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Akane miraba con semblante apagado a través de la ventana. El jardín estaba bellamente iluminado por la luz del atardecer y los farolillos blancos que sus hermanas se habían encargado de colocar.
Su padre había organizado una reunión de despedida que incluía a Nododa y Genma, junto con algunos vecinos.
Ranma no había sido mencionado, pero era más que obvio para ella que iba a aparecer por allí.
Suspirando, la chica sólo esperaba que no montara una escena ante lo que tenía que comunicarle. Tendría que buscar un momento oportuno para hablar con él e intentar que la entendiera.
Miró su reflejo en el espejo, caminando hacia él mientras se alisaba una arruga imaginaria de su falda blanca de vuelo. Se colocó los finos tirantes de la blusa amarilla y se pasó los dedos por su melena azulada, que había dejado suelta y que reposaba sobre sus hombros y espalda.
Escuchaba que la puerta principal se abría y torció el gesto.
-Es la hora, Akane. –Se dijo a sí misma, infundiéndose fuerzas.
Al salir al jardín, una suave música daba el toque perfecto a la velada. Saludó a Genma y Nodoka, sorprendiéndose al recibir un cálido abrazo por parte de esta última.
Aun sin soltarla, la agradable mujer le dijo: -Oh querida, lamento mucho todo lo que ha pasado...ojalá vuelvas pronto, o no tuvieras que marcharte.
La chica se deshizo suavemente del abrazo para mirar a la madre del hombre que la tenía entre la espada y la pared.
La mujer se acercó y añadió en voz baja: -Mi hijo es un cazurro, no te lo voy a negar. –Comentó, como si fuera una confidencia.
Dichas palabras causaron una leve sonrisa divertida en la peli azul.
-Pero te quiere mucho cariño. Nunca ha visto a una mujer como te ve a ti. Una madre nota esas cosas...
Akane, con un nudo en la garganta, no supo qué responder, por lo que simplemente se quedó observando en silencio a Nodoka. Apenas fue consciente de cuando Kasumi depositó en sus brazos a la pequeña Sakura, excusándose con que estaba atareada dentro y necesitaba que la vigilara.
Miró a la hermosa niña en sus brazos, que le devolvía la mirada con la boquita abierta, llena de curiosidad antes de reír con ganas.
Akane le sonrió con ternura y la afianzó a su costado, sobre la cadera, para después mirar de nuevo a Nodoka.
-Tenemos mucho equipaje encima, tía.
La mujer sonrió comprendiendo y posó una mano de forma maternal sobre su mejilla.
-¿Y necesitáis que se haga más pesado?
No le dio tiempo a contestar a su ex suegra, justo cuando la suave melodía de la canción Best Part, de Daniel Caesar, las palabras se quedaron en su garganta al abrirse la puerte de entrada, dando paso al peli negro que con todo su porte pareció llenar el jardín entero con su presencia.
Todos lo saludaron desde sus posiciones, familia y vecinos, a la vez que él cerraba la puerta y entraba.
Para Akane pareció detenerse el tiempo.
El chico, engalanado con una camisa lino color celeste, dejaba ver su camiseta interior blanca al estar abierta, tras la cual se apreciaba su marcada musculatura y lo ancho de su pecho. Akane pensó que nunca lo había visto tan arrebatadoramente guapo como en ese momento, caminando dentro de unos vaqueros desgastados y con su pelo húmedo, probablemente a causa de la ducha.
Su espectacular presencia la dejó anclada en el sitio, y habría trastabillado torpemente de no ser porque era muy consciente de que sostenía a su sobrina. Pero lo que llamó su atención, fue el comprobar que el chico sostenía en una de sus manos un peluche que desde esa distancia, pudo distinguir como el pato Donald.
Akane se sonrojó levemente, y se le cruzó por la mente la estúpida idea de que se lo hubiera traído a ella.
Cuando los ojos de Ranma la localizaron, sonrió mostrando su blanca dentadura y tras saludar brevemente a un par de personas que se le acercaron, encaminó sus pasos hacia la muchacha.
Al llegar a su altura, besó ligeramente a su madre en la mejilla a modo de saludo y volvió a posar su mirada en la peli azul, que se veía condenadamente bonita a sus ojos mientras cargaba a su sobrina sobre la cadera.
