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Habían pasado algunos días desde el encontronazo que la ex pareja había tenido. En ese tiempo, para alivio de Akane, no se habían vuelto a ver y a su parecer, el chico ni siquiera había aparecido por el Dojo. Lo único que supo de él fue a través del periódico que ojeó durante el desayuno una mañana. El artículo mencionaba que Ranma había pasado de ronda gracias a su triunfo en las semifinales de lucha.
En la foto que acompañaba al artículo, se veía un fiero Ranma a punto de asestar la patada con la que ganaría la ronda. Un estremecimiento recorrió a la chica al fijarse en su mirada; concentrada, directa al alma de su oponente y sin una pizca de compasión.
Tuvo que dejar el periódico de nuevo sobre la mesa y respirar hondo.
''No hablaba en serio, boba. ¿Qué se cree que va a hacer para impedirte ser feliz con Harvey?''
Justo tras plantearse esa pregunta, se dio cuenta de que no quería saber la respuesta, pues el Ranma que había encontrado a su vuelta distaba mucho de ser el chico tímido y bondadoso de hace años.
Esa misma mañana, Akane decidió salir a correr, por lo que se calzó su ropa deportiva y tras hacerse una coleta informal salió a despejarse. Cuando llevaba algo más de una hora, miró su reloj y emprendió el camino de regreso a su casa, decidida a ducharse e ir a comer fuera.
Al llegar a casa vio el deportivo de Genma y entró tranquilamente a saludar, antes de dirigirse al baño.
Al entrar a la sala de estar, se paró de golpe e interiormente maldijo su suerte, pues no esperaba ver a Ranma junto a su padre. Ambos se encontraban viendo el video del reciente combate de Ranma, del cual salió vencedor.
Al oírla, tanto su padre como Ranma se giraron al instante. La chica hizo todo lo posible por ignorar la presencia de su ex prometido.
-¡Hija! Qué bien que has llegado, ¡pasa, pasa! ¡Tienes que ver este combate! Ranma está a punto de dejar KO a su oponente. ¡Qué momentazo hijo! –palmeó su padre con entusiasmo el hombro de Ranma.
Akane sabía que conservaban su relación...pero ¿llamarle hijo? ¿Acaso no era consciente de que eso ya nunca sería así?
-Ya, eh, venía a saludarte papá. En realidad me voy a la ducha y saldré a comer, me apetece salir un rato. –Comentó como si nada la peli azul con intención de darse la vuelta.
-Oh vamos hija, ¿no te quedas a comer? Pensaba invitar a Ranma.
¡JA! Pues con más razón se iría.
-No, gracias papá, seguramente aprovecharé para hacer algunas compras. Hay regalos que quiero llevar a varias personas en Nueva York. –''No lo hagas, no lo hagas, no lo hagas''. –A Harvey le encantaría un yukata. –Nada, tenía que decirlo.
No miró a Ranma ni una sóla vez, pero igualmente él no había dejado de mirar a la pantalla, pero fue consciente de cómo apretó el mando a distancia ante su última declaración.
Soun, claramente incómodo se aclaró la garganta y sonrió a su hija. –Entonces ve hija, nos veremos por la tarde. Ten cuidado.
-Claro papá.
Subió las escaleras sintiendo que se la había devuelto bien. Necesitaba dejarle claro que ella no era un juguete a su disposición y que no se iba a inmiscuir en su relación.
Al volver a su habitación tras ducharse y secar su melena, optó por un corto vestido de algodón color verde pastel y unas finas sandalias marrones. Tras aplicarse un poco de labial y rímel, bajó las escaleras y tras no ver a su padre, salió por la puerta.
''Qué día tan bonito''. Pensó la joven mirando al cielo despejado.
No dio ni tres pasos cuando la puerta principal se abrió tras ella, dejando salir nada más y nada menos que al chico que estaba volviéndola loca. Rodó los ojos al verle y continuó caminando. Iba a sortear el descaradamente lujoso coche cuando las luces de éste parpadearon y escuchó a sus espaldas:
-Sube al coche, Akane.
Ella, con una ceja enarcada se giró y no esperaba tenerlo tan cerca, por lo que tuvo que alzar la cabeza para mirarle a la cara con auténtico fastidio.
-¿Perdona?
-¿Sabes? Odio bastante repetirme, además sé que me has oído perfectamente.
