Antes de nada, os aviso de que este capítulo contiene un breve contenido nivel...¿4 o 5 de 10? Espero que a nadie le moleste y prometo que he intentado hacerlo lo más elegante y poco soez que se me ha ocurrido.
-35-
-¿Disney?
La chica se giraba hacia su corpulento acompañante con mirada asombrada.
El chico a su lado, la miró y se encogió de hombros con una sonrisa.
-Disney. –Afirmó rotundo. -¿Hay mejor forma de pasar un día acaso? –Le preguntó alzando las cejas.
Ella volvió a mirar al frente y sonrió, negando con la cabeza. –No venía desde hace muchos años.
Él, satisfecho por haber acertado, le pasó con seguridad un brazo sobre sus finos hombros y atrayéndola a su costado, comenzó a caminar en dirección a la entrada, mientras ella se dejaba guiar.
-¿Quieres que te compre una diadema de esas con orejas de Minnie? –Bromeó el chico, ganándose un codazo aunque no muy fuerte a la altura del estómago. Ese gesto le hizo sonreír como un bobo y darle un apretón en los hombros a la chica.
-Sólo si tú también te pones unas. –Le miró desafiante la chica.
Él bufó y continuó caminando. –Vale, nada de orejas.
Ella rio divertida y tras pagar las entradas de ambos, el chico la dirigió hacia dentro del parque sin soltarla de su lado.
Caminaron de un lado a otro toda la mañana. Desayunaron tortitas con forma de personajes Disney y se sacaron fotos divertidas con varios personajes disfrazados, bueno, ella más que él, ya que eso de posar con personajes infantiles no le acababa de llamar al varonil luchador.
Akane rodó los ojos y agarrando su muñeca con ambas manos, tiró de él para sacarse una foto juntos con el pato Donald. Él, al sentirse arrastrado por ella, no pudo más que resignarse y sacarse la foto para complacerla.
Caminaban de atracción en atracción mientras ella reía mirando las fotos sacadas con su móvil y burlándose de su cara de circunstancia en algunas instantáneas.
Él la dejaba hacer, que se riera todo lo que quisiera, porque no podía parar de mirar lo jovial que se veía y lo feliz y relajada que se mostraba. Había sido un puntazo traerla y se pateó por no haberse portado mejor desde un principio y haberla traído antes.
Mientras hacían una breve cola para comprar un algodón de azúcar azul, antojo de la chica, Ranma sin dudarlo le puso ambas manos en la cintura y la puso ante él, pegándola a su cuerpo y dejando reposar sus manos en el estómago de la chica.
Akane se sonrojó levemente y mirando a un lado, una pareja de mediana edad que se sentaba en un banco cercano, le sonreía con añoranza. Como si verles abrazados y riendo les recordara a sus tiempos en los que eran una joven pareja enamorada.
Volvió su vista al frente y notó que el chico se inclinaba sobre ella, para posar un beso en su sien. -¿Qué miras? –Le preguntó cerca de su oído, provocando que toda la piel de ese lado de su cuerpo se erizara.
-Nada. –Intentó restarle importancia. –Esa pareja de ahí nos estaba mirando. –Le explicó avergonzada.
El chico, miró a dónde ella le indicaba y al comprobar que en efecto, así era, les sonrió de vuelta y abrazó aún más fuerte a la chica.
-Yo tampoco podría evitar mirarte.
Un agradable cosquilleo se asentó en la tripa de la chica y no se movió de allí. Intentó calmar sus nervios por sentirse como una adolescente y cuando fue su turno, pidió su algodón de azúcar y se alejaron del puesto, notando que el chico no había soltado su cuerpo y ahora la sostenía a su lado por la cintura.
Al final del día y tras haber probado gran parte de las atracciones, ambos se encaminaban ya a la salida del parque, el chico caminando tranquilamente al lado de Akane, quien se había subido a un breve muro de piedra, que la hacía estar ligeramente más alta que Ranma, y caminaba lentamente.
