Los relojes de la casa de los Hilton's marcaban ya las 8:23 pm, todo dentro de la vivienda se encontraba en paz en una perfecta armonía, el día había sido ni tan perfecto ni tan malo, fue de esos días monótonos en aquella rutina diaria en la cual ya estaban acostumbrados los integrantes de la familia Hilton.

Los Hilton's eran un joven matrimonio que constaba de un padre amable y otras veces estricto, al momento de corregir y reprender el comportamiento de su hijo; sobre todo en su educación para que fuera correcta.

Y una madre de esas que te enseñan el significado de lo que está mal y lo que está bien en la vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña hacer lo correcto pero siempre con amor.

Eran de esos tipos de padres que preparan y capacitan a sus hijos para que en un futuro puedan ellos defenderse solos, cuando sus padres ya no estén con ellos.

Y el único hijo de la joven pareja tenía mucha suerte de tener unos padres tan maravillosos como dirían muchos chicos de su salón.

Su nombre era Zuno Hilton de unos 14 años, y dentro de dos meses más cumpliría 15 ése mismo año en curso.

Era un chico de carácter dulce, con una gran amabilidad hacia las personas, guardando siempre el debido respeto; otra de las culidades que poseía era un gran entereza moral, gracias a la buena educación que había recibido de sus padres, también era un chico intelectual y optimista.

La buena suerte le perseguía y debido a que conseguía cualquier cosa que deseaba casi siempre con facilidad tiende a ser generoso y dispuesto a compartir.

Y si sumamos que proviene de una familia bien acomodada; porque los Hilton's poseían unos trabajos reconocidos y bien pagados.

Él señor Hilton era neurocirujano muy talentoso y reconocido en su campo.

Mientras que la señora Hilton se dedicaba al estudio de la virología y era muy respetable en sus diversas investigaciones.

Sus trabajos los mantenían muy ocupados pero aún así hacían un espacio en sus apretadas agendas para pasar un buen rato con su hijo Zuno.

Como antes mencioné el día había sido una rutina diaria en la vida de los integrantes de la familia Hilton y casi terminaba con formé la noche lo cubría todo, con su manto negro en una profunda calma.


El integrante más joven de la familia Hilton se encontraba en el piso de arriba cepillándose los dientes, antes de dormir en su cómoda cama.

El ya traía puesto su ropa para ir a dormir ésa noche, que consistía en unas bermudas amarillas, una sudadera de manga larga y usaba unos tenis desgastados que le gustaba mucho a Zuno como pantuflas.

Y así concluiría este día para dar paso a uno nuevo que tal vez sea mejor que él de hoy, eso era lo que joven pensaba.

Pero pronto se daría cuenta de lo equivocado que estaba.

El joven Zuno escupió el resto de pasta de dientes para después pasar a enjuagarse la boca y secarse un poco con una toalla.

Pero de la nada escuchó un golpe que llamó su atención, así que se giró rápidamente para saber que había sido, casi de inmediato llamó a sus padres.

Zuno: — ¿Mamá?...

— ¿Papá?...

— ¿escucharon ése ruido?

o0o


En otro lugar muy lejano de donde se encontraba el joven, alguien lo observaba con gran interés, pero no solo a él sino a otras 3 personas más. mientras sostenía una pieza de ajedrez en sus manos enguantadas.

Para después pasar a depositar la pieza con gran precisión, en un gran tablero juntó con otras 3 piezas más al lado de está.

Asiendo aquél sonido que el joven había escuchado antes.

Aquella figura era de un hombre joven de aproximadamente un 1 metro 85 centímetros de estatura, de una contextura delgada pero con una musculatura bien formada, con una tez caucásica y una reluciente cabellera platinada.

De los labios del hombre albino salieron unas palabras con una voz alta y clara.

— Que inicié la apertura...

o0o


Devuelta en la casa de los Hilton's para ser más específicos en la planta de arriba en el interior de unos de los baños.

