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En esos 3 minutos del supuesto templor que duró, las señales de todos los monitores de las cámaras se perdieron, también las luces se prendían y se apagaban, fallando por un prevé instante.
En las celdas de los prisioneros, estaba ocurriendo algo misterioso con los 2 chicos y simultáneamente con el joven, que se encontraba observando, en la sala de los monitores.
El pecho de Gaia, Zuno y Wizard, se sentía como si ardiera por dentro, llenándo los de una terrible sensación de asfixia, causándoles mucho dolor, por unos minutos.
De la nada, comenzó a emerger una intensa luz circular, del pecho de los tres jóvenes, y dentro de esa misma luz, se encontraba envuelto con una delgada capa de tejido, semi transparente, como de una planta, para después emerger una pequeña criatura redonda de ella.
Tan grande era el asombro de los jóvenes, que solo se quedaron, sosteniendo entre sus manos, a estás nuevas criaturas que habían emergido del interior de sus cuerpos.
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Gaia fue el primero en reaccionar.
— ¿¡Pero que!? ¿¡Carajo!?
— ¿Que es, está cosa?
La criatura reaccionó ante su voz abriendo sus ojos, enderezando su pequeño cuerpo, que al momento se rompió la delgada capa de tejido.
La criatura tenía la forma de un erizo ó un puercoespín, pero éste se paraba en sus patas traseras, tratando de imitar el caminar del hombre dejando libres sus patitas delanteras, tal vez para agarrar sus alimentos con ellas, como suelen hacerlo algunos hámster y ratones.
Eso llegó a pensar Gaia al momento de ver al animalito tan curioso.
Por parte de la criatura solo se limitó a contestarle al joven con unos gestos adorables acompañados por unos chillidos suaves al compás.
A Gaia se le resbaló una gota por su rostro ante los gestos de la criatura, para después pasar arrojar al animalito hacia la cama de la celda.
La criatura rebotó en el colchón semi firmé felizmente, por qué pensó que su amo estaba jugando con el por primera vez, así que volvió a hacer esos ruidos adorables.
Pero ésas reacciones solo lo irritaron más a Gaia, que apretó con más fuerza los barrotes y a la vez sus dientes con claro enojo.
— ¡Sabes me estás molestando con tus ruidos, así que, calla de una vez!
— ¡No vez que estoy tratando de concentrarme en salir, de este maldito lugar, porque si no te has dado cuenta estamos encerrados en esta prisión!
La criatura guardó silencio en el momento en el cual Gaia cargo toda su frustración con el.
Para después procesar en su pequeño cerebro, todo lo que su amo le trataba de explicarle, viendo hacia Gaia luego a los barrotes de hierro, para después repetir la acción un par de veces más, tomando una posee de pensador en silencio.
Gaia se sintió un poco mal, porque el animalito no tenía la culpa de lo que le estaba sucediendo, pero no sabía cómo disculparse, así que solo guardó silencio.
Después de unos minutos de guardar silencio, por parte de ambos
Se le prendió él foco al pequeño animalito.
Llegando a la conclusión de que su amo deseaba romper esos molestos barrotes de hierro, y ya había intentado roer los con sus colmillos, bueno ésa fue la idea que le pasó por su mente.
Así que volvió a hacer esos ruidos adorables, brincando un poco en la cama para agarrar impulso, para así dar un gran salto, hacia las manos de su amo.
— ¿Oye que tienes?
Tomando por sorpresa a Gaia.
Una nueva luz cubrió al puercoespín que comenzó a tomar otra forma ante los ojos de su amo.
Transformándose en dos sables cortos, que a la vista parecían pesadas, pero al sostenerla era todo lo contrario, por qué era bastante ligeras como si sé tratarán de una pluma de ave.
El joven se quedó unos instantes observando las imponentes armás, que ahora se encontraba sosteniendo entre sus manos.
En otra área de las celdas de los prisioneros estaba Zuno con la cara llena de confusión y a la vez llena de asombro, por qué en sus manos descansaba su propio animalito con forma redonda, que al parecer se encontraba muy feliz de verlo, por qué daba saltitos en las palmas de sus manos, mientras hacía adorables sonidos como chillidos suaves al oído.
Dándose cuenta, de que aquella criatura se parecía mucho, a la que traía la joven en su hombro, girando se, para verlas y así compararlas.
Y sí en efecto eran muy semejantes, para después pronunciar unas palabras en voz alta.
— ¿Quienes son ustedes?