-Qué mala idea traerte al parque. Lo lamento muchísimo, sé que no has disfrutado nada y que este día no ha merecido la pena en absoluto.
Bromeó el chico notablemente, intentaba picarla ya que estaba convencido de que al inicio del día, ella debía pensar que la iba a arrastrar a alguna cueva oscura y ejercer de hombre de las cavernas con ella.
La chica, le miró con una ceja alzada y le siguió la corriente, no dejándose picar.
-Bueno, ha sido un sacrificio, pero así te irás a dormir tranquilo por haber cumplido tu sueño.
Él se paró y la miró. -¿Mi sueño?
Ella se paró a su vez sobre el muro. –Sí, salir con Akane Tendo por ahí.
Akane bromeaba, obviamente, pero el chico frunció el ceño levemente, y su expresión se tornó algo apagada.
Ella, dándose cuenta intentó corregirse. –Disculpa Ranma, no pretendía... ¡Ranma!
Sin previo aviso, volviendo a transformar su cara en una expresión pilla, el peli negro abrazó las piernas de la chica y la alzó sin dificultad alguna, cargándola como un saco de patatas.
-¿Así que no pretendías, eh?
Mientras caminaban ante la atenta y curiosa mirada del resto de personas que se dirigían a la salida, la chica intentaba no mirarles y que Ranma la bajara.
-¡Bájame! ¡Qué te dije sobre ser un homo sapiens! ¡Que me bajes jod...!
-Shh Akane por Dios, que hay niños por aquí mujer. –Seguía avanzando mientras sujetaba la parte trasera del vestido de la chica con una mano. Si se le veía algo y algún capullo miraba, acabaría partiéndole la cara y mejor no arriesgarse.
Entre improperios varios, ignorando a la multitud infantil, la chica le demandaba ser soltada de inmediato, petición que el chico, divertido a más no poder, desestimó vez tras vez mientras caminaba con ella en su hombro hacia su coche.
Al llegar, aún sin soltarla le demandó: -Reconoce que has disfrutado del día como una niña pequeña, dame las gracias y te bajaré.
Akane, aun con dolor en la tripa se negó: -No me da la gana.
-Bien. –Aceptó divertido Ranma. –Me alegra que te guste esta postura, porque así te quedas guapa.
Al ver que sus patadas y manotazos eran inútiles, la chica desistió y bufando resignada, posó sus manos sobre los fornidos y torneados hombros del chico y se alzó hacia arriba, posición que dejó a Ranma noqueado durante varios segundos, pues al mirar arriba se encontró con los pechos de Akane a menos de un palmo, escondidos bajo al top de ese vestido fruncido de color rojo que hoy llevaba y que le estaba matando desde que la había visto bajar las escaleras.
Tragó con dificultad y alzó un poco más el rostro para mirar una preciosa cara con una ceja alzada.
-De verdad que eres un pervertido.
El chico inclinó la cabeza a un lado. –Lo que tú digas, pero de ahí no bajas.
Akane, ya cansada de ser portada como si nada, cedió mirando a otro lado: -He disfrutado del día. Gracias Ranma.
Él torció el gesto. –Bueno, tendrá que servir supongo.
-Exacto, ahora, ¿me bajas de una puñetera vez?
-Si me lo pides tan amablemente, cómo negarme... –aceptó sarcásticamente el luchador.
Akane contuvo el aliento, pues lejos de simplemente soltarla, el chico la bajó suave y lentamente sin despegarla de su cuerpo, rozando toda su extensión en el camino a propósito. Cuando sus pies tocaron el suelo, sus manos aún se sujetaban a los masculinos hombros y sus caderas seguían sujetas por las manos del chico.
-Eres una gruñona. –Le susurró Ranma, mirando directamente a los labios color cereza de la chica y sintiendo que se le encogían las entrañas y sus labios quemaban por cerrar la distancia que les separaba.
