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Tras los acontecimientos de ese día, Ranma miraba de madrugada a través del enorme ventanal de su apartamento con las manos cruzadas a su espalda y la frente apoyada contra el frío cristal.
Sin duda no esperaba que la llegada de la chica fuera a trastocarle de tal manera, sacando lo peor de él.
Jamás había mostrado tal grado de posesividad, con nada ni nadie. Realmente había tenido la intención de hacerle pagar a la chica por todo el dolor que le había causado al marcharse con toda su indiferencia hacia él.
Pero resultaba que al imaginarse a Akane, la chica a la que conoció con dieciséis años y por la que tanto había sentido, casándose con otro, pasando su vida y teniendo una familia...no, simplemente no lo soportaba. Le pateaba las entrañas solo pensarlo.
Golpeó su frente contra el cristal, intentando arrancar esos pensamientos de su cabeza y maldiciéndose por haberse portado como un auténtico hombre de las cavernas con ella, pero es que tenerla delante le crispaba los nervios, le ponía alerta a la mínima y le hacía aflorar sus instintos más primarios, todo a partes iguales.
-Genial Ranma, simplemente genial. –Se dijo a sí mismo.
Caminó en silencio de nuevo a su habitación y al tumbarse pesadamente, dejando reposar una mano sobre su torso desnudo, de repente recordó algo y miró hacia su mesilla de noche.
Estirando el brazo, abrió el cajón y de este sacó la pequeña cajita que contenía el colgante que pensaba entregarle a Akane cuando se declarara. Le dio un par de vueltas entre sus dedos a la caja antes de fruncir el ceño y volverla a dejar en su sitio.
Su cabeza iba a explotar, no soportaba la situación.
Con cara de fastidio, miró el reloj que había a su lado y comprobó que eran más de las cinco de la mañana. ''No tardará en amanecer'', pensó mientras se daba toquecitos inquietos en el pecho con sus dedos. Tras unos segundos meditando, cerró los ojos con fuerza y exclamó: -¡Mierda!
Tenía que hablar con ella. Esa tarde la chica no se había mostrado cooperativa tras el arranque de besarla y le había pagado con el silencio y la indiferencia de nuevo. ¡Cuánto le molestaba que pasara de él!
Para rematar, habían acabado discutiendo de nuevo y el chico, harto, decidió darle la dichosa llave para que se fuera.
Decidido, se dio una ducha para despejarse y tras secarse, se echó encima una camiseta azul y se puso unos vaqueros desgastados. No se molestó en secar su pelo y salió disparado de su apartamento para buscar a Akane de nuevo, haciendo una breve parada por el camino.
Todos los sentimientos de rabia y venganza habían quedado relegados a un segundo plano al ser realmente consciente de la situación de su prometida con el americano.
Necesitaba aclararlo todo, necesitaba desesperado una explicación y que las cosas volvieran a cómo deberían haber sido tal y como le había hecho saber a la chica.
Desesperado como estaba, conducía el coche deportivo hasta el Dojo Tendo, pensando de pasada en el beso que habían compartido. Él había sentido las ganas de la chica por corresponderle y cómo obcecadamente había luchado contra ello, así que no lo tenía todo en contra...excepto el tema del idiota.
Sumido en sus pensamientos y con la velocidad a la que iba, le pareció llegar a su destino en apenas unos minutos, para su alivio. Al llegar, dejó el coche fuera de la estancia pues no quería despertar a Soun. Para evitar el ruido, optó por no trepar el portón de hierro, así que cogiendo impulso y con lo que había adquirido en su breve parada en una mano, saltó sobre el muro de piedra que daba al jardín interior, con la mala suerte de caer sobre unos matorrales.
-¡Joder! –exclamó con voz contenida, comprobando que su compra estaba intacta.
Se puso de pie de un salto y se sacudió la ropa. ''Eres patético'', se dijo. Moviendo su cabeza de un lado a otro, destensando su cuello, se encaminó silenciosamente al lateral de la casa, bajo la ventana de la chica y buscó algunas piedrecitas livianas que tras respirar hondo, comenzó a lanzar contra el cristal.
El impaciente chico bufó nervioso cuando se acabaron las piedrecitas y la joven aún no salía.
''Mira que se le ha vuelto el sueño pesado a la muy bestia...''
Cuando resignado iba a comenzar a recolectar piedrecitas de nuevo, la ventana se abrió lentamente y el chico, al alzar la vista contuvo el aliento, pues nunca había contemplado algo tan hermoso.
Se incorporó poco a poco, observando a la chica con cara adormilada que asomaba, con su larga melena azulada cayendo a su alrededor desordenada y su dulce rostro, que mostraba confusión mientras se restregaba los ojos intentando espabilar. La ligera camiseta de tirantes que hacía las veces de pijama, dejaba más bien poco a la desbordante imaginación del chico, y ahí fue cuando pensó que jamás en su vida había visto algo tan sexy.
-¿Ranma? – Su suave y confundida voz sacó al chico de su ensoñación y la vio fruncir el ceño, en un gesto que se le antojó más bien cómico. -¿Qué haces aquí...y lleno de hojas a estas horas?
Rápidamente, Ranma se sacudió el cabello, dejándolo alborotado, así como la ropa y volviendo a enderezarse sonrió a la adormilada chica y extendiendo los brazos, exclamó pero sin gritar: -¡Buenos días princesa!
Hizo uso de la mítica frase de la película La vida es bella.
Akane entornó los ojos y con sarcasmo puntualizó: -Ni son buenos, ni apenas son días...En serio, no son horas y no estoy de humor para aguantarte así que...-la chica comenzó a cerrar la ventana pero el peli negro volvió a hablar, apurado.
-¡No, no, espera mujer! –Ante la mirada de Akane, tuvo que contenerse para no exigirle que bajara a hablar con él. Apretando los labios pensó que no debía comenzar así de nuevo. –Tenemos que hablar...por favor.
Ante el sonido leve del murmullo que provocaba el agua del estanque, ella le miró, parecía meditarlo cuando dijo sonriendo: -No. Lárgate y déjame dormir.
Ranma por su parte, estaba perdiendo la paciencia que con tanto esfuerzo estaba mostrando. Él no era un hombre paciente.
-He venido de buenas, -añadió, -por favor, baja para que podamos hablar o subiré yo. –No pudo evitar añadir con un toque de crispamiento.
Akane le retó con la mirada. ''¿En serio? ¿Joder, tiene que ser ahora? Maldito sea, a estas horas. Se piensa que el mundo gira a su puñetero alrededor.''
Dando un paso decidido, Ranma añadió: -Sabes que lo haré.
Ella le creyó, así que bufando con fastidio decidió que lo mejor sería bajar y despacharle en terreno neutral, pues en su habitación no se fiaba de él por muy temprano que fuera.
¡Hola! Bueno este capítulo es relativamente más cortito, ¡lo siento!
Gracias por los comentarios de apoyo y por hacerme saber que os gusta lo que leéis
Que tengáis un genial fin de semana :D
