Una vida normal
El día siguiente del incidente, ella le llamó para quedar y comer fuera. Quedaron en un restaurante de la costa. Por suerte, el golpe no le produjo ninguna lesión que le impidiera jugar. Tenía los huesos endurecidos por las anteriores batallas. Esto también era uno de los hechos que le daba ventaja, respecto a otros jugadores, y aumentaba su cotización en el mercado deportivo.
Había pasado casi un año sin verla cuando recibió la invitación de su cumpleaños. Él había continuado su tónica de relaciones esporádicas. Todavía no encontraba ninguna mujer que le gustara lo suficiente como para establecerse. De hecho, ya se había comenzado a mentalizar como soltero de por vida. Había pasado de tener pánico a hablar con las chicas, a pesar de que siempre había deseado tener novia, a pasar a tener diez años de relación, con quien creía que sería la mujer de su vida. Desde la última vez que habían hablado, ya sabía que aquello no sería posible. Pero una cosa sí que no cambiaría nunca, su amistad. Habían pasado demasiadas cosas juntos, demasiados años. Siempre estaría allá para ella, como amigo.
La vio llegar con uno de sus vestidos favoritos. Por más años que pasaran, ella siempre se veía estupenda. Pidieron mientras se ponían al día de otras cosas que no habían podido hablar durante el cumpleaños, por el incidente.
- Lo siento mucho, Yamcha -Se disculpó ella-. Vegeta, a veces puede ser un auténtico inmaduro. Aunque ya le canté las cuarenta ¡Quién se ha creído para tratar así a mis amigos!
- Bien, él y yo, no nos hemos llevado bien nunca -Rio él-. Esto de que te maten tampoco ayuda... -intentó relajar más el momento-. De todos modos, no hace falta que te disculpes por él. Fue él que me empujó, no tú.
- Ya, pero tú eras mi invitado y es mi casa. No sé de qué va! -dijo disgustada.
- Es igual. Ya sé cómo es él. Por cierto ¿Cómo os va? -Esperaba que al menos, a ella, la hiciera feliz-. A Trunks se lo ve bastante contento de tener a su padre. Tengo que confesar que tenía mis dudas, al comienzo, cuando me dijiste que quería entrenarlo. No sé, me da la impresión que comparten más que entrenamientos ¿Me equivoco? -Le preguntó antes de empezar con su primer plato.
- Sí ¡Con él es genial! Lo cierto es que a mí también me ha sorprendido todos estos meses -Pareció cómo si fuera a decir algo más y se hubiera frenado en el último momento-. ¿Sabes que los hijos de Son Goku también vienen a jugar a casa con Trunks? ¡Creo que él y Goten serán mejores amigos! -Sonrió cómo si recordara alguno de los momentos de los niños-. Trunks le ha pedido a su padre que le enseñe cosas también a Goten, como lo hizo con él.
- ¿Y ha estado de acuerdo? -Eso sí que lo sorprendió. Una cosa era que entrenara a su hijo y otra que accediera a hacerlo con los hijos del que, por tantos años, había considerado su Némesis.
- Pues, sorprendentemente sí. Empiezo a pensar que Trunks es su talón de Aquiles -Rio ella feliz.
- Bueno, me parece que no es el único -Rio también él.
- ¿Qué quieres decir? -Era evidente que no lo entendió.
- Pues que parece que los dos lo sois -contestó sin dejar de comer-. Su talón de Aquiles -clarificó cuando se dio cuenta de que ella continuaba sin entenderlo.
- ¿Yo? ¡Ah, no! -Rio nerviosa-. Él y yo no estamos juntos. Nos lo pasamos bien de vez en cuando, no te diré que no, pero ya sabes cómo es él.
- Por eso mismo lo digo. A ti te empezó a gustar al convivir.
- A no, Yamcha, no empieces ahora tú también -le contestó a la defensiva.
- No, no lo digo como crees. Ya hace tiempo que me he hecho a la idea -Rio tranquilo-. Pero creo que es evidente que te gusta y también que tú le gustas a él -Era la única explicación que le podía encontrar a su reacción con él.
- Sí, pero con gustar no hay bastante. Ya viste que pasó cuando nos atacó el Dr. Gero... y dudo que haya cambiado mucho.
- ¿Le quieres, verdad?
- Sí, pero eso no importa porque él a mí no -confesó finalmente-, a él no le importo.
- ¿Seguro? Por su reacción de ayer, a mí no me lo pareció que no le importaras. A mí me pareció más la reacción de una pareja celosa -Rio él, tratando de sacarle hierro al asunto y que no se lo tomara como un nuevo ataque hacia ella.
- No, te equivocas. Su reacción es por un absurdo sentido de la propiedad, no porque me quiera. Él tiene la concepción de qué yo le tengo que pertenecer y esto no es así -protestó ella-. En este sentido es un egoísta y un inmaduro. Parece talmente un adolescente de instituto haciendo de macarra y no pienso permitir que lo haga. Ya pasé por eso contigo antes de romper y no lo pienso tolerar nunca más, ni a él ni a nadie -Se arreció.
- Pero, precisamente por eso te lo digo. Yo creo que se siente como me sentía yo cuando noté que te perdía por él... y no te lo estoy reprochando ahora. Te lo digo como amigo -Insistió él-. ¿Cómo estás tan segura que no te quiere y que lo que le pasa es que le cuesta reconocerlo?
- Porque me lo dijo hace unos meses. Él me considera suya pero no siente nada por mí. ¿Qué tengo que hacer? ¿No creer lo qué me dijo él mismo? -le preguntó frustrada.
- Quizás tendrías que creer en su actitud hacia ti. Cómo se comporta si pasáis tiempos juntos, si quiere pasar más, si intenta complacerte y no solo para tener sexo -La imagen mental que le vino lo incomodó pero no le gustaba verla sufrir y la conocía demasiado. Notaba que ella no estaba del todo bien en este aspecto.
Después de esa comida iban quedando de vez en cuando, como amigos y él cada vez estaba más convencido que, por muy mal que le cayera aquel malnacido, era evidente que ella no le era indiferente, aunque ella se negara a verlo. Después de los encuentros donde salía el tema, siempre llegaba a la misma conclusión. Bulma quería a Vegeta pero tenía miedo que el otro le rompiera el corazón. En parte lo podía entender. Él también había hecho este camino por ella. La diferencia era que cuando él lo hizo, ella ya no lo correspondía en este aspecto. Él había sido el primero a creer que aquel desgraciado no tenía sentimientos pero su constancia, la permanencia y como siempre cedía a cosas con las cuales no tenía obligación, solo porque se las pedía ella, le estaban cambiando su apreciación del príncipe.
Si no estuviera convencido de qué el otro le rompería la cara solo con verlo, incluso tendría tentaciones de hablar con él para hacerle entender como estaba haciendo sufrir a su amiga.
