-7-
Al entrar por la casa, lo primero que Ranma capta es la tranquilidad. Esperaba encontrar un sumidero de gritos y llantos desconsolados por parte de su padre y de Soun, pero en cambio...
-¡Ranma! Qué bien que ya estás aquí. –Le recibió Kasumi con su amable sonrisa. Sonrisa a la que por una vez, él no puede corresponder. -¿Te apetece un té? Aún queda agua caliente.
Ranma parpadeó confuso. ¿Y Akane? Era lo único en lo que podía pensar.
-No Kasumi, gracias...-El joven miró rápidamente a la parte de arriba de las escaleras. -¿Ha llegado Akane?
-Mmm, no, no ha llegado. Pensaba que iba a reunirse contigo. –Medio afirmó medio preguntó la hermana mayor.
-Sí, pero me he adelantado en volver a casa. –Disimuló el joven rápidamente. –Si la ves llegar, por favor, avísame.
Sin más, continuó rumbo a su habitación dejando a Kasumi extrañada, mirando cómo se iba y daba un portazo a su habitación.
Kasumi sacudió la cabeza para sí y continuó caminando hacia el jardín con su taza de té: -Estos dos...no hay manera.
Ranma iba de un lado a otro en su habitación con rabia, pisando fuerte y sin dejar de pensar a mil por hora.
''He tardado mucho en decidirme'', ''no me quiere'', ''prefiere irse a una vida aquí conmigo'', ''no soy suficiente para ella'', '' ¿hay alguien más? ''
El joven no dejaba de hacerse todas esas preguntas, sintiendo cómo la sangre le hervía a cada nueva que le venía a la cabeza.
'' ¿Tan poco he valido para ella como para no contarme sus planes? '' ''Prometidos, estábamos prometidos maldita sea'', ''estamos prometidos''.
El chico paró en medio de la habitación ante ese pensamiento. Ni hablar, no, no lo iba a permitir. Algo había cambiado y ella no iba a romper con todo e irse a la otra punta del mundo así.
''Sin mí''.
-Sin mí. –Repitió en voz alta, casi sin creérselo. Después de siete años, quería irse sola, a empezar su ''propia vida''.
-Y una mierda. –Escupió las palabras y salió decidido al piso de arriba, dispuesto a esperarla en su habitación para que no se escapara.
-Hijo a dónde...
-Ahora no, viejo. –Gruñó alto, claro y rabioso el pelinegro, avanzando con paso firme al cuarto de su prometida.
Al entrar le invadió el dulce olor a jazmín de Akane. La habitación estaba suavemente iluminada por el atardecer. Cerró los ojos momentáneamente y caminó a la cama para sentarse. Apoyando los codos en las rodillas no dejaba de darle vueltas a lo que podría haber pasado. A lo que él tenía en mente que debería haber pasado.
Se declaraba por fin, Akane le aceptaba, hacían su noviazgo oficial, la familia se alegraba, él la besaba a cada oportunidad que tuviera, la abrazaba a placer y eran felices juntos, en este país.
¿Qué había pasado por alto?
Reparó en el sobre que había en el escritorio y con un pálpito, lo alcanzó de un manotazo. Estaba abierto por lo que sacó la carta y comprobó que su pálpito no era errado. Le ofrecían un programa completo de residencia en un hospital de Nueva York. Ahí acabaría de convertirse en doctora por completo.
Maldita sea, él estaba seguro de que ella le correspondía...al menos bastante seguro. Su pierna no dejaba de saltar de arriba abajo con nerviosismo y cabreo.
De repente, giró su cabeza hacia la puerta de la habitación, que se abría suavemente dejando entrever a una Akane cabizbaja y seria que al subir la cabeza, se encontró con unos ojos azules como el hielo que la atravesaban sin piedad.
-Ranma...-dejó escapar sorprendida.
Él se levantó de la cama y alzó su mano con el sobre, para acto seguido tirarlo a un lado con rabia.
-Tus prioridades sin dudas son increíbles, eso no puedo negártelo.
La chica le miraba impasible pero no cerró la puerta.
-No deberías estar aquí.
Él rió sin ganas. –Que yo sepa este es el cuarto de mi prometida, y se me permite entrar cuando quiera.
La joven tiró su bolso sobre la cama y pensó que no se puede tener un ego más amplio ni un morro más grande. Sin amedrentarse le encaró:
-Ya hemos aclarado ese punto, Ranma. Ahora sólo quiero descansar, luego tengo que salir. Mañana hablaremos con nuestros pa...
-¡Salir! –alzó la voz el chico mientras caminaba lentamente en círculos, alrededor de la chica. -¿Te vas de fiesta? ¿Eres tan frívola?
-¿Frívola? –La chica gira la cabeza como un látigo y le mira a la cara. –Pensaba que darías saltos de alegría, nunca he sido de tu agrado, ¿qué mejor manera de quitarme de en medio y hacerlo todo más fácil?
El chico paró de caminar y la miró de arriba abajo, escudriñándola.
-¿Crees que me das libertad a mí? O más bien ¿la quieres para ti? –Su voz no podía ser más grave aunque lo intentara. A la chica le dieron escalofríos al sentir esa mirada y esa voz con la que nunca se había dirigido a ella. Era una voz llena de rencor y odio, podría decirse.
-Si tú eres libre, obviamente yo también. -Ranma se envaró ante esa respuesta. –Vete de mi habitación para que pueda cambiarme. Hoy celebro que me he graduado y tengo derecho a pasarlo bien, sin que tu ego se interponga.
Dándole la espalda, la chica caminó a su armario haciendo caso omiso de Ranma, quien miraba al frente y daba dos pasos en dirección a la puerta.
-Sin duda voy a disfrutar de mi libertad, ya que lo haces por mí. –Dijo entre dientes girando la cabeza levemente para que Akane le escuchara, antes de salir por la puerta con toda su corpulencia, dejándola vacía y con el corazón en un puño.
