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Al estacionar el lujoso deportivo en una plaza de aparcamiento subterránea, la chica, había decidido cesar con los insultos pues no estaban dando resultados, por lo que se había mantenido callada, de brazos cruzados y mirando por la ventana totalmente tensa.

-Esto no es un restaurante. –Observó aun sin mirarle y apretando los dientes.

Ranma la miró con una sonrisa burlona. –Muy observadora. –Se desabrochó el cinturón y tras salir del coche, se dirigió a abrirle la puerta a la chica, quien permanecía enfurruñada y sin intenciones de salir.

-Has dicho que íbamos a comer, no voy a bajarme de este horripilante coche en un parking cualquiera. Esto puede considerarse secuestro, además de que no puedes actuar así con una mujer comprometida y...

Antes de que pudiera continuar, ya exasperado y rodando los ojos, Ranma hizo amago de ir a soltar su cinturón para cargarla de nuevo, cuando la chica le plantó una mano en el pecho, deteniéndole.

-¡Eh eh eh! –Le frenó Akane, nerviosa por tenerlo tan cerca y pensar que podría volver a cargarla si se lo proponía.

-He dicho que comerías conmigo. –Afirma el chico sin apartarse de su posición, mirando a los abiertos ojos avellana de la chica, que le devolvían la mirada con nerviosismo y en estado de alerta. –Estamos en el parking de mi edificio, pediré que nos traigan algo y podremos charlar tranquilamente. Ahora, ¿vas a salir y acompañarme por las buenas?

Akane siguió sin decir palabra y cuando Ranma miró a su pecho, donde la mano de la chica aún reposaba intentando que el joven no se acercara, sintió que esta de repente le ardía, por lo que la apartó y el chico volvió a mirarla con una expresión interrogante. -¿Por favor? –Añadió con una sonrisa ladeada.

Akane se quedó un segundo de más algo descolocada por esa sonrisa, cosa que no le pasó desapercibida a Ranma.

-¿Volverás a cargarme contra mi voluntad si me niego? –Le preguntó alzando una ceja la chica, ya recompuesta y con acidez.

-Pruébame. –Ranma le respondió con seriedad. Pero antes de que pudiera actuar, la chica bufó, cogió su bolso y desabrochando su cinturón, comenzó a salir del coche mientras el joven peli negro se echaba hacia atrás, sin perder detalle del movimiento de sus piernas desnudas al posarse sobre el suelo del parking.

En completo silencio, Akane se limitó a seguir a su ex prometido todo el camino hasta su apartamento. De tanto en cuanto, Ranma miraba hacia atrás como para asegurarse de que le seguía y le lanzaba una mirada de suficiencia. El muy creído.

La chica por su parte, hacía un esfuerzo sobrehumano para que no se le notara, pero los nervios eran patentes en ella por dentro. ¿Para qué la tenía que llevar a su apartamento? La chica le miraba llamar al ascensor ante ella. ¿No pensaría intentar algo con ella no? La chica miró al suelo cabreada consigo misma por llegar a sonrojarse levemente ante ese fugaz pensamiento.

''¡Mierda Akane!''

-Las damas primero. –La invitó Ranma a entrar primero al ascensor.

Akane, con la cabeza alta entró y esperó pacientemente a que él hiciera lo mismo. Se percató de que metía una llave de seguridad en una ranura aparte del cuadro de botones y entonces las puertas se cerraron.

Ranma se colocó ante ella, apoyando su espalda contra el espejo tras de él y cruzándose de brazos, mirándola de una manera que la chica no supo descifrar, por lo que miró a todos lados menos a él, mordiéndose el carrillo interno.

El ascensor se paró y cuando las puertas se abrieron, ante ella apareció una enorme y moderna sala de estar. Era toda amplitud y luminosidad al estar en el último piso, entendió ella.

La joven antes de salir del ascensor se giró y le miró con ambas cejas alzadas por la incredulidad. –Si vas a matarme mejor hazlo en el ascensor, no querría manchar tu pisito cuando me cortes a trozos.

Ranma rió aunque sin mucho humor y entró en su casa primero. –La señora de la limpieza suele ser muy eficiente. –Bromeó. –Pasa.

Akane puso cara de asco ante la imagen formada en su cabeza y entró en la estancia. De repente, un aroma la embargó y no podía dejar de respirar intentando descifrar de dónde provenía ese olor que la estaba dejando ko. Cuando sus ojos se posaron sobre Ranma, se maldijo al caer en la cuenta de que era el olor del chico impregnado por todas partes. Una mezcla de jabón y un punto amaderado. ''¿Harían ambientadores?'' Se preguntó, queriendo llevarse veinte a su casa.

Se dio cuenta de que Ranma colgaba el teléfono de repente y se dirigía a donde ella se encontraba, quedándose parado ante ella.

-La pizza llegará en treinta minutos.

-Estupendo. –Se alegró falsamente Akane. –Debes reconocer, -continuó, -que esto es cuanto menos, raro. Me debes una disculpa por cómo me has traído a rastras hacia aquí. –El chico la miraba impasible, como si la cosa no fuera para tanto. –No puedes actuar así, ¿me oyes bien? –Todo eso ya lo había oído en el coche. –Ya no tienes esa confianza conmigo y además tengo novio, no puedes pretender que no te has pasado tres pueblos, Ranma.

Ante la mención del ''idiota'', como Ranma le llamaba, se envaró y en dos pasos se puso ante ella. Cogió a Akane de la muñeca ante su atónita mirada, impidiendo que diera un paso atrás y la dejó a escasos centímetros de su cuerpo, pudiendo la joven percibir su aroma aún más de cerca.

-¿Q...qué haces? –preguntó a trompicones.

-¿Por qué mencionas al tipo ese en mi casa? –Akane frunció el ceño e intentó zafarse de su agarre en vano, sintiendo cómo el chico la apretó más incluso. –No te vas a ir a ningún lado.

-¿Y quién me lo va a impedir? ¿Tú? –le retó con los ojos entrecerrados la chica.

Ranma con los ojos oscuros como los tenía, se acercó más a su cara hasta que su aliento rozó el rostro de la abochornada chica.

-Claramente, sí. No colmes mi paciencia, te he traído para comer juntos tranquilamente y hablar...de nosotros. Ahora que has vuelto no te vas a escapar como la última vez, así que ponte cómoda y no vuelvas a mencionar al idiota con el que te has entretenido mientras yo no estaba, porque eso se acabó.

Akane tragó duro, tenía muchas cosas que decir y comentarios mordaces que soltarle, pero su mirada fiera y su cercanía la tenían atontada. Las palabras se amontonaban en su garganta y no querían salir, no podían salir.

-Lo primero es lo primero...ves haciéndote a la idea de que tras la conversación que tendremos hoy, volverás a convertirte en mi prometida y esta vez, hasta el sí quiero.

La cabeza de Akane daba vueltas para cuando acabó la frase, pero no le dio tiempo a pensar mucho más en la sarta de idioteces que su ex prometido acababa de decir, pues el chico sin más dilación se abalanzó contra ella, atacando sus labios con los suyos sin darle tiempo a reaccionar.