Sé encontraba el joven Zuno, que apenas camino unos pasos hacia la salida, ante la negativa respuesta de sus padres, que parecían no haberlo escuchado.

Así que se detuvo en seco cayendo de rodillas muy cercas de la puerta del cuarto de baño. Fue un repentino ardor en la parte delantera de sus manos, que hizo detener su marcha, su vista se centró en su zona de ardor que poco a poco subía de nivel a un dolor inaguantable.

Sosteniendo las manos ante sus ojos, vió como se formaba una horrible úlcera roja que sangraba, sobre la parte delantera de sus manos.

El adolescente comenzó alarmarse mientras su mente trataba de procesar lo que sucedía. No era posible, no era racional. Cuando se había lavado los dientes no se cortó con nada. Y ahora sangraba.

Logró ponerse de pie, tratando de ser indiferente al dolor que estaba sintiendo en ese momento, reanudo su marcha hacia sus padres.

El joven pegó un grito, para llamarles que resonó en tono agudo por la puerta entreabierta.

Sin ninguna respuesta positiva de sus padres, Zuno atravesó el pasillo en dirección a las escaleras, mientras miraba sus manos sangrantes que cada vez más empeoraban.

Punzantes y violentas oleadas de dolor recorrieron sus manos y comenzaban a extenderse, al darse cuenta que unas venas negras y abultadas emergían del interior de la úlcera sangrante, y comenzaban a trazar un camino por toda su piel.

Fue lo último que vió con claridad el joven que continuaba caminando, por qué de la nada todas las luces de la vivienda se apagaron. Un corto circuito eso pensaron los habitantes de la casa.


Zuno piso en falso, y acontinuación se escuchó el sonido aterrador de un cuerpo que rodaba por la escalera, hasta llegar al primer piso.

El joven había caído al suelo sobre las manos y las rodillas.

El estrepitoso de la caída y el grito entrecortado que la acompañó, llamó la atención de su padre, que se estremeció al verlo al pie de la escalera.

Las terribles oleadas de dolor que recorrieron las piernas de Zuno, le arrancaron espantosos sollozos, pero el joven no trató de ponerse de pie por miedo hacerse más daño, así que se colocó en una posición cómoda para así tratar de recuperar un poco de su fuerza.

Su mirada se centró en sus manos una vez más, y vió que las venas negras se habían extendido por todo su brazo hasta viajar a su hombro y cuello, se tocó la cara con la yema de los dedos y claramente sintió que tenía el lado izquierdo de su mejilla magullado mientras sobresalían aquellas venas abultadas en su rostro y un hilo de sangre manaba de su nariz, hundiendo aún más al joven en su angustia y miedo.

El rostro de su padre reflejó su preocupación, así que se abalanzó, para coger a su hijo, para ayudarle, para confortar lo.

Su padre fue a su encuentro, y cayó de rodillas frente a él.

— Estoy aquí, Zuno. Soy papá.— Y su voz ratificó su inquietud.

Zuno se volvió y le miró con unos inmensos ojos que imploran misericordia.

Su padre extendió los brazos en dirección a su querido hijo herido.

Lentamente, la angustia y el pánico fueron desapareciendo del rostro de Zuno.

— Papá...

Zuno tenía lágrimas en sus ojos que se veían tan brillantes, por el efecto de los pocos rayos de la luna que entraban, por los ventanales de la casa.

Y muy lentamente extendió las manos hacia su padre en un gentil gestó, que rozó sus manos con las de su progenitor.

Su padre le respondió con una sonrisa mientras lo estrechaba, con un poco de más de fuerza, para atraerlo más hacia sus brazos.

Era en verdad una hermosa escena de ansiedad y a la vez de ternura que se estaba desarrollando, qué por desgracia para ambos no duró mucho.

Zuno tenía los ojos brillantes, pegando un horrible grito enloquecedor en la oscuridad. Su rostro expresaba el terror mientras sus manos seguían fuertemente extrechadas a las de su padre como sí estuvieran pegadas con pegamento.

