Hola :D tenía más de 3 años sin escribir un fic... pero finalmente pude hacerme una cuenta para subir aunque sea one shots de mis parejas favoritas de Saint Seiya n.n

Este fic es un Dohko x Shion BL (chico x chico) y contiene lemon así que consideren la advertencia :u

Los personajes, así como el contexto original de Saint Seiya y su spin off "The lost Canvas" pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente.

Si les agrada no olviden dejar review :)

"Una última noche"

Pasaba de la media noche, el santuario se encontraba en una quietud tal que resultaba espeluznante, después de todo, ponerse a pensar en los pasados y al mismo tiempo recientes hechos, la cantidad de vidas que fueron arrebatadas, los paisajes destruidos, las pérdidas y el dolor tanto propio como ajeno, era motivo suficiente para siempre quedar con aquel instinto que les hacía permanecer en eterno estado de vigilancia incluso cuando la paz en la tierra había prevalecido ante la derrota del ejercito de Hades y la actual, lenta pero segura, reconstrucción del Santuario de Atenea.

Permanecer siempre alerta y preparados para cualquier peligro por extremo que éste fuera era parte del rígido perfil que cualquier santo dorado poseía; sin embargo en aquellos dos santos que se encontraban ahora en un renovado aposento del templo patriarcal había algo diferente… algo que no se conseguía con arduo entrenamiento ni una profunda meditación: La marca invisible de haber sobrevivido a la sangrienta guerra santa y al mismo tiempo obtener la bendición y la encomienda de su diosa de hacer lo posible por guardar el orden y la justicia.

De sólo recordar todo lo anterior, la pálida mano de uno de ellos, comenzó a temblar mientras sostenía la taza de té amargo que bebía sin mucho ánimo; pasado un rato en que su inquietud no disminuía, le clavó la mirada a su propia extremidad como si eso fuese hacer que sus involuntarias sacudidas se detuviesen, mas no fue así, aquello era un tic insistente, por lo que dejó la taza sobre la mesa frente a él y ocultó su mano con la amplía manga de seda negra y bordado de oro, no quería que su acompañante se preocupara y cuestionara su temblor si se percatase de ello.

El otro por su parte, estaba perdido en la quietud y belleza de la noche que podía apreciar desde una gran ventana. El cielo despejado y lleno de estrellas con una inmensa luna llena que se veía todavía más imponente al encontrarse ellos en un sitio tan alto. Dohko sonrió por aquella visión que le indicaba cómo todo por lo que lucharon había valido la pena, sin embargo sentía la mirada de su querido amigo sobre él, ya tenía algunos minutos con esos orbes rosados clavados en su espalda sin embargo cada que intentaba encarar a Shion éste desviaba la mirada y pretendía seguir bebiendo té.

Dohko suspiró con algo de incomodidad mientras se alejaba de la ventana y tomaba asiento junto al muviano con cuidado de no prensar sus nuevas prendas. Era extraño verlo con esa túnica, incluso si ya no tenía encima la estola, el casco y el resto de la joyería simbólica que completaba el uniforme patriarcal pero no era ni mínimamente desagradable, Shion se veía especialmente bien en esa vestimenta, lástima su rostro taciturno que de forma inconsciente le recordaba lo inevitable: En sólo algunas horas, el librano debería partir para convertirse en el guardián del sello de Atenea tal y como les fue encomendado a él y a su compañero quien ahora no era ni más ni menos que el máximo líder y pontífice del santuario. Shion aquí y él allá, separados por miles de kilómetros de distancia y con una posibilidad prácticamente nula de volver a verse otra vez a partir de mañana.

Era fácil pensarlo, incluso decirlo, el deber era muy claro, pero en lo más profundo de su alma le dolía y le turbaba de sólo imaginarse que no cruzarían sus caminos otra vez, ni de verse a la cara, ni escuchar sus voces en persona, pues hablar a través de su cosmos jamás iba a sustituir escuchar las palabras provenientes de su boca.

—La reconstrucción va bastante bien ¿No crees? — preguntó con un amable sonrisa, a lo que Shion simplemente asintió, habían pasado casi todo el día supervisando dicha reconstrucción y ayudando en todo lo que podían a que se concretara tan pronto como fuera posible, todavía faltaba mucho por hacer respecto a las escaleras y los templos, pero al menos el edificio correspondiente al pontífice y los aposentos para su Diosa así como la guarida secreta de su armadura ya estaban terminados. — La vista desde aquí es muy bella. — completó él mismo al no obtener de Shion una respuesta verbal.

—Es importante tener una vista clara y precisa de las estrellas. —dijo esta vez el nuevo patriarca mirando a Dohko de reojo, cosa que éste agradeció aunque fuese un segundo.

—Sí, realmente me intriga cómo se predicen los hechos y las posibilidades a través de ellas. Hace tiempo no lo creía interesante pero ahora…

—Ahora no es una prioridad preocuparse por los mensajes celestes. —Shion lo interrumpió mientras se levantaba del mueble y caminaba un poco por la amplia habitación iluminada tenuemente por las lámparas aceite y algunas antorchas— Ya lo he hecho hace algunos días, todo está en calma. —chasqueó los labios. — Quiero pensar un poco más en reconstruir la orden de caballeros.

Dohko torció la boca a sabiendas que esa era quizá una de las tareas más pesadas que su amigo tendría que llevar sobre sus hombros, detectar y entrenar aspirantes no era sencillo especialmente porque servir a la Diosa de la Justicia y la Sabiduría no era una tarea de reclutas cualquiera pero tampoco podía decir que era algo con lo que "se nacía", era más como el hecho de poseer una voluntad inquebrantable y muy especial.

—Yo… creo que una vez me acostumbre a mi deber de protector buscaré entrenar a algunos jóvenes también. — dijo de forma reconfortante, pues en esas palabras quería dejar un implícito "no estás sólo, yo te ayudaré"

Shion lo captó al instante y una pequeña sonrisa se escapó de sus labios, pero al darse cuenta de ello se giró volviendo a su anterior semblante y continuó caminando por la habitación sólo para estirar las piernas.

Conmovido por la dulce, aunque fugaz reacción, Dohko ahora lo comprendía mejor, el ariano estaba intentado por todos los medios de mantener un temple sereno dada su nueva posición, si un santo de oro tenía ya unos estrictos votos, los del patriarca eran incluso más rígidos y podían resumirse en el hecho de ser el representante de Atenea en la tierra.

