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Akane avanzaba directa al reservado donde su familia estaba junto con Harvey, dispuesta a anunciar que aceptaría la propuesta de este. Cuando llegó a la puerta y rodeó el pomo con la mano, se detuvo.
Respiraba agitadamente. Se llevó una mano al corazón intentando que no se le saliera, ya que es lo que parecía.
''¿Era correcto?'' ''Aceptaría a Harvey, sí... ¿pero por amor?'' ''El amor puede llegar después, ¿no?'' ''Tú no quieres eso, ni para ti ni para él''
-Akane...-escuchó su voz casi ahogada a su espalda, pero no se giró. –Te aseguro que si haces lo que tienes pensado...sin escucharme primero, te arrepentirás toda tu vida.
La chica se giró entonces. Vio al chico respirando igual de agitado y con el pelo gloriosamente desordenado.
-¿Es que no te cansas? ¿Por qué no puedes dejarme ir y ya está? Sólo tienes que dejarme estar cuatro días más...cuatro Ranma...entonces me iré y te juro que no volveré a cruzarme en tu camino y...
-¿¡QUIERES CALLARTE!? –El chico, sin poder soportar más los nervios que le consumían pegó un puñetazo a la pared que tenía al lado, haciendo que los camareros que iban y venían se quedaran quietos, que los comensales pararan de comer y que la puerta del reservado se abriera a espaldas de Akane. -¿Es que no puedes dejarme hablar sin que tengas la jodida necesidad de huir? ¿Así es como arreglas las cosas?
Akane, totalmente tensa cerró el pico y miró a otro lado.
-No, no, no y no, nena. –Ranma se acercó a ella y la cogió por los hombros. –Te juro que me vas a escuchar porque como tú dices, esto se acaba esta noche.
El chico, agarrándola por los hombros aunque sin ejercer mucha fuerza para no dañarla, la puso de espaldas contra la pared. –Mírame. Mírame Akane, esto que vas a escuchar lo vas a hacer mirándome, porque quiero ver la cara que se te queda cuando sepas que todo esto, toda esta situación de mierda...la causaste tú por sacar tus propias conclusiones como siempre.
La chica resignadamente, levantó la barbilla y le miró intentando no llorar. Que dijera lo que tuviera que decir y ya está, pasaría página. Al fin y al cabo era eso lo que deseaba, ¿no?
El chico, mirándola intensamente a los ojos y respirando con dificultad la acusó con un dedo: -Eres estúpida Akane.
-¡Si vas a insultarme mejor que te lo ahorres porque no me da la gana de que...
-¿Sabes por qué lo eres? –la cortó el chico. Ella por su lado sorbió su roja nariz pero no contestó. –Porque me tiré enamorado de ti desde los dieciséis años, demostrándote con acciones lo que mis palabras no conseguían, salvándote, partiéndole la cara al que se rondara incluso en la universidad, quedándome mirándote sonreír como un bobo cada dos por tres...estoy seguro de que eras consciente de todo eso.
Akane seguía impasible por fuera, mirándole fijamente y con el corazón en un puño por dentro.
-Y después de todo eso, -Ranma acercó su rostro al suyo para hablar en voz no tan alta, -me escuchas hablar cuatro palabras de mierda fuera de contexto con Ukyo...y das por sentado que le estaba declarando amor eterno a tus espaldas.
Un grito ahogado provino de dentro del reservado, de parte de Nodoka que se cubría la boca con una mano, sorprendida por las declaraciones de su hijo. Soun fruncía el ceño mirando a Ranma y Harvey, de pie y mirando la escena sin entender nada, no paraba de taladrar a Ranma con la mirada y sin comprender por qué las hermanas de su novia le retenían.
No sólo sabían que Ranma no dañaría jamás a su hermana, sino que si se lo propusiera le rompería a él todos los huesos que tuviera en el cuerpo.
-¿Es, o no es así Akane?
Retirando otra lágrima con rabia de su mejilla, respondió: -Es lo que pasó.
Ranma sonrió sin pizca de humor y tras un par de segundos, metió la mano en el bolsillo de su pantalón, sacando de este una pequeña cajita que puso delante de la cara de Akane.
-Pues lo entendiste todo mal, cielo. –Akane miraba la cajita sin entender nada, aún contra la pared y notando como si fuera fuego el agarre de una de las fuertes manos del luchador sobre su hombro descubierto. –Esa tarde fui a verla a ella primero...porque necesitaba prepararme mentalmente. Lo que me oíste decirle, era el discurso que tenía preparado para declararme a ti esa misma tarde, cuando te cité. Y esto...-cogió una de las manos de Akane y la subió hasta colocarla entre ambos, le abrió la palma y le colocó la cajita sobre su palma abierta –era un regalo que pensaba darte como muestra de mi amor y mi compromiso hacia ti...pero cuando nos vimos, en fin...ya lo sabes, ¿no?
Entonces, ante la helada mirada de la chica hacia la cajita, él se apartó y se echó atrás. –Porque en fin, ¿por qué iba a merecer que me dijeras algo? ¿O que me dejaras hablarte? ¡¿O que me dieras el jodido beneficio de la duda?!
Akane estaba muda, de nuevo notaba la sensación nauseabunda en su garganta, pero ahora era por otra razón.
''Dios mío...yo...tengo la culpa. Dios mío esto no puede ser cierto''
Cuando miró a un lado, vio a su familia mirando la escena atónitos. Cuando giró su cara a Ranma de nuevo, ahora sólo vio desdén. El chico rio sin ganas y miró a Harvey.
-¡Eh tío, enhorabuena por llevártela y...suerte! –Dicho esto miró una vez más a Akane y girándose para darse la vuelta e irse, murmuró: -La vas a necesitar.
Akane, se llevó una mano a la frente y se quedó mirando por donde Ranma se había ido. Cuando su hermana Nabiki corrió a su lado y le puso un brazo alrededor, la peli azul fue consciente de que aún sujetaba la cajita en sus manos.
Temblorosa, la abrió y vio un pequeño colgante con un dije en forma de estrella. De la cajita cayó un pequeño papelito arrugado y Kasumi que también había llegado a su lado, se agachó a cogerlo. Al abrirlo leyó para su hermana: -''Ojalá todo hubiera sido diferente''.
Akane, que parecía ida miró la nota para descubrir, que era su propia letra. De hecho, era la nota que ella había dejado sobre la foto de ellos dos el día en que se marchó a Nueva York.
¿Qué había hecho?
