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Se podía ver un cielo nocturno y solitario sin luna ó estrellas, a excepción de una línea brillante que lo atravesaba y se extendía más y cada vez más, en una danza enigmática y serpenteante, para después pasar a dividirse en varias, creando así varios caminos, que parecía quebrar el firmamento nocturno, como si se tratara de un frágil cristal, para después caer como enormes fragmentos revelando...
A este hecho se le conoce como desgarro.
Los desgarros en ocasiones se filtran a los universos físicos, deformando la realidad, hasta los límites insospechados.
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Dentro de una de las instituciones del gobierno conocida comunmente como un orfanato, que se llamaba Fundación Casa Cuna, se encontraba una joven de unos trece años de edad, que estaba en un estado emocional como ido, porque parecía que había perdido la percepción de la realidad, ella se encontraba callada, con la mirada en algún punto fijo, permaneciendo tranquila en su mismo lugar.
Esperando sentada en una banca de madera, envuelta en un velo silencioso.
Mientras los largos corredores del recinto, se encontraban desiertos en un completo silencio, porque los niños, hace mucho tiempo, se habían ido a sus camas, ya que el reloj de la pared señalaba las tres cuarenta y uno de la madrugada.
Se podía ver el reflejó de la jovencita en el cristal de la puerta, de aquella oficina, su imagen era la de una joven de largos cabellos, con rizos que caían como cascadas en las puntas, en un color pelirrojo cobrizo muy hermoso a la luz del sol, y su tono de su piel era oliva, contaba también con unos labios, como muchos dirán carnosos, como para besar, en un color carmesí natural, con una mirada con pestañas largas y chinas pero sus ojos reflejaban tristeza.
Ahí seguía esperando, sentada estática en la banca, mientras su imagen era reflejada en aquella puerta cerrada; que se trataba de la dirección del orfanato.
Sé podían escuchar claramente unas voces trás la puerta, que
le pertenecían a la directora encargada del recinto y al parecer a un par de detectives, que la habían traído antes.
La jovencita estaba al parecer esperando el desenlace, de aquella charla que definiría su futuro.
Sé escuchaban sus voces detrás de la madera, en un murmullo que durante mucho tiempo no podía descifrar.
Sus oídos escuchaban las palabras, como si formarán parte de una serie de ruidos naturales en su entorno; como el sonido de las manecillas del reloj en la pared, el goteo del agua de un lavabo cercano, el viento inquietó afuera que golpeaba las ventanas del recinto sin cesar.
Pasaron los minutos, hasta que un sonido perturbo los oídos de la joven, era una voz dulce y infantil que llenó todo su cuerpo con una repentina, pero reconfortante sensación de calor.
La chica agachó la mirada hacia abajo con confusión, para saber de quién era el dueño de aquella voz.
Ella se dio cuenta, que el sonido venía del interior de sus manos que estaban descansando sobre sus rodillas, que estaban juntas cómo cuando uno ora.
La joven las abrió, poco a poco, para darse cuenta que estaba escondiendo dentro de sus manos.
Se trataba de un ser vivo que respiraba, y todo esté tiempo ella estuvo sosteniendo, a una pequeña cosita esponjosa, que también poseía un suave pelaje, de color blanco como la fresca nieve y curiosamente se amoldaba perfectamente, al contorno de sus manos, con aquella forma redondeada.
La pequeña criatura abrió lentamente sus diminutos ojos dorados, alzando su mirada hasta encontrarse, con los ojos de la joven, y por un breve instante sus miradas se unieron.
Y cada una, vió su propio reflejo dentro de la mirada de la contraria.
Y ambas manifestaron, al mismo tiempo una agradable sensación; que acogió sus corazones sintiéndose así protegidas, y que podían confiar en la otra.
Las dos sé reusaban a parpadear para no perder la extraña conexión que estaban sintiendo.
Fue un momento extraño, pero mágico que no desearías que terminara; bueno eso le vino a la mente a la joven, que se dejó inundar por ésa sensación tan agradable, que sentía en este breve instante.
También su mente trabajo en una idea, que sintió en lo más profundo de su ser y fue que tal vez aquella criatura aliviaría un poco su oscura soledad.
Luego la pequeña criatura estornudo, rompiendo el contacto visual entre ambas, haciendo que el encanto terminara, y sin que se diera cuenta la joven le estaba respondiendo, también le hizo una pregunta al diminuto ser:
— ¡Salud!...
