Para Liz Alter, ¡feliz cumpleaños!


Autopsia a una lágrima marchita

Maki Nishikino no tomó noción de cuándo todo lo que atesoraba a su alrededor se fue derrumbando. Sus sueños, aspiraciones y deseos no se volvieron más que las mismas hojas de composiciones de piano arrugadas en el suelo de su habitación. Sentía que su futuro no era nada más que oscuridad en aquella recámara llena de ilusiones de una pequeña de ocho años que creía que tenía las alas de libertad para poder volar hacia donde su corazón desease. Desafortunadamente, no notó que eran de cristal y que estas se rompieron al cumplir quince años.

Por más hermosa que fuese su voz, ocultaba sus emociones en el piano que tocaba a escondidas en la escuela. Nadie más podía saber lo que sentía, debía mantener un fuerte, una máscara ante la sociedad dada la posición de sus padres en el mundo de la medicina. Eventualmente, ella sabía que su destino era seguir la tradición familiar. He por ello que sus notas siempre eran altas, no cabía duda.

Un aura especial se envolvía en ella durante la hora de clases, nadie acercándose a ella. Al no expresar lo que sentía, todos la percibían como una chica atorrante, desprendida del mundo al según ojos ajenos, vivir en una realidad distinta a la de alguien ordinario.

No me importa esta soledad.

Era el pensamiento que siempre rondaba en su mente. Al saber que su porvenir no era nada más que tinieblas, prefería ignorar esa sensación para no recibir más dolor. No supo en qué momento dejó de llorar, ni cuando sus lágrimas dejaron de empapar.

Retraída dentro del aula de música, se agacha en el asiento del piano solo para abrazar sus rodillas, preguntándose cómo sería capaz de volver a encontrar sus sueños perdidos. Quería que alguien se lo dijera, que la guiase hacia una respuesta que era incapaz de encontrar. De seguro, si les preguntaba a sus padres, estarían decepcionados de ella al no tener una. Siempre debía saber qué responder, debía estar preparada para todo. No dudar ni vacilar por un instante. Aquello cobraría la vida de algún paciente a futuro, le repetían.

No obstante, esa soledad que había formado por su cuenta le estaba doliendo. Pensó que siempre había sido una buena chica, atendía a clases todos los días teniendo un récord académico perfecto, se esforzaba en las actividades del club de música en las cuales no había hecho amigas debido a su burbuja, los resultados de sus exámenes tampoco eran malos sino excepcionales. Aún así, la venda que había puesto ante sus ojos para enfrentar el mundo estaba muy apretada como para retirarla, así como así.

Podía sentir las miradas de desprecio hacia ella, observándola como un espécimen que no era humano con una actitud frenética. Maki deseaba gritar para soltar, aunque sea una lágrima, pero nada salía. Solo un grito ahogado.

—Qué fastidio—soltó en soledad.

Decidió salir, solo para toparse con quien menos deseaba ver en ese momento: Nico Yazawa.

A Maki jamás le agradó la actitud de Nico. Sí, podría ser que estuviesen en distintos grados al llevarse dos años de diferencia, mas había algo implícito que las conectaba de cierta forma. Nico, por más que supiese que su club de actividades de idols no fue de apogeo, no se rendía y todos los días luchaba para expresar el amor que sentía hacia aquellas chicas de vestidos bonitos y canciones alegres que le traían luz a su vida.

Para la joven de cabello rojizo, ver a Nico iluminarse tanto al perseguir algo imposible le causaba ceguera en su antifaz, le provocaba dolor y, sobre todo, malhumor. Era su opuesto en todo sentido. Gritaba con euforia todos los días en un megáfono que se unan, que sería el inicio de algo mágico y que se dejen llevar por sus sueños.

¿Sueños? Son una tontería. Los sueños no existen.

—Después de todo, no tengo permitido soñar—musitó.

