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3 Años después...

''Estás más guapa cuando sonríes'', ''Y ¿quién querría casarse con una marimacho como tú?'', ''Tu mundo empieza y acaba conmigo, Tendo, ¿de qué otro mundo hablas?'', ''Deseo que seas mi novia, porque ambos así lo queremos...'', ''Esto es cosa tuya''.

Quedándose sin aire, una atractiva mujer de 26 años se incorpora de golpe, despertando abruptamente de lo que parecía que eran sus recuerdos más profundos.

Akane se agarra el pecho, donde parece que su corazón se va a desbocar y acto seguido, se aparta el pelo de su cara pegajosa por el sudor, mientras intenta calmar su respiración. Mira por la ventana y los primeros rayos de sol de la mañana comienzan a colarse a través de la persiana medio abierta. En la mesilla de noche el reloj marca las 5:55am, faltaban cinco minutos para que su despertador sonara, así que decide levantarse ya y comenzar con su día.

Hoy sería largo, era su último día antes de sus ansiadas y merecidas vacaciones. Si trabajas en un hospital de Estados Unidos, te olvidas de lo que son las vacaciones en una larga, larguísima temporada... ¿merecía la pena? Akane así lo pensaba. Se estaba formando con uno de los mejores equipos del estado y del país como cirujana...bueno, aún era residente, pero no faltaba mucho para colgarse la medallita de cirujana.

Mientras se duchaba, pensaba en lo raro que había sido soñar...con él. Hacía años que no se colaba en sus sueños.

Tras varios meses de su llegada, poco a poco había ido ocupando su mente con su presente y su futuro, y había dejado atrás su pasado. ¿A veces le venía a la mente? Puede ser. Pero lo descartaba automáticamente. Antes le costaba un gran esfuerzo, ahora, era visto y no visto.

''Puede que se debiera a que en dos días viajaría a casa'', pensaba mientras cerraba el agua.

Quitó el vaho que se había formado en el espejo y secó su larga melena azulada, que ahora lucía casi por la cintura, y la recogió en un moño desenfadado, cómodo para trabajar.

Desayunó sus cereales, cogió su abrigo, las llaves y salió de su apartamento rumbo al hospital.

Bajó del metro en su parada y antes de encaminarse a la entrada, paró en un pequeño puesto donde servían lo que ella consideraba el maldito mejor café de la ciudad.

-¡Buenos días, Andy! –saludó alegre Akane a la amable encargada del puestecito.

-¡Hola chica! –se alegró de verla, aunque hacía apenas 12 horas que se habían despedido tras acabar sendas jornadas. –Largo, cargado y ardiendo, recién sacado de las calderas del infierno. Ahí tienes. –La jovial chica le tendía a Akane su preciado café, mientras esta le pagaba con un billete de cinco dólares, que era algo más de lo que valía, pero le gustaba dejarle propina.

-Eres mi heroína, -aceptó la taza y comenzó a caminar hacia atrás, -te veo en un par de horas para una reposición.

Andy reía y le hacía una seña con la mano, aceptando que se vieran luego, mientras atendía a su próximo cliente.

Akane atravesó el hall del grandioso hospital y llegó a los vestuarios femeninos, donde se cambió a su uniforme de dos piezas azul oscuro, y se colocó la bata y su tarjeta identificativa justo cuando la puerta se abrió.

-Akane, mueve el culo, ha habido un accidente múltiple y Ryan va a asignarnos.

-¡Voy! Gracias Amy. –Mientras su compañera de residencia se marchaba por donde había venido, no sin meterle prisa de nuevo, Akane se apresuró a rehacerse el moño para que no se cayese y se dispuso a reunirse con su equipo.

-¡Bien Tendo, ya era hora! A ver, hoy nadie va a tomarse un respiro sin que yo lo sepa y después de haber llorado por lo menos dos veces por el agotamiento, ¿estamos?

