-31-

Ranma la miraba intensamente. Hablar, quería hablar. ¿Y pisotearle un poquito más?

Cierto era que no se había portado como el mejor caballero del mundo, y que prácticamente la había estado presionando para que volviera con él porque era su deber pero en el fondo, él deseaba estar con ella por amor, ¿acaso no lo veía?

Al ser consciente de que la chica asumió lo peor de él hace tres años, el único pensamiento que le cruzaba por la mente es que su propia prometida no le apreciaba ni siquiera lo suficiente como para hablar con él de lo sucedido. Había tenido que reunir el valor que no tenía durante meses, para poder tener la fuerza y vencer su vergüenza para declararle sus sentimientos.

La decisión que la chica tomó le dejó el ánimo por los suelos, cerrándose a tener ninguna otra relación y volviéndose duro y poco cariñoso en los encuentros esporádicos que había tenido con mujeres a lo largo de ese tiempo...que no habían sido pocos.

-¿Vienes a regodearte en lo feliz que eres con tu nuevo prometido? –Le increpó cruzando sus potentes brazos sobre el pecho y acusándola con la mirada. –Si es así, por favor, ahórrame las ganas de vomitar y lárgate.

La chica, se sonrojó levemente y apartó la mirada optando por no contestar de momento, pues frente a ella Ranma se encontraba sólo con un pantalón de algodón gris que colgaba de sus estrechas caderas. Era obvio que en estos tres años como luchador se había desarrollado bastante físicamente. Si antes era fornido, ahora su porte grande y cincelado, la hacían sentir menos que nada en su presencia.

-Te prometo que no pretendo que nos peleemos, he pasado una noche horrible, bueno...unos días de mierda y después de lo de anoche necesitaba hablar contigo y aclarar que... ¿te importaría ponerte una camiseta encima, por favor? –le rogó la chica pues no se sentía capaz de posar su mirada en él más de dos segundos sin sentirse cohibida.

El chico alzó una ceja en su dirección y sacó aún más pecho. -¿No eres médico? Deberías estar acostumbrada a ver tíos desnudos. Oh, espera...-dijo chascando los dedos, como si se acabara de acordar de algo, -que no sólo estás acostumbrada por ser médico, ¿no?

Ante esa insinuación, Akane giró la cabeza con violencia y le miró con ojos envenenados. ¿Qué se creía?

-Oh disculpa, ¿es que acaso tú no has hecho lo que te ha dado la gana? ¿Te has reservado para alguien especial? –le inquirió la chica sin poder morderse la lengua. Lo último que quería era discutir, pero de verdad que el chico parecía tocar cada botón que sabía la encendería como un mechero.

El chico rió sin humor y miró al suelo. –Podría haberlo hecho.

Cuando la miró de nuevo, a Akane se le cayeron los hombros y su ceño fruncido hasta ese momento se disipó. Las ganas de llorar la embargaron de nuevo, pero apretó los labios a pesar de que de repente, el corazón le dolía.

-Te juro que no he venido a discutir, necesito que escuches lo que sentí en aquel momento y por qué actué así.

-¿Ahora sí te apetece hablar? Llevo días queriendo hablar contigo. Joder Akane, ¡eres una puñetera veleta, cambias cada vez que sopla el viento!

La peli azul se envaró de nuevo, notando que le costaba tomar aire. -¿Hablar conmigo? ¡Llevas días siendo un bruto! ¡Me hablas mal, me ''invitas a tu casa'', -hizo uso de las comillas en el aire con sus dedos, -y me exiges que debo volver contigo de la forma más troglodita posible!

Ranma entonces explotó y exclamó, a la vez que pegaba con el costado de su puño cerrado en la columna de cemento que tenía al lado. -¡Pues sí, es verdad, pero si en tan baja consideración me sigues teniendo, para qué coño vienes aquí!

Akane se encogió y pegó un pequeño bote en su mismo sitio.

Cuando intentó hablar, la voz no salía de su garganta y entonces pasó.

El peso que oprimía su pecho se hizo más potente y se le hizo difícil respirar, tenía sudor frío en la frente y las piernas débiles. Notaba el palpitar de su corazón en las sienes y posando una mano contra su pecho, apoyó la otra en la pared a su lado y miró al suelo intentando respirar hondo. No podía.

Ranma se puso en guardia al verla tambalearse y sin dudar, en dos zancadas se puso ante ella, sujetándola por los brazos.

-¡Akane! ¡Akane qué pasa!

La chica estaba mareada y tenía escalofríos. Intentaba respirar por la boca pero le era difícil.

-Tengo...tengo...-cerraba los ojos e intentaba abanicarse la cara con una mano.

Ranma no se lo pensó cuando la levantó del suelo, cargándola al estilo novia y la llevó de inmediato a la terraza para que tomara el aire.

Al salir, la posó con suavidad sobre un amplio asiento con cojines, en una zona donde corría el aire y sentándose junto ella, le recogió el pelo con las manos para liberar su nuca y que el aire fresco la refrescara.

-Lo siento, lo siento, lo siento...-se lamentaba Ranma, -respira, por favor respira con tranquilidad. Vamos Akane.

Ella seguía con ese peso en el pecho pero agradeció internamente que le sujetara la melena por sobre la nuca. El aire la estaba calmando poco a poco.

