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El alba se vislumbra por los mismos horizontes, era una mañana fría y soleada de octubre aproximadamente eran las 07:30 AM en una ciudad como cualquier otra.
Para luego poco a poco irnos acercándonos, a una unidad de condominios habitacionales de departamentos, para centrarnos en uno de ellos eran de clase media, hecho de ladrillos de color naranja, se encontraba en un barrio más o menos tranquilo sin tanta delincuencia, él departamento contaba con 3 recamaras, también con una pequeña cocina con una acogedora sala, y claro no puede faltar un baño y hasta una sotehuela poseía.
Los primeros rayos del sol se colaban por las rendijas de las cortinas y persianas de las ventanas, pero solo del lado "Este" de la casa.
El diminuto departamento apenas era suficiente para la pequeña familia de 3 integrantes que vivían dentro de este.
Afuera se podían escuchar las aves cantar, pero dentro de la vivienda estaba sumergido en un silencio total.
¿Dónde podrían estar los integrantes de la familia?
Ellos estaban compuestos, por tres personas que convivían en un ambiente familiar, la primera era una madre soltera amorosa y trabajadora el pilar de la familia.
El segundo miembro, era la hermosa primogénita de la familia de nombre Kya, es una joven con tan solo 15 años estudiante de instituto becada, muy talentosa y con una personalidad carismática y segura.
Y la última, pero no menos importante, es la menor de la familia ella es totalmente opuesta, a diferencia de su hermana mayor, es una jovencita algo bajita a consideración de otros niños de su edad de 13 años, que los había cumplido hacé unos dos meses atrás.
Su personalidad era una mezcla entre tímida y reservada, pero muy amable con un gran corazón, pero a pesar de ello, le cuesta mucho socializar con otras personas, por eso siempre se encuentra sóla en el colegio y en el barrio, sin ningún amigo a excepción de su esponjoso peluche llamado Wib, que fue un regalo de su madre, cuando ella apenas era un recién nacido.
Pero era muy extraño, que a esta hora de la mañana estuviera todo tan tranquilo y silencioso dentro de la vivienda, cuando normal mente era lo contrario.
Sobre el comedor se encontraba una bandeja solitaria con dos raciones de comida sin tocar, eran ligeras pero muy nutritivas, como preparadas, para un enfermó, pero los platos ya se allá van fríos.
La sala estaba un poco desordenada y polvorosa, en la cocina ocurría lo mismo, en el fregadero se podía observar varios platos, vasos, cubiertos y tanto sartenes como ollas sucios, como sí llevarán varios días allí.
En la alacena de la cocina había pocos alimentos, casi estaba vacía, y en el refrigerador ocurría algo parecido.
Y continuando con la búsqueda de los miembros de la familia, rumbo al pasillo juntó al baño, se allá va un cesto de mimbre color marrón de ropa sucia hasta reventar, en el se podía ver sobre todo ropa dé cama, como sábanas, fundas para almohadas, y algunas prendas de vestir, como pijamas entre otras.
La primera puerta de uno de los cuartos estaba frente al baño, se encontraba cerrada, haciendo lucir al pasillo más oscuro, a pesar de que hubiera luz afuera.
Aquella recamara cerrada, la familia lo usaban como un cuarto para visitas, por qué las niñas de la casa compartían una de las habitaciones, que curiosamente se encontraba al lado de la anterior mencionada, su puerta estaba entre abierta dentro de ella, lo que más resaltaba era una cama matrimonial desordenada, con algunos muebles que la adornaban, la hacían lucir acogedora.
La tercera habitación estaba justo en el rincón de la casa, en frente del dormitorio de las niñas, que pertenecía a la progenitora de tales, la puerta también sé allá va ligeramente entre abierta.
En el interior de la habitación está se encontraba oscura, pero entraba suficiente luz desde afuera, para distinguir los contornos del estrecho y sofocante dormitorio, la ventana se allá va cubierta, con unas gruesas cortinas de terciopelo color rojo tinto.
En la semi oscuridad, en una esquina del dormitorio, se encontraba la más joven integrante de la familia, con la espalda apoyada contra la pared, tenía la cabeza ligeramente inclinada y parecía sumida en sus pensamientos, incapaz de percibir la presencia del trascurso del tiempo.
Quién sabría decir, cuánto tiempo pasó la jovencita en aquel rincón frío inmóvil, en la oscuridad del dormitorio, sin hacer nada más que observar aquella cama matrimonial, sobre ella cubiertos por un par de sábanas, y aquel edredón tan suave que tanto le gustaba, yacían dos cuerpos solitarios sin vida, que alguna vez fueron, su hermana y su madre que tanto amo.
