Capitulo 2

Miras como la besa, dentro de ti algo se rompe. Te duele más cuando la abraza.

Entiendes que él debe seguir, que tú no puedes hacer que su vida se detenga. Sabes que todo acabo para ti, pero... ¿Por qué sigues aquí? Te cuestionas, ¿Es esto lo que te espera después de la muerte? Sigues preguntándote a ti mismo.

Decides dejar ir todos aquellos pensamientos, caminas dejando que la calma del lugar te invada, nunca antes habías sentido algo igual. Toda tu vida fue un infierno, casi no recuerdas buenos momentos más allá de Lizzy; tu hermana, más allá de tu tiempo con Minho y Alby en el Área, y claro... Thomas. Pero las cosas con Thomas habían sido completamente diferentes, no había sido una simple amistad para ti, había algo más especial entre ustedes, algo tan mágico y maravilloso como ninguna otra cosa que hayas sentido nunca y querías creer con todas tus fuerzas que era así. Él siempre se comportaba de manera distinta, siempre mostraba una enorme preocupación por ti y obviamente tu por él.

¿Por qué ahora te sientes tan lleno de interminables dudas? No sabes como responderte a eso, o más bien si lo sabes, pero tienes miedo de admitirlo. No quieres admitir que jamás fuiste nada más allá que un simple amigo... Amigo, esa palabra te apuñala el corazón con fuerza, te hace darte cuenta de que jamás serás Teresa o Brenda, no eres una chica, eres un simple chico insignificante en el corazón de Thomas.

-Duele...- Murmuras para tus adentros. El dolor destroza tu blando y amable corazón, un corazón lleno de ilusiones estúpidas que sin quererlo te provocan una inmensa alegría.

Vagas sin rumbo por el lugar, no tienes ningún destino y solo quieres desahogarte. Te niegas a ser su sombra, pero no conoces nada mejor, el mundo en que estás ahora es nuevo para ti, aún que no te cuesta moverte por el. No es frío como pensabas.

Ves en la lejanía a un ciervo, nunca habías visto uno de verdad, te provoca algo mágico, algo inexplicable. Te acercas lentamente a él, vas lento para no asustarlo. El sonido de una rama partiéndose alerta al animal que mira hacia ti, pero el sonido no venia de tu dirección. El bello animal te mira atentamente como escudriñando tu alma, tu le miras, no hay ni una sola pizca de miedo en ambos. Terminas de acercarte dándote cuenta de que el animal esta inmóvil en su lugar observándote. Tímidamente alzas tu mano hacía él, estas decidido a acariciarlo. Sientes la suavidad de su pelaje bajo la piel de tu palma, notas en ese momento que no siente miedo, sientes una extraña alegría invadiendo y conquistando todo tu ser, pasando así a tu nuevo amigo que deseas poder volver a ver después de su despedida. Todo a tu alrededor es paz mientras acaricias el hocico del ciervo que se deja hacer mientras posiblemente disfruta de todas aquellas emociones positivas que el lugar te hace sentir... Sentir, te gusta mucho esa palabra ya que eres una persona muy sensible en el fondo y la verdad es que desde que abriste los ojos de nuevo, sientes muchísimas cosas invadiéndote, sin quererlo vuelves a recordar a Thomas abrazando a Brenda. Algo sabe mal en tu boca, quieres soltar todo eso, pero eso no quiere soltarte. Quieres dejar de ver eso en tu mente, ya no quieres nada negativo, ya no quieres que nada te afecte de nuevo aún que es obvio que no puedes evitarlo, estas realmente dolido.

De repente notas como el ciervo comienza a alejarse de ti, se ve incómodo y asustado. No lo fuerzas a quedarse junto a ti, lo dejas ir comenzando a sentir una melancolía llenarte. Ojala las cosas fueran así de fáciles de soltar.

Miras al cielo percatando te de una preciosa mezcla de colores; admiras como ese azul cambia a un anaranjado atravesando por varios amarillos, rosas y por fin el rojo anunciando maravillosamente así un increíble atardecer. Caminas tranquilo hasta regresar a donde antes estaban Thomas y Brenda sentados, miras que ya no están, así que decides sentarte ahí. Observas como los tonos rojizos y rosados del cielo comienzan a ser más oscuros pasando por tonos morados, azules y algo de negro. Todo comienza a llenarse de pequeños y brillantes puntitos lejanos haciendo que tus ojos se deleiten con tan magníficos y maravillosos recuerdos.

-Newt...- Escuchas tu nombre escapar suavemente de aquellos labios que en vida no parabas de admirar, soñar y desear besar.

Te giras asustado además de desesperado, pero... ¿Por qué estas desesperado? Claro, quieres que él vea que sigues aquí; que no te has ido.

No sabes si puede verte o solo son juegos crueles de su mente, pero enserio deseas que te vea de verdad. Te levantas apartándote de la orilla del acantilado sin dejar de verlo, él tampoco aparta su vista de ti.

-Thomas...- Escuchas tu voz salir en un suave murmullo que el viento se lleva mientras miras como esos hermosos y castaños ojos se llenan de lágrimas, tu corazón se troza un poco, pero pronto todo es remplazado por la enorme esperanza de que no seas una simple alucinación suya.- Hola Thomas...- Así que dejas escapar un suave saludo mientras se dibuja una pequeña sonrisa en tus labios.

Te acercas a Thomas, le dedicas una mirada llena de ternura y alegría. No sabes porque pero en verdad te alegra que él pueda "verte". Thomas llora, lo ves llorar y todo tu corazón sin esperar más esta hecho añicos, como si fuera un cristal partiéndose, eres eso, un cristal hecho añicos cuando ves esos ojos llenos de lágrimas, te sientes un horrible monstruo que solo le hace daño.

-Thomas, por favor no llores- Le dices con cariño.

-¿Como quieres qué no llore cuando estás aquí?... ¿Cuándo eres una tortura que yo mismo me estoy dando?- Te reclama con la voz entrecortada. Tu corazón ya no puede romperse más, es simplemente algo imposible, pero los trozos rotos... ahora son polvo. Intentas acercarte a él - No - Te dice con firmeza... Ya no existe ninguna forma de reparar tu inexistente corazón, tu alma te duele como nunca te había dolido antes.

Sabes y entiendes que le estas causando muchísimo más daño a él, que él a ti. Tal vez solo deberías irte y vagar como un chico invisible sin propósito, pero sientes algo dentro de ti que te dice que no puedes abandonarlo, sabes que no puedes. Tu mismo te convences que no debes dejarlo, que aún necesita de ti, solo te creas falsas ilusiones e idea aferrándote a lo único que te ha hecho feliz desde que recordaste que tenías una hermana. Claro, lo heriste con tus palabras el día en que termino con tu vida y lo heriste más obligando lo a hacerlo, pero el debía de entender que la enfermedad te estaba consumiendo con fiereza y rapidez. Él tenía y debía entender que ya era muy tarde para ti, que posiblemente nunca existiría una cura, pero esa no era justificación suficiente para herirlo con tu recuerdo y presencia.

-Vete Newt...- Escuchas la quebrada voz de Thomas - Vete y no comiences a torturarme más.