Eso era aterrador…

—Shion — Lo llamó el librano esta vez de forma seria pero calmada— No te exijas tanto…— completó después de una larga pausa.

Aunque acceder a esa petición era algo prácticamente imposible, Shion presentía que no hablaba de exigirse a sí mismo como patriarca sino como ser humano, que no presionara su cuerpo ni su mente en circunstancias que sabía que no estaban dentro de su control por más autoridad que fuese ahora.

El muviano no respondió nada, entre su alto cargo y el desgarrador hecho de que Dohko partiría por la mañana ya tenían su alma lo suficientemente inquieta, ansiosa y triste por más que quisiera mantener su habitual aspecto tranquilo. Se sentó en la cama de la habitación con la mirada baja, no sabiendo qué responder o siquiera si debía hacerlo.

El moreno repasó con la mirada la silueta del otro sobre el lecho, intentando descifrar si había algo que pudiera hacer en ese momento para levantarle el ánimo; le dolía que el poco tiempo que les quedaba juntos el uno al lado del otro estuviese centrado en hablar melancólicamente de sus nuevos deberes, pues quería llevarse un recuerdo hermoso y especial de ese hombre a quien tanto quería pero no parecía que eso fuese a suceder.

Los ojos de Dohko estaban a punto de apartarse del cuerpo del muviano cuando notó algo que le llamó poderosamente la atención: Estando sentado la túnica de Shion se levantaba un poco, dejando ver que éste no llevaba ningún tipo de calzado, sus pálidos tobillos tampoco lucían ningún vendaje, banda o protector visible… incluso se atrevía a predecir que no llevaba siquiera un pantalón.

El librano sintió que el rostro se le enrojecía pero no iba a gastar la oportunidad de una buena broma ahora que el otro se veía tan decaído. Dohko se puso de pie y caminó curioso hasta donde Shion se encontraba de nuevo sentándose a su lado izquierdo, este último lo agradeció para sus adentros, realmente le reconfortaba su compañía, pero lo que el moreno hizo a continuación le dejó la mente en blanco y la boca seca.

En un ágil movimiento, el más bajo había tomado el extremo inferior de la túnica y la haló hasta la mitad del muslo de Shion revelando que en efecto, el patriarca no llevaba ninguna prenda debajo.

— ¡¿Qué haces?! — le soltó el ariano con algo de indignación.

Dohko se rió de forma juguetona.

—Nada, sólo me pareció curioso comprobar que "Su Santidad" no fuera "tan santo" bajo sus túnicas.

Libra continuó riendo mientras el otro refunfuñaba levemente sonrojado.

—Hace calor— se defendió y en efecto así lo había percibido durante la puesta de sol y por eso había visto natural quitarse algunas prendas tras terminar sus deberes y descansar, pero ahora que era de noche y tenía su pierna expuesta sintió algo de frío por lo que buscó jalar la tela de nuevo hacia abajo para cubrirse; sin embargo la mano de Dohko se lo impidió.

Shion estaba por fulminarlo con la mirada cuando el otro le sonrió de forma encantadora, amaba esa sonrisa por sobre todas las cosas y odiaba como al mismo tiempo era capaz de destruir todas sus barreras y hacerle bajar la guardia prácticamente al instante.

Posteriormente el ariano sintió como la mano de su compañero se deslizaba por su muslo expuesto. Ser sutil nunca había sido una de sus cualidades, pero al patriarca le generaba una enorme adoración como, tratándose de él, el moreno se esforzaba en no presionarlo para nada, hacía todo lo posible para que se sintiera cómodo y confiado, por ello, cuando menos lo esperó, ya había permitido que el santo de Libra se le acercara lo suficiente para besarle los labios de forma pausada, sintiendo como el rubor de sus mejillas se intensificaba.

Era tan irreal ese momento que no podía evitar ponerse algo nervioso aunque no fuera su primera vez, pues desde antes ya había intercambiado algunos besos, caricias e incluso llegaron a intimar en alguna ocasión… más por producto de la curiosidad como parte de su juventud combinados con la inmensa confianza y cariño que se profesaban que por cualquier otra cosa, habían sido momentos tan efímeros y tan opacados por su deber como santos que incluso Shion se preguntaba si todo eso pasó en verdad alguna vez, mas los cálidos labios de su compañero y su particular toque áspero pero apasionado sobre su muslo yendo cada vez más dentro de la túnica, los reconocía a la perfección.

El Santo de Aries comenzó a responder a su beso, atreviéndose incluso a lamer los labios del moreno cosa que éste aceptó como una invitación a invadirle la boca con su lengua sintiendo ambos un calor que se les agolpaba desde el pecho hasta el bajo vientre.

Dohko fue el primero en abandonarse a la sensación, sacando su lengua de la boca del patriarca y comenzar a pasearla por su oído izquierdo y su cuello, el otro suspiraba e incluso gimió en sorpresa al sentir una mordida que aprisionaba su nuez de adán a la par de un apretón en su cadera; sin embargo súbitamente detuvo a su compañero tras percibir el sonido de tela estirándose pero sin llegar a rasgarse producto de un tirón que el Santo de Libra dio con su otra mano a la túnica que cubría su hombro.

Shion se quedó en silencio, con la respiración algo agitada y un sonrojo en el rostro, evitaba de nuevo ver al otro, más bien parecía inmerso en sus pensamientos viéndose abrumado por la duda. Dohko por su parte se sintió un poco mal, se reprendía a sí mismo por ser tan impulsivo pues quizá eso había incomodado al más alto pero no sabía otra forma de demostrarle lo mucho que lo amaba en cuerpo y alma y a pesar de que tenía la certeza de que el ariano lo amaba también en la misma medida no pudo evitar sentirse frustrado en caso de que el otro lo rechazara en ese momento al sentirse comprometido con no mancillar su papel de autoridad del santuario con sus pasiones y deseos egoístas.

El moreno dejó de divagar sobre lo ocurrido cuando notó al otro levantándose de la cama dándole la espalda; lo sintió venir: Shion se disculparía y le pediría que abandonaran de una vez ese trato de afecto íntimo que mantenían, pues dadas sus circunstancias ya no había ningún sentido en tenerlo.

Sin embargo, todas las especulaciones del santo de libra se fueron al infierno cuando escuchó el sonido seco de la túnica del patriarca caer al suelo quedando éste sin nada que lo cubriese y tan sólo girándose un poco para ver sobre su hombro a un impactado Dohko con los ojos abiertos como platos.