Para entonces, la canción había terminado y a Akane no le había parecido vivir un momento tan de película en la vida.
-Hijo, qué alegría que hayas venido. ¿Verdad Akane? –Para la mujer no le había pasado desapercibida la manera en que Akane se había quedado prendada de su hijo al entrar.
La chica por su parte, haciendo un esfuerzo sobrehumano ante la pregunta directa de la mujer hacia ella, carraspeó para disimular y sonrió comprometida.
-Claro. –Se cambió a Sakura de una cadera a otra, agradecida por tener las manos ocupadas. –Gracias por venir.
Intentó sonar segura, pero su voz sonó apenas audible.
Él sonrió y sin darle tiempo a reaccionar, estiró los brazos en dirección a la pequeña y suavemente, la asió y la sujetó contra su costado, como hacía Akane.
-Eh peque, hola a ti también. –Saludó a la pequeña de Kasumi de forma dulce, provocando que esta riera divertida por ser cargada de un lado a otro.
Nodoka les dejó algo de espacio con toda la intención, deseando que su vástago y Akane tuvieran algo de tiempo, el máximo posible, y se dirigió a donde Genma y Soun hablaban, aunque atentos a sus hijos a la vez.
Akane, ante la visión de Ranma con la pequeña en brazos, no pudo más que rezar por que no se le cayera la baba, lo cual la dejaría en una lamentable evidencia.
¿Podía haber algo más sexy que un hombre haciendo carantoñas a un bebé?
Sí...Ranma haciéndole carantoñas a un bebé.
-Esto es para ti- Interrumpió el chico sus pensamientos mientras le tendía el peluche con la mano libre. –Sabía que siempre te gustaron estos bichos, pero en Disney me quedó más que claro cuando me arrastraste literalmente para hacernos la foto con él.
-Gracias... –le contestó ella medio sorprendida, medio atónita porque acababa de llamar a su animar favorito, ''bicho'', pero al mirarle y ver sus ojos azules, añadió –No, en serio, me gusta mucho.
El chico se limitó a sonreír e inclinarse sobre ella levemente, posando sus labios sobre la delicada y encendida mejilla de Akane, quien miró mientras tanto alrededor de reojo.
Pudo observar cómo cada quién disimulaba a su manera, a cual peor, claro.
-Estás preciosa Akane.
Ella giró lentamente su rostro al de Ranma y éste pudo ver el brillo en los avellana de su amada. Esta se mordía el labio nerviosa, lo cual también captó el luchador.
-Ranma, tenemos que hablar, yo...
-Eh, -la cortó con voz suave a centímetros aun de su rostro, -Luego. –Le medio afirmó, medio preguntó. Aunque a los oídos de la chica, pareció un ruego.
Perdida en sus intentos ojos azules, Akane asintió mecánicamente. Mirando a su sobrina feliz en brazos de Ranma, no le dio tiempo a morder su lengua cuando las palabras ya habían salido de su boca.
-Te queda bien.
Ranma, mirando a la pequeña entendió a lo que Akane se refería y sonrió de lado, aunque sin que le llegara a los ojos.
-No más que a ti, Akane.
El resto de la velada pasó tranquilamente, entre palabras de amor a la pequeña hija de Soun por parte de la familia a modo de despedida y brindis por su éxito de parte de todos, aunque tuviera que ser tan lejos.
Sutilmente, cada vez que se llevaba la copa a los labios, observaba fugazmente el rostro contraído de su prometido.
Paró la copa de golpe antes de que rozara su boca por enésima vez ante ese pensamiento.
''¿He pensado en él como...mi prometido?''
Ante esa idea, volvió a mirarle disimuladamente y le vio mirando la copa de sus manos, percatándose también de la mirada preocupada que le lanzaba Nodoka a su hijo.
Como atraído por los pensamientos de la chica, Ranma levantó la vista y clavó sus irises sobre la chica, que de repente no podía apartar la mirada de él.
Tras varios segundos que parecieron horas, en los que ambos se sostuvieron la mirada, Akane tragó el resto de lo que quedaba en su copa y se dispuso a acabar de hablar con el vecino de toda la vida de su padre al cual hacía rato había dejado de prestar atención, para ir a buscar a Ranma.
No podía más. Había llegado el momento.
