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Con un último empujón, Ranma se enderezaba y limpiaba el sudor de su frente con el borde de su camiseta. Como siempre, había tenido que acabar él haciendo el trabajo de los instaladores, pensaba con hastío.

Tras comprobar que las nuevas y relucientes puertas correderas se desplazaban con suavidad y sin problemas, sonrió satisfecho al mirar al interior de la habitación, la cual contenía todos sus trofeos ganados a lo largo de los últimos años.

''Peleítas...''. Recordó con burla la manera en la que su prometida se había referido a sus grandiosos torneos. Torció el gesto al darse cuenta de que mentalmente se había vuelto a referir a ella como su prometida.

Desde luego, volver a verla había sido como un soberano puñetazo en la cara, en parte por lo condenadamente hermosa que se había vuelto, no es que antes no lo fuera, pero ahora la veía y para su desgracia, se había vuelto...más mujer. Era así de simple. Pero también en parte porque la manera en la que le abandonó tres años atrás aún le quemaba. Frunció el ceño y ni siquiera se dio cuenta de que aún el borde de una de las puertas con demasiada fuerza.

Un golpe seco le hizo girarse, sacándole de sus profundos pensamientos y aflojando el agarre automáticamente.

-¿Interrumpo? –su amigo y recientemente manager, Ryoga, caminaba hacia él con una sonrisilla socarrona que le ponía de los nervios.

Afianzándose el cinturón de trabajo lleno de herramientas, Ranma salió a su encuentro.

-Siempre... –le apuntilló divertido. -¿Qué pasa? Creía que nos reuníamos esta tarde para repasar el itinerario con las semifinales.

-Sí, perdona es que estaba por la zona y he pensado en pasar a verte.

Ranma le miró extrañado. -¿Tú? ¿Pasarte a verme a mí? Vale, en serio... ¿qué es?

Ryoga se metió las manos en los bolsillos y enarcando una ceja, no dejó de mirarle. –Sólo me extrañaba que no me hubieras dicho que Akane había vuelto.

Ranma se envaró y cambió su expresión divertida por una de fastidio. -¿Y para qué te lo iba a decir exactamente? No es que sea el acontecimiento del año que la princesita se haya dignado a aparecer por aquí.

Caminó en dirección al armario del fondo mientras se desquitaba de las herramientas.

-Somos amigos, pensaba que de darse el caso me lo contarías, también porque a su vez ella y yo éramos amigos...pero sobretodo porque pensaba que querrías hablar.

-¿Hablar?

-Joder Ranma no te hagas el idiota conmigo...te he visto, no de primera mano hasta hace relativamente poco pero he seguido tu carrera y me ha dado tiempo a ver que eres pura fachada.

-Mejor cállate, Ryoga. No tienes ni idea de lo que hablas. –Gruñó con voz grave el chico de ojos azules.

-No tío, -se acercaba a él Ryoga. –Niega lo evidente, pero me juego el cuello a que tus saltitos de cama en cama sólo te han servido para sentirte más vacío.

Ranma le miró amenazante y alzó un dedo señalándole. –Te he dicho que no tienes ni puñetera idea de lo que hablas. ¿Qué cojones te ha pasado esta mañana? ¿Has tenido una epifanía y vienes a darme la brasa con ello? Pasa de mí.

Mientras pasaba de largo y con fuertes zancadas avanzaba fuera del Dojo, Ryoga volvió a hablar: -He desayunado con ella esta mañana.

Ranma se paró en seco y volvió sólo la mitad de su cuerpo para mirarle con fuego en los ojos. -¿Y a mí qué me cuentas?

Ryoga se encogió de hombros. –Sólo para que sepas que mis ''epifanías'' no me vienen porque sí.

-Sigo sin entender qué me importa a mí lo que hagas con esa marimacho.

-¿Marimacho? –Rió Ryoga. –No te lo crees ni tú.

Ranma sintió que la furia se apoderaba de él. Tenía que controlarse para no ir a zarandearle... ¿acaso estaba interesado en ella de nuevo? Él quería hacerla sufrir, tanto como él cuando le abandonó, y tener a Ryoga en medio no iba a impedirle cumplir su objetivo...pero no iba a permitir que la tocara, no hasta que Ranma hubiera terminado su cometido, luego que se pelearan por tener a la reina de hielo. Aunque lo intentó, no pudo evitar que se le escapara:

-¿Qué pasa, quieres intentar algo con ella? –Le espetó girando su cuerpo por completo y encarándole de cerca.

Ryoga, tranquilo, tan sólo negó divertido con su cabeza. –No. Gracias pero no. Paso de que me lances dagas con los ojos o peor, que me despidas. –Ranma rió sin humor. –Pero sobretodo me niego a que su novio americano, cirujano y con el que comparte trabajo me parta la cara, ¿sabes?

Ranma sintió como si un rayo le atravesara de la cabeza a los pies ante esa afirmación. La sangre le palpitaba en las sienes y sus puños se cerraban. Se mordía el labio inferior por dentro para evitar gritar de frustración.

Sin embargo, con su mejor actitud indiferente le contestó: -Pues haz lo que quieras, pero déjame fuera. Si os queréis contar confidencias mientras os hacéis trencitas, yo no quiero saberlo.

-Oh claro...perdona, pensé que te interesaría saberlo...ya sabes, por lo de que era tu prometida y eso...

-Mira Ryoga, tú lo has dicho, lo era...así que si ahora quiere ir por la vida jugando a las casitas en ese país y con un nuevo gilipollas al que seguramente también le tomará el pelo, allá ella. Yo ya no soy tan idiota, ahora el control de todo, por si no te has dado cuenta, lo llevo yo. –Le dijo Ranma, abriendo los brazos y abarcando con ellos el Dojo.

Ryoga por su parte, se quedó callado unos segundos y mirando al suelo inclinó la cabeza a un lado.

-Yo te aprecio Ranma, y sé que no eres tan capullo como pretendes hacer ver, por eso consideraba que debías saberlo, aunque lo más seguro es que no me toque a mí decírtelo.

Ranma se pasó una mano por el pelo, claramente nervioso y la dejó caer a un lado.

-¿Saber qué, Ryoga? –Le increpó, haciendo que su amigo le volviera a mirar de frente.

-Akane se está pensando si aceptar la propuesta de matrimonio que su novio le hizo hace unas semanas.

Frío. Eso sentía el chico moreno de repente. Estaba helado.

-¡Ya estoy en casa! – ambos se giraron hacia la entrada de la casa, por donde a lo lejos la chica de sus pesadillas entraba alegre, saludando a su familia que la esperaba para comer.

Ryoga, antes de irse por donde había venido, le propinó un par de palmadas amistosas en el hombro y se alejó a paso tranquilo, mientras Ranma se quedaba estático mirando hacia la puerta de entrada.

''¿Akane, prometida de nuevo?''

Ranma miró al frente y tuvo que aflojar la fuerza con la que empuñaba sus manos, o acabaría por quedarse sin riego sanguíneo.

Respirando hondo exhaló y juró en voz alta.

-Ni muerto.