Shion agudizó su mirada y sonrió en una expresión que el otro encontró terriblemente seductora.

—Sh-Shion tú… quiero decir, yo…— El moreno no podía articular una frase coherente al ver como el muviano, ahora desnudo, caminaba de nuevo hacia él y comenzaba a desatar los nudos y bordados de su camisa desde el cuello hasta la mitad de su pecho de forma tortuosamente lenta; Dohko se desesperó de tales acciones y sin poderse contener más, tomó al otro por las muñecas y lo lanzó a la cama para finalmente rasgar su propia prenda con un simple estiramiento de hombros.

Shion se rió para sus adentros, eso era algo que el librano nunca cambiaría y tampoco quería que lo hiciera, era una de las cosas que hacían a Dohko ser él mismo… Sin mencionar que sentir su cuerpo frotándose mientras lo besaba apasionadamente desde encima suyo sin ninguna clase de distancia o tela que interfiriera era algo que no podía describir con palabras, o eso pensaba hasta que bajó las manos por el cuerpo del moreno y se percató que éste todavía llevaba puesto su pantalón, por lo que valiéndose de su tacto, al tener los ojos cerrados y la boca ocupada, comenzó a tirar de la prenda hacia abajo.

Dohko rompió el beso y soltó una pequeña risa.

—Su Santidad está un poco… ansioso… ¿No es así? — preguntó divertido para después besarle el cuello al mismo tiempo que se despojaba de las últimas prendas que lo cubrían. Burlándose o no, terminó haciendo lo que el otro quería.

—Soy partidario de la igualdad de condiciones— respondió Shion entre leves jadeos, no iba a quedarse sin contestar aunque lo hiciera entrecortadamente. —Además… ahora se supone que debes acatar mis órdenes. — finalizó con una sonrisa triunfante antes de gemir ahogadamente por una húmeda succión en su clavícula.

Dohko se irguió de donde estaba para encarar directamente al ariano, con sus narices casi chocando por la cercanía y sin dejar de aprisionarlo entre su cuerpo y el lecho.

—Entonces dígame Maestro… ¿Qué desea que le haga?

El patriarca sintió una corriente eléctrica recorrer su espalda ante el tono con el que el moreno le habló, se mordió el labio inferior frente a la pregunta mientras el librano acariciaba su costado con una mano.

Muérdeme de nuevo. — ordenó cerrando los ojos.

Dohko sonrió y obedeció al instante mordiendo suavemente el área entre el maxilar y la oreja de Shion para después ejercer más fuerza con sus dientes y lengua en su cuello, sus hombros y su pecho muy cerca de uno de sus pezones.

El gemido intensificado hizo al santo de Libra levantar la cabeza orgullosamente para tomarse un segundo y apreciar el rostro sonrojado de su compañero con los parpados adornados con largas pestañas negras y sus cabellos verdes todavía más alborotados enmarcando su rostro y dispersándose por toda la cama ¿Cómo soportaba Shion tener tanto cabello? No lo sabía, lo que sí sabía es que aquella sensual imagen del ariano y su voz gimiendo con total deseo eran algo que enloquecería a cualquiera… Los santos de Piscis siempre habían sido reconocidos por su gracia y belleza, pero, al menos para él, no había ser más hermoso que el del santo de Aries que tenía debajo y que ahora le regalaba sus gestos y expresiones más vulnerables no sólo en lo físico, también en emocional... poseer la confianza, el respeto y el amor de Shion era sin duda el regalo más grande que la vida le había dado incluso dentro de una existencia tal como la de ser un santo de Atenea.

Agradecido por ese pensamiento, continuó lamiendo y besando las tetillas del muviano a la par que bajaba su mano para sujetar el miembro de éste y comenzar a masajearlo desde la punta hasta la base, provocando que los jadeos del otro siguieran rítmicamente esos movimientos.

Era curioso cómo con sólo escuchar a Shion el miembro del santo de Libra despertaba casi de inmediato rogando por atención, era justo en ese asunto donde ambos amantes tenían una idea tan parecida como diferente de lo que deseaban hacer… Dohko se había adelantado bajando entre besos y mordidas por el abdomen del otro dejando el característico camino de saliva y marcas rojizas en la blanca piel del patriarca; cuando se encontró de frente a la erección de éste no dudó en introducirlo en su boca sin mucho tacto, buscando estimularlo a base de succiones y lengüetazos para que gimiera más fuerte, como si esos sonidos fueran suficiente para mantenerlo totalmente excitado.

Shion se estremecía y dejaba su voz salir sin ningún pudor, aunque tampoco deseaba quedarse como un muñeco tendido inmóvil mientras Dohko hacía todo por complacerlo… él también quería hacerle sentir bien, por lo que se esforzó por revolverse un poco sobre la cama hasta alcanzar uno de los tobillos de su amante y halarlo con algo de fuerza para que se quedara de costado con su pelvis muy cerca del rostro contario.

Ante tal movimiento el moreno se sorprendió y sacó el miembro del ariano de su boca queriendo enderezarse para encararlo y cuestionarlo pero Shion se lo impidió.

— ¿Shion? — se atrevió a preguntar extrañado, pero lo único que obtuvo por respuesta fue una placentera humedad y calidez rodeando su erección.

— ¡Shi-Shion…! — exclamó en un gemido ahogado ante las felaciones que ahora le eran suministradas. Si besar al santo de Aries le parecía la cosa más exquisita sobre la tierra, el tener esa dulce boca atendiéndolo directamente sobre su pene era algo fuera de este mundo; aun así… Dohko quería seguir complaciendo a Shion, escuchar sus gemidos y sentirle temblar… por lo que también intentó revolverse para zafarse de su agarre.

—Shion… dejah-déjame a mí…quiero satisfacerte…

A pesar de sus jadeos y de la deliciosa sensación, el librano había conseguido que sus frases fueran lo suficientemente comprensibles para el patriarca, quien esta vez sí se dignó a responder.

—Hazlo tú también…— dijo en voz ronca para inmediatamente volver a meter el miembro de Dohko en su boca.

Shion apretaba sus mejillas y hacía un leve ronroneo que provocaba una agradable vibración a la carne sensible del santo de Libra y este entendió a lo que se refería… estaban ambos de costado sobre la cama con sus respectivos rostros frente a la entrepierna del contrario, pero llevarlo a la práctica fue un poco difícil dada su diferencia de estatura.