Por más que mi destino sea de elogio, siento que me estaría pudriendo en el punto más bajo de la sociedad al hacer algo que no es de mi particular interés. Mi vida opaca tan solo pasará desapercibida.

—Oye, tú. La de las lágrimas secas.

—…

—¡Nico te está hablando!

Sin percatarse, Maki estaba ya sola en el corredor, observando a Nico.

—Has estado ahí parada por mucho rato mirándome y no has dicho nada. Tan solo te has quedado con ojos llorosos, pero nada salía, creí que mi discurso había movido tu corazón, pero al parecer no tienes ni alma.

¡¿Quién se cree que es esta enana para tratarme así?!

Pero Maki tuvo que recomponerse inmediatamente. Después de todo, las apariencias lo son todo en su mundo.

—Lo lamento, superiora. Estaba soñando despierta.

—Que te crea tu mamá—resopló Nico—. En fin, hora de seguir con mis cosas.

La muchacha de pequeña estatura y cuerpo petiso se fue, cargando una caja de cartón donde se encontraba de pie y el megáfono improvisado. Iba a empezar a subir los escalones, solo para detenerse a medio camino y dar la vuelta.

—Si quieres alguien con quien hablar, las puertas de mi club están abiertas.

—¿Es esta tu forma de captar estudiantes, superiora? —Maki trataba de mantener la compostura.

—Tal vez.

—Pero que absurdo.

—¡¿Qué?!

—Nada.

—Encima que te ofrezco un oído me tratas tan mal, qué falta de respeto—y fue así como Nico finalmente se fue, dejando a Maki sola.

De pie, no supo que pensar. Quizás necesitaba que la escucharan, hablar con alguien. Aunque su orgullo no se lo permitía. Al Nico ser su opuesto, es muy probable que acabase en un resultado no muy agradable y lo que menos deseaba Maki en ese momento, era generar problemas por su humor cubierto tras la venda y antifaz.

Regresó a encerrase dentro del aula de música, observando el piano.

Solía tener sueños cuando era una niña, recordó.

Ver a Nico hablar con tanta pasión generaba sensaciones desconocidas en su interior. Fue en ese momento en el cuál tuvo un pensamiento algo absurdo.

—¿Y? ¿Qué haces aquí?

Nico estaba sentada en la mesa de su propio club, ofreciéndole a Maki un poco de jugo de naranja de una cajita de la máquina expendedora.

—Cuando era pequeña, quería ser cantante. Aunque ser compositora tampoco sonaba mal.

—¿Qué soy, tu psicóloga? —Nico explotó.

—¡Dijiste que si quería alguien con quién hablar que viniera! —volviéndose un tomate, Maki ladeó el rostro al lado opuesto, inflando sus mejillas—. ¿Es este el trato adecuado?

—Lo siento es que en verdad no creí que eso funcionaría. Era una táctica más de la linda Nico para captar gente y así no disuelvan su club, nico~.

—Si sigues hablando así me va a dar nauseas—admitió Maki.

Me pregunto cómo no puede sentir vergüenza ante un acto tan infantil.

—El hecho de mostrar pasión en la música ya me interesa bastante, ¿no quieres unirte al club de Nico? —con ojos de cachorro bajo la lluvia, la chica parpadea interminablemente.

—No.

—Me caes mal.

—Tampoco me agradas.

Silencio. Un silencio tan fino que podía cortarse con un cuchillo.

Maki sabía que Nico no era de su completo agrado, después de todo, era capaz de hacer todo lo que ella no podía al estar anclada a lo que sus padres y la sociedad esperaban de ella, mientras que la otra muchacha era un espíritu libre con alas de coloridas plumas.

—De todas maneras—Nico agregó, afinando su garganta—. Nico Yazawa está dispuesta a escucharte, um…

—Nishikino. Maki Nishikino, Yazawa-san.

—Yazawa-san…—Nico tembló en frío—. Nadie me llama de esa manera tan formal que me da frío, solo dime Nico.