— ¿Té encuentras bien?
La pequeña criatura le contestó con aquella voz dulce y infantil que había escuchado antes.
— Oh sí.
— Sólo fue una pequeña alergia ó tal vez fue una ligera corriente de aire, que entró por una ventana entre abierta.
— Pero no te preocupes mí pequeña, yo estaré bien: porque soy un septem.
La joven se quedó viendo a la criatura, todavía un poco confundida sin poder entender quién era.
Al ver la cara de confusión de la chica la criatura reveló su nombre, esperando que con eso sus dudas se desvanecieran.
— Mi pequeña soy yo tú Pelusa...
— Es que acaso no te acuerdas de mí...
Cuando terminó de decir esas palabras, la diminuta criatura puso una cara de tristeza, por el echó que no se acordará de ella, tanto que una lágrima rebelde amenazaba con salir de uno de sus ojos color dorados, como el más brillante amanecer.
La adolescente, repitió su nombre en su mente; aquel nombre le traía nostalgia, por alguna razón que desconocía, así que vió bien su pequeña cara redonda, para después repetir su nombre en voz alta y clara.
{ ¿Pelusa? }
— ¿¡Pelusa!?
Su nombre resonó, en su interior y una repentina oleada de recuerdos vinieron a su mente, como si se tratara de una película en cámara rápida, viéndose a ella misma, pero cuando era un tierno bebé juntó con la criatura a su lado, y como juntas ibán creciendo al mismo tiempo.
Así reactivando su memoria, que parecía que todo esté tiempo viera estado dormida.
Y así al fin reconociendo al pequeño ser que ahora se encontraba descansando en las palmas de sus manos.
Acercándose al diminuto ser a su rostro, para sentir más su calor, y así reconfortar lo un poco, para después contestarle con una voz suave, y también en un tono infantil muy propio de ella.
— Claro que te recuerdo mi pequeña Pelusa.
Después de haberse reconocido ambas. la pequeña Pelusa preguntó:
— ¿Y donde estamos?
La joven ya había salido de su estado de indiferencia, hacia su entorno, que la rodeaba gracias al pequeño ser, que ahora reposaba en su hombro, para después afirmar que no tenía idea de dónde estaban.
La joven trató de hacer memoria, para saber que era lo último que podía recordar.
Pequeñas cosas que le pudieran ayudar, Por ejemplo ¿Cómo había llegado a esté lugar? ¿Quién era ella?...pero no lo consiguió, en su cabeza no había nada.
Su cabeza le dolía, por el esfuerzo que estaba ejerciendo, al tratar de estimular su memoria, sin ningún éxito.
— ¿Mí pequeña habéis oído eso?
La joven se puso de pie y alzó la mirada parpadeando varias veces, agudizando sus oídos, tratando de escuchar de nuevo aquel sonido que había escuchado la Pelusa, después pasó a preguntar.
— ¿El qué?
— ¿Yo no escuchó nada?...
Ó eso creyó, pero después se escuchó algo que parecían ser unos pasos...y cada vez sé escuchaban más cercas de su posición.
La luz del recinto sé apagó de golpe, dejando en penumbras el edificio. se escuchó como las puertas de cristal contra fuego eran atravesadas, por aquellas personas que habían emitido aquel sonido de pasos, con sus botas.
En el interior de la oficina, también se escuchaba ruido de voces de los detectives y la directora, a juzgar por el tono en sus voces, uno diría que estaban nerviosos por la situacion
Uno de los detectives abrió la puerta de la oficina asomándose un poco, para llamar a la joven, para que entrara con ellos y así estuviera más segura.
El hombre portaba en la diestra su arma lista, para disparar a cualquier sujeto sospechoso, mientras que en la otra traía una lámpara que servía con baterías, pero no alcanzaba a iluminar todo el pasillo.
Y con la tan poca iluminación a su favor; con su mirada el detective trataba de taladrar allí donde la oscuridad es más espesa en las esquinas del salón, tratando de ver si hay alguien escondido.
sin mucho éxito, desvío sus ojos un instante hacia la niña que seguía parada en la oscuridad, para así repetir su orden, pero está vez levantó un poco más su voz.
