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Esa noche, tras reservar un billete de vuelta, finalmente ninguno pudo dormir y se quedaron hablando de todo y de nada a la vez hasta que al amanecer, cuando Soun hubo despertado, el americano se despidió de él alegando que le había alegrado mucho conocerle pero que debía volver a Nueva York por el trabajo.
El padre de la joven le aseguró que era bienvenido en su casa y tras mirar a su hija con comprensión, les dejó marchar.
Tras recoger sus cosas de la casa de Nabiki, Akane le acompañó al aeropuerto. Ya en la entrada del bullicioso espacio, Akane sujetó la muñeca de Harvey y le hizo girarse.
-Quiero que sepas, que me ha encantado que hayas decidido venir y mi familia te haya conocido. –Él sonrió con ternura y acunó su rostro con una mano. –Te prometo que volveré en unos días. No olvides que te quiero mucho, por favor.
A él, esas palabras le sabían amargas, pues bien era cierto que la joven le quería, pero él sabía que no era como una mujer ama a un hombre. Tragándose el nudo que se le formó en la garganta y con gran dificultad, apartó la mano del rostro de la chica.
-No lo haré. –No quería decir nada que sonara a despedida o que implicara que él sabía la decisión que acabaría tomando, por lo que se limitó a afirmar: -Te veo en casa, preciosa.
Le besó la frente una vez más y se alejó, volteándose para mirarla con una sonrisa algo triste y siguiendo su camino dentro de la terminal.
Akane se quedó mirando por donde se iba su novio, pensando que no tenía ni idea de qué paso era el siguiente que debía dar. ¿Acaso seguía siendo su novio? Era cierto que necesitaba tiempo para pensar.
De vuelta en el taxi llegó a la conclusión de que lo primero que debía hacer era poner en orden las cosas para saber qué debía hacer. El único problema era que su mente era un sinfín de pensamientos que no sabía o no podía poner en orden en ese momento, pues en lo único en lo que pensaba era en la confesión que le había hecho Ranma.
Él quería estar con ella, esa fue su intención y de hecho no se lo ha dejado más claro desde que había vuelto aunque se lo hubiera escrito en la frente.
En estos tres años de esfuerzo, había conseguido dejarlo parcialmente a un lado, pero siempre que se colaba en su mente, su corazón empezaba a latir rápido. Akane se llevó una mano al pecho, pues para corroborar esa afirmación, notaba su corazón latir desbocado en ese momento a través de la fina tela de su vestido rosa de algodón.
''¿Debo hablar con él?''
Tragó nerviosa ante esa perspectiva y se apartó la melena del hombro.
''Quizás no quiera hablar conmigo''
Esa idea catapultó su ánimo a una cueva oscura y profunda.
Como si la casualidad estuviera jugando con ella, alzó la mirada a través de la ventana y al acercarse de golpe, su frente pegó contra el cristal.
-¡Au! –se frotó la zona del golpe.
-¿Se encuentra bien señorita? –preguntó el taxista mirando preocupado por el retrovisor.
-Eh, sí sí, por favor pare por aquí mismo.
-Claro.
Tras parar por un momento a unos metros y pagar por el trayecto, Akane salió del coche justo delante del edificio de Ranma.
Miró hacia arriba y se acomodó el pelo tras la oreja, movido por la suave brisa que corría en la calle y avanzó con paso indeciso hasta pararse en el portal.
''Mierda, mierda, mierda. Sigues siendo impulsiva. ¿Qué haces aquí?''
''Media vuelta''
''¿Qué le vas a decir? –Hola, siento presentarme aquí pero el impulso de verte y hablar contigo casi hace que me abra la frente contra un cristal...por cierto, siento lo de hace tres años.''
''Patética''
Un ligero carraspeo interrumpió sus pensamientos, haciendo que se girara a un lado para descubrir a un señor de mediana edad, vestido de forma impoluta con una chaqueta de dos hileras de botones que le atravesaban el torso de arriba abajo y que la miraba con curiosidad.
-¿Va a algún sitio señorita?
La peli azul parpadeó un par de veces y recomponiéndose, sacudió la cabeza y le contestó: -Eh, sí, lo siento. Iba a subir al ático.
-¿Es una invitada del señor Saotome?
La chica no supo qué responder, así que fue sincera ya que estaba claro que el señor era el portero del edificio.
-Eh, sí...bueno, no...es decir, no me espera. Pasaba por aquí y he pensado en pasar a saludar un momento.
-En ese caso debo anunciar su llegada a través del comunicador para obtener el permiso del señor Saotome, señorita.
''Bueno, está claro que me va a mandar a paseo. Bravo Akane''
''Lárgate antes de que quedes fatal''
-Claro. –Accedió.
''Lo dicho, eres patética''
-¿Me dice su nombre?
-Akane.
-¿Akane...?
-Tendo, -le concedió la chica su apellido algo exasperada por aquella situación, aunque entendía que él sólo hacía su trabajo. –Sabe quién soy.
El hombre, cogiendo un moderno teléfono, marcó unas teclas y esperó con el aparato en el oído unos segundos hasta que habló.