Todos asintieron ante la atenta mirada del cirujano jefe de urgencias. –Así me gusta, veamos, nos traen un accidente de un minibús, han chocado contra un árbol al pinchar una rueda, tenemos dos piernas rotas, tres hombros descolocados, varios traumatismos craneales, una niña con rotura de costilla, dos ancianos, uno con la cadera descolocada y otro la tiene rota y lo más peliagudo...¡Tendo!

La joven se envaró ante la pronunciación de su nombre: -¿Sí?

-El conductor tiene el pecho atravesado por una rama, se la clavó en el impacto. Tú te encargarás junto con Sanders bajo la supervisión de la doctora Taylor, ¿estamos? Las dos, ¿estamos?

-Sí doctor. –Respondieron ella y Amy a la vez, tras mirarse con seguridad.

-¡Pues andando! ¡Todo el mundo a prepararse! –Dando un par de palmadas despachó al equipo, señal para irse con Amy a quitarse la bata y colocarse los guantes.

-Auch, menuda mordida nos ha pegado sin siquiera acercarnos los dientes. –Reía Amy mientras susurraba a Akane, quien rió ante el comentario y le siguió el juego.

-Luego nos curamos la una a la otra si te parece, no queremos que se nos infecte, ¿verdad?

Ambas rieron por lo bajo antes de que las puertas de urgencias se abrieran de par en par y comenzaran a llegar los pacientes heridos. Era momento de ponerse manos a la obra. Akane hizo crujir su cuello y se dispuso a buscar a su paciente para examinarlo y bajarlo a quirófano lo antes posible.

Tras 6 intensas horas, Akane sentía que se le iba la vida. Se encontraba sentada en el suelo, recargando la espalda contra la pared, mientras pensaba en la vida que había ayudado a salvar. Ese señor volvería en unos días con su mujer y sus hijos...tan sólo esperaba que revisara más a menudo a partir de ahora el nivel de aire de los neumáticos.

Un vaso del puesto de Andy se posicionó a su lado, olió el café negro en el acto mientras Harvey se sentaba a su lado.

Ella le sonrió agradecida mientras cogía el vaso y lo llevaba a sus labios sin más ceremonias.

-¿Día duro? –Preguntó el atractivo doctor, echándose atrás sus desperdigados cabellos rubios y dejando a la vista de la chica sus hermosas facciones y sus ojos verdes.

-Lo normal...supongo. ¿Tú?

-Mmm... lo normal, supongo.

Akane rió con humor aunque cansada y recargó su cabeza sobre el hombro de su improvisado acompañante.

-Ayer te fuiste rápido, pensaba que te quedarías y vendríamos juntos.

-Perdona, -respondió la chica, -quería acabar un par de cosas temprano, para el viaje.

Havery rió. -¿Qué? –Preguntó ella con una sonrisa, aunque extrañada.

-Nada, -negó, -es sólo que siempre lo llamas ''el viaje''.

-Bueno, es lo que es. –Le señaló ella con una mueca irónica.

-Ya...pero no sé, nunca lo llamas ''casa''. Es una tontería, pero me llama la atención.

Akane lo pensó unos segundos y se encogió de hombros. –Quizás es que me he habituado demasiado a la vida neoyorquina.

-Cierto, -aceptó él, -mírate, ya tienes mejor acento americano que yo, que nací aquí.

Akane le palmeó en el hombro divertida antes de levantarse.

-Gracias por el café, tengo que volver a la UCI y ver cómo sigue el paciente de la rama en el pecho.

-Es cierto, -mientras se levantaba y se ponía ante la chica añadió, -he oído que ha sido un éxito. Felicidades.

-Ha sido trabajo de equipo. –Le quitó importancia.

Sonriendo, él la miró de nuevo. –Pues enhorabuena a todo el equipo. –Ella negó con la cabeza divertida y antes de darse media vuelta, dejó un beso en su mejilla. –Luego hablamos.

-Luego hablamos, nena.

¡Bueno, otro capítulo más! La verdad es que me está gustando mucho escribir esta historia, ¡estoy disfrutándola como si la estuviera leyendo y no escribiendo!

Espero que la disfrutéis, ¡un saludo!