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Unos suaves pero firmes toques se escuchan en la habitación, haciendo que una joven de cabellos azulados mire hacia la puerta, todavía ensimismada en sus pensamientos.

-¡Levanta dormilona! Te esperamos para desayunar Akane.- Se escuchó decir alegremente a la mayor de sus hermanas.

-¡Voy! –Responde Akane mientras oye los pasos de su hermana que se alejan, aún estirada en la cama pero despierta desde hace un par de horas. Algo perezosa, mira al reloj digital de su mesilla y comprueba la hora, las 8:35.

''Bueno, hoy es el día'', piensa mientras una leve sonrisa se va dibujando en su rostro y se levantaba con tranquilidad. Comenzando a buscar su ropa para asearse y cambiarse, no podía parar de pensar en lo que ya llevaba horas dándole vueltas...se graduaba.

Seis largos años habían pasado, seis años de duro estudio y sacrificios, de dolores de cabeza y ansiedad, de horas sin dormir y clases eternas...seis años que concluían hoy. Era doctora.

No había sido fácil que su padre aceptara que su pasión se había dividido; adoraba las artes, pero cuanto más crecía, más lo hacía también su deseo de hacer algo útil y que fuera de verdad importante para los demás. La medicina satisfacía ese deseo, así que es el derrotero que tomó.

Torció el gesto sin querer al cerrar la puerta del baño tras de sí, al recordar cómo su padre había insistido en que por lo menos estudiara en la misma universidad que su prometido, cosa que tampoco le había parecido lo peor dado que por lo menos, iba a poder estudiar, así que aceptó.

El joven de la trenza se había graduado dos años atrás de una carrera de educación física, y Akane lo agradecía.

No es que no le gustara verle por el campus de vez en cuando, ni las ligeras sonrisas que se dedicaban al verse a lo lejos o incluso que la esperara fuera de su facultad para volver juntos a casa, cuando sus horarios coincidían más o menos. Eso era agradable...lo malo era la horda de admiradoras que el joven tenía. No bastaba con las que ya arrastraba, no, ahora un sin número de universitarias más que dispuestas se le insinuaban descaradamente, le tocaban los brazos al hablarle o le mandaban miradas de lo más descaradas. Básicamente, no tenerle por allí era un alivio para sus nervios.

No es que a ella no le faltaran pretendientes, era bastante perseguida y era consciente de las miradas que la acompañaban cuando iba de un lado a otro por el campus, o cuando tomaba un café tranquilamente sumida en sus estudios. De hecho, cada año por San Valentín habían tenido que desalojar alguna de sus clases por los cientos de flores que encontraban a su nombre de parte de un gran número de admiradores, lo que le había acarreado enormes sonrojos y disculpas eternas a sus profesores. Por no hablar de las miradas de su prometido.

Cierto es que habían mantenido su compromiso en secreto, no querían verse envueltos en disputas como las que habían pasado, por lo que en parte era normal que no pudieran ''respirar'' del todo tranquilos.

Akane cerró el grifo de la ducha y se envolvió en una toalla para salir, y eliminando con su mano el vaho acumulado en el espejo, se observó y chasqueó la lengua aun pensando...''qué lástima que sólo tenga ojos para ti, idiota''.

Comenzó a vestirse, enfundándose un ligero vestido de verano color amarillo pastel, con pequeñas florecitas decorando toda la tela, ligeros tirantes que se ataban sobre el hombro con un pequeño lazo y un bonito fruncido en el escote, acentuando un poco más su bonito pecho. Sonrió al verse la delantera y darse cuenta de que hace mucho que su prometido no la llamaba ''pecho plano''.

Peinó su pelo, el cual llegaba hasta debajo de sus hombros, ligeramente, dándole un poco de forma simplemente y se aplicó algo de máscara de pestañas, colorete y brillo de labios.

''Perfecto'', pensó mirándose. Nada quedaba ya de la chica insegura y acomplejada que era en su adolescencia. No era estúpida y sabía que no era fea, por lo que había decidido ignorar los comentarios de Ranma, sacarse partido y disfrutar de lo que tenía.

Él no se había quedado atrás en ese sentido, poco o nada quedaba de su timidez y al crecer, se había dado cuenta de que sus insultos raramente afectaban a Akane ya. Aunque lo que él buscaba no era hacerle daño, más bien tener su atención. Pero decidió madurar y actuar poco a poco como un adulto...algunas veces más que otras.

Perfumándose un poco con su agua de jazmín, Akane suspiró y se dispuso a salir del baño y reunirse con su familia para desayunar.

Algo la tenía preocupada y es por eso que pensaba tanto en el pasado. ¿Quizás su mente intentaba tomar una decisión en base a sus ''buenos'' recuerdos?

Miró a su habitación, recordando la carta que reposaba sobre su escritorio y decidida a no darle más vueltas, bajó sonriente las escaleras.