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Akane abrió los ojos de forma perezosa, preguntándose por un momento dónde se hallaba, pues las paredes grises no eran las de su antigua habitación y la mullida cama que la abrazaba no era la de su adolescencia.
Cuando le asaltaron los recuerdos de las últimas horas, se incorporó con un leve dolor de cabeza.
''Por lo menos puedo respirar bien'', pensó la chica mientras comprobaba su respiración. Bajó los pies y posándolos sobre la fresca madera, caminó fuera de la habitación, abriendo la puerta lentamente y asomando la cabeza por el inmenso pasillo, el cual ni siquiera recordaba haber cruzado.
Al llegar a la cocina y asomar la cabeza, percibió el aroma de tortitas recién hechas lo cual le abrió el apetito de inmediato, sin embargo frunció el ceño levemente al no ver a Ranma.
-Buenos días Bella Durmiente.
La voz profunda y grave del chico la sorprendió por detrás, lo que la hizo girarse y dar un paso atrás con la mano en el pecho.
-¡Joder! –intentó recuperar el aliento ante la mirada divertida y burlona de Ranma. -¿No podrías haberte pronunciado más delicadamente?
-Vaya...-dijo él, alzando las cejas con falsa incredulidad, -la Bella Durmiente tiene la boca muy sucia, menos mal que no te he despertado con un beso. –Añadió mientras apoyaba ambas manos sobre el marco de la puerta.
''Pero qué idiota es'', pensó Akane. ''Bueno, al menos ahora lleva camiseta...'' Ante ese pensamiento, la chica torció el gesto aunque no supo si por alivio o decepción, pero se recompuso rápidamente.
-Te habría pateado las pelotas. –Dijo con suficiencia.
-Pff, convéncete a ti misma, nena.
Con una sonrisa socarrona que no le llegaba del todo a los ojos, el chico puso una mano sobre su vientre plano, lo que hizo que un notable cosquilleo se instalara en esa misma zona, y la condujo a una silla ante la mesa, donde la sentó.
-Ahora vas a comer.
Ella, bufando respondió: -No soy una niña, puedo hacer las cosas por mí misma.
Ranma ignoró su comentario y se giró para ir a servir un par de platos con tortitas, huevos y fruta troceada.
Cuando le puso el plato delante, al ver su contenido, la chica preguntó:
-¿Qué hora es?
-La una y media, más o menos.
-¿No es un poco tarde para tortitas?
El chico tragó y frunció el ceño mirándola.
-Gracias Ranma, el azúcar me vendrá bien, eres muy amable. Oh, de nada, casi te desmayas así que es lo mínimo. ¡Vaya, qué atento!
El chico imitó su voz como si tuvieran una conversación ficticia y la chica, para su sorpresa, casi escupe el zumo de naranja que estaba bebiendo en ese momento a causa de la risa, pero disimuló tosiendo levemente y limpiándose la boca con una servilleta.
Al peli negro no le pasó desapercibido que casi la había hecho reír, pero no dijo nada y se limitó a comer, cuando escuchó un tímido:
-Gracias, Ranma.
Él asintió sin mirarla.
-Cuando acabemos te llevaré a casa para que puedas descansar.
La chica detuvo el tenedor que dirigía a su boca y le miró a su vez.
-¿Qué? –inquirió al chico. –No, he venido por un motivo.
-Ya, pues ese motivo tendrá que esperar.
Incrédula, formó una completa O con su boca.
Después de días persiguiéndola para hablar, ¿ahora le decía que se esperara? ¿Intentaba hacerse el duro o qué?
-Esperar...-a la chica esa palabra le supo tan amarga y punzante que lo único que se le pasó por la cabeza fue que ya era tarde. Había metido tanto la pata que Ranma se había dado cuenta de que ella ya no merecía la pena.
Todavía no había tenido tiempo de procesar todos los sentimientos encontrados que de repente habían aflorado en ella tras lo que ocurrió en la cena, pero justo en ese momento, viendo el rostro cansado e incluso apenado del chico, supo que si le perdía definitivamente tras saber lo que pasó en realidad, se desquebrajaría algo en su interior que ya no podría ser reparado.
Akane dejó suavemente el tenedor sobre el plato y la servilleta sobre la mesa. De nuevo se había comportado de manera impulsiva bajando del taxi y subiendo a casa de su ex prometido.