—Nico-san.

—Siento que estás haciendo esto apropósito, Maki.

—¿Acaso no es parte de mi rol de estudiante ser respetuosa con mis superioras? —replicó con una sonrisa fingida.

—Me sorprende que no hayas querido ser actriz de niña, te sienta bien.

Las aves en el exterior cantaban, y se abalanzaban siendo ruidosas sin formación. Eran erráticas, caóticas y más escandalosas que el sonido de todas las estudiantes de Otonokizaka en el receso. Eran para el cielo lo que una muchedumbre de mercado era para la tierra, cada una moviéndose sin referencia a ninguna otra, cada una de ellas buscando el siguiente artículo de comida que haya caído al suelo.

—Entonces, ¿vas a hablar más o nos vamos a dormir escuchando pájaros? —preguntó Nico.

—Supongo—replicó Maki, jugando con un mechón de su cabello—. Supongo que en ese entonces esos sueños eran solo cosas que pensaba que podía escoger en un futuro. No hice nada especial para alcanzarlos ahora que lo pienso. Después de todo, solo eran sueños.

—Tocas el piano a escondidas, eso ya es bastante.

—¿C-Cómo…? —Maki se sonroso de la vergüenza.

—Es obvio. Siempre estoy tratando de reclutar cerca al aula de música y varias veces te he visto y escuchado. Siendo honesta, quisiera que te unieras a mi club, así seríamos un dúo. ¡Nico Nico Nii y su banda!

—…Tienes un ego bien grande, Yazawa-san.

—B-Bueno—Nico cruzó sus brazos, avergonzada por ser llamada de una forma que no es de su agrado—. Banda no sería al ser solo piano así que… ¿orquesta? No, tampoco… ¿a capela?

Maki se mantuvo en silencio, deseando salir de ese lugar lo más pronto posible, ahora estando segurísima que había sido un error dejarse llevar por una tonta emoción del momento.

—Creo que ya es suficiente, me voy.

—¡No te vayas! —cuando Maki se puso de pie, Nico la abrazó de las rodillas en clemencia—. Ya, lo admito, el nombre es tonto, pero prometo darte tiempo de lucirte en el escenario, ¡diez segundos!

Para alguien tan esbelta, Maki era incapaz de creer lo difícil que se le hacía poder quitársela de los pies para poder escapar del aula.

—De acuerdo, de acuerdo, ¡veinte… no, treinta segundos! —al ver que su plan fallaba, empezó a trepar más en su cuerpo—. ¡Un minuto! ¡Un minuto con treinta segundos, tal y como la temática de un anime, vamos!

La pelirroja de ojos violeta suspiró, solo para darse cara cara con los rosa-diamante de Nico. Por un segundo el mundo se detuvo en su eje. Desvió su mirada, dejando a la muchacha de dos coletas confundida, y retornó a su asiento.

—Te envidio tanto—mencionó casualmente.

—¿A Nico? ¡Pero todos me tienen envidia, soy la idol número uno del universo después de todo!

Al escuchar el aleteo de las aves, supo que la atmósfera no era la indicada para iluminar este inusual lienzo con sus ilusiones.

—A diferencia tuya, siento que mi vida nunca ha tenido dificultades.

Nico ahora se sentó, escuchando detenidamente a Maki.

—Jamás podría actuar como tú lo haces. Soy incapaz de decir lo que pienso o siento. Puedo presentir con tan solo mirarte que tu vida se ve envuelta a este personaje que has creado para cierto propósito.

—¿Quién es la psicóloga aquí ahora? —resopló Nico.

Sabía que Maki había atinado: Nico mantenía a sus dos hermanas y hermano menor. La admiraban como una estrella, y ella quería brillar en ese cielo en donde la pintaban como la mejor de todas. Era la única manera de apaciguar esa soledad.