Ranma la instó a mirarle y a que imitara su lenta y pausada respiración.

-Eso es, así, respira despacio. –Inspiraba y expiraba a la vez que Akane lo hacía, notando que se iba tranquilizando poco a poco. –Muy bien nena, sigue así. –Mirándola con preocupación, se acercó un poco. –Voy a ir a buscarte agua a la nevera, ¿vale? Sólo será un momento, por dios no te levantes.

Akane asintió y dándole una última mirada dubitativa con la cara algo pálida por el susto, el chico corrió veloz al interior del apartamento mientras la chica regulaba su respiración y sacaba una goma de pelo de su bolso, que aún llevaba cruzado sobre el torso, y se sujetó el cabello en un irregular moño sobre la cabeza.

Ranma volvió en unos segundos con un vaso de agua con hielo y se sentó junto a ella de nuevo.

-Vamos, bebe un poco. –Le ofreció el vaso acercándoselo a los labios.

Akane lo aceptó y lo sujetó, pero Ranma no lo soltó y la ayudó a beber el fresco líquido que a medida que caía por su garganta, libraba un poco más la presión que la chica notaba en el pecho.

Cuando hubo bebido algo menos de la mitad del contenido, Ranma lo dejó en el suelo a su lado y comenzó a pasar su mano por la espalda de la chica, de arriba abajo, intentando reconfortarla.

Se había dado el susto de su vida al verla ponerse pálida y sin respiración. Por un momento pensaba que se iba a desmayar y aunque intentaba mostrarse tranquilo y con la sangre fría para que ella no se pusiera más nerviosa, por dentro estaba temblando como un flan.

Cuando parecía que ya se hubo recuperado algo más, Ranma le preguntó, sin dejar de tocar su espalda confortablemente: -¿Estás mejor?

Ella tomó aire y asintió.

-Sí...lo siento. No lo puedo controlar.

Él frunció el ceño sin comprender.

-¿Controlar qué? Joder, ¿qué te acaba de pasar? Casi me da un maldito paro cardíaco Akane. –Dijo angustiado y pasándose una mano por su ya revuelto pelo azabache y dejándola reposar levemente sobre su pecho aún descubierto.

Akane no pudo evitar sentir un ligero vuelco al verle así de preocupado. Puede que fuera un hombre de las cavernas por fuera, pero continuaba teniendo ese corazón que ella conocía, aunque se esforzara por ocultarlo.

-Ya está, tranquilo. –Le miró preocupada ahora ella. –Ha sido un ataque de ansiedad, se pasa al cabo de un par de minutos. No es la primera vez que me pasa y siempre se pasa. Te agradezco mucho que me hayas traído aquí fuera y por el agua, has actuado muy rápido. –Le dio crédito la chica, intentando quitar hierro al asunto.

-¿Qué siempre se pasa? –le preguntó incrédulo, clavando sus ojos azules en su cara la cual empezaba a mostrar algunos signos de cansancio.

El no haber dormido en toda la noche y los intensos momentos vividos desde que llegó a su calle hasta hablar con él, habían despertado en ella tantas emociones que no pudo remediar verse sometida a uno de sus ataques.

-Sí...no es nada, créeme. A mucha gente le pasa.

Ranma se giró en su asiento y se inclinó hacia ella con mirada dura. –Me da igual la gente, ¿por qué te pasa a ti?

-Porque sí, Ranma, déjalo, te digo que no pasa nada. –Realmente no quería contarle sobre cuándo comenzó a tener ese peso en el pecho que no la dejaba respirar, que fue hace poco más de tres años.

Ranma, tras varios segundos de estudiar su rostro, buscando indicios que le indicaran que podría sacarle algo de información, desistió al ver su determinación a no decir ni pío y dejó caer sus hombros, tensos hasta ese momento.

-Lo dejaré. –La chica suspiró agradecida. –Por el momento.

La chica rodó los ojos, pero se conformó con que en esos momentos el chico no insistiera.

Tras unos momentos en los que ninguno dijo nada, Ranma le posó sin vacilar una mano en su fina nuca, ahora desprovista de esa gloriosa melena azulada y la acercó a él levemente.

A la chica se le aceleró el corazón al ser por fin consciente del aroma del chico tan cerca de su nariz. Le miró a los ojos sin saber qué decir, tampoco tenía muchas fuerzas de repente como para decir gran cosa, pero él sí que habló.

-Tienes cara de estar agotada. Vas a descansar un rato y luego comeremos.

La chica iba a discutir y replicar que estaba bien. –No necesito descansar, te digo que...

-Que estás bien, sí, vale. Pues me da igual. –Sentenció el chico levantándose y levantando a su vez a la chica, agarrando su cintura con suavidad y conduciéndola al interior. –Vas a dormir y punto. Te sentirás mejor después de cerrar los ojos un rato con la brisa que corre, dejaremos las ventanas abiertas y después de que descanses, a comer.

La verdad es que estaba tan agotada, que notaba que los párpados le pesaban más por momentos. Tanto que casi ni se dio cuenta cuando Ranma la volvió a cargar, apretándola contra su pecho y la llevaba a una de las habitaciones para que durmiera.

-Vale...baka.