Una vida normal

Finalmente había llegado a una determinación. Todo el mundo parecía convencido de que él, realmente, la correspondía pero que no era consciente. Yamcha hacía meses que le insistía. Cada vez que ella le explicaba alguna de las cosas que el saiyajin había hecho porque ella se lo había pedido, le faltaba tiempo para decirle "¿Ves?¡Ya te lo decía yo!". Pero a ella le seguía costando aceptar que fuera por este motivo y no para intentar que fuera más fácil obtener sexo.

A18 también era otro dolor de cabeza. Ella y Krilin finalmente estaban juntos como pareja. Le había hecho caso y había ido a hablar con él. Su amigo seguía enamorado como el primer día. Cuando ella le confesó sus sentimientos, él no se lo acababa de creer. Volvieron a vivir juntos y ahora él visitaba más a menudo la casa, para venirla a esperar al salir del trabajo. Se lo veía tan feliz que incluso daba envidia. Pero se alegraba igualmente por él. Había tenido siempre muy mala suerte con las chicas y ya le tocaba tener alguien que lo valorara. A18, por el contrario, empezó a autoconsiderarse una experta en relaciones y no paraba de presionarla respecto a Vegeta.

Así que decidió que le plantearía una elección. Si realmente quería estar con ella como pareja, tendría que ser en todos los sentidos. Si no, lo echaría. Él tenía ahora su propio sueldo, por su trabajo en la Capsule Corp. y este le permitiría comprarse o alquilar una vivienda. Había seleccionado algunas próximas, para ayudarlo y alejarlo lo menos posible de Trunks.

Quizás él era de otro planeta y eso no lo podía cambiar. De la misma forma, ella era humana y tampoco podía cambiar este hecho. Ella estaba dispuesta a hacer concesiones, de hecho, siempre las había hecho por él, pero, por eso mismo, ya estaba cansada de ser la única que las hacía. Si la quería como su mujer, la tendría, pero él también tendría que aceptar sus condiciones y hacer sus concesiones. Otra cosa habría comportado una relación completamente desigual.

Ya no era ninguna niña que soñara con príncipes azules y aceptara lo primero que le ofrecían, sin ver más allá de la aventura o el atractivo de los "chicos malos". Era una mujer hecha, madura y madre, que había experimentado ya la muerte, y sabía perfectamente lo qué quería y, lo que era más importante aún, sabía lo que no. Ahora, Vegeta tendría que tomar una decisión que cambiaría la vida de todos.

Continuará...