Dohko tuvo que esforzarse para volver a alcanzar el pene de Shion con su boca y éste por su parte tenía que doblarse de una manera bastante incómoda para facilitarle las cosas al más bajo quien se resignó finalmente a que su idea no estaba funcionando del todo, pues notó como el ariano ya no lo estimulaba con tanta ímpetu, como si su concentración estuviese interrumpida por la incomodidad de tener que mantenerse con la espalda encorvada para que dicha posición funcionara medianamente para los dos.

Una parte del librano le decía que Shion buscaba con eso "ganarle" en aquella actividad… por lo que al final soltó con frustración el miembro y las caderas del patriarca quien inmediatamente enderezó su espalda y volvió al ritmo que inicialmente le brindó a su compañero con los vaivenes de su boca, pese a ello el moreno no estaba dispuesto a dejarse vencer…

Incluso con la mirada nublada de placer y la sensación de que podría venirse pronto si el muviano no se detenía, Dohko divisó uno de los diminutos frascos de aceite de lavanda al pie del lecho y la maliciosa idea le llegó a la mente como una epifanía… Shion siempre lo usaba como calmante en sus músculos adoloridos, para humectarse las manos e incluso para mitigar el aroma a tierra, escombro y humedad que dejaba la reconstrucción del santuario en el templo patriarcal y ahora el pequeño hábito suyo de llevar ese aceite consigo estaba por otorgarle la victoria al más bajo.

El patriarca notó como su amante empezaba a revolverse y estirarse insistentemente creyendo que eso significaba que estaba por correrse, y aunque esa suposición no distaba mucho de ser verdad, fue una inesperada presión abriéndose paso en su interior la verdadera respuesta de por qué Dohko se movía tanto: Un dedo de éste, lubricado en aceite de lavanda, estaba entrando en él de manera lenta y sólo saliendo ocasionalmente para ser reintroducido cada vez más profundo.

—¡D-Dohko…!— gimió agudamente, soltando al fin el pene del nombrado y perdiéndose en la sensación entre dolorosa y placentera del dedo ingresando por completo en la sensible cavidad entre sus glúteos.

El recién nombrado sonrió satisfecho ante la reacción, al principio pensó que quizá Shion se molestaría ante lo inesperado que resultaría el comienzo de su revancha, pero a juzgar por ese excitado llamado pudo intuir que había hecho lo correcto.

Abrazándose con su mano restante a la cadera del muviano, a la par que le sujetaba una pierna para un mejor acceso, el santo de Libra no perdió el tiempo y reanudó todos aquellos besos y succiones a la entrepierna y los muslos internos de su amante sin dejar de mover en círculos el dedo que permanecía en ese estrecho interior.

Un quejido volvió a escaparse de la boca de Shion al percibir un segundo dedo invadiéndolo, pese a ello sus gemidos volvían a hacerse presentes cuando, una vez disminuía el dolor, notaba que Dohko conseguía tocar un punto en él que le hacía sentir un vértigo de incesante placer.

Por unos instantes el moreno se vio tentado a pedirle al santo de Aries que no se retorciera tanto, mas no iba a ser tan insensible, esa era su venganza después de todo ¿Y qué objeto tendría dicha venganza si no hacía a su amante perder la cordura? Su satisfecha sonrisa se amplió cuando al introducir el tercer dedo, aún con algo de dificultad, pudo divisar las manos de Shion aferrándose con fuerza a las sábanas y sus gemidos cobraban un volumen más alto a cada segundo en que se convencía que ya no podría soportarlo. Dohko esperaba convertir esos sonidos en gritos de placer, más de un momento a otro la voz del ariano se hizo presente mientras intentaba soltarse aun a costa de sentirse desfallecer.

—Yah…Detente…

Libra paró sus acciones al escuchar aquella firme orden aunque viniera apenas en un hilo de voz, se reincorporó hasta quedar sentado y observó a Shion quien incluso estando libre del agarre no se irguió, su cara estaba roja, sus ojos vidriosos y aparentemente incapaz de respirar con la boca cerrada.

—No quisiera terminar así…— Completó el más alto poniendo todas su energías en tratar de ser elocuente.

La mirada del moreno se tornó confusa, no entendiendo del todo a lo que el otro se refería, mas cuando menos lo esperó, el muviano se había volteado sobre su espalda para quedar recostado boca arriba mientras separaba sus propias piernas sujetándolas con sus manos desde la parte posterior de las rodillas.

Dohko sintió que la mitad de la sangre de su cuerpo descendía al suelo mientras que lo otra mitad se le concentró en el rostro. El deseo de su amante era más que evidente y semejante posición e insinuación no podía ser más erótica… tanto que, aun sabiendo lo obvio, el más bajo se quedó petrificado.

Shion lo miraba con ojos anhelantes mientras le exponía la parte más privada y delicada de su cuerpo, misma que se encontraba rodeada de marcas rojizas y otras amoratadas hechas por la boca del librano hacía apenas una par de minutos… hasta era apreciable la silueta de la mano de este último que le quedó dibujada en el muslo dado el agarre previo.

El trance en que se encontraba sumergido el moreno se disipó al sentirse pleno de ser él a quien el reservado santo de aries mostraba esa faceta tan íntima, se aproximó al rostro de éste y le besó en los labios, posteriormente acomodó su pene en la entrada de su amante, colocó esas largas piernas sobre sus hombros y se ayudó con el aceite que aún le quedaba para empujar su miembro lentamente hasta quedar por completo en el interior del patriarca.

A pesar de la preparación previa, el muviano gruñó adolorido ante la penetración, estaba feliz de entregarse a Dohko, mas otra vez su mente le traicionaba: Un pinchazo de angustia se enterró en sus pensamientos al recordar que esta sería la última noche que compartirían en todos los sentidos, dicha angustia lo ponía nervioso y esos nervios hacían que su cuerpo se tensara todavía más impidiéndole a su pareja comenzar a moverse por miedo a lastimarlo de lo apretado que se sentía.

—Tranquilo. — le pidió libra en una voz suave; aunque desconocía qué era lo que específicamente había exaltado al otro tan de repente no iba a permitir que nada le hiciera sentir mal mientras él estuviera a su lado— Estoy contigo, no te preocupes. — finalizó mientras bajaba una mano y acariciaba el bajo vientre y la entrepierna del patriarca.

