Una vida normal
Trunks y Goten le resultaron más insoportables que nunca. Era bueno que tuvieran tanta energía pero por una vez deseó que hubieran sido completamente humanos. La mujer no llegaría hasta la noche, seguramente. Ella explicó, en una reunión en el laboratorio, su intención de encontrar nuevos apoyos con las principales compañías de transporte comercial. No resultó fácil cuadrar agendas. Imaginaba que llegar a acuerdos con ellas, aún lo resultaría menos.
La Sra. Briefs le pareció muy definitiva y llevaban dos semanas sin sexo con la mujer. Al principio creyó que era por todo este tema de ajustar agendas y tampoco la quiso agobiar más con sus avances. Así que fue menos insistente que en otras semanas. No por falta de ganas. Cuanto más tiempo estaba con ella, más quería estar. El vínculo, o lo que fuera, no se detenía. Así que la separación no iba a ser una opción. El problema era, tal como la Sra. Briefs recalcó ¿Cómo iba a convencerla para que no lo expulsara de su vida?
Bulma podía ser muy testaruda y seguía teniendo la sensación que muchas veces no hablaban el mismo idioma. Seguramente, muchos términos aún los malinterpretaba. Los traductores universales, que se insertaban en las tropas de imperio a su ingreso, no siempre cubrían el léxico total de todas las especies con las que se interactuaba. El tiempo de residencia en el planeta le aclaró bastantes confusiones. Sin embargo, todo el tema de los sentimientos seguía escapando a la interpretación que su cultura les daba.
¿Podía decir que la quería? No lo sabía. Solo sabía que quería estar cerca de ella, la añoraba cuando estaba separado de ella, le gustaba escucharla, le gustaba como pensaba, su ingenio, su carácter y el sexo con ella era adictivo. Tampoco le había gustado que ella permaneciera muerta todos aquellos meses, durante los cuales se preguntó, más de una vez, porqué no reaccionó para evitar su muerte. Siempre se respondía que la mujer no era nada para él. En esa ocasión no habría desvelado ninguna debilidad, como hubiera pasado, de haberlos protegido, contra el ataque del Dr. Gero. Pero impedirlo, esta última vez, también hubiera supuesto reconocer que ella tenía algún tipo de importancia para él.
A la muerte de su madre se propuso no tener jamás ninguna relación que lo debilitara, tal como su padre siempre lo había instruido. A ella la utilizaron para forzarle a realizar su primera aniquilación de un planeta contra el que no tenía nada en contra. Destruyó el planeta sin dudarlo. La mataron igualmente, precisamente, por lo que ella significaba para él.
Bulma, inevitablemente, siempre le recordaba a su madre. Demostrar que alguien podía ser importante para él, ponía a ese alguien en peligro. Si no le importaba nadie ni reconocía que eso pudiera pasar, nadie resultaría herido por su causa. Aunque no lo había reconocido nunca, aún cargaba con la culpa de la muerte de su madre. No quería cargar con la culpa de la de nadie más, de nadie que le importara lo más mínimo. Y al primero que debía convencer de que no le importaba nadie era a él mismo. Durante años funcionó, incluso mató a Nappa. Pero era inútil luchar contra eso. No podía negar que le importaba su hijo. Y sí, ante la posibilidad de permanecer alejado de Bulma, debía reconocer, al menos a sí mismo, que ella también le importaba.
Esa tarde Trunks se lo pasó de lo lindo tomándolo por sorpresa cada dos por tres, mientras Goten, sentado en el suelo, resistiendo la gravedad de 80 G, no paraba de reír y aplaudir los ataques de su mejor amigo, contra el despistado padre. Al acabar el entrenamiento, para coronar la tarde, se encontró con el pelado esperando la salida de la tostadora.
- ¡Ey! ¡Vegeta! ¿Qué tal? -Lo saludó como si creyera que eran amigos. Como siempre, no se dignó a contestarle. El hombre exudaba felicidad por cada uno de sus poros. A Vegeta se le revolvió el estómago. Nunca llegaría a gustarle aquel engendro de mujer. Odiaba que lo hubiera derrotado alguna vez, que pareciera compartir tanta complicidad con Bulma y que realmente estuviera reconstruida de una forma similar a la que, tiempo atrás, lo hiciera el imperio Cooler con Freezer. Cuando Krilín vio salir a su chica lo miró-. Mujeres, nos hacen parecer unos tontos, pero ¿Qué haríamos sin ellas? -Le sonrió rascándose la calva. Ella llegó a su altura y le tomó de la mano para partir-. Saluda a Bulma de mi parte ¿Quieres? ¡Nos vemos! -Se despidió Krilin de él, que solo les siguió con la mirada, por el cielo, antes de entrar en la casa. Él no se veía actuando así. Deseó que Bulma no esperara eso de él.
La mujer llegó cuando ya estaban leyendo con Trunks. Como siempre se sentó con ellos en la cama, besuqueando más de lo normal al mocoso. Se la notaba agotada pero a medida que avanzaban en la lectura parecía recomponerse. Él por contra, empezó a tener una sensación casi olvidada. Pànico. Se veía tan segura de sí misma. Si lo pensaba bien, ella no lo necesitaba para nada. Era capaz de dirigir su propia vida de forma independiente y no dudaba que tampoco le resultaría difícil substituirlo sexualmente ¿Y si realmente él no tenía nada que ofrecerle que a ella le pudiera interesar?
Continuará...