La menor de la familia estaba como en trance tenía el rostro blanco, los ojos húmedos y brillantes, sus labios estaban entré abiertos, mientras que su boca, no dejaba de temblar.
Todo su ser parecía absorto en la escena trágica que se desarrollaba ante ella... de pie junto a la cama de su querida madre.
Escuchaba las palabras de su hermana Kya mientras está la agarraba, con algo de fuerza en su muñeca derecha, como tratando de que no se alejará dé su lado.
— Bebé quiero que me escuches y me pongas toda tú atención es muy importante que lo sepas...
Bebé era como le decían algunas veces su mamá y su hermana de cariño para referirse a ella.
— Quiero que seas muy fuerte ahora en adelante y pasé lo que pasé no debés rendirte jamás... Entre sollozos y lágrimas que inundaban sus preciosos ojos color miel.
— yo y mamá te queremos y siempre lo haremos.
De la nada liberó su muñeca, para sumergirse en un agonizante dolor.
Su hermana Kya permanecía acostada en la cama en una posición de lado con los ojos cerrados jadeando, retorciéndose en su tortuoso dolor, y con terribles escalofríos en todo su cuerpo.
La más joven miembro de la familia solo podía observar la, incapaz de hablarle, con los ojos brillantes y húmedos que estaban nublado su visión.
— ...Bebé...— Una débil voz ronca se escuchó en el interior del dormitorio, que la llamaba con urgencia.
— Bebé acércate para que te pueda ver...— Se volvió a repetir, era su madre quien la llamaba que la saco de su trance; Miró un momento a su hermana ella solo le hizo un movimiento con la cabeza, mientras todavía tenía los ojos cerrados, afirmando positivamente, para que fuera con ella.
Cuando al fin estaba lo suficiente cercas de su querida madre, pudo confirmar su mayor temor, que tal vez, no podrían pasar de esta noche.
No, tenía que, alejar aquellos pensamientos, y tratar de tener una actitud positiva, aún que estuviera viviendo su más grande temor; sacudiendo su cabeza de lado a lado y con su brazo derecho secó las lágrimas de sus ojos, tratando de esbozar una sonrisa, acercándose más a su madre.
Las palabras de su mamá fueron con una voz débil y cansada, pero expresando un cariño que solo una madre puede brindarle a sus hijos.
— Mí pequeño bebé.
La mujer alzó su cansada mano rozando dulcemente la mejilla de su retoño.
La joven correspondió su muestra de afecto, inclinando un poco su cabeza y colocando la palma de su mano sobre la mano de su madre, que se encontraba descansando en su cara, frotándose más a ella como queriendo guardar su calor en su piel, un momento precioso, que no quisieras que nunca acabará, pero terminó tan rápido, para continuar ablando la débil madre,
— Tienes que saber mi pequeño bebé que pasé lo que pasé, siempre te amaré y estaré siempre en tu corazón... — No puedo continuar porque, de su boca escupió sangré, sentía una opresión en su pecho que no le permitía respirar, una serie de jadeos entrecortados salían de su boca.
Después comenzó a sollozar y gemir.
La más joven de la familia, sin darse cuenta de lo que hacía, retrocedió unos pasos lentos hasta toparse con la pared. Trataba de asimilar aquella escena angustiosa que estaban viviendo.
Cubriendo su boca con sus manos tratando de respirar un poco de oxígeno, para intentar relajar un poco la tensión de su interior, cerrando sus ojos, pero sus intentos fueron inútiles, dejando escapar un sollozó, mientras su rostro era cubierto por lágrimas de impotencia, dado que no podía hacer nada, para salvarlas, era simplemente inevitable.
Un grito se escuchó en el dormitorio era una mezcla de horror y dolor, era su pobre madre, que no podía aguantar más está tortura, aquel fuerte dolor; la palidez de su cara se transforma en un rojo encendido y adquiriendo un matiz horripilante.
— Pasé... lo que... pasé...
yo siempre... las amaré...
Mis bebés...
Tose, se ahoga, las palabras mueren en su garganta.
Sube las manos a la garganta, retuerce los músculos de sus piernas en las sábanas, pone los ojos en blanco.
— ¡¡LAS AMÓ...!!
Su agonía hace explosión en un largo grito final de angustia, su vista se hace cada vez más negra, lo último que alcanzó a ver fué a su pequeña hija con una expresión suplicante, podía leer en su mirada lo que no podía expresar con palabras, las cuales eran... Que por favor, no se fuera de su lado.