-Buenos días señor Saotome. Hay aquí una se...-El señor miró a Akane, la cual se mordía el labio nerviosa. –Entiendo, pero dice que usted la...sí, ahá. Por supuesto, lamento la molestia.
-Lo lamento, no desea recibir visitas y no puede usted pasar sin el consentimiento del propietario. –Sentenció el hombre.
Ella, sorprendida volvió a insistir. –Por favor, tengo que subir a su casa. Deje que hable yo con él, créame es importante.
El hombre negó con la cabeza. –Como ya le he dicho, lo lamento, pero no desea recibir visitas y no puede usted usar el comunicador.
-Pero si está usted aquí mismo, ¿qué se cree que quiero? Por favor, inténtelo de nuevo. –Le pidió endureciendo la mirada esta vez.
El hombre la miró, entrecerrando los ojos y respondió. –No.
Akane alzó desesperada las manos al cielo y las cejó caer a sus costados de nuevo.
-Oiga, estoy teniendo unos días muy difíciles, y la culpa mayoritariamente la tiene en parte ESE que vive en el ático y al cual necesito ver porque de lo contrario, me volveré loca. ¿Eso es lo que quiere? –El hombre la miraba con cara de circunstancia mientras ella caminaba de un lado a otro en el vestíbulo, sin saber seguro de si hablaba con él o con ella misma. –Así que aquí estoy, dispuesta a hablar aunque esté cagada de miedo y necesito subir y ver a Ranma o ¡juro por todos los santos que me voy a dar golpes contra la pared más cercana hasta que pierda la memoria y ya no pueda recordar ni mi nombre!
Parecía una leona enjaulada y rabiosa cuando al acabar su monólogo, se plantó ante el cohibido hombre y le miró intensamente, justo cuando las puertas del ascensor del fondo se abrieron y una pareja salía de él, cargando bastantes maletas, por lo que el hombre se envaró y se dispuso a correr a ayudar a la pareja, dejando a Akane ante la recepción, cuando captó lo que se hallaba en la pared frente a ella.
Toda una estantería de la que colgaban las llaves de acceso. Le tomó una décima de segundo pensar lo que iba a hacer, y soltó un improperio nada decoroso por lo bajo cuando se decidió.
Localizó la llave del ático en un segundo y con toda su gracilidad la cogió rápidamente. Aprovechó el momento en el que la pareja, agradecida por la ayuda del hombre pasaban ante ella en dirección a la salida junto con el mismo, para correr sin hacer mucho ruido hasta el ascensor. Justo cuando introducía la llave en la ranura pertinente y las puertas se cerraban, no escuchó al hombrecillo gritar desde la entrada.
-¡Pero bueno, eh! ¡Le he dicho que no puede...
La voz se perdió al cerrarse las puertas.
Akane soltó entonces todo el aire que estaba conteniendo y se dio cuenta de que tenía el cuerpo en plena tensión. Por lo que se sacudió un poco e intentó mentalizarse.
-Vamos Akane...joder vamos. Es sólo Ranma...si no funciona, tú lo habrás intentado. Vamos.
Dio pequeños saltitos intentando destensarse, como si se preparara para una pelea, justo cuando el ascensor paró y las puertas comenzaron a abrirse.
Salió muy lentamente del ascensor, reconociendo la estancia de Ranma de la última vez que estuvo, bueno, que la secuestró y la trajo.
No dio ni dos pasos cuando escuchó la voz de Ranma proveniente del interior del apartamento y se envaró cuando la voz se acercaba cada vez más. Nerviosa, se puso el cabello que caía a los lados de su cara tras las orejas e hizo acopio de todas sus fuerzas para no desmoronarse.
-¡Pues me da igual lo que le haya dicho! ¡Cómo cojones ha podido pasar esto Hiroshi! –su voz sonaba totalmente ruda y cabreada, profunda y atemorizante mientras le echaba en cara al pobre hombre lo sucedido. -¡Me la suda que se estuviera volviendo loca!
De repente entró a la sala principal y a Akane se le fue el aire de los pulmones al mirarle.
-¡Y si es una maldita fanát...-las palabras se le quedaron al chico peli negro en la boca, cuando vio en medio de su sala a la fuente de sus delirios y de sus años de desvelo.
Akane. Akane era la loca que se había colado y había robado la llave de repuesto al pobre Hiroshi.
Vestida con un corto y liviano vestido rosa pálido y unas simples sandalias marrones, con su pelo largo y su cara de ángel, era la viva imagen precisamente...un maldito ángel. La chica le miró levemente a los ojos y se encogió de hombros, disculpándose y mirando seguido al suelo, avergonzada.
Ranma tragó con fuerza y tosió levemente para recuperar la voz. –Hiroshi, disculpa. Ya está aquí y no habrías tenido cómo defenderte sus impulsos brutos. Perdóname...no, tranquilo no pasa nada. Luego te veo.
Cuando colgó el moderno comunicador, lo tiró sobre el sofá a su lado y se rascó la frente para después mirarla duramente.
-¿Qué demonios haces? ¿A qué has venido?
La chica, volvió a mirarle pero apartó la mirada rápidamente a un lado y mordiéndose el carrillo interno contestó:
-Necesito que hablemos.
