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Akane salía lentamente al jardín, aunque lo hubiera intentado no habría podido pegar ojo tras semejante visión. Jamás lo habría dicho.

No salía de su estupor mientras aún descalza, avanzaba a saludar a la persona que además la había pillado mirando por la ventana, por lo que cuando con una sonrisa la ''obligó'' a bajar, ella no pudo negarse.

Cuando le tuvo delante, al lado del pequeño estanque y sujetando varias carpetas. Algo cohibida le saludó:

-Hola, tío Genma.

Genma, aquel hombre que siempre vestía con ropa desgastada y holgada, ahora la miraba con cariño fraternal vestido con camisa blanca y pantalón beige. Conservaba sus redondas gafas y llevaba el pelo algo más repeinado. Akane no podía creer que fuera el mismo hombre que hace tres años cuando se marchó.

-Dulce Akane. –Le dijo acercándose y colocando una mano sobre el hombro de la chica, examinando con añoranza su rostro. –Te has convertido en una preciosa mujer Akane. Todos estamos muy orgullosos de ti.

-Gracias, tío. –La chica estaba casi sin palabras. Echó la vista atrás al coche y la volvió a fijar en él. Con voz divertida le señaló: -Veo que todo por aquí ha cambiado bastante. Menudo trasto.

-JAJAJA –rió el hombre sin decoro. Akane sobresaltada miró alrededor temiendo despertar a alguien del vecindario. –Sí...es cierto. –Se recomponía el hombre. –Todos hemos estado ocupados por aquí. Espero que me cuentes con detalle qué tal tu vida por esa tierra lejana de la mano de dios, muchacha.

Akane con cara de circunstancia le sonrió. –Claro, cuando quieras.

-Estupendo...ahora si me disculpas, tengo un par de medidas que tomar, mañana a primera hora vienen a cambiar las puertas de la sala de trofeos...están algo estropeadas. Y dado que la última vez hubo un lío bien gordo...no me la juego. –Añadió golpeando sus carpetas con los dedos.

-Ya me extrañaba que viniera alguien tan tarde...pues nos veremos estos días imagino, me voy a descansar, ha sido un día muy largo.

El corpulento hombre echó un vistazo al interior de la casa y volvió a posar su mirada sobre ella. –Claro hija, que descanses. No tardaré mucho y seré silencioso como un ninja. JAJAJA.

El hombre se desternillaba sólo...como un ninja...ya.

Apretando los labios, la chica volvió a entrar en casa y una vez había sacudido sus pies, se encaminó hacia las escaleras. Apenas había subido un par cuando una voz a sus espaldas, heló la sangre de su cuerpo.

-Vaya, vaya, vaya...si es la indomable Akane Tendo. –La voz sonó grave y baja. Como una amenaza.

Internamente, dio gracias a que sujetaba la barandilla o de lo contrario, muy probablemente se habría caído de cara a la escalera de la impresión.

Tragando con fuerza, Akane se dio la vuelta y al pie de las escaleras, apoyado contra la pared y de brazos cruzados, se encontraba lo que ella su amiga Amy calificaba muy apropiadamente como Adonis.

Con una camiseta blanca, lo suficientemente ajustada para marcar su trabajado torso y pantalones de lino algo ajustados, se encontraba él...Ranma. Una de sus manos sostenía un vaso de agua y sus pies descalzos se cruzaban sobre el suelo.

Cuando Akane miró sus ojos, pudo comprobar que los tenía entrecerrados y casi cubiertos por su espeso flequillo. Su barba de tres días hacía más prominente su mandíbula y tuvo que volver la vista a sus ojos azules, que ahora la miraban con diversión.

-Espero haber aprobado.

Con miedo a tartamudear, la chica por fin halló su voz: -Hola, Ranma.

-Veo que por fin has vuelto, -dijo sin apartar la mirada de ella, -¿tan pronto te has cansado ya de tu visita a América?

La burla en sus palabras la hizo recomponerse rápidamente de la paralización inicial que había sufrido al verle por primera vez en tres años...sobre todo teniendo en cuenta cómo habían dejado las cosas.

-Disculpa, pero creo que has querido decir si me he cansado ya de mi VIDA, -remarcó la chica la palabra vida, con voz contenida, -en lugar de visita. Y no, por supuesto que no... he venido a visitar a mi familia.

Ranma sacudió su cabeza con expresión de no enterarse de nada y continuó con su burla: -Oh, disculpa, perdona, creo que acabo de escuchar un montón de chorradas que no me importan.

Akane, sintiendo su ira irradiar en olas por su cuerpo le escupió con rabia: .qué.preguntas.

-Bueno, -se rascaba la barbilla el chico, -tengo un buen par de razones.

La chica descubrió con horror cómo los ojos penetrantes de Ranma estaban clavados en su delantera, la cual su ligero pijama no ayudaba mucho a disimular. Con rapidez, cruzó los brazos ante su pecho y le miró con odio.

-¿Qué haces aquí si puede saberse? Tú ya no vives aquí. –Apuntó ella apretando los dientes.

-Tengo cosas que hacer en el Dojo, para tu información, niñita mimada. –Se despegó de la pared aun retándola con sus palabras.

Akane tuvo que controlarse para no abrir la boca del asombro por ver que la trataba de esas maneras al verse tras tanto tiempo. Ya no eran colegas, casi no conocidos, ¿cómo se atrevía?

-Pues lárgate antes de que alguien te eche de menos y vengan para comprobar que estás aquí como un idiota, mirándole las tetas a una chica en pijama.

Él se encogió de hombros y respondió con una sonrisa: -No sería la primera vez.

Akane inspirando hondo, de repente recordó que siempre había sido un cretino arrogante...pues ahora más.

-De acuerdo, pues haz lo que te dé la gana. Stupid.

Ranma rió ante su insulto en inglés y mientras la chica subía, no dejó de mirar sus bien torneadas piernas mientras le decía:

-Eso, huye...buenas noches nenita cagada, por cierto, precioso pijama.

Akane se giró para asesinarle con la mirada y le vio juntando su pulgar y su índice en un círculo, el gesto de ''perfecto'', en su dirección.

-Que te den Ranma, un placer volver a verte.

La chica cerró su puerta con violencia y a Ranma, aún de pie al lado de las escaleras, se le borró la sonrisa de la cara.

''Prepárate Akane, no te has topado con el crío que era hace años. ''

Con paso decidido se fue hacia el Dojo, donde su padre le esperaba para confirmar las medidas de la nueva puerta que daba a su sala de trofeos.

Estaba decidido, pensaba demostrarle a la chica que se había equivocado al cien por cien con él, y la dejaría en una cuneta emocional, tal como ella hizo con él hace ya tres años.

Se había estado preparando mentalmente para volver a verla desde hacía un mes...pero nada le había preparado para las turbulentas y dispares emociones que había supuesto ver a la chica una vez más.

Pero esta vez, no fallaría.