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Al bajar las escaleras e ir a girar para entrar al salón, tan enfrascada en sus pensamientos iba la chica que se dio de bruces contra un cuerpo alto y duro, lo que provocó que diera un paso atrás como un resorte y se agarrara a los brazos de ese cuerpo para mantener el equilibrio.

-Bueno, bueno, bueno...-levantó la vista y se encontró con unos ojos azules que la miraban divertido. Bajó los brazos tranquilamente e inclinó la cabeza, divertida también. –Auch. –Se quejó su prometido, aunque obviamente no le había hecho daño.

-Perdona, ni siquiera miraba por dónde iba. –De repente levantó una ceja y le miró extrañada. –Espera, ¿qué haces tú levantado antes que yo? ¿Se acaba el mundo y yo no lo sé? –Bromeó la chica.

-Ja, ja. Sabes perfectamente que tu mundo empieza y acaba conmigo, Tendo, ¿de qué otro mundo hablas? –Contestó el chico devolviéndole la broma y con una sonrisa socarrona.

Akane rodó los ojos y le rodeó para continuar su camino al salón. -¿Nadie te ha dicho que tienes el ego un poquito inflado, Saotome?

El chico, siguiendo los pasos de su prometida le contestó: -¿Para qué? Te tengo a ti para que me lo recuerdes. –Le dio un ligero empujón a su hombro desde atrás y ella giró su cabeza para, con expresión aburrida, replicarle:

-Pues cómprate una grabadora y te dejo la frase guardada, así no me molestas con tu gran ego y tienes tu recordatorio. Dos por uno.

-No lo descarto. –Río Ranma.

Ambos jóvenes se sentaron tras dar los buenos días en sus respectivos asientos habituales en la mesa, decorada con flores del jardín y un desayuno de lo más apetitoso.

-Vaya...-dijo la joven gratamente sorprendida.-Todo está espectacular.

El padre de la chica, con mirada orgullosa e inflando el pecho le contestó a su hija:

-Hoy todo es poco, querida. Es sólo una pequeña sorpresa por tu gran día. Hoy mi pequeña se gradúa y será doctora, nada menos. Mi hija, una doctora...mi pequeña, que hace nada corría por la casa dando mazazos sin parar...-Akane rió enternecida ante la emoción de su padre y le cogió la mano.

-Vamos papá, -dijo Nabiki- no armes tanto drama. –Añadió rodando los ojos. -Por cierto, feliz día de tu graduación hermanita. –Le guiñó un ojo divertida la mediana de las hermanas.

-Gracias Nabiki. -Le dijo sonriente. –Papá vamos, es un día alegre, ¿no? Pues no te pongas así, además ya no soy pequeña. –Le recordó dándole un apretón en la mano a su padre.

-Cierto papá, -secundó Kasumi. –Akane tiene 23 años, es toda una mujer. Hoy es un día feliz así que no la pongamos triste con recuerdos...aunque sean tantos recuerdos...-Oh dios, ahora su hermana mayor también se emocionaba.

-Kasumi...-la chica estaba a punto de llorar, tanta sensibilidad no era lo que esperaba y no sabía cómo atajarlo...pero para eso estaba su prometido.

-Bueno, ¿quién echa de menos ese maldito mazo? –dijo tranquilamente mientras comía. –Estamos mejor sin él, desde luego.

Akane le miró con los ojos entrecerrados y le sonrió por un momento.

-Bueno, tú no lo invoques por si acaso porque puede estar muy cerca...

El chico tragó y la miró con algo de pavor, aunque poco le duró cuando el padre su propio padre volvió a hablar.

-Ah Soun, -suspiró- mira qué bien se llevan nuestros pequeños, hace tiempo que no se pelean –dijo alegre y esperanzado el padre Saotome-, es buena señal, muy buena.

-Así es, querido amigo. Como mi pequeña misma afirma ya no son unos niños. Pronto cumplirán con su deber, se encargarán del Dojo y con herederos, el futuro de nuestras familias estará asegurado.

-¡Brindo por ello! –Buscando algo para brindar, pero encontrando sólo té, añadió: -Brindaremos luego.

-Vosotros tranquilitos, que os veo venir de lejos. –Dijo Ranma con voz enfadada.

-Hijo, ¡es lo que tenéis que hacer!

Con calma, Ranma dejó la taza de té sobre la mesa y con firmeza prosiguió:

-Lo que tenemos que hacer es disfrutar del día, que además es importante para alguien, -miró de reojo a su prometida- sin tener que mencionar el tema por una vez...-finalizó con los dientes apretados.

Akane había dejado de escuchar. Su padre, Genma y Ranma seguían discutiendo el tema. Nabiki se despidió diciendo que les vería en el campus y Kasumi se levantó para acabar de prepararse.

Ella, mientras tanto, sólo podía pensar en una palabra: obligación. Sus familias esperaban que ella y Ranma se casaran, llevaran el Dojo y tuvieran hijos que prosiguieran con esa labor.

Cada vez que salía el tema a ella se le encogía el corazón...no sólo esperaban que ella hiciera lo que ellos querían, sino que sus posibles futuros hijos también.

¿Se pensaban que su carrera era un capricho? Cierto que el tema del compromiso, aunque aplazado, seguía presente entre sus padres...pero tras estos años, ¿no han aprendido nada sobre ella? ¿Sobre ellos? Levantó la vista y miró a Ranma, seguía discutiendo calmadamente pero con el ceño fruncido. Era arrolladoramente atractivo, y había madurado mucho. A ella la idea de quizás entablar poco a poco una relación con el artista marcial no le aterraba del todo. Tenía sentimientos por él innegablemente.

Pero él era otro asunto...aunque a veces llegaba a pensar que a veces coqueteaba con ella, no pasaba de algún comentario con intenciones, lo que la tenía confundida la mayoría de las veces aunque lograba disimularlo bien.

Su mente viajó al sobre que reposaba en su escritorio de nuevo.

Para bien o para mal, debía hablar con su prometido antes de tomar algunas decisiones, pues no quería dejarlo fuera de éstas.

-Por favor. -Habló con voz calmada aunque firme para hacerse oír. Cuando los otros tres callaron, la miraron y ella prosiguió. –Hoy me gustaría disfrutar de este día sin discusiones ni caras serias. –Miró a ambos padres y luego a Ranma. –Ranma y yo hablaremos más adelante.

El susodicho relajó sus hombros y asintió en su dirección. Aunque su mirada seria permanecía impasible.

Akane bajó la vista y levantándose, se dispuso a coger su bolsa con la túnica de graduación para dirigirse a la universidad junto con su familia.