Su criatura no parecía comprender, por qué solo giró su cabecita a un lado, claramente con una expresión de confusión.
Luego una suave y placentera voz se escuchó en toda la celda, que parecía que provenía de la pequeña bola blanca y esponjosa de la joven.
— Es tú Septem, que a nacido de tú corazón.
— Yo también soy un Septem como tú compañero.
El pequeño puercoespín que tenía entre sus manos asintió con un movimiento de cabeza.
Para después realizar una pregunta a la joven niña pelirroja.
— Tú tienes idea porque brotó del interior de mi pecho
— ¿Y que es en verdad un Septem?
La jovencita por primera vez le contesto con un gesto de cabeza, en negación, por qué ella también lo desconocía.
— Ya veo.
Luego guardaron silencio nuevamente.
Mientras en la sala de los monitores se encontraba Wizard en una posición hincada, con una mezcla de emociones que lo aquejaban; entre asombro y a la vez con curiosidad, por saber el verdadero origen de aquél misterioso animalito que había brotado de su pecho.
De repente la señal de los monitores de las cámaras regresaron mostrando en ellas tanto a Gaia como a Zuno con esos mismos erizos en sus manos.
Wizard miraba con asombro a cierto joven albino en especial, porque no entendía como aquel puercoespín se había transformado en un alfanje (que es un sable de hoja ancha y curvado en su último tercio)
Gaia contemplaba el acero que brillaba e irradiaba luz como propia, mientras las empuñaba; en verdad eran unas magníficas armas.
El joven quiso probar el filo de las armas antes de usarlas así que agito un par de veces para tajar el aire.
Y en efecto su filo era peligroso, el peso y el tamaño de las armas no interfería con sus movimientos, era todo lo contrario, en realidad eran fáciles de controlar.
Así que el chico impulsivo, no lo pensó dos veces, para ir en contra de los barrotes de hierro; que todos estos largos días lo habían privado de su libertad.
Las armas blancas a una mano y de un solo filo o en su contra filo en su último tercio; arremetieron contra los tubos de hierro estás los cortó como si de mantequilla se tratasen.
Blandiendo los sables, contra el hierro y con algunos cortes más, pudo conseguir la ansiada libertad.
En el momento que Gaia consiguió salir de la celda, estallaron las alarmas alertando a los guardias, que se movilizaron rápidamente al lugar donde se encontraba él chico albino con apariencia de bestia.
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Zuno pudo escuchar claramente como las alarmas estallaron y supuso que algo estaba ocurriendo, porque varios hombres armados corrieron al lado de su celda, momento que Zuno aprovecho, para tomar el brazo de uno de los guardias para preguntarles cuál era motivo de aquel bullicio.
El soldado no le contesto solo se zafó de su agarre, con clara irritación en su rostro sus labios se abrieron con intención de decir algún insulto, pero no alcanzaron a emitir nada, porque se dió cuenta que no tenía tiempo para discutir con Zuno, así que siguió su camino sin revelar ningún detalle a los jóvenes prisioneros.
(...)
Gaia corría por los corredores al lado de las celdas de contención, mientras era seguido por los guardias armados; ellos portaban armas para aturdir, ya que se les había dado la orden de no dañar ó matar a los prisioneros
Gaia continuaba corriendo y al mismo tiempo que esquivaba las descargas aturdidoras, con una gran agilidad hasta que una casi rozó su cabeza, pero casi al mismo tiempo, los reflejos de su arma Septem se activaron, para salvar a su joven amó.
Ambos sables hicieron un sonido como un chillido, antes de guiar las manos de Gaia hacia una bola eléctrica; que golpeó el acero de las armas, justo en el punto donde tiende a ensancharse, en el tercio fuerte de la hoja.
En el momento del tremendo impacto, toda la energía de la descarga estaba siendo absorbida por el acero de las hojas de las armas.
El semblante del joven se transformó en uno lleno de asombro ante aquella acción.
Las manos del joven estaban blandiendo las empuñaduras de los sables, pero en realidad quien, tomaba el verdadero control de la situacion era el arma orgánica, que guiaba al chico en sus acciones, y también en que dirección debería tomar para sobrevivir.
Gaia arrastraba sus pies torpemente, por los constantes tirones que recibía de parte del arma, mientras que sus brazos y manos sé movían con maestría en lo que respecta en el manejo con los sables, tanto que sé podía comparar, con las habilidades del más experimentado guerrero.
Uno tras otro, los disparos de la decena de guardias se dirigieron al joven albino, que recibía todas sus descargas con los sables.