Estiró su brazo en unos últimos intentos para alcanzar la, pero cayo, para dejar esta vida y a sus seres queridos atrás.
Y ahí estaba, la miembro más joven, inmóvil en una esquina de la habitación observando, con la espalda apoyada contra la pared, miraba sin ver, y de vez en cuando, movía la cabeza, como lo hace quién se encuentra saturado, por el peso de una carga superior a la cuál no puede resistir.
Su corazón se había roto al igual que un frágil cristal, una parte de la jovencita había muerto, cuando su madre dejo este mundo, haciéndose pedazos, desgarrando su alma.
(*)
El grito resonó como un balazo, subió de intensidad y se mantuvo en toda la habitación sacando a la jovencita de su estado, para volverse hacia el grito. Sus ojos se agrandan, su cuerpo se tensa.
Era Kya, estaba teniendo una ración muy similar a la de su madre. Ella jadea, lucha para poder respirar, no puede controlar el torbellino de sus emociones, sus dedos transformados en garras que arañaban el colchón retorciéndose.
Parecía semi inconsciente. Tenía los ojos cerrados, un hilo de sangre manaba de su boca, y gemía, como si estuviera malherida, en una sucesión de sonidos que hacían subir y bajar a su garganta.
La más joven se encontraba inmóvil e incapaz de hablar con los ojos cristalizados dando vida a nuevas lágrimas, pero su miedo por perder a otro ser amado le hizo recuperar su sentido, lanzándose contra la cama, hasta poder llegar con su hermana mayor.
De la boca de Kya tose sangre, que hacía que se ahoga se, con sus propios fluidos, le dolía todo el cuerpo; pegando otro angustiante grito de auxilio, adquiriendo tal grado de estridencia que sacudió la ventana y los tímpanos de su hermanita, rasgando el aire en una sola nota sostenida.
— ¡¡Mamaaaá!!
Hubo un delirio de sonidos y una secuencia enloquece dora de movimientos, aproximaciones, invitaciones, resistencia, que formaron un mosaico delirante de imágenes y sonidos.
La hermana más joven logra alcanzar, una de las manos extendidas de Kya que pedían desesperadamente ayuda, deslizando sus dedos crispados, que le invitaban a unirse hasta llegar, y finalmente a la inevitable aceptación maravillada, logrando entre enlazar sus manos en un cálido apretón.
Luego se produjo un silencio de muerte mientras se esperaba el terrible desenlace.
La mirada brillante que la reconocía, la sonrisa lacerante de felicidad iluminando la cara, manchada de sangre de Kya, la manos que se unieron y que produjo la repentina y bendita ausencia de ruidos, la calma, la dulce y restauradora calma apoderándose del aire torturado, remendando las grietas, restableciendo el silencio.
*
Le dolía el llorar, era desgarrandor y parecía fuego ardiente al caer cada gota en sus mejillas. El respirar era insoportable, cada jalada de aire era como si mil agujas arañaban sus pulmones sin piedad.
Se escuchó un agitado y terrible alarido, que pareció sacudir el departamento en un tono, que aumentaba de volumen, era el sonido de una voz que decía:
— ¡¡¡Por favor no me dejéis sóla!!! - ¡¡Noooo!!
Su voz sé quebró en un grito, los sollozos se mezclaban con cada palabra que salía de su boca y las lágrimas corrían sin parar, cada vez más rápido.
En aquella fría madrugada se encontraban los dos más grandes tesoros de su existencia, sobre aquella cama matrimonial,
Ya asían inmóviles sin vida; ésos seres vivos eran tan preciados, para la última hija, como no tienen idea.
Las manos de las hermanas aún permanecían entrelazadas, podía sentir como el calor del cuerpo de Kya aún conservaba su tibieza y como lentamente se estaba desvaneciendo, para jamás volver.
Era muy curioso como Kya tenía los ojos abiertos, que brillaban como si estuviera llenos de vida. Los labios entreabiertos parecían a punto de hablar.
Pero no lo hizo, y jamás lo harían, nunca más volvería a escuchar sus voces, de aquellas bellas personas que significaron tanto para ella, en esta vida y en la siguiente de éso estaba segura. Nada sería como antes, había perdido toda seguridad.
Sin que se diera cuenta su alma había sufrido un gran desgarramiento dentro de ella, que había puesto en marcha su rueda del destino, por qué había perdido su motivo por el cuál aún vivir, su objetivo en la vida, su familia tenía el poder de salvarla de su aislación alejando las sombras del terror.
