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Esa noche Akane no pudo dormir bien. Se maldijo mentalmente al darse cuenta de que la cama en la que la había colocado Ranma era mucho más cómoda que la suya.

No podía parar de pensar en lo que el chico le había dicho. Quería que volviera a casa y formalizar su relación pero, ¿era eso lo que ella quería? Intentó autoanalizarse y sin darse cuenta, se encontró recordando cuando antaño el chico le hubiera dedicado una deslumbrante sonrisa, un guiño travieso, se hubiera puesto celoso aunque no lo reconocería o cuando más recientemente la había vuelto simple gelatina con sólo rozarla.

Cerró los ojos y se llevó una mano inconscientemente al pecho. No podía negarlo. Ranma se coló en su corazón hace diez años y a día de hoy y tras haber intentado odiarle, su corazón se desbocaba al estar en su presencia y su cerebro no mandaba las correctas corrientes eléctricas al resto de su cuerpo cuando le hablaba de cerca o la tocaba.

-Joder...Akane eres un desastre.

Otro tema era que toda su vida estaba ahora en otro país. ¿Sería capaz de tirar eso por la borda y volver a casa? Tal y como él le exigía las cosas, parecía que la quería para que fuera su muñequita ama de casa y ella no había nacido para eso, con todo el respeto a las que sí lo hacían.

Vale que todo fue un malentendido, pero, ¿de verdad la quería a su lado o ahora resultaba que su lado troglodita no soportaba que ella hiciera su vida?

Desesperada, cogió una de las almohadas que reposaba a un lado de su cabeza y la estampó contra su cara, ahogando así un grito frustrante por la encrucijada que tenía delante.

A la mañana siguiente, Akane despertó algo incómoda ya que había dormido en una mala postura, por lo que restregó con fuerza las cervicales con la intención de destensarlas.

Al levantarse de la cama una idea cayó sobre ella como una roca: ''Ranma dijo que hoy vendría, ¿habrá llegado ya?''

Medio angustiada medio ansiosa, miró el reloj de su móvil y este marcaba las 9:16 de la mañana. Con una mueca, pensó que iba a echar de menos dormir tanto.

Suspiró y de reojo, miró las maletas de viaje que descansaban temporalmente en una esquina de su habitación, y un escalofrío recorrió su espalda al ser consciente de que volvería a Nueva York en dos días.

¿Cómo dejaría la chica las cosas? ¿Qué debería hacer?

Incorporándose y saliendo de su habitación en dirección a la ducha, tuvo que sujetar su cabeza por culpa del dolor intenso que se le estaba formando.

''Debería tomar una aspirina tras la ducha'' Se recordó mentalmente.

Cuando abrió el grifo, ya despojada de su pijama, ni siquiera esperó a que la temperatura del agua se tornara tibia y se metió bajo el chorro, esperando que el agua fría ayudara a su dolor de cabeza.

No fue consciente de cuánto tiempo estuvo bajo la ducha, pero cuando los dedos se le empezaron a arrugar decidió que mejor salir.

Con cierto pánico, volvió la vista y suspiró aliviada al comprobar que esta vez sí había toallas.

Se envolvió en una mullida toalla y se pasó los dedos por el cabello húmero, se cepilló los dientes y se encaminó a su habitación de nuevo sintiendo que tras toda la noche pensando, no había aclarado nada al cien por cien.

¿Quería estar con Ranma? ¿Dañaría a Harvey? ¿Sería capaz de trasladarse? ¿Ranma la quería?

Pensando en todas y cada una de esas preguntas, entró en su cuarto con la cabeza gacha, por lo que no fue consciente de que una figura masculina se hallaba tumbada a sus anchas en su deshecha cama.

La chica, ajena a la divertida mirada del chico que la observaba sin miramientos, se encaminó a su antiguo armario para buscar algo fresco que ponerse.

Al abrir la puerta del armario por completo, miró el espejo que se hallaba en la puerta, dándose la vuelta inmediatamente y pegando su espalda contra el mismo.

-¡Joder Ranma! –se sujetaba la toalla con fuerza contra el pecho la chica. -¡Qué te crees que haces, largo ahora mismo!