Con cada impacto qué recibía la hoja, está empezaba a tomar un brillo, no tan normal, porque en realidad lo que estaba haciendo, era absorber los ataques de sus enemigos, para después devolverse los, pero con el triple de daño.
El chico podía escuchar claramente, como las descargas emitían un cierto silbido, cuando entraban a las hojas de los sables, que cada vez más se hacían más brillantes, sintiendo también un cierto calor en sus empuñaduras.
Llegó un momento en donde la energía ya estaba lo suficientemente acumulada, oportunidad que no desaprovechó el arma orgánica, porque tomó el control de las manos del chico albino moviendo las, para desplegar todo su poder que había acumulado contra sus oponentes.
Éstos salieron disparados, en el mismo instante, que fueron tocados por la energía implacable.
Los pobres desafortunados hombres, no lograron alcanzar a defenderse, haciendo que salieran disparados por los aires, hasta que la fuerza de gravedad sé hizo presente, chocando estrepitosamente contra algún muro cercano, hubo otros, no tan afortunados, que fueron a caer contra los barrotes de algunas de las celdas de su alrededor; causándoles graves contusiones y dolorosas fracturas de huesos.
El cerebro de Gaia no logró procesar, la gravedad de las acciones que había realizado su arma Septem, solo le vino a su cabeza una sola cosa y fue su propio bienestar.
Era su oportunidad de salir corriendo de aquélla situacion; que no dudó ni un segundo, para salir disparado en dirección de la salida más cercana.
Pero claro, ¿que no tenía ni idea de dónde podría estar, aquél medio de escape? así que muchas veces, dobló esquinas sin mucho éxito volviendo sobre sus pasos, encontrándose nuevos obstáculos, que eran un número de guardias aún mayor de los que se había enfrentado.
Pero rápidamente comenzaba agarrar habilidad con la espada, así que repitió un par de veces más, la técnica que utilizó, con los primeros hombres que sé le opusieron.
Y como sí, se tratara de un déjà vu, la misma secuencia se repitió una vez más, con aquellos hombres que interferían con su escape, cuando los dejo nocaut, siguió con su andar por aquel circuito de celdas, pasando por la celda de Zuno y su silenciosa compañera.
Gaia giró su cabeza, mientras corría por los pasillos y claramente vió a un chico peliazul y a una chica que tenía una cara, como sí el mundo se hubiera acabado; encerrados en una celda, y no pudo evitar compararlos con la misma situacion que el tuvo que pasar, cuando había sido privado de su libertad.
Zuno extendió uno de sus brazos, hacia afuera de los barrotes, para así tratar de llamar la atención del chico albino y así implorar su ayuda.
— Por favor chico podrías ayudarnos a salir de aquí... por favor...
Por la mente de Gaia cruzó la posibilidad de dejarlos, ya que se escuchaban nuevos pasos de adversarios que se aproximan a su posición.
Debía aprovechar mejor, este tiempo para huir de este asqueroso lugar, dejar que cada quien se ocupe de sus asuntos, esos pensamientos cruzaron por la cabeza del joven albino, pero cuando estaba a punto, de largarse sin importarle lo que llegara a ocurrir les aquellos dos chicos; escuchó de nuevo, la voz del chico peliazul que le estaba rogando.
— ¡Por favor sólo abre la celda... te prometo que no seremos una molestia para ti; pero por favor, no vayas a dejarnos aquí!
El joven chico de catorce años, apretó con sus dos manos los barrotes con fuerza, para después inclinar su rostro hacia abajo, en un estado depresivo.
Por parte del joven de quince años solo hizo un gesto de molestia, que expresó con único sonido que salió de sus labios.
— Tsk...
Para después girarse a ellos, dejando escapar nuevas palabras, en un cierto tono de molestia.
— Más les vale, que no me hagan, que más tarde, me arrepienta de está desición...
— Que esperas chico apártate, de los barrotes...
El joven albino rezongaba, haciendo algunos gestos de disgusto más.
Mientras que el chico de catorce, permanecía en un estado de confusión, sin todavía poder creer lo, que de verdad los estuviera ayudando, para después salir rápidamente de su estado.
Para después caminar hacia atrás lentamente, hasta toparse con la pequeña joven que seguía sin reaccionar de pie en las sombras.
Zuno extendió su brazo izquierdo, en un intento por poner a la chica detrás de él, para protegerla, así continuo caminando lentamente hasta que ambos tocaron la pared, contra una esquina de la celda.
