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Sentada en un banco, Akane miraba a la gente pasar, sin ser apenas consciente de ello. No oía, no veía...ni siquiera era consciente del olor a césped fresco recién cortado que inundaba el parque.

''Deseo que seas mi novia, porque ambos así lo queremos, no porque nadie así lo haya esperado nunca''.

La joven tuvo que cerrar los ojos con fuerza al recordar esas palabras, que se le estaban clavando como puñales.

''Deseo abrazarte, consolarte y hacerte reír de diversión siempre que tenga ocasión...y deseo besarte a cada minuto del día''.

¡Mierda, mierda, mierda!

Akane tuvo que sujetar su cabeza entre sus manos y apoyar los codos sobre las rodillas para controlar las náuseas, así como el golpeteo de su corazón y de la sangre en sus sienes.

''Por favor, acepta este regalo y si te sientes igual...dímelo, y paso a paso, juntos, veremos a dónde nos lleva todo''.

Estaba claro, más que claro. ¡Pero qué idiota había sido! Soltó una risa amarga y echándose el cabello hacia atrás volvió a sentarse para coger aire mejor.

Pues claro que no la quería, en serio... ¿en serio había sido tan ingenua? ¡Estúpida Akane!

La joven seguía maldiciendo internamente para sí, hasta que en un momento dado, cae en la cuenta de que Ranma la había citado allí para hablar...para hablar de algo importante. Mordiéndose el labio con rabia pensó que ya sabía lo que era tan importante hablar con ella y que no quería oírlo. No quería sentirse peor, aún más en la miseria. ¿Tenía que ser el día de su graduación? Y ella que había estado toda decidida a tirar a la basura sin ningún miramiento la oferta para hacer la residencia en Nueva York.

-Idiota, idiota, idiota...-se repitió a sí misma con voz muy baja y cerrando con fuerza los ojos.

-¡Vaya! ¿Y ahora qué he hecho?

Akane se envaró ante la voz de Ranma, que se hallaba de pie a su lado. Le tomó dos segundos recomponerse, pues ante todo, no le iba a inflar el ego haciéndole saber cuán afectada se encontraba, lo destrozada que la había dejado y lo poca cosa que se sentía en ese momento. Así que sacando fuerzas de dónde no las tenía, alzó la vista y le miró.

Ahí estaba...tan alto, tan guapo y tan fuerte, con esa sonrisa torcida algo nerviosa, y esa mirada azul cielo que hacía que su estómago diera vueltas de campana. Por un momento pensó en pedirle una oportunidad...pero desechó esa idea en cuanto se recordó las palabras que le había dedicado a Ukyo hace unos minutos. No pensaba caer tan bajo, al menos intentaría que su dignidad quedara intacta.

-¿Perdona? –le dijo con voz serena y mirada neutra.

-Repetías la palabra idiota...por experiencia sé que me la dedicas en exclusiva.

Akane miró al frente de nuevo y se recostó levemente sobre el respaldo del banco.

-Pues no te lo creas tanto, hablaba para mí. –Añadió restándole importancia al asunto.

Ranma lentamente dio un par de pasos hasta alcanzar el banco y se sentó junto a ella, a una distancia prudencial.

-Gracias por venir.

Akane no dijo nada, se limitó a mirar al frente y asentir. Ranma, pensando que la joven estaba algo cohibida, decidió que debía comenzar la conversación por algún lado.

-Siempre me ha gustado este parque...tenemos muchos recuerdos en él, ¿verdad? Las locuras que habremos pasado aquí de adolescentes, con todos los que nos perseguían y metían en líos. –El chico se rió levemente ante los recuerdos.

Akane sintió que ya llegaba lo que le quería decir y notó que la bilis le subía, ardiendo en su interior.

-Es un sitio muy especial...y lo cierto es que quería traerte a un sitio especial para decirte algo import...

-Ranma. –Le cortó la chica. Alzó la vista y se quedó mirando las copas de los árboles que se movían ligeramente ante ellos. Él en su lugar, la miraba a ella con el ceño algo fruncido por la confusión.

Akane no estaba dispuesta a oír cómo el chico de sus sueños, su prometido, le confesaba que se había enamorado de otra. Aspiró profundamente y se levantó para ponerse delante de él.