El corazón de Shion le dio un vuelco en el pecho tras escuchar esas palabras; su compañero estaba en la misma situación que él y de todas formas podía afrontar las cosas de forma amena, enfocándose en estar juntos aquí y ahora… mientras que él parecía intentar convencerse a sí mismo que no debía ser feliz de ninguna manera, cosa que al final sabía que no era sana ni mucho menos cierta… sólo era una barrera creada por su mente perfeccionista y como tal, esa sonrisa pura que tenía Dohko podía derrumbarla sin problemas.

El moreno sintió cómo el ariano relajó sus músculos y su rostro abandonaba aquella mueca angustiada y adolorida para espejearle la sonrisa. El santo de libra no necesitó otra señal, dio su primera embestida de manera lenta pero profunda arrancando un alarido de placer en el otro al dar directamente con aquel punto que le hacía perder toda clase de raciocinio.

Shion echó la cabeza hacia atrás, aunque prevalecía una molestia cuando el miembro entraba en su cuerpo, la exquisita sensación de que esa zona interna fuera deliciosamente presionada una y otra vez con las estocadas brindadas por su amante era una recompensa perfecta… hasta el punto en que ese ritmo ya no era suficiente…

Las caderas del patriarca comenzaron a moverse casi por inercia para intensificar las embestidas aunque fuera un poco, cosa que Dohko notó inmediatamente y complacido de que su pareja ya no sintiera aflicción alguna apartó sus piernas de sus hombros, le tomó de las manos y le dio un tirón para que se irguiera y quedara sentado sobre sus muslos.

El santo de Aries gimió completamente abstraído de la realidad al percibir que el pene del otro se clavaba todavía más profundo en él, se había mareado por el brusco cambio de posición pero ni siquiera eso le hizo parar de moverse, hundió sus manos en la cabellera castaña de su amado y continuó jadeando al sentir que el aire le era simplemente insuficiente.

Libra también se movía abrazando el torso que tenía al frente, no deseaba ninguna clase de distancia entre ambos y se deleitaba con los latidos acelerados del corazón de Shion que para él eran los sonidos más hermosos que podía escuchar… Pese a ello, ya le era un poco difícil mantener un ritmo constante; su miembro se sentía casi estrangulado por las paredes del muviano y sabía que no le faltaba mucho para correrse, pero una parte de sí mismo se forzaba a aguantar… no quería hacerlo hasta no ver el rostro del ariano contraerse en un completo éxtasis.

Sin soportar más aquella postura, ambos santos cayeron hacia atrás, Shion de nuevo entre la cama y el fornido cuerpo Dohko, abrazando la cintura de este último con sus piernas. El santo de Libra aceptó que ya no resistiría más… De sólo ver desde arriba la sonrojada expresión del otro, con sus pestañas empapadas por gruesas lágrimas de placer que ahora se deslizaban por sus mejillas y el fino hilo de saliva brotando de su boca al no parar de gemir, se sintió alcanzar su propio límite.

Con esa imagen en su mente y su miembro siendo estrujado estando completamente dentro de Shion, el moreno liberó su orgasmo con fuerte gemido sólo para percibir apenas unos segundos después una considerable humedad sobre su abdomen… al parecer el sentir el semen caliente derramándose en sus entrañas fue lo último necesario para que el patriarca terminara por venirse también en un orgasmo silencioso pero intenso…quedándose con la espalda completamente arqueada y la boca abierta pero sin siquiera poder gritar a causa de la falta de aire.

Dohko salió con cuidado de aquel cuerpo y se tumbó al lado del muviano, intentando ambos regular su respiración en una habitación que yacía ahora en casi completo silencio. Pasados un par de minutos, el librano pareció recuperarse primero, se sentó lentamente sobre la cama e hizo sus cabellos hacia atrás para despegarlos de su frente, cuello y hombros a causa del sudor. Posteriormente se aproximó a una mesilla al lado de la amplía cama donde habían algunas vasijas con agua, mismas que eran comunes en casi cualquier habitación para lavarse el rostro rápidamente durante la mañana o la noche.

Una franela de algodón remojada fue suficiente para que el santo de libra limpiara el semen sobre su abdomen y poco después volvió a enjuagar ese trozo de tela en agua limpia para acercarse a Shion quien todavía respirada agitado pero que finalmente parecía haberse recuperado de los espasmos y de su corazón acelerado.

El tacto frío de la tela mojada sobre su propio torso hizo que el ariano abriera sus ojos pesadamente, divisó a Dohko frotando dicho objeto sobre él para limpiarlo también. Los irises verdes se encontraron a los rosados y una sonrisa se formó en la boca del moreno.

—Ven, date la vuelta, dormirás incómodo si te quedas así. — le dijo indicando que se recostara boca abajo.

Shion apretó los labios pero hizo lo que se le indicó, sentía las piernas algo acalambradas por lo que tardó un poco en girarse y al hacerlo ocultó su rostro entre sus brazos, una almohada y su propio cabello.

Dohko se rió por lo bajo, encontraba curioso cómo el otro sentía todavía esa clase de vergüenza después de todo lo que habían hecho. Apartó suavemente los cabellos verdes y deslizó la franela por la espalda baja del muviano quien al contacto sintió su piel erizarse ante la sensación fría.

El santo de libra retiró los restos de su propia semilla que se deslizaban por las piernas del más alto y limpió cualquier rastro de fluido que notara salir de su entrada.

Tras estremecerse un poco, el patriarca pareció acostumbrarse a la sensación al punto en que no notó cuando el moreno ya había terminado hasta que percibió como su cuerpo era cubierto por una de las sábanas a la par de un pequeño beso sobre su hombro haciéndole levantar la cabeza de la almohada y abrir los ojos de golpe.

—No quiero dormir. — declaró con voz firme pero evidentemente cansada.

—Te hace falta... — contradijo Dohko con la boca algo torcida, Shion era terriblemente terco y aunque sabía que no había forma de convencerlo igual iba a tratar de insistir.

El muviano respingó con molestia girando la cabeza hacia el frente y manteniendo sus ojos abiertos; en efecto no había manera de hacerle cambiar de parecer, por lo que el librano se sonrió teniendo otra de sus efectivas ideas: Se acomodó en otra de las almohadas justo al lado de Shion, se cubrió con la sábana hasta su cintura y utilizando su cosmos apagó al mismo tiempo cada lámpara o antorcha que hubiera en la habitación quedando casi a oscuras de no ser por la gran ventana que carecía de cortinaje y por lo mismo permitía el paso de la luz de la luna.

