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Con toda la fuerza de voluntad que pudo reunir, Akane apagó el despertador y se levantó lentamente, sobando su cara y lamentando el maldito desfase horario, pero si no se levantaba con el horario de Japón y se permitía seguir durmiendo, los próximos días sería una zombie a determinadas horas.
Desperezándose y anhelando una taza de café, se dirigió a darse una ducha y cambiarse, pues hoy le gustaría dar un paseo y quizás contactar con Yuka, pues habían acordado verse en esos días.
De camino al baño, se detuvo al escuchar el barullo que provenía del piso de abajo y aún somnolienta se asomó por la escalera, sólo para ver a su padre cerca de la entrada hablando con un par de trabajadores que supuso que eran los encargados de la pequeña remodelación que se estaba llevando a cabo en el Dojo.
Se dio la vuelta y se dirigió al baño rápidamente, la idea de permanecer en pijama mucho tiempo si Ranma estaba por ahí no le hacía demasiada gracia.
Tras ducharse su móvil comenzó a sonar y salió disparada a cogerlo, poniendo el altavoz y buscando una toalla en el proceso.
-¿Si?
-¡Hola nena! ¿Buenos días? –Preguntó con voz alegre su novio al otro lado de la línea, obviamente interesado en si su chica se acababa de levantar.
Con una sonrisa, Akane le contestó, aun mirando alrededor buscando una toalla.
-¡Hola! –Contestó divertida, - en efecto, y ahora sin duda lo son más. –Añadió para deleite de su chico.
-Sin duda habrían sido mejores si te hubieras despertado aquí, a mi lado, con ese pijama tan minúsculo que me vuelve loco, o mejor aún, desnuda y...
-¡Harvey! –Le reprendió Akane para que dejara de hablar, notando cómo se sonrojaba levemente. –No tienes remedio.
No era una inexperta en el campo íntimo y se sentía una cría cuando se sonrojaba por un simple comentario de su propio novio, pero no podía evitarlo. Mientras, sus ojos seguían sin encontrar una dichosa toalla y bufó.
-¿Qué ocurre?
-No encuentro una dichosa toalla y acabo de salir de la ducha.
-¡¿Qué?! ¿Y por qué se supone que estamos hablando por teléfono mientras estás recién salida de la ducha cuando podría hacerte una video llamada? Dame un segundo.
-¡No! –Rió algo escandalizada Akane. –Estás loco.
-Pues no me sueltes algo así nena...va a ser duro hasta que te vea de nuevo. Te echaré de menos.
-Lo sé, yo también. Tengo ganas de volver a verte, aunque haber conocido a mis sobrinos y ver a mi padre y mis hermanas ha sido genial.
-Me alegro, cielo y...espera un segundo. –Akane escuchó de fondo el inconfundible sonido del busca que todos tenían en el hospital. –Perdona nena, me requieren en urgencias. Te tengo que dejar, pero llámame pronto ¿vale?
-Descuida...a ver si encuentro una maldita toalla. –Dijo ella ya exasperada, porque no le quedaría más remedio que pedirle una a su padre.
-Eres mala por recordármelo. En fin, disfruta, te quiero nena.
-¡Adiós!
Al colgar, resopló y resignada entreabrió la puerta y comenzó a llamar a su padre. -¡Papá!
Sin respuesta.
-¡Papá! –repitió algo más fuerte. -¡Papá, necesito una toalla!
Cuando escuchó unas pisadas subir por las escaleras, entrecerró aún más la puerta, dejando una mínima apertura para que su padre colara la mano con la toalla y así poder cubrirse por fin.
Unos suaves toques en la puerta hicieron que la chica dejara algo más de espacio y acercara la mano...pero nada.
-¿Papá? Dame la toalla por favor, no entiendo que no haya ninguna por aquí.
-Me pregunto...-ante esa voz, Akane abrió los ojos como platos y cerró la puerta de golpe con un grito de sorpresa.
-¡Joder! ¡¿Se puede saber qué haces?! ¡Llamaba a mi padre! –la chica apretó la puerta ya cerrada con sus manos, por si se le ocurría entrar.
-Bueno, -dijo él con voz calmada, -sólo me preguntaba si me resultaría tan divertido como pienso, el irme de aquí con tu preciada toalla en las manos.
-¡Qué hablas! ¡Deja la toalla y lárgate, pervertido!
-¡Vaya, vaya, vaya! ¡Cuántos recuerdos! –rió el chico ante la puerta. –Tú llamándome pervertido, yo llamándote pecho plano...aunque debo reconocer que después de verte en ese pequeño pijama...bueno...digamos que llamarte ''tabla de planchar'' ahora me va a ser imposible. ¿Sigues entrenando? –Preguntó casualmente, aunque obviamente divertido de hacer rabiar a Akane.
-Oh, verás, pues resulta que a la vista está que tú sigues siendo un pervertido, y mmm, la última vez que lo comprobé... ¡a ti que te importa! ¡Que dejes la toalla y te vayas!
-Menuda fierecilla, ¿no? Qué desagradecida...mira que yo te traigo la toalla todo cordial y amable, y tú sólo con ganas de saltarme a la yugular...aunque tampoco me quejaría.
-Oye, ahora en serio, ¿te has golpeado recientemente la cabeza más fuerte de lo normal en una de tus peleítas? –Escupió la peli azul ya cansándose de este jueguecito.
-¿Peleítas? ¿Acaso no me has visto bien? –Dicho eso la chica notó que la manecilla se giraba y con horror, hizo más fuerza para sostener la puerta.
-¡Saotome! ¡Te juro por lo que más quieras que si no paras de comportarte como un cretino, te patearé hasta que veas estrellas!
...
-Me arriesgaré. –Afirmó con decisión el chico mientras Akane, sonrojada hasta el extremo pero por la furia, intentaba impedir que abriera la puerta con todas sus fuerzas.
-¡Basta imbécil! –La puerta se abría cada vez más y a la chica se le iba a salir el corazón por la boca. -¡Te digo que pa...
-¡Ranma! –Escuchó una voz a lo lejos y el empuje paró. -¡Hijo, necesito que vengas! ¡Hay un problema de medidas...para variar!
-Auch...salvada por la campana. –Akane vio que metía su mano con la toalla y la lanzaba al aire dentro del baño, haciendo que Akane la cogiera al vuelo y se la enrollara en el acto en su cuerpo.
Escuchó cómo el idiota de su ex prometido bajaba las escaleras.
-Yo lo mato...-prometió con los dientes apretados.