-Y tú un bruto. –Contraatacó con el mismo tono de voz.
-Dime algo que no sepa.
Sin poder aguantarlo más, el chico salvó la distancia que les separaba y agachó su cabeza capturando los labios de su prometida. ''Su prometida'', recalcó en su cabeza.
Intentó que el beso fuera suave, pero al estampar sus bocas y notar lo mullidos y cálidos que eran los labios de Akane, sintió que hervía y no fue consciente de cuando sin pensarlo, comenzó a devorar su boca como si fuera la única agua que quedara en el mundo y él estuviera desesperadamente sediento.
La chica por su parte, correspondió a la fiereza del beso como quien se deja llevar ciegamente. Sus bocas se enredaban y luchaban por descubrir los sitios más recónditos del otro.
En cierto momento, la chica rodeó el cuello de Ranma a la vez que se ponía de puntillas para poder rodearle, movimiento que el chico aprovechó para rodear con fuerza su cintura con los brazos y darle la vuelta de forma rápida para presionarla contra el lateral del coche.
Un ligero quejido salió de la garganta de la chica, aunque lejos de parar, inclinó más su cabeza a un lado para poder tener un mejor ángulo y profundizar más el beso.
El chico deshizo su agarre sin bajar la intensidad de sus besos y lentamente, bajó sus duras manos por los costados de la chica, que febrilmente le devolvía el beso, abarcando sus curvas en el proceso.
Akane al sentir sus manos recorrer sus costados en dirección descendente, notó que su vientre se contraía dulcemente y apretó el agarre en el cuello masculino, lo que la impulsó levemente hacia arriba y contra el férreo pecho del chico, el cual al notar las delicadas formas de la delantera de la chica, emitió un grave sonido desde lo más profundo de su garganta.
Siguieron besándose con desesperación, notando ambos que sus temperaturas estaban elevándose y sus cuerpos reaccionando a la cercanía y efusividad del otro.
En un momento dado, una de las manos del chico abarcó el trasero de ella por un lado, pegándola a él con la fuerza digna de un luchador invicto y la pasión con la que un hombre desea a una mujer. Y en efecto, no hubo duda de ese deseo cuando al pegarla a su cuerpo, la chica notó ese deseo contra la parte inferior de su vientre.
Ese fue el momento en el que se dio cuenta de que estaban en un aparcamiento público y abriendo los ojos, despegó sus labios del fogoso peli negro, que vio la oportunidad de devorar su cuello.
-Ranma, eh para. –La chica le pedía entre susurros y suspiros, siendo consciente de que si seguían así, el chico le arrancaría el vestido ahí mismo. –Ranma en serio, tienes que parar, estamos en el parking y se acerca gente.
El chico separó su rostro lo justo como para mirarla a los ojos muy de cerca, dejando ver a la chica que sus ojos no se podían abrir por completo y que se relamía los labios como si acabara de degustar un postre de chocolate.
Ese gesto casi desquicia a Akane, pero tomando consciencia de nuevo, le instó a reaccionar.
-Será mejor que...nos apartemos. –Comentó con dificultad.
Ranma, con la mirada turbia y los labios hinchados, miró una última vez a una Akane con el pelo revuelto y la delantera del vestido descolocado, una imagen que valía millones, y notando voces que se acercaban se separó levemente y se pasó una mano por su desordenado pelo.
Akane se colocó sonrojada el vestido y se echó atrás para poder respirar un poco en su espacio personal.
El chico, tratando con todas sus fuerzas de ignorar lo incómodo que se sentía por estar a medias, la miró de nuevo.
-¿Tienes hambre?
Bueno, prometo que sigo subiendo actualizaciones cada vez que puedo. Sé que es una historia larga, pero tal y como la tenía y tengo en mi cabeza no podía acortarla mucho. Espero que la sigáis disfrutando y que continuéis leyéndola. Adoro ver vuestras reviews :)