Y así pasaron los minutos, luego le siguieron las horas, sumergida en la completa oscuridad que lo consumía todo, en una esquina de la habitación, se quedó inmóvil la hermanita menor.
El frío del dormitorio empezaba a colarle los huesos de la joven que seguía en esa esquina sobre el suelo con la espalda apoyada en la pared, su nariz se congestionó, pero ya no le importaba más el mundo y mucho menos lo que le ocurriera a ella.
Se levantó, con dificultad, las rodillas le temblaban, sus piernas se sintieron pesadas y de un momento a otro caerían sin más. le dolía moverse, pero se obligó a caminar.
Levantó la cara, para ver el lugar dónde reposaban los cuerpos de su familia, y aún en la penumbra, pudo observar claramente los rostros de su madre y su hermana, se veían agotadas, marcadas por las huellas de una batalla larga y cruel, pero llenas de paz.
Y como sí se tratara de una película rápida, una serie de secuencias de imágenes la inundó con aquellos momentos alegres, tristes también vió aquellas pequeñas discusiones que ahora le parecían absurdas y aún que suene irónico le encantaría que volvieran, anhelando cada uno de esos bellos momentos haciendo que los recuerdos de su familia la golpearan con fuerza brutal y las lágrimas cayeron mucho más rápido que antes.
De los temblorosos labios de la jovencita salieron unas palabras llenas de resignación y aceptación a lo que estaba viviendo.
— Me quedaré con ustedes...
La menor de la familia se acercó con cuidado metiéndose a la cama colocándose en medio de los dos cadáveres de su madre y hermana cubriéndose con el edredón y depositando un cálido beso en sus frentes a cada uno, para después abrazar sus tiesos y fríos cuerpos.
Ella era consiente de que aquellos cuerpos eran tan solo una cáscara vacía, de lo que alguna vez, represento a sus seres más queridos.
Las lágrimas habían pasado, ella se encontraba feliz aunque la tristeza la seguía consumiendo dentro de su torturada alma, pero feliz, porque muy pronto estarían juntas, dejando que el cansancio la consumiera, sentía como el sueño la vencía. cerrando sus cansados ojos esperando que al despertar se encontrará con ellas.
Todo se tornó oscuro, para después sumergirse, en una especie de sueño extraño.
Vió primero una línea brillante, que atravesaba en lo que le pareció el cielo nocturno, pero no se podían ver las estrellas o la luna en el, luego aquella línea, se extendió más y más, para después, dividirse en dos.
Para pasar rápidamente a volver a entrelazarse y a dividirse, una y otra vez en un ciclo sin fin; hasta desgarrar el cielo, que comenzó a caer, como si se tratase de un cristal, cuando se rompe, los pedazos caían, y poco a poco, fueron descubriendo, lo que se escondiera detrás de el.
Y no vió más, por qué despertó del sueño.
Ya era de noche, cuánto habría dormido, miró a su alrededor le sorprendió ver qué se encontraba en el dormitorio de su madre, y que todo parecía igual como lo dejo.
Pero a excepción de una cosa, los cuerpos de su familia, ya no se encontraban junto a ella, habían desaparecido y por un breve momento, pensó que la muerte de su madre y hermana; habían sido solo una terrible pesadilla, así que, sé levantó de la cama con dificultad, su cuerpo le dolía y pesaba, pero no le importó.
Un grito sé escuchó, por toda la casa
— ¡¡Mamaaaá!!
- ¡¡Kyaaaa!!
— Donde están!?
(*)
Las busco por toda la casa, registro cada habitación, sin éxito alguno, luego se le ocurrió, que tal vez habrían salido a comprar, buscó desesperadamente una nota que lo confirme, pero no lo encontró, se dejó caer al suelo resignada, pero no cubrió sus ojos con las manos y de nuevo se puso a llorar, las lágrimas rodaron por sus mejillas.
La más joven de la familia no pudo hacer otra cosa más que sollozar desesperada, en la soledad del departamento.
Luego sintió un roce en su brazo, se giró rápidamente, para ver, pero no vió nada; luego escuchó un golpe fuerte, para después girar en todas direcciones, para saber de dónde vino el ruido, pero tan rápido como se escuchó se desvaneció.
«tal vez mi sanidad mental esté mal y estoy imaginando cosas» pensó la joven
Pero aún así, sentía que era mejor buscar a su familia, al recordarles.
Sentía crecer el pánico en su interior y se escuchaba su respirar cada vez más deprisa, la tristeza una vez más sé apoderó de ella, haciendo que tibias lágrimas cubrieron su rostro, pero quedándose llorando no resolvería nada.