Y como salido de la nada. salió disparada de la la oscuridad, una bala hasta impactar en el hombro del detective, que se retorció en un terrible dolor, haciendo una grave herida qué sangró al momento del impacto, y una parte de ésa sangre carmesí, fue a parar al rostro de la joven, que tenía una mirada estática y perpleja; pero ella no se daría cuenta, hasta mucho después de aquella sangre.
Lo más extraño y no se dió cuenta el detective ó la joven, fue que el arma no hiciera ningún ruido, al momento de que la bala salió disparada del cañón.
En la desesperación del detective, sin querer jaló el gatillo de su arma, en consecuencia, disparó un par de veces al vacío, sin darle al objetivo.
La joven sé asustó un poco, por la repentina oleada de disparos, para después reaccionar rápidamente agachándose, y poniendo sus brazos en su cabeza, para protegerla.
Otro disparó más, se aproximó en silencio, viajando desde la oscuridad, hasta impactar al cráneo del detective que le causó su muerte, desplomandose al instante.
Y de las entrañas de la oscuridad salieron unos soldados, que portaban unos cascos con visión nocturna. Uno de ellos apunto a la joven con su arma, que tenía implementado una linterna en ella.
Mientras que los demás vigilaban el perímetro, dos de ellos revisaron el cuerpo del detective, para después entrar a la dirección del orfanato.
Dentro de ella, se podían escuchar nuevos disparos y gritos, saliendo de la habitación que impregnaron el aire.
la joven se encontraba aún en el suelo, mientras era apuntada con un arma, y se podía ver qué el soldado, tenía en su muñeca una pequeña máquina extraña, que parecía un rastreador, que al parecer era para localizarla.
Luego hablo por su intercomunicador.
— Localizamos al objetivo...
— fin de la fase 1• y a la espera de nuevas órdenes.
Después se escuchó otra voz que le contestó:
— Muy bien equipó Emblema...
— Comenzando la fase 2• Extracción.
— Entendido.
Cuando terminó la conversación, el soldado tomó del pequeño brazo de la joven con brusquedad, para que se levantará del piso y les siguiera.
A la joven, no le quedó de otra que acompañarlos. y como oponerse, sí le superaban en número y estaban armados.
Por su seguridad y la de su pequeño acompañante no opuso resistencia alguna, ni si quiera sé quejó.
La mayoría de los soldados abandonaron el edificio, con su preciado objetivo, que los acompañaba muy de cercas, en un silencio sepulcral, mientras eran protegidos, por la oscuridad de aquella madrugada, que lentamente iba cubriéndolo todo de negro.
En el interior del orfanato los soldados, que se habían quedado, sé encontraban haciendo un negocio con la directora, que por órdenes de sus superiores, habían dejado con vida y le pedían que no hiciera más escándalo, para que no despertará a los niños, por qué sí eso pasará, no tendrían más opción que matarlos, para así reducir el número de testigos.
El negocio era simple. ellos le entregaron un maletín lleno de dinero en billetes grandes y chicos, para comprar su silencio.
En la cara de la directora se podía ver el miedo, mientras sus piernas le temblaban y su corazón corría agitado en su pecho, por lo que había presenciado; pero todo cambio cuando le mostraron la enorme suma de dinero, sus ojos se abrieron como platos.
Que sí, uno los viera vistos, tal expresión, diría que casi se le salen de sus cuencas, por tanto que los abrió, mientras que su cara mostró un gran cambio, a comparación a la anterior de miedo, cambio tan rápido por una de asombro.
Uno de los soldados continuó hablando:
— Solo le pedimos que no comenté con nadie lo ocurrido y olvide todos los terribles acontecimientos de esta noche.
— Y sí usted copera con nosotros le depositaremos ésa misma cantidad cada mes, con una tarjeta, qué le proporcionaremos.
— Piense lo bien, es mucho más de lo que recibirá de esos corruptos del gobierno.
— Usted y ésa bola de mocosos huérfanos tendría una mejor calidad de vida con esta oportunidad.
— Y lo único que le pedimos es su completo silencio y nunca revelar lo ocurrido está noche, con otras personas.
La mujer mayor reflexionó un poco, todos los acontecimientos que estaban ocurriendo, para después contestarles.
— ¿Y que pasara con los cuerpos de los detectives?...
— ¿No empezarán a sospechar sus superiores de que yo fui la última que los vió con vida?