Gaia alzó una vez más los sables, y con movimientos ágiles rajo el hierro de los barrotes, hasta atravesar los; dejando en libertad a los dos chicos que escucharon las órdenes de Gaia, para que empezarán a correr, sí no querían ser atrapados de nueva cuenta.
Zuno tomo de la mano a la joven chica jalando la, para que corriera junto a él.
Gaia se abría camino por el recinto con gran maestría blandiendo y a la vez bloqueando, los ataques de aquellos hombres.
Y muy de cercas de él, se allá van los dos jóvenes, que había ayudado de mala gana, pero que salvo después de todo, demostrando que todavía no había perdido su humanidad, a pesar de su apariencia.
Hasta que al fin, lograron salir los chicos al exterior, aún estaba oscuro, pero muy pronto amanecerá.
Unos enormes faros de luz iluminaron, donde corrían los jóvenes que provenían de unas torres en cada lado del papellon, mientras se escuchaban las alarmas y más guardias aparecían, para obstaculizar el único acceso a la salida, que se allá frente a ellos.
Que eran unas enormes puertas que Zuno y la joven chica, ya habían atravesado antes, cuando los trajeron a la instalación.
Estas estaban siendo, cerradas automáticamente, pero por alguna falla desconocida, para los jóvenes, se cerraban muy lentamente, por eso estaban haciendo tiempo los guardias, mientras los técnicos reparaban a gran velocidad las fallas, que había recibido la instalación.
— ¿No lo comprendo señor parece ser que el templor, que sentimos, afectó varios de los sistemas de seguridad?
— ¡¡Pues arregle los rápido!!
— ¡¡No me importa que hagan, pero no permitan que logren escapar los 3 sujetos!!
— ¡¡Me entendieron ineptos!!
En el jefe Lyzerg estaba furioso con su personal, mientras era observado por Wizard en completo silencio, y en cuanto a su pequeño compañero descansaba en su hombro derecho, también la criatura se encontraba mirando, pero no a Lyzerg, sí no a los monitores que mostraban a los chicos y a sus pequeños acompañantes los Septem.
El de Zuno, se aferraba a los cabellos del joven con fuerza, para no caer al suelo, mientras su amo corría con todas sus fuerzas y no se rendía con la chica, que continuaba entrelazada a el, por sus manos, dando en ocasiones ligeros tirones, para motivar la, a que corriera.
El de la pequeña joven, reposaba en su hombro con cierta gracia sin ningún temor, mientras que su joven ama, era motivada con algunos tirones bruscos por Zuno, para que corriera, pero ella parecía que no le importaba mucho su destino, al contrario le daba igual, estar en aquella celda ó afuera, había vuelto a ése estado apagado.
Y en cuanto al de Gaia, seguía en forma de dos sables pequeños, mejor conocidos como alfanje, que protegían a su amo y lo ayudaban a sobrevivir, abriéndole paso a su ansiada libertad.
Los pequeños ojos del Septem de Wizard estaban expectantes, sobre los Septem de los tres jóvenes, que mostraban una gran determinación.
Una vez más sus sables comenzaron a emitir un brillo y la empuñadura se sentía caliente, como dándole, un cierto indicador a Gaia, para un nueva técnica para que la utilizará.
Sintiendo en su ser, los pasos que tenía que hacer, para lograr realizarla correctamente la técnica.
La suela de los pies de Gaia tocaban muy bien el terreno, manteniendo una postura derecha, mientras que su pecho y torso, se encontraban hacia adelante impidiendo, que perdiera el equilibrio, y sincrónica mente moviendo los sables, con unos simples giros, al principio para después hacer unos movimientos más complejos, activando una especie de ventisca helada.
Así logro derribar a los guardias que estaban obstaculizando la salida, con una enorme tajada, que también afectó al terreno, donde éstos se encontraban parados.
Gaia correo hacia la salida, que casi se estaba cerrando, pasando por una de sus aberturas a tiempo, mientras que Zuno y la chica se habían quedado, un poco rezagados, evadiendo los obstáculos de cuerpos muertos ó heridos y rajaduras que Gaia, había causado en el terreno.
Mientras en la salida Gaia les gritaba, para que se dieran prisa debatiéndose sí debería largarse ó esperarlos, mientras las puertas continuaban cerrándose, acabando seles el tiempo.
Cuando Zuno giro la cabeza, para ver atrás de ellos vió, cómo nuevos hombres armados con sus rostros cubiertos, por unos cascos, se estaban aproximando a ellos.