—Me pregunto lo mismo—Maki miró hacia la ventana, perdiéndose en el azul del cielo—. Por ese motivo siempre creí, sin duda alguna, que debía resignarme a lo que me tenían planeado en la vida. ¿Sueños? ¿Cómo se supone que debía hablar sobre ellos en un lugar en donde no se me era permitido? Por favor, dime.

—¿Decírtelo…?

—Tienes la capacidad de hablar de tus sueños todos los días, de perseguirlos—Maki apretó sus puños en frustración—. Tu amor hacia las idols es evidente, eres capaz de hacer cualquier cosa para que tu sueño se haga realidad. En cambio, yo… yo… siempre pensé que me estaba comportando como una buena chica. Me sentía internamente comparada contigo.

Nico escuchaba atentamente, sin entender el punto.

—¿Te comparabas a ti sola conmigo? ¿Solo por eso?

—¡Es algo serio! —Maki enfureció—. Eres más exitosa al poder hablar de tus pasiones, por más que seas inferior en lo que concierne a mi realidad.

Este antifaz que yo sola me he puesto, ¿por qué es tan difícil de quitar?

—Es estúpido—suspiró Nico—. Si los demás ya tienen grandes expectativas de ti, ¿por qué tú sola te pones más? ¡Y no me digas inferior!

—¡Y tú no me mires con ojos comparecientes llenos de honestidad! ¡Es fastidioso! ¡Tengo tanta envidia de esa pasión con la que hablas todos los días por más que las demás alumnas te ignoren!

La conversación se había tornado acalorada de un segundo a otro, Nico asustada por el tremendo giro de eventos. Maki se sujetaba el pecho, manejando su respiración luego de su arrebato emocional. Su errático aliento salía condensado, sus ojos volviéndose llorosos, pero ni una lágrima cayendo.

Nico creyó que se habían marchitado en sus ojos violeta.

—De niña, era constantemente elogiada. Todos esperaban mucho de mi futuro. Nunca faltaban regalos de Santa bajo el árbol en navidad ni en mi cumpleaños, al igual y dinero de año nuevo hasta la fecha. Desearía que esos días fuesen eternos. Sin embargo, he notado que poco a poco han ido disminuyendo.

—Es normal en cierto punto no recibir nada. ¿Y Santa? Acaso no sabes que…—pero Nico optó por callar. Algo le decía que, si revelaba una verdad sobre aquel señor regordete característico de diciembre, podría romper algo más en el corazón de Maki—. De todas formas, llega cierta edad en donde estas cosas las dejas de tener. Tanto hablas de no poder soñar, ¡ya vivías dentro de un sueño!

—¿Qué? —Maki fue tomada desprevenida.

—Has vivido una vida sin dificultades, tú misma lo has dicho, y por eso creías, sin duda alguna, que nada cambiaría. Sin embargo, aquí estás, atormentándote por algo tonto.

—Para mí no lo es…—Maki se abrazó a sí misma—. Mi futuro no es nada más que oscuridad. No puedo elegir. No puedo decidir. Todo está planeado que no me importa seguir el plan de vida que tienen para mí. Dime, ¿cómo puedo encontrar un sueño como el tuyo?

—¡Pero que chica más testaruda! ¿Acaso no entiendes? ¡Ya tienes, tus propios sueños, tus propias aspiraciones! Dios, voy a tener que hacerte una autopsia para saber si realmente estás viva o muerta. No pareces entender ni tus propias palabras al hablar como un cadáver viviente que no puede llorar.

—Tan solo dime, ¡por favor! —desesperada, Maki golpea la mesa, haciendo saltar a Nico—. ¡He sido una buena chica todo este tiempo! Entonces, ¡¿por qué?! Me voy a volver un adulto sin problemas, he hecho todo lo que me han dicho que haga, ¡¿entonces por qué me encuentro tan vacía?!

