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Esa misma mañana, tras vestirse con una falda vaquera y una blusa de tirantes rosa, despedirse de su padre y salir rápidamente de casa antes de volver a encontrarse con su ex prometido, Akane decidió dar un paseo por el centro y rememorar viejos tiempos.
Los buenos recuerdos la asaltaron cuando casi sin darse cuenta, acabó delante de su universidad, en la que había pasado largas y pesadas horas de estudio. En aquellos tiempos lamentaba tanto esfuerzo y a veces se preguntaba exhausta si merecía la pena. Ahora sabía que sí. Su carrera era lo más preciado que tenía y nunca agradecía lo suficiente el haber podido acabar sus estudios y tener el futuro que tenía ante ella.
Pasando de largo, no pudo evitar pensar en lo diferente que todo habría sido si al final hubiera acabado con Ranma. Probablemente ahora estarían casados para descanso de sus padres. ¿Habría continuado con su carrera como cirujana? De seguro, viendo a Ranma en la actualidad, no parecería muy contento con todas las horas interminables que ella debería pasar el en hospital.
-Machista egocéntrico...-se dijo en voz baja para sí misma, cuando se dio cuenta de que por dios, debía dejar de pensar en ese idiota y centrarse en no toparse con él de nuevo. Disfrutaría de su familia y de sus viejas amistades y...
-¿Akane?
Al oír su nombre, la chica se giró, curiosa de saber quién la llamaba. Cuando miró al hombre que le sonreía alegre y le reconoció, a ella se le escapó un sonido de sorpresa al darse cuenta de que Ryoga, su amigo de la adolescencia se encontraba frente a ella.
Jamás le habría reconocido si no llega a ser él quien la saluda. Su pelo estaba corto por los lados y algo más largo arriba, vestía con una camiseta gris con el logo de una banda de música y un pantalón vaquero desgastado.
-¿Ryoga? –El chico asintió y se acercó para abrazarla levemente.
-Wau, Akane...dios mío, ¿cuánto tiempo hace que no nos vemos? ¡Ha pasado una eternidad!
Akane no salía de su asombro. Era cierto, por lo menos debían haber pasado unos seis años. El chico pareció desaparecer de la faz de la tierra...tampoco podía culparle.
Ryoga se le había declarado una tarde de primavera de la forma más bonita posible que una chica jamás pudiera haber deseado. Tras un inocente paseo, bajo los cerezos en flor, le dijo lo que cualquier mujer querría oír...
''-Akane hay algo que tengo que decirte sin falta.
La chica se puso ante él sonriéndole. –Claro Ryoga, somos amigos, puedes contarme lo que quieras.
El chico miró a su alrededor para comprobar que el chico de la trenza no se hallara cerca, o de lo contrario probablemente acabaría en el hospital más cercano. Cuando volvió a mirar a Akane, avanzó decidido y sin pensarlo mucho más, estampó sus labios contra los de ella.
Akane se había quedado estática, muda y con los ojos como platos. No se esperaba algo así...sabía que el chico sentía algún cariño por ella, pero él era amigo de Ranma. Reaccionando por fin, Akane dio un paso atrás, apartando así sus labios del joven Ryoga.
-Ryoga...yo...-con la mano en los labios, a Akane no le salían las palabras.
-Akane. –Dijo con voz firme. –La amistad no abarca lo que siento por ti. Yo te quiero, -le dijo con cariño y acercándose un paso a ella de nuevo, -te quiero y sería un honor para mí que me dieras una oportunidad. Te prometo que cada día serás feliz y que tendrás mi amor para toda la vida.
Akane sentía un nudo en la garganta que cada vez se hacía más grande. ¿Qué le decía ahora para no herir sus sentimientos? Dios, era una persona horrible...
Tras unos segundos, Akane miró al suelo y se puso seria aunque sin querer ser dura con él, le dijo:
-Ryoga...me halaga muchísimo que tengas sentimientos tan bonitos por mí. –El chico la miraba esperanzado y con una mirada la instó a continuar. –Pero Ryoga, eres mi amigo...y aunque me encantaría corresponderte...no puedo.
Ryoga cerró los ojos y frunció el ceño.
-Por favor, no te enfades. No quiero hacerte daño, es que...-Akane puso una mano sobre su hombro. –Te mereces a una chica que te devuelva todo el amor que puedes dar, y con todo mi pesar, esa chica no soy yo Ryoga. Desearía poder serlo.
El chico abrió los ojos y la miró entonces. -¿Es por él, verdad? Por Ranma. –Confirmó. –Le quieres.
-Eso no tiene nada que ver...ahora estoy muy concentrada en mis estudios y aunque me haga mala persona...no puedo verte como me dices que me ves tú a mí, Ryoga... ¿Lo entiendes?
Nerviosa, se mordía el labio inferior mientras que Ryoga soltaba un suspiro a la vez que miraba para otro lado.
-Lo siento Akane, no quería incomodarte...pero...es que es un cabrón con suerte.
Akane sólo le miró.
-No sabe lo que tiene y debería amarte como te mereces. YO te amaría como te mereces.
-Ryoga por favor, esto no me es agradable pero sigues siendo mi amigo. Ranma y yo ni siquiera estamos juntos porque queramos.
-¿Entonces por qué no rompes con él? –Escupió despechado el joven. La chica sólo agachó la cabeza, sin poder responderle. -¿Ves? Desde luego, sois tal para cual.
Dando un par de pasos hacia atrás, el joven daba a entender que mejor se marchaba de ahí. –Espero que encontréis lo que buscáis, Akane. No puedo seguir siendo tu amigo...de verdad que no puedo.
-Pero Ryoga, espera por favor, no te vayas así...
-Mejor...mejor me voy, estoy bien. –Le dijo mientras se daba la vuelta. –Ya hablaremos.
Akane atónita ante lo que acababa de ocurrir, se quedó quieta en su misma posición durante varios minutos hasta que con expresión triste y el corazón dolido por su amigo, se daba la vuelta y marchaba a la biblioteca.''
-Sí...-respondió volviendo de sus recuerdos la chica. –Una eternidad. Estás muy cambiado.
-Sí, el paso de los años, ya sabes. ¿Cómo has estado? Supe que te habías ido a Nueva York, ¿verdad?
-Sí, así es. Es todo una locura la verdad...-le dijo mirándole y el chico sonrió. –Perdona, es que estoy flipando de verte, te lo aseguro...han sido muchos años y siempre he pensado que me encantaría contarte tantas cosas...Siempre fuiste muy bueno escuchando.
Ryoga miró al suelo, pensando que ella no sabía hasta qué punto...
-¿Te apetece tomar un café y nos ponemos al día? –Preguntó esperanzada Akane.
El chico miró a un lado, como dudando, pero sonriente aceptó: -¿Café? Eso es de americanos...ven que te llevo a un sitio donde vas a probar el mejor té de tu vida. Ahora estás en casa.
Akane sonrió...es verdad, estaba en casa.