El motivo de su terrible angustia, Era la más desagradable pesadilla que pudiera haber tenido. Estaba ocurriendo ahora ante sus ojos.

Su padre gritaba, maullando en un dolorido lamento. Él se había contagiado con aquellas abultadas venas negras, pero a diferencia de su hijo.

Habían cubierto todo el cuerpo del pobre hombre desafortunado, más rápido hasta llegar a sus pupilas, que ahora se ponían en un color blanco.

Con una voz asustada Zuno volvió a gritar en un tono agudo que desgarro su garganta.

— ¡¡¡Papá!!!

De la nada alguien lo agarro por detrás tapando su boca con un pañuelo y tirando de él con fuerza, para que se levantará y se soltará de su padre.

Hubo un momento de silencio, una brevísima pausa durante la cual el silencio fue total, aquélla figura misteriosa lo guío hacia la cocina.

En el momento que entraron a la cocina coincidió, cuando unos extraños irrumpieron la vivienda.

Los extraños portaban armas de fuego y vestían todo de negro, tapando sus rostros con unos pasamontañas, para mantener su anonimato en todo momento.

Los extraños comenzarán a investigar el interior de la casa, primero topando se con el señor Hilton, que aparentemente estaba inconciente al pie de la escalera. Uno de los hombres habló por un radio.

— Un 2-29 Aquí en la entrada de los Hilton's.

— Vamos a necesitar al servicio médico.

— Recomiendo que traigan puestos sus trajes para ambientes tóxicos...

— Lo van a necesitar.

Dijo eso último sin quitarle la vista al desafortunado señor Hilton, que seguía sin dar señales de vida, al pie de la escalera.

Sus demás compañeros inspecciona van el piso de abajo y otros subían para investigar la planta de arriba.

Mientras tanto en la cocina permanecía agachado el joven Zuno agitado, luchando un poco, para liberarse de los fuertes brazos que lo mantenían aferrado a estar junto, con aquélla figura misteriosa.

El joven vió, mientras luchaba, que ésa figura llevaba puesto unos guantes blancos, como de médico y gracias a ellos no le afectaba su enfermedad ó lo que fuera aquello que lo estaba afectando.

Lo que sí le quedaba claro era que ésa figura misteriosa lo había separado del lado de su padre.

La figura le susurró al oído que se tranquilizara un poco, después se identificó como su madre.

El rostro de Zuno se suavizó al mismo tiempo que empezaba a reconocer a su madre, se volvió para mirarle un poco mejor, pero la tenue iluminación le hacía difícil ver las facciones de su rostro, pero aún así reconoció su suave voz, que desde que era pequeño lo tranquilizaba y lo hacía sentirse seguro.

Señora Hilton: — Cariño perdoname.

La madre de Zuno acariciaba la mejilla de su hijo aún conservando los guantes con un tono suave en su voz, y aunque su hijo no la podía ver muy bien, en su una mirada reflejaba tristeza y al mismo tiempo un gran amor.

Zuno: — ¿Por qué mamá?

Señora Hilton: — Ya no hay tiempo..

Tenemos que salir de la casa.

— Ahora.

La madre le explicó en un resumen cortó lo que harían, para eludir a los hombres y así poder salir de la casa.

Cuando uno de los hombres le dió la espalda a la entrada de la cocina, para centrar su mirada en uno de los enormes ventanales junto al sofá de la sala.

El hombre se estaba cerciorando, de que estuviera cerrado, para que no pudiera escapar el objetivo.

Y en ese preciso instante, fue la oportunidad del joven y su madre, para escabullirse a gatas en la oscuridad, rumbo hacia el comedor, donde habían unas puertas de cristal que daban justo al patio trasero de la vivienda de los Hilton's.

Gatearon hacia la salida y cuando atravesaron el pórtico, el chico y su madre.