—Maki…

—¡Odio tu voz tan alegre, siempre, siempre en el corredor! ¡Siempre, siempre recordándome que mis sueños nunca se van a cumplir! —Nico creyó ver que una gota cayó entre ambas—. Ni siquiera soy tan bonita, he vivido una vida mediocre, ¡no se te ocurra mirarme con esa actitud tan frenética y errática que tienes! ¡Es fastidioso! ¡Prefiero podrirme al fondo de la sociedad!

Y morir con esta vida tan opaca.

Nico tocó la gota en la mesa, llegando a una realización.

Rompió la barrera y el antifaz de Maki a la fuerza, separando sus manos de su rostro, exponiendo ese mirar violeta que, en cierta ocasión la había cautivado. Ahora mismo, con todas esas lágrimas marchitas que estaban floreciendo como si fuese primavera, se sintió absorbida por el dolor de Maki ante el mundo. Le quitó el antifaz, exponiendo lo que realmente era: una niña asustada en un mundo regido por reglas que jamás había sido capaz de desafiar.

—Al parecer si estás viva, después de todo—Nico murmuró, robándole una gota salda de sus largas pestañas—. Permíteme cargar este dolor contigo, por más que odies mi actitud, detestes mi forma de ser, haré que tus sueños se cumplan al tenerlos al alcance de tus manos.

—¿…? —Maki no tenía palabras.

—No estás sola.

Nico cerró la distancia entre ambas, un delicado beso iluminando el salón del club de actividades de idols.

El mundo de Maki se transformó en música errática, el sonido del piano inundando sus sentidos. Sentía que caía en un abismo sin fin. La música llenó el aire sin esfuerzo, como las olas rellenando agujeros en la arena de la playa; el sonido entrando y alrededor de ambas. Antes de que las notas llenaran el aire, cada corazón era una isla, con ella todos sienten los mismos flujos de marea y los comienzos de la unión se sienten cálidos.

La lírica del corazón de Nico nadaba por la corteza cerebral de Maki como un sueño despierto, las notas se relajan, permitiendo que la canción llame a todo su ser. La música nunca podría ser algo superfluo para ella, era una medicina entregada de la manera más divina.

Lo más hermoso de la música era que no solo salvó la vida de Maki, le dio fuerza y voluntad para salvar su propia vida; esa era la belleza de la música que ella ahora mismo componía con Nico en la unión de sus labios.

Sus voces eran un instrumento y no pueden vivir un solo día sin cantar. Para ellas la música era vida y la vida era música. Está en el aire que respiran.

—Jamás estarás sola, porque haré que nuestros sueños se hagan realidad—Nico sonrió, abrazándola.

Las lágrimas de Maki brotaron como flores de primavera, sabiendo claramente que todo lo que ponía ante el mundo era un fuerte para no quebrarse. Ahora, tras haber expuesto todo, su alma revivió causando que supiera lo que finalmente era soñar y anhelar algo. Compartir una aspiración con alguien. Dejar de compararse con la persona ideal que deseaba ser, ya que Nico estaría a su lado a todo momento, guiándola a su propio ritmo mientras que Maki componía lo, ciertamente sería, el inicio de algo nuevo.

Ya no me resignaré ante una vida mediocre. Deseos que no podía alcanzar están al borde de mis dedos. Por más que mi vida haya sido planeada desde un inicio, no debo resignarme al futuro ser solo mío y de nadie más.


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Liz, sabes que no me gusta el NicoMaki, (ya que Maki no es de mis personajes favoritos para más que HonoMaki sea mi OTP de Honoka y NozoNico siendo mi OTP sagrada) y creo que el romance fue super abrupto, pero sentí que la canción que escuchaba le sentaba bastante bien a Maki. Salí de mi zona segura de confort, primera vez que escribo algo de Love Live en Español, mi fic de Sunshine YohaMaru siendo en inglés.

Espero te guste.

Y a los demás…

¡Gracias por leer!