Una vida normal

La reunión le había resultado agotadora. A pesar de ofrecer productos sin igual en el mercado, optimizados, fiables y que suponían una reducción de costes drástica para las compañías de transporte, pocas tenían la confianza o valentía suficiente para invertir en viajes intergalácticos.

Capsule Corp quería crear sinergias planetarias en previsión de futuros ataques de otras especies extraterrestres. No querían crear el pánico general pero, lo que habían descubierto en las últimas décadas, no dejaba lugar a dudas de la necesidad de prepararse mejor. Confiar en la inteligencia y fuerzas militares era absurdo. Llegado el caso, no serían ni lo necesariamente inteligentes, para evitar conflictos innecesarios, ni, mucho menos, lo suficientemente fuertes, para resistir un ataque de fuerzas superiores. Esa había sido la táctica de la Patrulla Roja y los resultados eran más que palmarios. Subestimaron su propia capacidad.

Bulma tenía otra estrategia. Presentarse al universo como un planeta completamente indefenso e inofensivo y recabar, con el comercio interestelar, toda la información sobre las fortalezas y puntos débiles del resto de especies. Su hermana Tights, con sus viajes y aventuras, le había inspirado la idea. Con esos datos podrían crear nuevos sistemas de defensa planetaria que no precisaran únicamente de la fuerza bruta de los guerreros. Tanto Goku como Vegeta habían sido derrotados en diversas ocasiones, lo que demostraba que no eran infalibles. Y ellos eran los mejores con diferencia.

El problema era obtener la colaboración necesaria para no sobrecargar a Capsule Corp ni morir de éxito. Por otra pare, los recursos planetarios eran limitados, eso también influía en la necesidad de expandirse a nivel, como mínimo, galáctico. El plan de Bulma no se limitaba a su planeta. Una vez logrados los apoyos comerciales terrícolas necesarios, comenzaría a negociar con las demás especies, especialmente, las menos bélicas y con afán de investigación.

Eso no significaba que pensara desestimar aquellas civilizaciones que podrían ser buenos aliados como guerreros. La organización de campeonatos intergalácticos podría ser un aliciente para captar alianzas en este aspecto. Pero, de eso, se tendrían que encargar sus amigos o incluso Vegeta, si lograba convencerlo. De momento, no le preocupaba en exceso porque eran planes a largo plazo.

El hueso duro de roer era el de conseguir convencer sin mostrar los ulteriores motivos. Al final del día, entre su padre y ella, apenas habían logrado el acuerdo con un par de compañías interesadas, de las doce preeminentes del sector de transportes comerciales de todo el planeta. Evidentemente, el siguiente paso sería buscar apoyo entre empresas de marketing que hubieran demostrado capacidad pluricultural. Crearían una campaña que demostrara la existencia de la viabilidad del comercio entre especies. Aquella semana debería contactar con los Namecs. Ellos, además de servir como ejemplo de intercambio intergaláctico, podrían orientarla sobre los planetas pacíficos con los que sería interesante contactar, para abrir ese mercado.

Estaba realmente agotada psicológicamente. Apenas llegó a tiempo para la hora del cuento con Trunks. Lo había añorado tanto. Si finalmente se separaban, iban a resultarle muy duras las semanas que se quedara con su padre. No podía dejar de besarlo tras cada pregunta que ella o su padre le contestaban. Por suerte, aún estaba en esa edad donde los besos son bienvenidos, sin miedo a parecer demasiado mayor como para recibirlos. Aquello logró recomponerla y renovó sus ganas de construir un mejor futuro para él. Sería agotador pero no se rendiría. Solo por Trunks ya merecían la pena todos esos días de perro. Ni siquiera notó la forma extraña en que Vegeta no dejaba de observarla desde que se había unido a ellos.

Continuará...