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Toda su familia se había deshecho en abrazos y halagos hacia Akane al reunirse con ella.

Estaba feliz...no, estaba eufórica.

Se deshizo del abrazo de su hermana Kasumi al escuchar la voz de Ranma: -Vaya, ahora no vayas a matar a un paciente con tus manos de gorila, ¿eh marimacho?

Akane se tensó inmediatamente. Por un momento y por inercia, se llevó la mano a donde antes guardaba el mazo, pero al girarse con cara de pocos amigos para encarar a su prometido, se quedó en el sitio ante la sonrisa enorme del joven, haciéndole saber con ella que sólo bromeaba.

Poco a poco, copiando su sonrisa, Akane contraatacó con humor: -Sin duda tus delicadas y femeninas manos harían un mejor trabajo, ¿verdad?

Ranma avanzó un poco y al encontrarse cerca de ella habló de nuevo: -Felicidades, Akane.

Ella, sonriendo de lado, algo que enloquecía al chico, le susurró: -Gracias, Ranma.

Algo en la manera en la que pronunciaron sus nombres, les hizo sentir un cosquilleo en la espalda, fruto de lo agradable que les resultaba escucharlo en boca del otro.

-Bueno, ¿qué tal una foto de recuerdo, chicos? –Sugirió Nabiki, cámara en mano.

-¡Perfecto! Vamos chic...-antes de que el padre de familia avanzara, Nabiki le interceptó- Me refiero a ellos, papá. –Dijo con voz aburrida como si fuera de lo más obvio.

Soun por su parte, accedió más que gustoso, empujando levemente al chico para que posara junto a su hija.

En otro tiempo, ambos habrían puesto el grito en el cielo...que si no pienso salir en una foto con una marimacho, que si yo tampoco con un fenómeno...pero ahora, ambos se posicionaron uno al lado del otro.

El chico, aunque nervioso, pasó decidido su brazo tras su prometida y posó su mano suave pero firmemente en la cintura de ella. La chica por su parte, intentando con todas sus fuerzas no ruborizarse, pero fallando en el intento, sonrío ante ese gesto y la foto fue tomada.

Tras algunas fotos familiares más y otras tantas con sus amigas, finalmente Akane y los demás se dispusieron a volver a casa a comer y pasar el resto del día, por la noche tenía pensado salir a celebrar la graduación con sus amigas y quería descansar y tener tiempo para arreglarse.

Todos caminaban por delante, dejando a la joven pareja detrás, caminando lenta y distraídamente.

-En fin...ya eres médico...casi no me lo creo. –Comenzó a divagar Ranma, no sabiendo cómo proponerle el quedar con ella más tarde.

-¿Y eso por qué? –fruncía el ceño la chica.

-No es que no te viera capaz, no pienses mal que te conozco...-miró divertido a la chica, quién le sonrió de forma culpable –Es sólo que aún me parece ayer cuando llegué a tu casa...pero no, ha pasado mucho tiempo, pero me han parecido dos días.

-Es cierto...desde luego no nos hemos aburrido, ¿verdad? –ella sonreía mirando al frente mientras seguía caminando.

-Cierto...-armándose de valor y respirando hondo, Ranma la hizo detenerse con un ligero toque en su muñeca –Akane espera.

La joven parpadeó deteniéndose y mirándole. -¿Si?

Al joven le tomó un par de segundos encontrar su voz de nuevo ante la penetrante mirada de la chica, que le hacía olvidar la noción del espacio y del tiempo. Carraspeando ligeramente volvió a articular palabra: -¿Te apetece que te invite a tomar algo esta tarde? No te quitaré mucho tiempo, sé que luego tienes que irte...quiero...simplemente hablar un rato contigo, a solas...es importante.

La chica le miró ladeando la cabeza y a él le pareció una eternidad lo que tardó en responderle, pero por fin pudo soltar el aire que contenía cuando ella habló sonriente: -Sí claro. ¿Dónde quieres ir?

Con cara de bobo y media sonrisa dijo: -Eh, tengo una cosa importante que hacer y nos podemos ver en una hora y media en el parque frente al Uchan's, ¿te parece?

A Akane le recorrió un pequeño escalofrío, pues aunque era consciente de que Ukyo y Ranma habían quedado como amigos después de todo, no podía evitar que le picaran un poco los celos cuando el chico visitaba su restaurante. Haciendo de tripas corazón y sonriendo de nuevo, le confirmó: -Claro, ahí nos vemos... ¿no comes con nosotros? –Añadió, esperando no sonar muy desesperada.

-Eh no, no, lo siento, tengo algo que hacer pero...nos vemos luego, ¿te parece? –Reiteró el chico.

-Vale, te veo en un rato entonces.

El chico comenzó a ir en otra dirección sin dejar de sonreír y ella, extrañada, siguió de nuevo los pasos de su familia.

Intentaba por todos los medios no pensar en que su prometido, probablemente iría a comer con Ukyo...el día de su graduación.