a abrazar o dar un simple beso en la mejilla a la mujer, aunque el resto no le despertaban ese instinto con su sola presencia. Ella se enojó muchísimo con él, viéndose aún más atractiva. Le exigió que se disculpara con su amigo, a lo que se negó rotundamente.

Ella se empeñaba en afirmar que no le pertenecía y que entre ellos solo podía haber la paternidad de Trunks, puesto que era de lo único que ella estaba segura de que le importaba a él. Por suerte para él, parecía que, de vez en cuando, ella no era tan inmune a sus encantos. Ella decía no considerarse su mujer pero incluso el resto de los estúpidos terrícolas parecían creer lo contrario. En cierto modo, todo aquello lo divertía, como cuando pasaron la entrevista en el laboratorio.

Continuará...