Por ello, no se dió cuenta, cuando sus pies tropezaron con una roca, cayendo al piso, pero pudo reaccionar a tiempo, ya que usó toda su fuerza en su brazo, para jalar y tirar a la chica a la dirección de la salida. está logro aterrizar en el pecho de Gaia; que en ese preciso momento extendio sus brazos, para recibirla.
La joven al momento de aterrizar, en el pecho del chico, pudo sentir la cálida sensación de su temperatura corporal, que emanaba de él, y claramente escuchó su ritmo cardíaco, que la hizo salir una vez más, de su estado de enajenación. trayendo la de vuelta a la realidad, que le causó un sentimiento de incomodidad, ya que no estaba acostumbrada a aquellas muestras de afecto, por parte de otras personas, que no fueran, dadas por su familia.
Causándole un espasmo repentino que la hizo apartarse del pecho del chico albino.
— ¿¡Wow tranquila no te voy hacer nada!?
— ¿Al contrario deberías darme las gracias por detener tu caída?
No hubo respuesta por parte de la chica, solo permanecía en el suelo sobre sus rodillas y con las manos de igual forma.
— Bueno ya deberíamos irnos, antes que nos atrapen.
Después la chica giró su cabeza para ver a Zuno, que seguía tendido en el suelo a unos cuantos pasos de la salida, pero a la vez sus perseguidores, también estaban más cercanos a atraparlo, sin contar que la puerta se estaba cerrando, dejando así una abertura más pequeña.
— ¡Espera que hay de él!
— Él ya no importa...
— Lo dejaremos.
— Parece a ver aceptado su destino.
— Así que vámonos antes que nos atrapen también a nosotros.
El chico albino le ofreció su mano para que se levantará.
Pero la chica lo rechazó con un manotazo, ella solo se giró en la dirección de Zuno, para después motivar lo, a que se levantará.
— ¡Tienes que levantarte!
— ¡Ven con nosotros!
Zuno reaccionó a la clara voz, pero con un tono algo infantil, a la vez en ella, era aquella joven que lo llamaba.
Que le causó un sentimiento extraño, en su interior que lo motivo a seguir avanzando.
En la lluvia repentina de balas, se levantó y comenzó una vez más a correr en zic zac a la salida, donde ella lo esperaba con la mano extendida.
Las manos de los jóvenes se entrelazaron en un apretón firmé, para después tirar hacia atrás con fuerza.
Viendo como la puerta se cerró a sus espaldas, con un chasquido metálico.
Los hombres no se detuvieron corrieron hacia las torres de observación, para dispararles con sus armas aturdidoras.
Gaia fue el primero en reaccionar a la situacion, dando una orden a los jóvenes, de que debían seguir avanzando.
Los 3 jóvenes se dirigieron en una alocada huida, hacia el profundo bosque, aún cobijados por la oscuridad.
Entonces una lluvia de balas aturdidoras los envolvió.
Eran unos 30 hombres con los rostros cubiertos y con armas de grueso calibre, los que disparaban desde las torres de observación.
Por suerte Gaia pudo repeler la mayoría de sus disparos con la ayuda de su Septem, dándoles una oportunidad a sus dos acompañantes, para escapar.
Volviendo a echar a correr, bajo el sonido de las balas que llovieron en su dirección, sin lograr darles, mientras el suelo de tierra se convirtió en un borrón bajo sus pies, por la velocidad a la cual corrían.
Un cálido viento, que hacía que las ramas de los árboles con sus enormes hojas verdes se estremecieran en una extraña paz, en vez de escucharse los chasquidos sordos de la espesa flora, se escuchó una melodía suave y melancólica.
En el suelo había una neblina densa; Gaia iba al frente mientras los 2 jóvenes lo seguían, así continuaron avanzando, sin lograr ver sus pasos, que daban sus pies, por lo espeso de la neblina.
Ya llevaban un buen rato caminando sin ningún rumbo, hasta el momento habían tenido suerte, ya que aparentemente, aquellos hombres habían desistido ó tal vez estaban planeando algo.
Lo único que les quedaba, era desear que la racha de suerte continuase.
Ya habían trascurrido varias horas, hasta que al fin salieron del bosque, hacia un pequeño claro, en lo alto de una colina desde la cual se podía ver gran parte del bosque.
Y por el horizonte y más allá de él salía a resplandecer el gran astro rey el sol; que tenía cautivados a los 3 jóvenes con su hermoso paisaje que creaba con sus colores, dándoles cierta tranquilidad a los tres jóvenes presentes.
[Continuará.]
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