—Yo sí dormiré… Su Santidad me dejó seco. — se rió mirando de reojo como la expresión serena del ariano se veía turbada por el comentario, no necesitaba luz para saber que se había sonrojado.

—No soportas nada. —respondió el otro que, aunque también extremadamente exhausto, tenía que usar esa frase para no quedarse callado y de paso bromear con el orgullo del santo de Libra quien lanzó una sarcástica carcajada mientras se aproximada al patriarca de a pocos antes de echársele encima juguetonamente y hundirle la nariz en el cuello provocando que Shion se volteara boca arriba, encogiera sus hombros y ahogara una risa debido al cosquilleo.

—Eso no era lo que pensabas cuando me apretabas entre tus piernas. — bromeó sin dejar de frotarse contra el cuello de su amado hasta que éste finalmente consiguió detenerlo.

—Cierto… Aunque me hubiera gustado que me besaras más.

Dohko se extrañó ante la confesión, esta vez sonaba serio y era raro que el ariano comentara abiertamente esa clase de cosas cuando no estaba excitado.

—Es… es un poco difícil ya estando en la práctica. — respondió también esta vez manteniendo la seriedad, seriedad que el patriarca terminó rompiendo burlándose de lo evidente.

— ¿Porque eres muy bajo?

— ¡Porque tú eres muy alto!

Ahí estaba el clásico comentario burlón… por supuesto que Shion jamás dejaría encontrarle gracia al asunto, pero a Dohko no le importaba, le gustaba demasiado verlo feliz como para negarle una broma… de todas formas iba a tener que desquitarse.

— ¿Sabes? Estando así es bastante más fácil…— el moreno alzó su brazo para acariciar la mejilla de Shion y hacerle voltear a verlo; incluso con esa oscuridad podía notar sus ojos brillar — ¿Dónde quieres que te bese? — susurró de forma atrevida esperando un sonrojo y un reclamo por la pregunta lasciva pero esto inesperadamente no ocurrió.

Después de una pausa el ariano subió su propia mano hasta su cara y señaló sus labios con su dedo índice sonriéndole dulcemente.

—Aquí…

Dohko se sintió abrumado por lo tierno de ese gesto aun cuando su afán de provocar o molestar a Shion había fallado miserablemente… un escalofrío le recorrió la espalda y se olvidó de su desquite… Sonrió y se acercó al rostro del otro plantándole un largo y cariñoso beso en los labios cosa que su compañero disfrutó con cada fibra de su ser.

El santo de Libra rodeó con un brazo al de Aries y comenzó a repartir suaves besos por el rostro de este último, desde su frente, sus pómulos, nariz, mentón y, obviamente, sus labios, los cuales acariciaba con especial atención. Shion emitía leves murmullos producto del cosquilleo sobre su piel mas no abría los ojos, caso contrario al del moreno quien no podía evitar entreabrir sus parpados ocasionalmente para contemplar la encantadora expresión que el otro hacía mientras le besaba.

A razón de besos y caricias tenues, la respiración de ambos jóvenes se iba volviendo pausada, Dohko se sintió aliviado al notar como el otro ya dormía plácidamente entre sus brazos, mas unos momentos después y sin darse cuenta, terminó cayendo dormido también sin dejar de abrazar al patriarca durante el poco tiempo que les quedaba antes del amanecer.

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La mañana era brillante, el cielo se encontraba casi completamente despejado con algunas nubes blancas que surcaban el paisaje hasta perderse tras las montañas.

El santuario de Atenea y el personal que lo mantenía ya tenían un par de horas realizando sus actividades desde que el sol había salido… Les esperaba otra larga jornada de reconstrucción tanto en estructura como en alma en lo que prometía ser una nueva temporada de paz.

Los pasos tranquilos que surcaban la larga sala patriarcal eran acompañados por las voces de ambos santos conversando trivialmente como si se tratase de otro día normal; de manera ocasional eran saludados por alguna doncella o guardia que se encontraban en su trayecto hacia el exterior y, claro, respondían ante la atención de la forma más educada.

Era extraño como a pesar de todo el ambiente entre ellos era de absoluta calma, como si la incertidumbre que los había aquejado durante la noche se hubiera desvanecido, las dudas se habían aclarado y solamente quedaba abrazar al destino mientras daban lo mejor de sí para que aquella tranquilidad prevaleciera.

La luz del sol era un poco intensa y Shion tuvo que cubrirse el rostro con la amplia manga de la túnica a medida que salían del recinto hacia el umbral que daba a las escaleras y por ende a la salida…

Dohko no tuvo necesidad de hacer algo parecido, ni siquiera arrugó la cara, pues ya llevaba sobre su cabeza el amplio sombrero de paja chino que tan útil le resultaba para viajar, fuera de ello llevaba puesta la ropa tradicional de aquel país y la preciada armadura de Libra perfectamente guardada en la caja que cargaba en su espalda.

—Hay formas más rápidas de llegar. — Shion comentó contemplando el panorama y cómo los caminos transitables se perdían en la lejanía tan sólo dentro esa zona, dándose una idea más clara de la distancia que el librano estaba por recorrer.

—Me hará bien el aire fresco. — Dohko respondió sonriente —No te preocupes, te aseguro que conozco el camino como la palma de mi mano.

El patriarca lo miró fijamente, sabía que lo que el moreno clamaba era cierto pero de todas maneras le hacía gracia su confiada expresión; ya no era el mismo impulsivo y extrovertido caballero que conocía desde hace tiempo, si bien seguía poseyendo esos rasgos en su personalidad ya no era igual, ahora podía apreciar cómo había madurado volviéndose alguien más responsable y reflexivo sin haber perdido esa calidez y fortaleza que le caracterizaba.

Al percatarse que durante todo ese rato en que estuvo inmerso en sus pensamientos no había dejado de observar a Dohko, quien ya parecía estar confundido por el silencio y sus penetrantes ojos que ni siquiera parpadeaban, Shion sacudió la cabeza girándose hacia un lado con algo de pena.

—Que tengas… un buen viaje. — dijo al fin perdiendo su mirada en el paisaje frente a él.