Soplaba un viento nocturno y en el bello jardín, que estaba envuelto en penumbras, cuando su madre consideró que estaban en una distancia suficiente se enderezaron, que en ese momento a habían caminado agachados, para que no se dieran cuenta los intrusos.

Así que la madre, decidió que ya venía haciendo la hora de correr hacia la barda, que servía para dividir los límites de su propiedad, ellos la cruzarian y seguirían así hasta llegar al bosque que no estaba muy lejos de la casa.

El objetivo era el lago que estaba un poco más lejos que el bosque. Una vez que llegarán al lago tomarían una lancha de motor que también les pertenecía a los Hilton's, que se encontraba anclada en un pequeño muelle de madera.

Todo viera sido perfecto, sí no los hubieran visto uno de los hombres desde una de las ventanas en el segundo piso, cuando corrieron, para saltar la barda.

En verdad los dioses, no están hoy de nuestra parte, pensó la agitada mujer mientras corría junto con su agotado hijo.

Las piernas y rodillas de Zuno se negaban a seguir corriendo, por su resiente caída al pie de la escalera, no hacé mucho, pero su madre lo presionaba a seguir. dándole tirones en su brazo, para que andará lo más rápido posible, forzando a sus piernas a los límites.

Mientras eran seguidos por aquellas figuras de hombres bien armados, era cuestión de tiempo, para que estuvieran una distancia a tiró. Y claro que no, tendrían ningún remordimiento en el corazón, para disparar les a sangre fría.

Eso era seguro. Y con eso en mente la mujer paró en seco. Zuno se llevó un golpe en la nariz al chocar con la espalda de su madre, que había frenado tan bruscamente.

Tirando del brazo de su hijo de nuevo, para que así, se escondieran en unos arbustos y una maleza alta.

La madre apretó fuertemente a su hijo contra su pecho, mientras sus manos acariciaban sus cabellos revueltos y su espalda. Su rostro se acercó a una de sus orejas, para después comenzar a hablar con una voz suave y confortable.

Señora Hilton: — Cariño se que está situacion es muy difícil de afrontar...

— Pero necesito que seas muy valiente ahora y en adelante.

— Y sé que te estarás haciendo una infinidad de preguntas, pero ahora ya no hay tiempo de explicarte todo.

— Pero te prometo que cada una de tus preguntas serán respondidas en su debido tiempo.

— Lo que nunca debes olvidar es que tú padre y yo te amamos con todo nuestro corazón y siempre lo aremos.

— Y sí, se nos diera otra oportunidad para regresar en el tiempo, para cambiar lo que hicimos en su momento por tu bienestar, estoy segura que lo volveríamos a hacer...

La madre apartó un poco al chico de su pecho sujetándolo por sus hombros para ver su rostro. En respuesta el joven alzó la mirada un poco para mirarla a los ojos.

Y aunque había una tenue iluminación, por qué la luna se había escondido trás unas nubes que anunciaban una tormenta. Aún así consiguió ver que en los ojos de su querida madre, se dibujaban gotas saladas que resbalaban por sus mejillas.

Al abrigo de aquella oscuridad, mientras seguían siendo perseguidos, por siniestras sombras de hombres que vestían de negro como la misma noche en la cual estaban envueltos, el hijo y la madre.

Sus ojos se volvieron a abrir como platos, cuando su madre depósito un cálido beso en su frente, y sintió que se le aceleró el corazón, con fuerza en su pecho.

La voz de su madre se escuchó una vez más.

Señora Hilton: — Ahora toma ésto y corre con todas las fuerzas que te permitan tus piernas. Y no mires atrás, aún que escuches sonidos horribles, no debés mirar atrás, tapate los oídos y sigue corriendo hasta llegar a la lancha y sigue así hasta llegar al pueblo.

— Pero escúchame bien Zuno, no confíes en nadie porque pueden ser ellos, ni en la policía debés confiarte por qué puede que ya los hayan comprado.

