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Akane se encontraba ayudando a su hermana Kasumi a llevar varios platos de comida y diversos utensilios a la mesa de la sala, pues se habían reunido las tres hermanas para comer una deliciosa comida casera cortesía de la más mayor. Hacía tiempo que no tenían un rato sólo ellas tres por lo que sendas madres se habían tomado la molestia de dejar a sus sobrinos al cuidado de sus cuñados, y pasar el rato con ella.
Una vez sentadas, charlando animadamente, Akane fue consciente de las miradas que intercambiaban sus dos hermanas. Mirando a la una y a la otra, se animó a hablar: -¿A vosotras qué os pasa? –inquirió extrañada.
-¿Qué? –respondieron al unísono y se miraron con los labios apretados de nuevo. – ¡Nada! –volvieron a repetir a la vez, lo que causó que Akane confirmara que algo les pasaba y se morían por preguntarle.
Rodando los ojos, dejó los palillos sobre la mesa y se inclinó hacia adelante. –Soltadlo ya por dios.
Pasaron unos segundos y justo cuando Nabiki iba a abrir la boca, su mirada viajó a un punto detrás de su hermana menor, lo que la hizo cerrarla.
-Perdón, no quería interrumpir.
La joven de cabello azul se giró y vio su ex prometido parado junto a la entrada de la sala, con el cabello revuelto casi cubriéndole los ojos y toda la pinta de haber estado trabajando en el Dojo. Era toda una visión con sus vaqueros gastados y su camiseta adherida al torso por el sudor.
Cuando se dio cuenta de que la miraba con intensidad, la chica por inercia se volvió y bajó la mirada a su comida.
-¡Oh Ranma! No sabía que aún seguías aquí. –Le sonrió la mayor de las hermanas con amabilidad.
-Tranquila Kasumi, sólo he entrado a lavarme las manos. He dejado las puertas nuevas instaladas y ya me marcho.
-No hace falta que te vayas, tenemos comida de sobra, puedes quedarte. –Apostilló Nabiki para horror de Akane. -¿Verdad chicas?
Kasumi asintió alegre mientras se levantaba. – ¡Claro! Voy a por otro plato.
-De verdad, no quisiera molestar.
-No es molestia, ¿verdad Akane?
Akane pensaba en maneras médicas de matar a su hermana de manera rápida. Aunque darle un buen mazazo en la cara es lo que la satisfaría por semejante morro.
Se limitó a hacer un gesto indiferente con la cabeza, esperando ser entendida. Cuando Ranma se dejó caer con toda su corpulencia en el suelo frente a ella, la chica no pudo evitar subir su mirada y encontrarse con la de él, tan descarada y penetrante.
Mientras su hermana Kasumi le apartaba una ración, el muy canalla le dijo aun mirándola: -Por cierto Kasumi, en el baño no quedan toallas. Me habría dado una ducha, pero no quería pasearme por aquí en condiciones poco decorosas buscando una.
Remató la gracia con una sonrisa ladeada.
Akane sintió que las mejillas se le coloreaban furiosamente, no precisamente de vergüenza, sino de las ganas que tenía de coger la mesa y estampársela en la cabeza.
-Gracias por avisarme, subiré unas cuantas antes de irme. –Le confirmó de nuevo Kasumi.
Mientras esas dos traidoras comían y conversaban animadamente con su enemigo, ella había perdido el apetito, por lo que se limitaba a dar ligeros bocados aquí y allá cuando de repente su móvil sonó de nuevo.
En la pantalla, la foto mostraba a un Harvey sonriente que la estaba llamando, así que disculpándose, contestó y salió en dirección al jardín hablando en inglés de manera suave y melodiosa.
Al menos eso le pareció a Ranma. Odiaba no dominar lo suficiente el idioma como para poder entender lo que hablaba. Claramente era el idiota, y a ella no le había faltado tiempo para ir a contestar su llamada. ''¿Se habría comportado así conmigo alguna vez?'' Se preguntó el chico, frunciéndose el ceño a sí mismo por pensar en eso pero sin evitar que la rabia se le acumulara en la garganta, haciendo que tuviera ganas de gritar.
En menos de dos minutos, la joven volvió y tomó asiento.
-¿Qué tal tu flamante novio? –Preguntó Nabiki con intención.
Akane se revolvió en su asiento, incómoda y Ranma detuvo los palillos a medio camino. –Eh...bien. Aún estaba en una guardia trabajando.
-Ooh, qué bonito sacar un poco de tiempo para llamarte, ¿verdad Kasumi?
La iba a matar. ¿Qué pretendía?
-Por supuesto Akane, eres muy afortunada de tener un novio que piense tanto en ti.