El chico sin inmutarse, sonrió abiertamente y se estiró sobre la cama, dejando a la chica una leve vista de su vientre marcado el cual había dejado a la vista su camiseta, a causa del movimiento. Despegó la vista casi de inmediato y volvió a clavarle dagas con los ojos.

-¡Ahh! Qué cómoda cama Akane. –Tras acabar de estirarse, simplemente colocó ambas manos tras su cabeza y alzó una ceja. -¿No le das un beso de buenos días a tu chico?

-Lo haría, pero no está aquí. –Respondió mordaz la chica, provocada por la poca vergüenza de él.

Ranma tornó serio su semblante y se levantó lentamente de la cama.

-Creí que ya habíamos aclarado ese punto. –Se acercó al viejo escritorio de la chica y se apoyó en él, cruzándose de brazos y haciendo que estos se marcaran inevitablemente bajo su camiseta gris de algodón.

La chica no pudo evitar pensar que a nadie le sentaban tan bien unos vaqueros desgastados.

Sacudió levemente la cabeza. –No hemos aclarado nada. Y ahora, vete fuera que tengo que cambiarme.

-¿Le has llamado? –Ignoró sus palabras y preguntó directamente.

La chica rodó los ojos. –No he llamado a nadie. –Sabía a qué se refería perfectamente. –Ni siquiera sé si habrá llegado a casa o si estará durmiendo por el cambio horario.

Ranma frunció los labios y asintió distraído.

-Pues vamos, vístete que hoy pasaremos el día juntos.

Ella, agarrando fuerte el nudo de la toalla, le miró escépticamente.

-¿Pasar el día juntos? Ranma no puedo...tengo que estar con mi familia...me tengo que ir en...

-Por favor. –La cortó de nuevo, no queriendo oír el final de esa frase.

Se acercó a ella y tuvo cuidado de no inhalar demasiado, pues el aroma de la chica y su visión de la misma tan sólo en una toalla y con las gotas cayendo de su cuerpo, era una combinación que suponía demasiado para el luchador.

-Concédeme eso sin tener que sacar a relucir al cavernícola que llevo dentro. –Le concedió a la chica, bromeando, lo cual le sacó una leve sonrisa que intentó reprimir apretando los labios. -Te prometo que si te arrepientes al final del día...acataré lo que tú me digas.

Ella pareció pensarlo. No parecía una mala oferta al fin y al cabo, siempre que de verdad la fuera a respetar, claro.

Suspiró pesadamente. –De acuerdo. –Aceptó ante la sonrisa del chico, que se hacía cada vez más grande. –Pero como te salga el homo sapiens que llevas dentro una sola vez, te juro que te pego una patada en los mismísimos, me largo tan ancha y no me verás el pelo. –Le amenazó alzando un dedo en su dirección como aviso.

Al chico le causó gracia verla en una pose tan ''amenazadora'' mientras le advertía, pero a la vez la encontraba arrebatadoramente sexy mientras le cantaba las cuarenta y le ponía sobre aviso.

-Hecho, nena. –Aceptó sonriente.

La chica echó una mirada rápida a la puerta, indicándole que debía salir de su cuarto para que se pudiera vestir.

Él obvió ese gesto y sonrió de medio lado. -¿No quieres que te ayude a vestirte?

En la planta baja, Ranma se sobaba el hombro que Akane le había golpeado con un puñetazo limpio ante su insinuación mientras esperaba a que la joven se arreglara.

Una sonrisilla de suficiencia y orgullo se instaló en su cara al pensar que la chica se estaba arreglando para salir con él.

-¿Y esa cara chico? –le preguntó Soun con curiosidad, mientras pasaba ante él en dirección al jardín.

-Hoy va a ser un buen día, Soun. –Afirmó el chico.

Se oyó una puerta cerrándose y pasos lentos y suaves bajando las escaleras, lo que le hizo mirar en aquella dirección. –Un muy buen día.

Soun sonrió levemente y tras palmearle el hombro, se dirigió a pasear por su hermoso y floreado jardín, deseando en lo más profundo de su corazón que el chico tuviera razón.