— Toma esté número también. Llama a esta persona y dile estás palabras clave y dile que eres el único hijo de los Hilton's el sabrá que hacer para ayudarte.

— Y sí te atrapan, esconde muy bien esta información. y cuando tengas una oportunidad escapa y no dejes que te atrapen de nuevo.

Zuno: — ¿Pero que harás tú mamá?

Señora Hilton: — Te daré tiempo para que huyas.

Zuno: — Pero...

Señora Hilton: — ¡No! Discutas con migo y ve.

— ¡Corre y no mires atrás, como lo acordamos!

El joven no le quedó de otra, que aceptar y acatar la orden de su madre, tomando entre sus manos una pequeña SD, las llaves de la lancha y un pequeño trozo de papel arrugado que parecía tener un número de teléfono.

El joven emprendió la marcha por el bosque, con todas sus energías que le quedaban en su cuerpo herido, mientras que las siniestras sombras lo perseguían, por detrás en la oscuridad, que atravesaban el profundo bosque.

Su corazón golpeó como un martillo en su pecho cuando escucho un ruido a la distancia de disparos y su madre que le pedía a gritos que siguiera y no se atreviera a mirar atrás.

El chico siguió andando con pasos veloces. tapándose los oídos con sus manos para acallar los ruidos angustiosos en el bosque frondoso. Su respiración era agitada y de sus ojos brotaron lágrimas saladas que hacían que su visión sé volviera borrosa dificultando su marcha.

No sé dió cuenta, cuando resbaló, por una pendiente hasta que fue muy tarde.

Cayendo estrepitosamente en aguas poco profundas, sobre sus rodillas y el costado de su brazo, también dándose unos raspones en la barbilla que aumentaron su tormento, y así agravó más sus heridas, que ya tenía.

El joven entre cerró sus ojos y de sus labios escapó un aullido de profundo dolor, acompañado por terribles sollozos.

Cuando pudo recuperar un poco la calma en su ser, sé dió cuenta de que, había llegado al lago.

No en la forma que viera deseado llegar, pero eso lo reconfortó un poco, el hecho de a verlo logrado.

El joven sé preguntó que tal vez la lancha de su familia, no debería estar muy lejos, pero todo él lago estaba oscuro casi negro.

Y como sí la luna hubiera escuchado su súplica, mostró su cara en lo alto, que hasta este momento sé encontraba escondida entre unas nubes en el cielo nocturno.

La luz de la luna fue la suficiente, para iluminar gran parte del él lago tanto que el joven pudo distinguir su reflejo en sus agitadas aguas.

Tanta fue la sorpresa del joven al ver su reflejo en el agua y no ser capaz de reconocerse, porque su apariencia era otra.

Ahora él tenía un cabello de color cobalto en vez de negro, y una mirada de color rosa ó tal vez rojo, no podía distinguirlo muy bien, pero no correspondía a su color de ojos que el solía tener, que eran cafés.

Las extrañas venas negras habían desaparecido de su rostro, solo habían un par de moretones y rasguños, por la caída, asi que el chico decidió mirar sus manos, pero las úlceras sangrantes parecían rehusarse a desaparecer, por qué seguían en su lugar.

¿Qué era lo que le estaba ocurriendo?

El llanto inundó su rostro y el miedo, en medio de la noche que se cierne.

El joven se trató de calmarse a sí mismo.

Zuno: — No debe flaquiar mí valor ahora que estoy tan cercas de mi objetivo, debo seguir.

Con una mirada llena de determinación, se incorporó con un gran esfuerzo y dolor en sus articulaciones. sé puso en pie inseguro, con pasos tambaleantes, con dirección al pequeño muelle, que se veía a la distancia.

Tambaleándose, emprendió la marcha, por la orilla del lago con la misma determinación en su mirada, ya sin ninguna duda en ella.

Los pasos del joven lo llevaron al fin al muelle de madera; la lancha estaba anclada en una esquina con una cadena, para que no se la llevará la corriente.