Tenía un serio problema al no pensar antes de actuar. No debería haber hecho que el taxi parara, debería haberse ido a casa a pensar en qué paso dar, o en qué y cómo hablar con Ranma...pero no. Ahora él no quería hablar y ella no pensaba precipitar las cosas de nuevo insistiendo en que hablaran.
Cuando se levantó lentamente, el chico alarmado, se levantó a su vez rápidamente.
-¿Qué haces?
Ella calmadamente, respiró hondo antes de hablar.
-Prefiero irme ya. Es cierto, necesito descansar y pensar...anoche no dormí nada tras lo que pasó y me quedé hablando con Harvey hasta que ha amanecido, luego el llevarle al aeropuerto y venir aquí...estoy agotada.
El chico desfrunció el ceño que había arrugado al escuchar que el idiota se había ido al aeropuerto... ¿significaba eso que...?
-Espera, espera... ¿al aeropuerto?
Ella le miró apretando los labios pero no le respondió, en su lugar sonrió levemente y rodeó la mesa para ir a buscar sus sandalias e irse a casa.
-Luego hablamos, mejor. Eh, siento haberme comportado como una loca al subir así a tu casa y bueno, gracias por haberme calmado y ayudado.
Casi sin darle tiempo a hablar, la chica se encaminó a la sala y localizando sus sandalias por el camino, se las colocó y cogió su pequeño bolso del amplio sofá y fue al ascensor dispuesta a introducir la llave cuando una mano la detuvo, agarrándola de la muñeca aunque sin ejercer mucha fuerza.
Aguantando la respiración, la chica miró la mano del peli negro, sintiendo que ardía su piel ahí donde él la tocaba. Giró su cabeza lentamente y se encontró con sus orbes azules que la miraban duramente.
-Huyes de nuevo. -Medio afirmó, medio preguntó el chico.
-No huyo. -Le aguantaba la mirada la chica. -Me he precipitado, no es el momento...yo...-dudó, -ambos, creo que ambos necesitamos pensar un poco.
Akane intentó deshacerse de su agarre aunque sin mucho éxito.
El chico se debatía entre qué hacer. ¿Dejarla ir? ¿Acompañarla? ¿Arrebatarle la llave e impedirle la salida?
Ranma aflojó su agarre aún más pero no la soltó, dejó su mano rodeando la delicada muñeca de la chica en una suave caricia y miró a un lado con expresión dolorida.
-¿Por qué tengo la sensación de que si te dejo marchar...desaparecerás?
La chica abrió los ojos ante la vulnerabilidad que de repente veía en Ranma. Ante ella no tenía un imponente hombre de ojos azules y seguro de sí mismo que se había labrado su futuro luchando...tenía a un chico asustado de lo que pudiera pasar de ahora en adelante.
No pudo evitar que su mano libre se posara con suavidad sobre su mejilla.
Dios, en verdad no hay peor ciego que el que no quiere ver.
-De momento no me voy a ningún lado Ranma. -Le aseguró.
Él la miró entonces y avanzó un paso. Rodeó su fina cintura con sus manos y casi suplicó. -Entonces no te vayas, quédate aquí. Olvida lo de que hay que esperar, porque soy gilipollas, y quédate conmigo.
A través de la tela de su vestido, las manos de su ex prometido le quemaban, afianzadas en su cintura y aproximándola a él sutilmente.
''Quédate conmigo'', le había dicho. Akane no podría haber dicho en ese momento si se refería a en su casa o a toda una vida.
Akane sentía que se le aflojaban las rodillas al sentirle tan cerca y percibir su aroma fresco y masculino...su olor a Ranma, por lo que tuvo que sostenerse de sus fuertes antebrazos mientras miraba al suelo.
-Ranma, no me hagas esto. Necesitamos un poco de espacio, el que no hemos tenido desde que llegué de nuevo, y más aún después de tantas emociones.
Ranma la acercó a él aún más, sintiendo su menudo cuerpo de pies a cabeza contra el suyo y notando que su sutil aroma a jazmín le inundaba los sentidos, convirtiendo sus rodillas en gelatina.
Pegó su frente a la de la chica y con los ojos cerrados suspiró: -No me alejes de ti.