El más bajo respiró profundo, se aproximó al muviano y lo sorprendió estirando sus brazos para tomarle del rostro y hacerle encararlo una vez más. Dohko sonrió sin decir nada mientras mantenía al otro en esa posición; en su cara podía leerse un cariño único y absoluto.

— ¿Qué? — se animó a preguntar el más alto ya sintiéndose algo avergonzado.

—Nada, sólo quiero memorizarte lo mejor que pueda.

El pecho de Shion se estrujó ante la respuesta y sintió sus ojos humedecerse… de alegría pero también de tristeza… Tuvo el impulso de inclinarse y besarlo pero fue detenido por el librano que ya había notado tal intensión.

—Por favor no lo hagas…—Dohko mantenía la sonrisa mas su voz sonó quebrada esta vez— Si lo haces yo…no lo resistiría.

Pese a que existía un acuerdo interno de que esa despedida no sería tomada con melancolía, el ariano no pudo evitar que esas palabras le atravesaran como el filo de una espada, no deseaba seguir pensando en ese triste sentimiento y le dio la razón al castaño. Él tampoco lo resistiría.

—Dohko…—Se animó a llamarlo sabiendo que el tiempo de despedirse había llegado finalmente— De ser posible desearía seguir hablando contigo.

El nombrado percibió en aquella simple frase demasiadas experiencias, agradecía todas y cada una de ellas e iba a atesorarlas toda su vida porque por ellas era que su cosmos ardía y tenía cada vez más deseos de vivir y de luchar.

—No te preocupes— respondió el otro con su voz más calmada mientras envolvía las manos del patriarca entre las suyas. — De alguna forma… estoy seguro que nos volveremos a ver. — finalizó dando un dulce beso al dorso de las manos que sujetaba, en un inusual gesto que denotaba tanto un afecto íntimo como el más alto de los respetos.

El santo de Libra comenzó a descender por las escaleras a paso tranquilo, no iba lento pero tampoco corría y en todo el trayecto, hasta que Shion lo vio desaparecer entre los cimientos de las nuevas murallas y columnas, no volteó hacia atrás ni una sola vez…

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El sonido de la inmensa cascada ya se había vuelto parte su vida como una clase de sangre que fluía fuera de su avejentado cuerpo… ¿Forma extraña de describirlo? Quizá, pero no encontraba una manera más acertada de hacerlo, aquel paraje se había vuelto más que un hogar para el librano; más de doscientos años vigilándolo había tenido un efecto extraño en él y de entre todos los aspectos, tanto positivos como negativos, estaba la poderosa cualidad calmante de ver y escuchar toda esa agua caer, mismo que le había ayudado a sobrellevar el importante luto que estaba guardando desde hacía algunas semanas.

La tristeza que sintió ante esa pérdida fue devastadora… pero tantos años de edad le habían vuelto sabio… Dohko era consciente que la edad de Shion era tan avanzada como la propia, pero, al contrario de él mismo, no había recibido el don del estado de media muerte como obsequio de su diosa con la condición de utilizarlo sólo en una situación de alerta máxima… El muviano podía llegar a ser longevo, pero su anciano cuerpo eventualmente caería ante el paso del tiempo.

El dolor y la aflicción eran inevitables, sin embargo pudo comprender que el natural desvanecimiento de su cosmos sería algo que pasaría tarde o temprano, por lo menos eso pensaba hasta que poco después se percató de una maligna presencia que yacía dentro del santuario y que ahora clamaba ser su antiguo compañero o lo que parecía ser un supuesto hermano de éste…Absoluta y vil mentira… A pesar de ello, debía ser cauteloso... aquel ser no era nada parecido a los cosmos de los nuevos santos de la orden, que aunque no los conocía a fondo los podía identificar a la perfección…No, esa presencia iba mucho más allá.

Confiarse y actuar bruscamente sólo empeoraría las cosas; los santos dorados de la nueva generación eran demasiado jóvenes y no podía arriesgarlos ni a ellos ni a sí mismo ante un enemigo que le resultaba tan retorcidamente extraño… Debía esperar el momento indicado con los aliados indicados…

—Buen día, viejo maestro— escuchó una voz infantil que pese a todo hablaba muy formal, no le molestaba pero lo encontraba curioso. —Esto es lo que pude encontrar en la torre, es todo lo que respecta a entrenamiento.

El pequeño niño le recordaba demasiado a Shion: tenía la tez extremadamente pálida, sus facciones eran muy delicadas y sobre su frente llevaba el rasgo más característico de aquel legado casi extinto que tan fiel era hacia Atenea… Dohko sabía que era el discípulo del difunto patriarca y por ello también quien más peligro corría al quedarse en el santuario sabiendo que su maestro había sido asesinado y suplantado por un impostor inestable pero poderoso… Lo mejor sería que el pequeño caballero se quedara un poco bajo su supervisión antes de irse a la torre donde solía entrenar, un lugar de acceso tan complicado que resultaba irónicamente seguro.

—Gracias Mu ¿Podrías traerlo aquí por favor? — pidió amablemente.

El nombrado se aproximó a la roca donde se encontraba sentado el anciano. Llevaba libros y pergaminos viejos abrazados contra su pecho y como no se dio tiempo de revisarlos a profundidad él mismo, permaneció a su lado mientras el maestro analizaba aquella información.

El viejo santo de Libra sabía a la perfección que ahora más que nunca debía informarse para entrenar a los nuevos guerreros no sólo en poder, sino también en valentía, lealtad y honor, valores que podían verse mermados por la corrupción que se expandía desde el santuario pero que no debían perderse bajo ninguna circunstancia.

La escasísima gente que en algún momento habitó o entrenó en Jamir tuvo cierta fama, además de sus devastadoras habilidades mentales, de ser excelentes maestros, por lo que al viejo maestro le parecía una buena idea complementar el entrenamiento de sus futuros discípulos con algunos métodos e información recabada por los muvianos.

El joven santo de Aries miraba expectante y curioso cómo Dohko repasaba algunos de los textos, apartando a su lado los que le parecía particularmente importantes, el anciano rió levemente por cómo el niño muviano le clavaba la mirada sin decir una sola palabra, eso era algo que conocía muy bien y hasta extrañaba…

Tras revisar unos cuantos pergaminos más, las arrugadísimas manos del maestro dieron con lo que parecía ser un viejo encuadernado rústico de papel que no se trataba de un libro; lo abrió extrañado por su aspecto y más que texto estaba repleto de ilustraciones de tinta siendo la primera página un boceto panorámico dibujado desde poco más abajo que la casa de Aries, la segunda eran varios trazos desordenados de lo que parecían ser un par de jóvenes entrenando en el coliseo, la tercera era un elaborado dibujo de la armadura dorada de Cáncer en su forma objeto.

