Una vida normal
Tras el cuento se fue a asear, luego tomaría algo y se iría a descansar. Con Vegeta quería hablar con plenas facultades mentales y, aquel día, había resultado demasiado largo. Sin embargo, volvió a encontrarlo en la cocina, como en otras ocasiones, en pantalón de pijama, tomándose una jarra de zumo. Lo saludó con la cabeza, mientras se ponía su propio vaso de leche. Tuvo la impresión de que la había estado esperando.
- ¿Qué tal ha ido la reunión? -Era extraño que le preguntara por su día y a la vez, familiarmente agradable-. ¿Habéis logrado los apoyos que esperabais? -Así que sí estuvo escuchando en la reunión del laboratorio. Con él, era tan difícil saberlo, con su constante gesto de indiferencia...
- No tan bien como hubiéramos deseado -contestó apoyándose junto a él. A él también lo había añorado. Se dio cuenta de que su sola presencia ya la reconfortaba. Iba a echarlo mucho de menos-. Tan solo hemos logrado el acuerdo con dos compañías.
- Bueno, cuando las demás vean que os abrís, querrán unirse. Realizar las primeras siempre ha sido lo más complicado -le contestó volviendo a beber después.
Ella rio ante su respuesta- Vale ¿Dónde está Vegeta y que has hecho con él? ¿Desde cuándo eres un entendido en alianzas, don YomeloguisoYomelocomoSolo? -Creía que él era, sin ninguna duda, el ser más individualista que había conocido en su vida.
- ¿Cuándo dejarás de creer que a un príncipe solo lo educan para pegar puñetazos? Entre las élites también había conflictos y eso era algo que siempre me repetía mi madre -le explicó de forma totalmente casual, como si siempre hubiera habido aquella confianza entre ellos. Ella se lo quedó mirando sorprendida, jamás le había hablado de algo tan personal. Le había escuchado hablar con su padre, sí, ... Bueno, más que hablar con él, responder a su curiosidad. Pero con ella, siempre acababa desviando el tema cuando era demasiado personal.
- ¿Cómo era ella? -se atrevió a preguntarle, preparándose para que él diera por acabada su conversación.
- Era una luchadora -"¡Cómo no!" pensó ella, "una guerrera", algo que ella jamás sería-, pero también era una gran estratega y le encantaba la ciencia, especialmente la física y la biotecnología -Aquello explicaba mucho-. Ella me enseñó bastantes cosas que me siguen interesando aún. Tenía mucho carácter y cabreaba a menudo a mi padre -Rio él, quizás por algún recuerdo-. Era bajita, para ser de la élite, pero eso no la amedrentaba. Como yo, durante su infancia sufrió desnutrición. La secuestraron poco después que se seleccionaran como pareja, pretendiendo que mi padre seleccionara a otra hembra. Fueron una pareja extraña porque se seleccionaron en la infancia. Mi padre logró recuperarla pero habían pasado los años de su desarrollo y ya no pudo alcanzar la altura de su media familiar...
Bulma se acabó su vaso de leche mientras lo escuchaba ensimismada. No sabía como percibiría Vegeta la historia entre sus padres, pero a ella le resultó mucho más romántica que Romeo y Julieta, que por otra parte, siempre la había encontrado bastante pésima, como historia de amor. Morir para salvar al otro tiene un pase, ¿Pero morir los dos? ¡Vaya par de imbéciles! Si uno de los dos iba al infierno, estarían jodidos por toda la eternidad. Para ella, lo verdaderamente romántico era tratar de luchar por estar juntos, pero en vida... Más aún, después de haber muerto ya una vez y comprobar lo aburrida que podría llegar a presentarse la eternidad.
... y a mí, el desgraciado de Freezer también me estuvo racionando la alimentación durante el resto de mi infancia. Por eso, hasta el imbécil de Kakaroto es más alto que yo -Acabó molesto. Nunca se había dado cuenta de que el tema de su altura lo molestara. Ella la encontraba perfecta. Al menos no le desgraciaba la nuca cuando la besaba. A Yamcha más de una vez tuvo que reclamarle cuando se emocionaba.
- Bueno, Krilín es aún más bajo y no veo que sea un problema -trató de animarlo riendo-. Y tú, por lo menos, puedes levitar y alcanzar lo que está alto. Yo mido lo mismo que tú y no puedo... ¡Eso sí es un problema! Prueba a alcanzar la estantería de arriba sin hacer trampas.
- Si necesitas coger algo en alto, yo siempre puedo ayudarte -le dijo, tomándola por sorpresa por la cintura y sentándola encima de una de las encimeras, para después situarse entre sus piernas, tal como hiciera la noche del baile.
- Sr. Vegeta ¿Está usted tratando de seducirme? -No pudo evitar seguir riendo.
- Puede -Le sonrió él entre las sombras- ¿Funciona? -Llevaban dos semanas sin sexo y pese a su determinación, también lo encontraba a faltar. Quizás no sería mala idea un polvo de despedida, antes de tratar los temas con la seriedad debida. Cuando él se comportaba de ese modo, tan juguetón, le resultaba embriagante e irresistible.
- No sé... creo que me faltan datos -Se dejó llevar, rodeándolo con sus brazos y apresándolo con sus piernas, humedeciéndose al notar la dureza de su entrepierna chocando contra ella. Si alguien le hubiera preguntado, no habría sabido decir quien había empezado a besar a quien ni cuando habían empezado a apartar la ropa que se interponía entre ellos ni cuando se puso el condón. Lo que sí supo fue el instante concreto en que sus padres bajaron y Vegeta la cargó, sin salirse, para ocultarse tras la otra puerta de salida de la cocina.
- ¿Qué tal os ha ido a la niña y a ti? -Escuchó a su madre, mientras Vegeta daba un empujón, lentamente, y la besaba, para acallar posibles gemidos.
- Bueno, Bulma ha salido un poco frustrada. Ella esperaba conseguir más apoyos, pero yo creo que ha ido bastante bien. Tenías que haberla visto ¡Ha nacido para esto! -Rio el Sr. Briefs-. Estoy pensando en cederle la dirección a finales de año. Creo que ya va siendo hora de un relevo -Bulma se tensó al escucharlo y notó como Vegeta emitía un gemido en su boca. Ella aún no se sentía preparada para tomar el mando. Aunque tampoco era el mejor momento para hacérselo saber a su padre, con Vegeta entre las piernas.
- No sé, cariño, quizás estaría bien esperar a que ellos dos se acabaran de aclarar ¿No crees? -Vegeta volvió a empujar, como buscando venganza por su anterior contracción. Ella apagó su propia exhalación, mordiéndolo en el cuello y arañándolo, como advertencia para que se calmara un poco, logrando el efecto contrario. La embistió de nuevo.
- ¡Puf! Si tenemos que esperar a que ese par se aclaren, puede que me jubile antes -Bulma le mordió el labio en un nuevo intento de frenarlo-. Tal vez tenías razón y debiéramos volver a probar con los afrodisíacos que les pusimos la primera vez -La declaración del Dr. sí logró ese efecto, dejándolos a ambos petrificados y ensartados.
- ¡Ummm! No creo que la atracción sexual sea su problema, mi amor, y tampoco creo que consiguiéramos otro nieto esta vez... -Les escucharon mientras se alejaban y todo volvía a quedar en silencio.
- ¿Fue cosa suya? - Dijeron ambos, mirándose atónitos.
Continuará...