— ¡No sé preocupe, por esos detalles, nosotros nos aremos cargo de todo!
— ¡Usted, solo tiene que decirles que nunca había oído hablar de ellos, negando todo los comentarios que le hagan ó mienta les, como por ejemplo; que nunca llegaron a su destino y tal vez les ocurrió algo en su camino hacia el orfanato!
exclamo el soldado, con una voz firmé, mientras permanecía parado en medio de la dirección del recinto, sin quitarle su pesada mirada fría.
La mujer no aguanto más ésa mirada, así que desvío la suya hacia las persianas que tapaban la ventana, para después reflexionar de un pequeño detalle que estaba omitiendo.
¿¡La joven huérfana!?
¿Que pasaría con ella? ¿Cuál era la razón? ¿para qué la querían esos soldados?
Acercándose un poco más a la ventana, para mirar trás ella.
Teniendo una excelente vista panorámica, en la cual vió que todavía estaba oscuro afuera y aquellos intrusos lo utilizaron a su favor.
Para después así ver, cómo salía la joven huérfana del edificio acompañada, por esos molestos soldados.
Luego a su mente vinieron de nuevo las palabras del hombre.
«— Usted y ésa bola de mocosos huérfanos tendría una mejor calidad de vida con esta oportunidad...»
¿¡Que es el sacrificio de un niño comparado con el bienestar de cientos!?
Los soldados que seguían a la espera de una confirmación, por parte de la directora.
Para después escuchar las palabras de la mujer que al fin habían roto el silencio de la habitación.
— Mi respuesta caballeros es un sí, aceptó su propuesta.
No tuvo otra opción, la mujer que estar de acuerdo con sus términos; ó bueno eso pensó ella.
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La chica marchó en un paso lento, hacía cualquiera que fuera su destino; luego un soldado le indico que subiera al interior de un vehículo blindado de seguridad.
Dentro de él se encontraba otro joven, era un chico de pelo azul cobalto, que la miró en el momento que se abrieron las puertas del vehículo, de nuevo.
Pudo darse cuenta que la observaba con sumo interés, con esos orbes color rosa ó tal vez eran rojos, no estaba segura, por la parcial luz que los iluminaba.
El soldado se hartó de esperar, así que le indico que se sentará en uno de los asientos en los lados del vehículo, pero antes le dió, una mirada seria al joven, para que no intentará nada que más tarde, se pudiera arrepentir.
El trascurso del trayecto fue silencioso, porque ninguna palabra salió, por parte de los jóvenes.
La voz de Zuno fue la que rompió el silencio.
— Hola me llamo Zuno y tú cómo te llamas jovencita.
Por parte de la chica no salió ninguna palabra, mientras que la pequeña criatura que se encontraba reposando todavía en el hombro de la joven, solo se limitaba a observar el rostro de su pequeña, para después voltear a ver al chico.
Zuno no se rindió, así que continuó hablando.
— Bueno está bien si no quieres decírmelo.
— ¿Adonde crees que nos dirigimos?
— ¿No te dijeron nada cuando te subieron a este vehículo?
Las palabras de Zuno parecían caer en oídos sordos, haciendo imposible llegar al corazón de la joven, por alguna razón.
Cualquiera otro viera desistido ante las silenciosas negativas de la joven, pero por causas misteriosas que el chico desconocía, no podía dejarla en ése estado tan lamentable; así que continuó con su lluvia de preguntas.
Dándose cuenta del pequeño ser, que descansaba en su hombro y lo observaba, con esos intensos ojos miel, para después preguntar.
— ¿Y por cierto que clase de animal, es aquel pequeño que te acompaña?
La chica reaccionó un poco ante la pregunta, levantando su mirada, para verlo fugas mente, para después desviar su mirada, centrando toda su atención en su diminuto amiguito esponjoso.
Él chico intento una vez más, formulando otra pregunta.
— ¿Y como se llama?
La criatura diminuta estaba apunto de contestarle, pero en ese momento intervino la joven.
Acercándolo a un más a su rostro, para acallar al pequeño animalito
— ¿Estás bien?
— ¿Tienes miedo?
— ¿si quieres puedo ser tu amigo?
Dijo ésas últimas palabras, con un tono más suave y sincero.