¿No hacía mucho calor de repente? Ah no, debía ser la mirada abrasadora de Ranma. Ni que a él tuviera que importarle tres cominos su vida. Calmándose e intentando que su voz saliera normal les respondió: -Sí, es estupendo.
Nadie dijo nada más y la tensión se podía cortar en el ambiente. Intentó salir de ahí con la excusa de recoger la mesa. –Voy a recog...-antes de que pudiera levantarse, sus hermanas dieron un salto y cogiendo varias cosas de la mesa se encaminaron a la cocina con la excusa de que iban a preparar té frío, que ella no se molestara.
A la chica no le quedó más remedio que apretar los dientes y acomodarse de nuevo en su sitio, invadida por un incómodo silencio que la estaba haciendo sentir violenta a más no poder.
-Así que novio...desde luego no has perdido el tiempo.
A la chica no le apetecía tener que darle explicaciones, pero devolviéndole la mirada pensó que todo esto era una niñería. Eran adultos, deberían poder estar en la misma habitación sin desear que al otro le mordiera un perro rabioso. Así que intentó ser amable y conciliadora.
-Sí, se llama Harvey y trabajamos jun...
-¿Qué te hace pensar que me importa? –Escupió como si fuera veneno el chico.
-Ehm, no sé, ¿quizás el hecho de que has sacado el tema? –Le contestó con una sonrisa Akane sin poder evitar el sarcasmo.
-Ya, bueno, sólo lo he hecho para remarcar que no has perdido el tiempo. Por curiosidad, ¿cuánto tardaste en empezar a salir con él después de despacharme?
Akane golpeó con ambos puños la mesa. Amable y conciliadora y una leche.
-¡Estaba intentando mantener una conversación contigo sin tener que soltar veneno por la boca Ranma! Pero contigo no hay manera, desde que he llegado no hay manera. Sólo me has mirado mal, hablado mal y molestado por el arte de hacerme rabiar. ¡Sí, tengo una relación! Una relación sana y con la que estoy cómoda, así que si te pica, te rascas.
Ranma comenzó a sentirse fuera de sí ante las palabras de la chica, por lo que se levantó de golpe y se le acercó pisando fuerte, ante lo que ella sólo pudo reaccionar levantándose con fuerza a su vez para encararle lo máximo que su altura le permitía.
-Eres increíble...dime, Akane, ¿le has dicho a ese idiota alguna vez que rompiste tu compromiso con el hombre con el que debías casarte y te largaste como una cobarde? ¿Le has dicho que fuiste una completa egoísta dejando nuestro compromiso tirado como si fuera basura y te fuiste para tener la libertad de revolcarte con quien te diera la gana?
Akane tenía su boca abierta en una perfecta O, incrédula ante lo que oía, pero el chico continuó, avanzando más:
-¿No se lo has dicho verdad? –Rió sin humor. -¿Te gusta tener a un hombre a tu merced y pisotearle luego para sentirte bien? –El chico ante ella no era la persona que ella había conocido años atrás, ante ella tenía un hombre que hacía varias veces su tamaño y que le hablaba como si fuera el ser más despreciable del universo. –Seguro que te gusta, por eso no se lo has contado...de otro modo no te habría propuesto matrimonio ¿verdad? ¿Cómo lo harás esta vez? ¿Esperarás a tenerlo todo organizado para romperle el corazón a ese infeliz? ¡Vamos, dímelo, veng...PLAFF.
Akane, temblando se cubrió la boca con su mano, la misma que había utilizado para abofetear a Ranma. Sus ojos luchaban por dejar salir las lágrimas que contenían pero ella se rehusaba a dejarlas salir.
¿Cómo podía ser tan insensible? ¿Cómo podía echarle nada en cara o acusarla de todas esas cosas horribles cuando fue él el que se declaró a Ukyo mientras estaban prometidos? ¿Cómo?
Ranma respiraba agitado con su rostro volteado, cuando al cabo de unos segundos volvió a encarar a Akane acercándose aún más a su rostro. La chica bajó la mano y contuvo la respiración. Sabía que no se atrevería a hacerle daño, pero por un momento temió lo que vio.
-Si te crees por un instante que voy a dejar que alguien que no soy yo le ponga de nuevo un dedo encima a mi prometida, es que de verdad no sabes quién es Ranma Saotome.
Tras esas palabras, el chico, asiéndola por la cintura, la apartó a un lado y salió de la sala rápidamente.
Akane por su parte aún estaba en shock por lo que acababa de pasar.
Dios mío, ¿qué le pasaba por la cabeza? Con una mano en el pecho, intentando calmar los fuertes latidos de su corazón, salió disparada a su habitación pasando por delante de sus dos hermanas, que la miraban con la cara blanca por la culpabilidad.
