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Al día siguiente, Akane se encontraba sentada junto al estanque del jardín familiar, pasando distraída una mano por el agua fresca mientras apoyaba la barbilla, pensativa, en una de sus rodillas flexionadas.
Su hermana Kasumi había venido a preparar la comida a modo de despedida para su hermana, por lo que se hallaba atareada en el interior de la casa. Soun leía el periódico y de vez en cuando miraba a su hija menor, sabiendo que se debatía internamente. Pues tras los acontecimientos en el restaurante, la partida del americano y su salida en el día de ayer con Ranma, no era tan obtuso como para no oler lo que tenía ante las narices.
Él siempre había considerado a Ranma como si fuera su hijo. El tiempo que estuvo prometido a su hija, el patriarca deseó con todas sus fuerzas que lo suyo fuera hacia adelante, por el bien de las escuelas y porque sabía que esos dos hacían unos patéticos esfuerzos por ocultar que se querían con locura.
Pero aunque quería muchísimo a Ranma, la felicidad de su hija es lo que más le preocupaba, pero decidió no intervenir y de momento, ver cómo se desarrollaban los acontecimientos.
-Entonces... ¿os habéis acostado?
Akane levantó la vista con los ojos como platos hacia su hermana Nabiki.
-¡Nabiki! –Le salpicó un poco de agua a modo de reprimenda, a lo que su hermana mayor rió divertida. –No tienes vergüenza.
-Bueno chica, qué quieres...me dices que os habéis enrollado como fieras en un parking público, ¿qué quieres que piense una?
Akane, con cara de incredulidad le rebatió: -¡Yo no he dicho que nos enrolláramos como fieras, so bruta!
Esta vez, le dio un manotazo sobre el pecho izquierdo para que dejara de decir tonterías.
Ante el ataque, Nabiki abrió la boca y se llevó la mano al pecho golpeado. -¡Me has dado en la teta!
-Te lo tienes bien merecido...papá está ahí mismo, para de decir esas cosas que parezco una fresca, joder. –Se disgustó Akane. –Aunque al igual, lo soy. Ni siquiera he acabado las cosas con Harvey y voy yo y...
-Te enrollas como una fiera con Ranma. –Acabó la frase por su hermana pequeña.
Akane la miró con hastío. –Qué plasta eres.
-Joder Akane, a mí no me engañas, ese maquillaje mal hecho sobre el chupetón de ahí es una chapuza. –Se reía Nabiki mientras señalaba al cuello de Akane.
Akane se acomodó mejor el pelo rápidamente y bufó. –Desde luego no eres de ayuda. –Escupió Akane con rabia.
-Venga mujer, -empujó su hombro juguetonamente Nabiki. –Soy tu hermana mayor, si no me río yo de ti, ¿quién lo hará?
-Ya, pero no tiene gracia Nabiki. ¿Qué leches voy a hacer con mi vida? –Se lamentó Akane apoyando su frente contra las rodillas.
Nabiki suspiró y miró a su hermana. Comprendía que debía estar bastante confundida y ella pretendía quitarle hierro al asunto, pero en verdad debía ayudarla.
-¿Tú le quieres?
La peli azul levantó el rostro. -¿Qué?
-A Ranma, boba. ¿Le quieres?
Akane calló y miró a la nada, pensando en qué respuesta era la acertada.
-Te diré lo que pienso, Akane, y te saldrá gratis. –La hermana menor la miró con una ceja alzada pero Nabiki continuó. –Tienes unos sentimientos fuertes por Ranma, que tres años separados y un malentendido del tamaño de la torre de Tokio no han podido mitigar. Aprecias a Harvey, le tienes mucho cariño y te gusta su compañía...pero es más bien algo así como tu mejor amigo en estos momentos. Claramente cariño, no te he visto mirarle ni con la mitad de fuerza con la que miras a Ranma.
Akane trago con dificultad ante la sinceridad de su hermana.
-Pero tienes tu vida en Nueva York. Una carrera que sube y sube y que te ha costado sangre, sudor y lágrimas construir. Sinceramente, antes que Ranma, Harvey o nadie, estás tú hermanita.
Akane se sintió profundamente agradecida por las palabras de su hermana. Primero estaba ella, sí.
-¿Debería volver a Nueva York sin más?
-Bueno, no te haría daño dejar las cosas bien con Ranma esta vez. Pero en mi opinión, necesitas tiempo de verdad. Sin Ranma, sin Harvey...sólo tú. Conócete a ti misma de nuevo para poder entregar tu corazón sin reservas a quien tú elijas.
Akane miró de nuevo al estanque. Era cierto, necesitaba tiempo para ella.
Aunque le dolía aceptarlo, era cierto también que no quería a Harvey como su novio, amante, o mucho menos como su futuro marido...casi había cometido un gran error. Aun así se sentía fatal al imaginarse que al volver a Nueva York debería enfrentar al que había sido su compañero durante tanto tiempo, su confidente y el que había sido su primera vez.
Harvey era importante para él, sin duda, y durante un tiempo creyó que le quería...de otro modo no se habría entregado a él, pero en estos momentos se daba cuenta de que lo que sentía por él, no se equiparaba a lo que sentía aún por Ranma.
Ranma... ¿qué le iba a decir? O peor... ¿cómo se lo tomaría?
Tras el día de ayer y lo que pasó al finalizar este, sabía que no podía simplemente irse. Aunque fuera un troglodita cromañón, el día de ayer había sido realmente especial para ella. Había comprobado que realmente podía ser un hombre dulce y cariñoso, si ella le dejaba.
Y maldita sea, se le revolvía la tripa al pensar en dejarle y quizás perder la oportunidad de poder ser feliz a su lado...pero siendo realistas, no podía dejarlo todo de lado.
-Sé lo que tengo que hacer...aunque no le gustará.
Nabiki la miró con cariño y le puso una mano sobre la rodilla a su hermana pequeña.
-Si te quiere, hará lo que sea.