La jovencita tenía un rostro inalterable en su ánimo, ni se inmutaba ante las palabras que el joven le decía, con tanta insistencia.
Luego un soldado lo mando, que se callara de una vez; que su voz era irritante, y que tal vez, era ésa la razón, por cuál la chica no le contestaba.
Luego Zuno guardó silencio, todo el resto del camino.
Llegando así a su destino. Los soldados bajaron, a los dos jóvenes del vehículo.
Al fin vieron que se encontraban, frente a una enorme instalación, que estaba fuertemente asegurada.
Dentro de la construcción, ya se encontraba un joven albino, que tenía una apariencia como una bestia, con aquellas orejas puntiagudas, colmillos como de lobo y garras en sus manos, que habían crecido sin control, éstos dos últimos días, desde su encierro.
Su nombre era Gaia.
Gaia se encontraba confinado en una celda aislado del exterior, ya habían pasado dos días; desde que lo atraparon en aquel rascacielos en su ciudad natal.
Misteriosamente las heridas, que había sufrido en aquella noche, ya se habían curado por completo.
La única explicación sensata, que se le ocurrió al joven, fue que era otro de los extraños poderes, que poseía.
Y de hecho no estaba del todo equivocado, porque así había sido.
Sus heridas comenzaron a sanar solas...claro que en diferentes transcursos de tiempos, y dependiendo de la gravedad de las heridas; por ejemplo las pequeñas heridas se curaron, por completo, mientras que las de mayor tamaño, tardarán un poco más en sanar.
El joven no se dió cuenta del todo; de que tenía el poder, para regenerarse, algo que no pasó desapercibido, por sus captores.
El joven ya había intentado con todos los medios, que poseía, para salir de aquella celda, sin mucho éxito.
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Mientras en otra parte, de la misma sección de celdas de contención, se encontraban los dos jóvenes adolescentes, compartiendo una celda.
Los soldados les habían ordenado, que se cambiarán sus vestimentas, por unos prendas blancas.
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El recinto de celdas estaba asegurado, por un desfile de cámaras, que lo grababan todo las 24 horas.
Y un par de orbes color celeste intenso cómo si del mismo cielo se tratasen...observaban muy atentos, los movimientos de los 3 jóvenes, a través de los monitores, en una sala de observación, muy retirada de ése lugar.
Después entró un hombre pelinegro, con un corte semi cortó, por detrás y más largo, por enfrente, pero se lo peinaba hacia el lado derecho, dejando caer sus cabellos dramáticamente.
Era un hombre adulto de unos 29 años aproximadamente, su estatura era de 1.89cm, su tono de piel era color canela, y su mirada era rasgada, con unos brillantes ojos color plateados, que también iba, muy bien vestido; que se dirigió al joven de los ojos color cielo.
— Parece que ya todos los elegidos están reunidos.
— Será mejor que comience los siguientes preparativos.
— Quiero que te quedes aquí y los mantengas vigilados.
— y sí, llega...a ocurrir algo, me lo hagas saber, lo más pronto posible.
— Haz entendido Wizard...
Sin más, el hombre pelinegro abandonó la habitación, dejando al dueño de esos orbes color cielo, sólo.
El dueño de ésa mirada, tan hermosa era un joven adulto de unos 18 años de edad. Midiendo aproximadamente un metro setenta centímetros, de contextura delgada, de tez blanca con una cabellera de color rosa, como una flor de cerezo, era algo que resaltaba mucho en su apariencia, al momento de conocerlo.
El joven Wizard se quedó contemplando los monitores, para después acercarse al panel, presionando algunos botones para después enfocar la cara de la jovencita, con las cámaras.
La cual, se encontraba sentada, en una de las camas de la celda.
Sus largos cabellos caían sobre su rostro, que estaba ligeramente agachado, impidiendo ver sus facciones, pero para Wizard, había algo en aquella chica, que le parecía intrigante.
De nuevo en la celda de Gaia, él se estaba preguntando así mismo, que era lo que estaban planeando hacerle, y por cuánto tiempo más, lo mantendrían confinado, en este extraño lugar.
Mientras lanzó, otra patada de frustración a los barrotes, con todas sus fuerzas, pero sus intentos fueron inútiles, como en otras ocasiones, que lo había intentado, insistentemente.