En un breve lapso de tiempo, se levantó con dificultad, las rodillas le temblaban, trató de controlar su temblor mediante un acto de voluntad; le dolía moverse, pero se obligó a caminar hacia la puerta saliendo al frío exterior.
Comprobando que era de noche como lo había imaginado, todo estaba oscuro no sé veían las estrellas ni la luna, pero las luces de los negocios de la ciudad iluminaban un poco las calles, al igual que el alumbrado de los faros en las avenidas.
Una ráfaga de viento helado chocó contra el cuerpecito de la chiquilla de 13 años.
Pudo sentir, como el frío colaba por sus huesos sin piedad, de uno a uno; mientras avanzaba en la acera, pudo escuchar unas leves palabras de críticas de los peatones que pasaban cercanas a ella, las cuales eran por su vestimenta.
— ¿¡Ya viste como vá ésa cría!?
— sí...
— ¡Que asco!...
Ella llevaba puesto unos pants y una sudadera de manga larga con un gorro, pero no era lo suficiente, para protegerla del frío, y lo que más destacaba, era que iba descalza, ése era el motivo de las burlas; sus pies se encontraban sucios y con sangre.
No se dió cuenta por el frío que estaba aumentando, lo sabía por la condensación de su aliento qué salía de su boca al exhalar; no le importó y siguió así caminando horas largas y eternas sin ningún rumbo ¿buscando algo ó alguien...pero a quién? se le estaba olvidando.
¿¡pero claro, su familia, por qué no podía recordarles!? Se preguntaba la joven así misma ¿no sabía él por qué, no les podía recordar?...
Del cielo calló pequeñas gotas de agua que le golpeaban el rostro, la lluvia parecía tener un efecto aliviador, curando un poco sus penas.
Pero no duró, rápidamente la lluvia se había transformado en un aguacero.
Mientras avanzaba más deprisa, tratando desesperadamente por recordarles, como las facciones de sus rostros, la tibieza que generaban sus cuerpos cuando la abrasaban, el sonido de sus voces al llamarle.
Sin detenerse aceleró su andar, mientras las enormes gotas de agua golpearon su rostro, enmascarando sus lágrimas y los relámpagos descendieron, iluminando un poco la oscura noche, que también reveló un poco el rostro afligido de la joven; que se lanzó en medio de la calle, sin ver el grabé riesgo que representaba aquella acción.
— ¡Deseo recordarlas para siempre!...
Los truenos silenciaron el ruido del bocinazo de advertencia y acompañado por el rechinar del freno de aquél vehículo que la golpeó cuando cruzó la calle.
Todo ocurrió tan rápido, la chica salió disparada en el aire, por la fuerza del vehículo que chocó contra su frágil cuerpo inmaduro, que dando en una posición de pie tambaleante con los brazos extendidos, suspendida en un breve momento en el espacio; con los ojos desorbitados, ahogando un grito, para caer luego al suelo con una violencia.
Se había golpeado la cabeza, su cuerpo salto hacia atrás, dando una voltereta; Luego quedó hecha un ovillo, jadeando, retorciéndose y quejándose.
Parecía semi inconsciente; Tenía los ojos cerrados, mientras un hilo de sangre emana de su boca, al mismo tiempo que gemía, estaba malherida, y una rápida sucesión de sonidos que salieron de su boca, que hacían subir y bajar su garganta.
La chiquilla abrió los ojos agotada exhausta, su visión era algo borrosa y tenía un extraño zumbido en sus oídos, ocasionado por el estrepitoso impactó del vehículo.
Podía sentir, la lluvia deslizarse, por su rostro y cuerpo, que la hacía temblar; y aún con su visión borrosa, las fuertes luces del vehículo detenido, le molestaban en sus ojos exhaustos, que aclamaban desesperadamente, por cerrarse, para no volver a abrirse.
Vió como el conductor bajaba del vehículo, se acercaba a ella, pero sin tocarla, mientras sacaba su móvil y marcaba los números de emergencia, para pedir ayuda; luego no vió más, por qué todo se volvió oscuro.
De nuevo, se dejó sumergir, por aquel extraño sueño, que vió cuando se recostó con su familia, y así vió de nuevo un cielo solitario, sin luna o estrellas, a excepción de una línea que atravesaba aquel firmamento, y poco a poco dibujaba un camino en el.
¿Y como si la realidad, se estuviera desgarrando, como un frágil cristal, para después caer, como enormes fragmentos, para revelar un nuevo mundo?...
Continuará.
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