Una vida normal
No entendía nada ¿La mujer había cambiado de idea? ¿Seguía llorando porque lo iba a echar o porque no? ¿Lo habría vuelto a engañar la Sra. Briefs? ¿Por qué demonios eran tan complicados los humanos? Bulma había asentido con la cabeza, como si estuviera de acuerdo con lo que él le prometía, pero aunque lo besaba y lo acariciaba, como si tuviera intención de volver a tener sexo, no dejaba de llorar. Era muy desconcertante. Si todas las hembras humanas eran así de complicadas, quizás eso explicaría por qué Kakaroto prefería continuar muerto.
- ¿Por qué sigues llorando? -Con sus caricias lo había puesto otra vez erecto, pero no se sentía cómodo. Después de despertarse con un cadáver desgarrado, esta era su experiencia sexual más extraña. Esperaba que Bulma no quisiera hacerlo en esas condiciones. Así que la apartó para intentar entender algo-. Tu madre me dijo que pensabas echarme de la casa ¿Lloras porque quieres que me vaya o porque quieres que me quede? No entiendo.
- ¿Mi madre te dijo eso? ¿Cuándo?
- Al mediodía.
- ¿Por eso me estabas esperando en la cocina y me has seducido? ¿Para convencerme de que no lo hiciera? -Ella se incorporó al instante, en la cama, separándose de él-. ¿Me has dicho todo eso solo para quedarte? -Empezaba a parecer enojada y bastante más atractiva que con los ojos llorosos. Él se incorporó también.
- En parte -De repente la volvía a tener encima, a horcajadas, golpeándolo con todas sus ganas.
- ¡Maldito cerdo, farsante! ¿Cómo has podido caer tan bajo? -Por supuesto, no le hacía daño, pero empezó a preocuparse por ella, así que, de un giro, invirtió las posiciones, colocándola debajo de él y apresando sus muñecas-. ¡Suéltame, animal! -Empezó a golpearlo con las piernas que aún estaban libres. Vale, ahora sí que iba a ser un problema contenerse y no tomarla en ese mismo instante- Casi llego a creer que te importaba lo más mínimo. Incluso iba a ayudarte a buscar casa cerca, para que fuera más fácil con Trunks, si me confirmabas que no era así. Pero que me hayas tratado de engañar, mintiéndome, eso no te lo perdono. Quiero que te vayas mañana mismo y no me importa a donde ¡Me oyes! -La mujer entonces decidió darle con la cabeza, pero era evidente que la que se había lastimado más era ella.
- ¡Bulma! ¡Cálmate, quieres! ¡Te vas a hacer daño! ¡Cálmate! -Le gritó desbordado- ¡Claro que no te he mentido! ¡Todo lo que te he dicho antes es cierto! Lo que me dijo tu madre me ha tenido pensando todo el día y me he dado cuenta de que no quiero dejar de verte, no quiero estar lejos de ti, y que sí, me importas... me importas más de lo que deberías. Pero así es. No quiero volver a perderte, ni a ti, ni a Trunks -Al fin pareció calmarse un poco y fue aflojándole las muñecas-. Pero me cuesta entender qué es lo que quieres de mí.
- Quiero poder confiar en ti. Saber que no me engañarás ni me dejarás tirada cuando más lo necesite, ni a mí ni a Trunks. Lo que pasó con el Dr. Gero... Vegeta, podría haberlo entendido de ir sola, pero Trunks estaba conmigo y si ya no hiciste nada por él... -Él se retiró, sentándose frente a ella.
- No quería aceptar que era mío y además sabía que el otro Trunks reaccionaría. Lo intuía -Intentó justificarse. En aquel entonces se negaba a reconocer ningún tipo de apego por alguno de ellos. Una concepción que no recordaba, podría haber sido incluso una trampa de la propia hembra. Pero todo había sido cosa de los puñeteros viejos.
- Podríamos haber muerto los dos -le recriminó-. Ponte en mi lugar. Tú no confías en nadie pero esperas que yo sí lo haga. Reconoce que tú también desconfiarías de ser al revés. Si yo fuera la que tú quisieras echar y me avisara alguien... No sé que creer. Quiero creerte. Pero... -Ella tenía toda la razón, se había pasado varios años desconfiando de las intenciones de ella, cuando había sido una de las pocas personas genuinamente amables con él. Kakaroto lo había perdonado por intentar matar a sus amigos, pero él era de su misma especie, ellos dos eran los últimos saiyajins puros que quedaban en el universo. Aunque siempre había declarado querer matarlo, en el fondo, sabía que no era así. Pero ella, lo había perdonado de inmediato, cuando el resto aún desconfiaba de él. No había tenido obligación alguna para hacerlo. Le había permitido quedarse, facilitado equipamiento e, incluso, no había puesto demasiada oposición a que entrenara a su hijo.
- Seguramente yo pensaría lo mismo -Reconoció él. Ahora todo era diferente. Nunca sería un santo, ni quería ser el héroe de nadie. Pero sentía que Trunks y ella eran lo único que realmente tenía... o quería tener-. Lo que puedo decirte es que, aunque no he cambiado del todo, no soy el mismo de entonces. Entonces, de veras, no me importabais. Si dijera lo contrario mentiría. Pero ahora sí me importáis y quiero estar con vosotros, con los dos.
- ¿Por el estúpido ritual? -preguntó ella, cruzándose de brazos.
- Bulma, no lo sé. Quizás sí, quizás sea otra cosa. No es solo un "estúpido ritual", como tú lo llamas. Mi gente explicaba que era un vínculo que se volvía irrompible, más allá de la voluntad de los miembros -Ella soltó un resoplido y giró la cara como para no verlo-. No es que el ritual diga que debe ser así, es que lo siento así. Siento que necesito verte, saber que estás bien, notarte cerca. No es una ley. Y cuanto más tiempo pasa más fuerte se hace -Ella volvió a mirarlo, como si lo estudiara.
- ¿Y si Trunks no estuviera?
- Trunks no tiene nada que ver. Ambos me importáis independientemente del otro -Permanecieron en silencio un rato, mirándose en la oscuridad, hasta que a él se le hizo insoportable la duda- ¿Aún sigues queriendo que me vaya?
- Nunca he querido eso -Lo sorprendió-. Nunca se ha tratado de lo que yo quiero, si no de lo que necesito. Necesito poder confiar y sigo sin saber si puedo.
- Yo confío en ti, ahora... Antes tampoco creía poder hacerlo -Le confesó. Él no podía hacer que ella confiara en él por arte de magia. Eso llevaba tiempo, él mismo había tardado años en confiar en ella.
- No quiero que te vayas. Yo también siento que te necesito cerca, saber que estás bien -Le alargó su mano extendida, como invitándolo a recostarse junto a ella. Tenía ganas de abrazarla y así lo hizo, recostándose también contra el cabecero.
- Respecto a tus padres... -Aquello no iba a quedar así.
Continuará...
