Capítulo uno.
Narra Amelia
-Estoy estresada-me dice April mientras se arroja en mi cama. -Amy, lo extraño.
April Kepner es mi mejor amiga desde que tengo memoria, toda nuestra vida la pasamos juntas y a medida que pasa el tiempo nos volvemos más inseparables.
- ¿Extrañas a Alex?-pregunto divertida. Aunque sé cuál será su respuesta.
Se quita sus lentes de sol para observarme indignada.
-Creí que había sido clara cuando te pedí que no lo mencionaras-dice con una ceja arqueada y su mirada más amenazante que nunca.
Solo me río y la miro indicando que puede hablar, sé que vino a mi casa un domingo a las ocho de la mañana porque quiere hablar sobre algo.
-Quiero helado-dice y observa el helado en mis manos. - ¿chocolate?
Asiendo y le extiendo el pote.
-Fue una pésima noche-comienza a decir. -Jackson y yo tuvimos una cita, todo fue bien, pero por una urgencia en el hospital tuvo que irse antes de terminar.
-Y fue una mala noche para mí porque recordé que la última cita que tuve con Alex fue en ese mismo lugar, en la misma mesa donde cené junto a Jackson y él estaba justo en su lugar. Recordé lo feliz y al mismo tiempo devastada que me sentí esa vez, porque era una cita con Alex y eso me aliviaba-respira y sus ojos se llenan de lágrimas. -De verdad pensé que todo entre nosotros estaba mejorando, que ya nada nos iba a separar.
Aparto las sábanas que me cubren y tomo asiento junto a ella para abrazarla mientras la escucho hablar. Su voz se quebró y esa fue mi señal para apoyarla.
-Pero al mismo tiempo sabía que entre nosotros ya nada sería igual, no podía pretender que todo se arregle con una cita y una linda noche. Él ya me había olvidado y me había hecho muy mal, pero eso no era lo peor-limpió las lágrimas que recorrían sus mejillas sin parar y me observó a punto de romperse. -Lo peor era que a pesar de todo yo volvía una y otra vez. Me siento una tonta.
La abracé durante algunos minutos, hasta que se tranquilizó.
-Te permito sentirte una tonta porque todo es muy reciente-le digo y me sonríe, una sonrisa forzada. -Pero no voy a permitir que mientras él está disfrutando de su vida estés acá llorando, destrozada y completamente rota. April, el mundo no se terminó, la vida sigue. Con o sin Alex Karev.
Me pongo de pie y estiro mi brazo, entiende mi referencia al instante y toma mi mano.
-Nos vamos-le digo. -Ahora.
-¿Adónde nos vamos?-me pregunta.
-Ya veremos-respondo y comienzo a cambiarme para salir.
Aún estoy con mi pijama y eso es completamente normal ya que es temprano y como para agregarle algo más es domingo.
Caminamos por el parque, en silencio, simplemente contemplando el paisaje y pensando. Despejando la mente de cualquier pensamiento negativo.
Mañana es lunes, mañana comienza mi primer día como cirujana.
Mi mejor amiga y yo nos graduamos hace poco tiempo y mañana por fin cumpliremos el sueño más grande, extraño y hermoso de nuestras vidas:salvaremos vidas.
O al menos lo vamos a intentar.
Mi nombre es Amelia Shepherd, tengo veinticinco años y estoy a punto de convertirme en alguien que siempre quise ser. Estoy a punto de dar ese paso que durante años me costó horas de sueño, horas de diversión, horas probablemente libres y junto a April, pero todas esas horas valieron la pena porque al fin puedo decir lo que siempre quise decir: soy cirujana.
-¿Estás mejor?-me pregunta y la miro confundida. -Sé que hace tiempo pasó lo de Owen pero siempre es bueno preguntar.
Owen Hunt es mi ex novio. Tuvimos una relación de seis años que acabó bien, o al menos eso intentamos.
Él notó que no me quería como algo más que una amiga y que seguir con nuestra relación acabaría siendo una pesadilla para los dos.
-Ya pasó casi un año-comienzo a decir. -Ya no lo extraño, ya no pienso en él, aunque sigue siendo extraño verlo en las reuniones con nuestros amigos. Pero es una herida que ya sané, no puedo vivir mal por él.
-Estoy orgullosa de ti-dice y me regala una sonrisa dulce y espontánea.
-También estoy orgullosa de mí-digo con sinceridad. Si hay algo que siempre existió entre nosotras y persiste a través de los años es la sinceridad.
Porque esa es la clave para una maravillosa amistad: sinceridad.
Toma mi mano y continuamos caminando, en silencio, el silencio más cómodo de todos los silencios.
Y sonrío, porque no le tengo miedo a mi primer día, porque si mi mejor amiga está conmigo nada puede salir mal.
Narra Jackson
Abro mis ojos con dificultad y respiro profundamente temiendo por la luz del sol que puede llegar a atacarme.
Es lunes, el día más detestable de la semana y al mismo tiempo el más estupendo.
Sí, contradictorio.
Me levanto y tomo algunas prendas para poder sacarme mi pijama y bajar a desayunar junto a mi madre y su esposo.
Luego de cambiarme y prepararme para comenzar el día bajo y en el comedor de la casa los veo a ambos, sentados en la mesa y concentrados en una charla que probablemente trate del hospital, la fundación mi madre y sus vidas. Como todas las mañanas.
-Buenos días-digo y tomo asiento. Ambos me sonríen y mamá toma una de mis manos.
-Jackson, cariño, hoy podrás conocer a los nuevos internos-me dice y acaricia mi mejilla.
-Estoy emocionado por descubrir cuál será su primer error-confieso mientras Susie deja el desayuno sobre la mesa.
Susie es una de nuestras empleadas; trabaja aquí desde que tengo memoria y es muy amorosa.
-Gracias Susie-dice Richard mientras bebe un sorbo de su té y le sonríe.
Cuando la amable señora se retira el silencio vuelve a invadir el comedor de la casa. Casi como todas las mañanas, si mi madre no habla conmigo o con Richard la casa es puro silencio.
Y así es como pasa el desayuno, en silencio, como casi todos los días. Sucede que mamá se cansó de ser la única interesada en hablar, su esposo no quiere entablar un diálogo conmigo y yo tampoco con él.
Dos horas después.
-Tengo dos cosas que decirles-informó mamá, nuestra jefa, mientras se adentraba a la sala de residentes. -Estas listas les informan acerca de sus internos. Sean pacientes, es su primer día, pero no demasiado pacientes, que no se acostumbren.
Se retira de nuestro sector y automáticamente los murmullos comienzan a invadirnos.
-¿Quién será la interna que se acueste con un titular esta vez?-preguntó Cristina Yang y todos reímos.
-Esa es tu historia-bromeé.
-Y la de Meredith-agregó y toda la sala estalló en risa.
-Ya basta de historias, hora de trabajar-se limitó a responder Meredith molesta y eso nos dio pie a salir de allí.
Camino por los pasillos del hospital rápidamente, a paso apresurado, sostengo en mis manos la lista que me da a conocer el nombre de mis internos asignados y frunzo el ceño confundido. Conozco a una de ellos.
-¿April Kepner?-leo en voz alta, era una pregunta que quería hacerme a mí. Pero al parecer todos me escucharon.
Levanté mi mirada y allí estaba, tan preciosa como anoche.
Decidí romper el contacto visual porque de lo contrario sería una guerra de miradas innecesaria y continué nombrando al resto de mis internos, sintiéndome incómodo por tener que compartir mis días a partir de ahora con April Kepner.
La chica que conocí gracias a Internet.