-En efecto te he oído con claridad, mi pregunta más bien implicaba un: ¿estás flipando? No voy contigo ni a la tienda de la esquina.
La chica, orgullosa, continuó su camino intentando rodear el coche para llegar a la salida, pero Ranma fue más rápido y se puso ante ella mirándola con los ojos entrecerrados.
-No quiero tener que darte otro guantazo, así que quítate de en medio...no quiero ni verte.
-Esa vez me pillaste desprevenido, créeme que a la próxima no te saldrá tan bien la jugada. Y ahora sube al coche, vas a ir a comer conmigo.
Akane, con la boca abierta le contestó: -¿Estás muy acostumbrado a salirte con la tuya no? ¿Todas caen rendidas a tus pies con ese aire de machito mandón barato que te estás marcando? Por favor, déjame respirar y hazte un favor a ti, niñato.
Ranma la miró como si no acabara de oír lo que acababa de decirle y preguntó, haciéndose el confuso: -¿Qué me has llamado?
-Oh perdona, -se hizo la arrepentida con un falso puchero, -¿qué te ha ofendido más? ¿Lo de barato o lo de niñato?
Ranma entonces comenzó a sonreír muy lentamente, con una expresión que a Akane le recordaba al gato Cheshire, por lo que se puso seria y dio un paso atrás. -¿Qué haces?
El chico avanzó a su vez, sin dejar de mirarla. Cada paso que la chica daba hacia atrás él avanzaba uno en su dirección. No dejaba de observarla con esa expresión burlona en el rostro y Akane se estaba poniendo muy nerviosa, pues acababan de dar una vuelta completa al coche, una huyendo y el otro al acecho.
-Ranma para, tengo que irme y no tengo tiempo para tus tonterías. –El chico entonces paró y la señaló con un dedo.
-No deberías haberme insultado, nena.
-¡Qué...coño haces! –Ranma con un movimiento rápido, había cogido a la chica y se la había subido al hombro como un saco de patatas. -¡Ranma, descarado, BÁJAME!
Ignorando sus gritos y a los vecinos que se asomaban indiscretamente a las ventanas, Ranma rodeó el coche de nuevo hasta llegar a la puerta del copiloto, la que abrió sin problemas con una mano.
Antes de bajarla mientras sujetaba la parte trasera de sus piernas para que no se cayera, pues aventaba patadas por doquier, le aclaró: -Vas a venir a comer conmigo y vamos a hablar civilizadamente. Ahora te voy a meter en el coche y como una buena chica, vas a dejar de intentar patearme la nariz con la rodilla, ¿estamos?
-¡¿Civilizadamente?! ¡Tú suéltame y verás, bestia! –Ranma la dejó rápidamente sobre el asiento y antes de que pudiera atacar o volver a salir, cerró la puerta y aseguró el cierre de la misma, para luego correr al asiento del conductor.
Cuando entró, sonrió a la chica inocentemente y esta le asestó un puñetazo en la cara. No fue muy fuerte, pero lo suficiente para que Ranma girara el rostro. Tardó un segundo en reaccionar y sentarla de nuevo para ponerle el cinturón a la fuerza.
-¡Joder! ¡Te quieres estar quieta, ni que fuera a matarte por dios!
-¡Yo te mato! ¡Con qué derecho me haces esto, troglodita! –intentaba aún la chica deshacerse del cinturón con rabia.
A Ranma le hizo gracia el apodo y soltó un bufido mientras se sobaba la mejilla golpeada y presionaba un botón para abrir el portón automático.
-Lucha todo lo que quieras. Pero vienes conmigo y vamos a hablar. Así que para ya porque te vas a hacer daño, so bruta.
La chica se dejó caer hacia atrás con fuerza mientras gruñía impotente y transformaba sus manos en puños de puro enfado.
Ranma, satisfecho, avanzó con el coche por las calles de Nerima rumbo a su apartamento, callado y sin dejar de oír los imaginativos insultos que Akane le dedicaba.
De nuevo, muchas gracias a todos los que estáis leyendo y disfrutando esta historia. Me está encantando escribirla y el buen recibimiento que está teniendo! :D
Ojalá pudiera subir más capítulos de forma más seguida, siempre tengo en mente ir subiendo lo más rápido que puedo. Un saludo a tod s y un abrazo!