Recargando su cara en el metal sucio, dándose por vencido; sus manos apretaron los barrotes con fuerza, al igual que, sus colmillos lo hicieron, rosando un poco su labio inferior, que comenzó a sangrar un poco.
Cuando repentinamente, sé sintió un templor que no paró, hasta tres minutos después; por arriba y por abajo, sintiéndose en el suelo de la estructura, asombrando a todos los presentes del complejo.
Lo qué ellos no sabían, es que ése supuesto templor, en verdad era una "Línea Temporal" que establece una relación entre el tiempo y el espacio.
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En otra parte, muy apartado de aquel lugar, hasta otra dimensión, en donde se encontraban los jóvenes, se hallaba una habitación y dentro de ella, se encontraba un universo misterioso, en ella se podían ver innumerables relojes de diferentes tamaños y diseños muy curiosos.
En medio de todos, aquellos innumerables relojes, el que más resaltaba de todos ellos, era uno que se imponía, con su enorme tamaño, que casi podía tocar los cielos del universo, y se situaba en medio de los demás.
En aquel extraño universo, era el hogar del Dios Chronos, él era un ser incorpóreo, que se veía como un anciano, o a veces cómo un joven, y en otras ocasiones, como un niño.
Esté dios era conocido, como Chronos el Dios del tiempo, que dió origen al universo, que lo rodeaba permanentemente, y cuyo poder, estaba más allá del alcance de los dioses existentes.
Esté ser no nace, siempre existe y no devora nada. Es el tiempo que circula, y su forma de bestia sagrada, era la de una serpiente que se muerde la cola.
Que representa las estaciones, que se repiten regularmente cada año. Él es el tiempo de la vida.
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Y ahí estaba el Dios Chronos hablando, con su fiel arma Septem que tenía, como nombre Ión; está criatura ya tenía su forma cielo, que es como una forma de animal, y ya no solo redonda y erizada, como la de un puercoespín, como suelen ser, en su primera etapa los septem.
— Lord Chronos, que es lo que está ocurriendo
— Acaso está, extraña honda temporal es...
— Así es: se trata de una línea temporal, mí estimado Ión.
— Nuestra realidad, como la conocemos, está siendo alterada.
— ¿¡Que!?...¿Pero, porque o quién?
—¿Puede tener, semejante poder, aparté de usted?...Mi lord.
La pequeña bestia, hizo una reverencia, en señal de respeto al final de la charla, para después guardar un leve silencio, a la espera de una respuesta de su Lord.
— Un suceso como éste.
— Hacía millones de milenios, que no ocurría, con tal semejante magnitud.
— Sabés Ión, que estamos viviendo en un universo, con millones de realidades alternas que coexisten mutuamente y confluyen, en perfecta armonía.
— No mí Lord. yo lo desconocía total mente.
— Sabés por qué, te estoy compartiendo, este conocimiento.
La criatura solo se limitó, hacer un movimiento, con su cabecita de un lado a otro, queriendo decir un "No"
— Por qué, sólo una vez eh tenido el privilegio de ver, con mis propios dos, ojos astrales.
El Dios del tiempo, hizo una prevé pausa, para después continuar con su charla.
— Sólo lo a hecho una ancestral Diosa, que ya no existe, ya en esta realidad más...o eso pensaba dado a lo que está ocurriendo, en está línea de tiempo, y las otras están siendo alteradas drásticamente.
La deidad alzó la vista, para ver las extrañas líneas en el cielo de la dimensión, en cuál se encontraban.
Su fiel arma también lo imitó, alzando su vista, para ver las hermosas líneas divergentes, que salían de un mismo punto, y a medida que se extendían, se Iván separado una a otra, para después unirse en algún punto nuevamente, para después volver a repetir aquel proceso, en un ciclo continuó.
Luego a la fiel arma, le vino a su mente una duda, que lo estaba aquejando, para después en prevé instante, realizar su pregunta a su señor.
— ¿Mi Lord Chronos, puedo preguntar cuál es el nombre de aquélla Diosa ancestral?
— Como suele ser, ya una costumbre con la mayoría de los Dioses, solemos tener muchos nombres, por cuál nos suelen conocer la humanidad.
— Ella tampoco era una excepción, está Diosa también poseía muchos nombres.
— Mi estimado Ión, te diré el nombre, por cuál era más conocida, era la "Diosa Arcoíris"
[ Continuará. ]
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