La alegría de Zuno se hizo evidente en su rostro, cuando vio su objetivo tan cercano a él. solo tenía que dar unos cuantos pasos más, para alcanzarlo.

Así qué, siguió con su andar con más entusiasmo que antes, cuando estaba a punto de llegar, de la nada salió una violenta ráfaga de viento, que le introdujo tierra en sus ojos, que le impedía continuar con su marcha.

El joven se frotó los ojos irritados con el costado de su dedo pulgar. Oyó claramente un fuerte ruido, y al abrirlos, vió como la pequeña lancha detona va ante sus ojos, el fuego de la explosión consumió rápidamente el muelle que se quemaba, creando una columna de humo negro que se alzaba serpenteante, en aquel cielo azul y oscuro, en esta noche fría.

El joven se quedó en estado de shock, con los labios entre abiertos, observando solo la escena.

Un helicóptero sobre volaba el cielo nocturno, y un soldado se veía claramente en su interior, con un arma que parecía estar montada en el vehículo aéreo, que tenía pinta de ser un lanzagranadas.

Aquellos siniestros hombres habían frustrado su único medio de escape, usando un lanzagranadas Mk 47.

Escuchó la marcha de las sombras siniestras, que se estaban acercando peligrosamente en su dirección, y el helicóptero se posicionó en frente, para que no intentará escapar por el lago.

En ese terrible momento, recordó las palabras de su madre, que se repitieron en su mente.

— Y sí te atrapan, esconde muy bien esta información y cuando tengas una oportunidad escapa y no dejes que te atrapen de nuevo...

Respiró agitada mente, mientras se giró, para ver qué tan cercas estaban de él los extraños. Fingió caer abatido sobre la tierra agachándose, pero en realidad lo que hizo fue ocultar la información que le dió su madre, dentro de su tenis, por si lo registraban no lo encontrarán.

El chico alzó los brazos en señal de rendición, cuando los amenazadores hombres lo rodearon.

Ellos no sospecharon del joven, así que solo le pusieron unas esposas en sus muñecas, y lo escoltaron hacia un vehículo blindado, donde el joven sé sentó en unos asientos en el costado del vehículo.

En aquel sitio no había ventanas, sólo una pequeña rendija que estaba cubierta de una malla de metal, que daba una excelente vista al asiento del conductor y su copiloto.

un soldado sé le acercó a Zuno, para revisar sus heridas. El hombre era el médico del escuadrón.

Cuando curó la piel lastimada e irritada de las rodillas y piernas de Zuno con un paño húmedo. Al chico casi sé le sale el corazón del pecho, cuando se le acercó y también cuándo le tocó su piel, con sus frías manos, Por miedo de que sé diera cuenta del contenido de su tenis.

El soldado se había arrodillado a sus pies. Zuno sólo sé limitaba a observar lo, cómo manejaba sabiamente el paño en el borde de cada corte, evitando con sumo cuidado pasarlo sobre las heridas abiertas.

Después le aplicó en sus heridas un antiséptico y luego las cubrió con unas vendas.

Después de esa acción, el viaje transcurrió en completo silencio, por parte de los 4 soldados hacia al pobre chico, que se encontraba muy confuso y al igual de temeroso que permanecía sentado.

Solo se limitaba a recorrer con su mirada el pequeño espacio y claro a sus secuestradores.

Sé escuchaba el sonido del motor que andaba y las ruedas sobre el pavimento.

Y sólo una vez sé escuchó la voz del joven que hizo una pregunta. Qué fue el paradero de su destino.

Zuno: — ¿Disculpen puedo preguntar, hacia donde nos dirigimos?

Los soldados sólo se intercambiaron miradas, ante la pregunta del chico y después de unos instantes no hubo respuesta, por parte de los hombres.

Él joven ya no dijo nada más. Sus labios permanecieron sellados durante este largo viaje que prometía ser, tampoco pudo conciliar el sueño en aquélla noche de luna llena.

[ Continuará ]