—Lo lamento, debí tomar esto entre los libros sin darme cuenta. —Se disculpó Mu al percatarse que ese material no tenía nada que ver con lo que el viejo maestro le había pedido.

—Yo estuve aquí. — Respondió Dohko con cierta nostalgia, pues cada dibujo tenía una tenue leyenda que indicaba "Siglo XVIII" al lado de la firma del respectivo autor del boceto. —En este tiempo no existían las fotografías pero habían doncellas, maestros e incluso algunos reclutas que registraban algunos sucesos y rostros del santuario a base de dibujos.

— ¿Qué hacía esto en Jamir entonces?

El librano no tuvo una respuesta clara hasta que recordó algunos detalles importantes de su estancia en Grecia.

— El patriarca Sage también era un muviano, quizá este registro perteneció a su hermano Hakurei, él iba al santuario con frecuencia pero entrenó a sus discípulos en Jamir. — Explicó orgulloso de recordar esos rostros — Shion fue uno de ellos.

La mirada de Mu se iluminó con curiosidad. Había amado a su maestro tanto como a un padre, pero durante el tiempo que pasó junto a él sólo conoció la imagen de un hombre de poder y sabiduría tales que parecía dominar casi cualquier tema… por lo que le resultaba extraño siquiera imaginarse a éste como un joven inexperto… hasta podía decir que eso sonaba imposible.

El anciano continuó pasando algunas hojas más sin poder contener su sonrisa, lo conocía todo como si fuese del día de ayer: los reclutas, los rostros de algunos de sus compañeros dorados e incluso un bello retrato de la poderosa Atenea de aquellos días… todas esas imágenes le llegaron directo al corazón...mas apenas pasó de página sintió que éste le dio un vuelco en su interior: El siguiente era un retrato de Shion y lo que más le llenó de sentimiento era que se veía tal y como lo recordaba al momento de su partida. Tenían ambos dieciocho años ese día.

— ¿Es él?

La voz de Mu le sacó de su divagar.

— ¿No lo reconoces?

—No es tan fácil. —El joven ariano cerró los ojos, como si aquello le ayudase a rememorar algo— Recuerdo su rostro claramente entrenando en Jamir, pero en el santuario nunca se removía la máscara ni el casco.

Dohko se sintió internamente divertido por lo que acababa de escuchar.

"Vanidoso"

Su propio pensamiento fugaz le sacó una pequeña risa; Mu seguía atento al retrato y una vez dejó de contemplarlo hizo una pregunta que puso en una extraña encrucijada al más viejo.

— ¿Va a quedárselo o debo regresarlo conmigo a la torre?

El silencio efectuado por el antiguo maestro le dio la impresión al pequeño muviano de que su pregunta fue quizá más compleja de lo que parecía a simple vista; incluso sin quererlo parecía haber tocado recuerdos muy importantes y posiblemente dolorosos en el viejo santo al que acompañaba.

—Lo mejor es que lo lleves contigo a Jamir— Dohko sonrió con seguridad tras decir aquello. —A Hakurei le hubiese gustado que aquel que herede la voluntad del reparador de armaduras y el legado de su gente se quedase con sus pertenencias.

Mu asintió y tomó aquel conjunto de dibujos notando una casi imperceptible resistencia que se hacía presente en las manos del anciano al soltar. Aunque no diera ni una sola muestra de ello, Mu tenía la certeza que deseaba tener algo de su difunto maestro consigo, pues cuando éste vivía, incluso sin hacerlo abiertamente, había dejado claro que la confianza y el afecto que sentía por el santo de Libra estaba mucho más allá del aprecio entre compañeros de armas.

El librano percibió el sonido de los finos dedos del joven desatar las costuras en el borde de aquella vieja compilación y cuando se dignó a mirarle ya tenía el retrato de Shion frente a él.

—Yo tengo memorias más recientes con el Maestro. — dijo Mu con una sonrisa —Creo que estará feliz que usted le recuerde de esta manera.

Dohko se quedó sin palabras, aquel niño era simplemente algo extraordinario, amable y a la vez enigmático, poderoso sin ser arrogante y además lo deductivo que era a pesar de su corta edad… No esperaba menos de quien había sido criado y entrenado por Shion pero aun así no dejaba de sorprenderlo...El cariño que le había tomado a Mu era muy especial, hasta podría considerarlo como algo familiar a pesar de no haberle tratado personalmente hasta hacía poco; como si cada parte de su ser le indicara que debía de estar ahí para él mientras seguía madurando. Era un santo dorado mas no dejaba de ser un niño.

Tomar aquel simple retrato otra vez le había hecho sentir una añoranza que no podía describir con exactitud; hacía cientos de años que no cuestionaba cómo se habían desenvuelto las cosas ni mucho menos las decisiones de su Diosa… Era consciente que aquello que sentía era una simple emoción humana y debía controlar sus impulsos por más difícil que fuera; después de todo nada de lo que hiciera iba a devolverle a Shion, eso era un hecho y debía sobrellevarlo, no iba a darle el placer al destino de hacerle derramar lágrimas ante lo irrecuperable…

Pese a que su autocontrol mantenía su mente calmada, la desgarradora imagen a su lado hizo que el viejo maestro no pudiera seguir conteniendo sus lágrimas: Mu se encontraba llorando sentado junto a él, con la vista fija en la cascada, no sollozaba ni mucho menos, era un llanto silencioso en el que sólo se podía apreciar la inexpresiva cara del pequeño muviano en silencio mientras la aflicción no dejaba de brotarle de los ojos, como si la templanza que el niño había demostrado se hubiera roto en un momento de debilidad, era demasiado pronto para asumir que su duelo se había disipado por completo.

Una anciana mano se posó sobre los cabellos lavanda del más joven quien se dignó al mirar Dohko sorprendiéndose de que éste también lloraba pero a la vez le sonreía. En ese momento supo, sin necesidad de palabras, que una promesa entre ambos había sido sellada, darían su espalda al santuario por terrible que esto fuera y se centrarían en extender el honor y la lealtad frente a los discípulos que llegasen a tener antes de que el momento de la absoluta rebelión finalmente llegara.

FIN