Ranma por su lado, se levantó a su vez y quedaron uno frente al otro. -¿Akane? –Preguntó algo tembloroso el joven, ante la actitud extraña de su prometida.

-Ranma...me alegro de que me hayas dicho de vernos en un lugar alejado de casa. Hay algo que tengo que decirte.

El viento soplaba suave alrededor de ellos y a Ranma le recorrió un escalofrío por toda la columna, pero la instó a seguir con un asentimiento de cabeza. ¿Qué estaba pasando? La vio morderse el labio inferior con fuerza, mientras miraba a un lado y respiraba con fuerza. Esto no le gustaba.

-Akane, suéltalo. –Le dijo con voz firme el joven, que no aguantaba más la presión del momento.

Ella le miró en ese instante, y pudo ver...pudo ver determinación en sus ojos, también reproche y dolor. Pero sobretodo rabia, la rabia opacaba cualquier otro sentimiento en los ojos de la chica más bella de Nerima.

-Me marcho.

Ranma parpadeó un par de veces desfrunciendo el ceño.

-Te marchas. –Repitió sus palabras lentamente sin entender. Ella seguía mirándole con expresión neutra. -¿Te marchas a dónde? ¿A casa? Eh, bueno haberlo dicho antes si no quer...

-No. Me marcho del país.

El chico no podría haberse quedado más helado aunque le hubieran tirado un cubo de hielo encima. Tardó unos segundos de más en reaccionar.

-Del país. Te marchas del país. –Escupió cada palabra con los ojos entrecerrados, mirándola severamente. -¿De qué estás hablando Akane?

-Hablo, de que me han ofrecido una residencia en Estados Unidos...y la voy a aceptar.

El chico miró a un lado, no creyendo lo que estaba escuchando y apoyando sus manos en sus caderas. Se humedeció los labios y volvió a mirarla con fuego en los ojos.

Él iba con claros deseos de declararse y le decía esto, ¡esto!

-¿Estás de broma no? ¿Es una broma? –Rió sin humor y dio un paso al frente, pegándose más a la joven. –Porque no le veo la gracia por ningún lado, ¿me oyes? –Le dijo sin un ápice de risa esta vez.

-La decisión está tomada. –La chica tragó y prosiguió: -Te pido que me apoyes ante nuestros padres cuando les diga que el compromiso queda cancelado. Al fin y al cabo, es lo que ambos deseamos desde que se inició.

-La decisión... ¿está tomada? –Dijo el chico incrédulo por sus palabras. Le estaba pisoteando y ni siquiera tenía la decencia de sentirse ni un poquito mal por ello. -¿Eso es lo que quieres? ¡Mírame! –Cogió a la chica del codo y la zarandeó levemente para que le mirara. Ella alzó el rostro y le encaró. -¿Quieres largarte, romper el compromiso e irte sin más? ¡¿A ti qué te pasa?! –Le demandó el chico, intentando que entendiera que lo estaba matando.

Había tomado esa decisión unilateralmente, sin él, sin tenerle en cuenta en su futuro...dios mío, no le quería.

-Es lo que siempre hemos querido, Ranma. He terminado la universidad y es una oportunidad que no voy a rechazar. Yo podré empezar mi propia vida y tú...-se tragó el nudo que tenía en la garganta- ...tú podrás tener la vida que quieras, con quien quieras.

Akane comenzó a caminar fuera del parque en dirección a su casa. Ranma se había quedado parado por un momento, sin habla, sin sangre en las venas y sin prometida. ¿Cómo había pasado esto? ¿En qué momento él no se había dado cuenta de sus intenciones de irse?

-¡Espera un momento! –gritó el chico en su dirección, colocándose ante ella de nuevo en varias zancadas. -¿Vas a hacer esto en serio? ¿Te vas a ir y vas a romper el compromiso por ti misma, así?

Había que ser altivo para decirle eso. ¿Es que no es lo que él pensaba hacer? ¿Cómo ella había dado el paso, tan herido estaba su ego?

-Es lo que pienso hacer, y es lo mejor para ambos. –La chica le rodeó para caminar de nuevo y paró un segundo para que él la oyera. –Eres libre, Ranma.