CAPITULO 7

EDWARD

Termino de poner el agua en la bañera, agrego un poco de aceite de árnica y compruebo la temperatura por última vez antes de salir a despertar a Bella. Hago una pausa en el borde de la cama y la veo enredada en mis sábanas. No puedo creer que lo de anoche haya sucedido. Nunca antes había tenido sexo y estaba preocupado de no ser bueno, pero por la forma en que me inundó la polla, supongo que sí.

Me acerco y le quito un poco de su pelo de la frente. Ella parpadea y sonríe mientras le paso la mano por la cara.

—¿Cómo te sientes? —pregunto en voz baja.

Ella estira su cuerpo y hace un pequeño gesto de dolor.

—Un poco dolorida —admite.

—Pensé que podrías estarlo. Te preparé un baño y puedo conseguirte un poco de ibuprofeno.

Le ofrezco mi mano y ella la toma mientras se desliza fuera de la cama. La llevo al baño adjunto y la ayudo a entrar en la bañera. Suspira mientras se hunde en el agua y sonrío antes de besar su cabeza y levantarme.

La dejo en la bañera y me dirijo a la cocina para hacernos el desayuno. Hago tortitas y nos pongo un poco de zumo a cada uno antes de volver al baño. Bella se levanta de la bañera y casi me corro en mis calzoncillos al ver el agua de la bañera correr por su cuerpo perfecto. Mi erección comienza a estirarse contra la tela, creando una carpa obscena.

Bella se ríe cuando mira hacia abajo y lo ve y yo sólo sonrío ante el sonido feliz.

—Nos hice el desayuno —digo mientras la ayudo a salir de la bañera.

La envuelvo con una toalla y ella pasa sus dedos por los míos mientras salimos de la cocina. Nos dirigimos a la mesa y Bella me sorprende sentándose en mi regazo. Acerca los platos a nosotros, corta las tortitas y vierte el jarabe sobre ellas, antes de darles un mordisco. Gime alrededor del bocado antes de apuñalar otro trozo y ofrecerme el bocado. Abro la boca y me da la tortita antes de dar otro mordisco. Seguimos así hasta que no hay más tortitas.

Bella se pone de pie y abro la boca para decirle que yo limpiaré, pero ella no alcanza los platos. En cambio, se da la vuelta y se sienta a horcajadas en mí. La esponjosa toalla se deshace y se acumula en mis muslos mientras se acerca a mí y roza sus labios con los míos. Mi polla está firme entre nosotros y Bella se acerca, frotando su coño desnudo contra mí.

Ella baja, liberándome de mis calzoncillos antes de levantarse, me coloca en su entrada y se hunde lentamente sobre mí. Jadea mientras me toma entero y mis dedos se agarran a sus caderas mientras empieza a montarme. La silla de madera cruje bajo nosotros mientras se agarra a la espalda y rebota sobre mí. Está tan apretada como anoche y yo gimo mientras me muerdo el labio y trato de evitar que me vuele la carga ya.

La miro y veo sus tetas rebotando con sus movimientos y tengo que apretar los ojos. Sentir su suavidad aterciopelada envuelta a mi alrededor es demasiado bueno. No hay manera de que pueda mirar sus tetas saltarinas sin correrme. Bella me monta, sus muslos golpeando contra los míos cada vez que me golpea. Le agarro el culo, ayudándola a subir y bajar sobre mi polla y pronto encontramos el ritmo perfecto.

Se agarra a mí y puedo sentir cómo se aprieta aún más a mi alrededor. Sé que está cerca y digo una oración de agradecimiento porque sé que no podré aguantar mucho más tiempo. Sólo necesito durar hasta que ella se corra. Tan pronto como tengo ese pensamiento, Bella echa la cabeza hacia atrás y se queja mientras su crema cubre mi polla. Me inclino hacia delante, mordiéndole el hombro mientras mi propio orgasmo se estrella sobre mí. Bella gime más fuerte y le beso el cuello mientras ambos nos separamos. Miro a Bella y veo su cara sonrojada y sus ojos vidriosos.

—Eso fue tan caliente. —Ella exhala y yo le sonrío.

Mis ojos se posan sobre ella y noto la marca roja en su hombro donde la mordí.

—Oh Dios. Bella, lo siento mucho—. Intento disculparme y espero mirar hacia arriba y ver la ira en su cara, pero ella sólo me sonríe.

—Me gustó. Me gusta que pueda hacerte perder el control—. Me pone las manos en el cuello y se inclina para besarme mientras suena su teléfono en la otra habitación. Lo había enchufado a mi cargador para que no se muriera anoche y ahora la levanto para correr y agarrarlo. Se lo entrego y ella suspira.

—Tengo que irme. Se supone que tengo que estar en el banco de alimentos en una hora.

—Te llevaré. —Me ofrezco.

—Eso sería genial —dice mientras se inclina para besarme la mejilla.

Los dos nos vestimos antes de ir a mi coche. El banco de alimentos está al otro lado de la ciudad, más cerca de su apartamento y paramos allí para que se cambie de ropa antes de irnos de voluntarios. Estaciono el coche y corro alrededor para abrirle la puerta.

—No tienes que acompañarme —dice dulcemente mientras le envuelvo el brazo alrededor de la cintura.

—Pensé en ser voluntario contigo —digo mientras mantengo la puerta abierta para ella.

Bella me mira como si yo fuera lo mejor que ha visto antes de que se incline de puntillas y su boca se encuentre con la mía.

—Eres el hombre más dulce —susurra contra mi boca.

Me picotea los labios de nuevo antes de meterse dentro para salir del frío. Me sonrío a mí mismo mientras la sigo.