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Akane miraba de reojo a Ranma mientras daba ligeros sorbos a su refresco de limón. No quería alcohol, necesitaba desesperadamente refrescarse, pues en esa discoteca parecían no conocer la magnífica invención del aire acondicionado... Aunque bien pensado, puede que no fuera cosa del local el calor sofocante que estaba sintiendo, sino de su posesivo acompañante que no se despegaba de ella.

Apenas fue consciente de que sus labios se resecaron en el momento en que el chico, acalorado también, acababa con su bebida y procedía a mordisquear los pequeños hielos que quedaron al fondo del vaso de manera distraída.

Akane no podía apartar la mirada de su garganta ni de su mandíbula, que trabajaba para masticar el hielo.

La chica se sentía un poco segura en su lugar pues creía que Ranma no era consciente del escrutinio al que era sometido por su parte, pero ajena a ello, Ranma era plenamente consciente de que su bella acompañante no le quitaba el ojo de encima.

En un momento dado, el peli negro se giró y la miró con una sonrisa torcida mientras acababa de tragar un pequeño trozo de hielo.

-¿Ves algo que te guste? –le preguntó bajando un poco a su altura para poder ser escuchado.

La joven enrojeció y miró a otro lado, pues se había quedado sin palabras muy a su pesar. Por suerte, un camarero bastante atractivo llegó para salvarla.

-¿Te pongo algo más, preciosa? –Le preguntó con mirada directa a Akane, mientras apoyaba sus brazos contra la barra justo frente a la chica.

Sin darle más importancia al piropo, la chica iba a pedir un agua helada cuando Ranma se le adelantó.

-¿Te pongo algo yo? No sé... ¿tus modales en su sitio? –Akane rodó los ojos y le tocó el brazo para advertirle, pero el luchador hizo caso omiso mientras observaba impasible al camarero que había piropeado en su cara a su chica. Este, precavido, se retiró a otro lado de la barra a continuar con su trabajo bajo la atenta y gélida mirada del peli negro.

-Ranma, ¿qué haces? Sólo era amable.

Con mirada fiera la enfrentó. –Amable mis pelotas. Veo cómo te miraba desde que has llegado a la barra...veo cómo te miran todos en este puñetero local.

Akane miró cómo Ranma vagaba la vista a su alrededor, buscando a posibles mirones que se estuvieran propasando.

-Ranma. –Le llamó en vano. -¡Ranma! –Nada. La chica desesperada y acalorada, asió el coletero que reposaba en su muñeca y ató su azulado cabello en una coleta alta para que su nuca respirara, calmándose así momentáneamente.

Cansada de que el chico fuera a lo suyo, iba a disponerse a darse la vuelta para esperar en otro lugar a sus hermanas, cuando de la nada salió una mano con uñas rojas afiladas y se posó sobre el poderoso brazo de Ranma, el cual al notar el agarre, se giró para encontrarse con la mismísima Kairi, la pedante e incansable acosadora del imponente chico en los años de universidad, y que casi le devora entero en sus narices hace algo más de tres años.

-¡Vaya, vaya! Si es el mismísimo Ranma Saotome. ¿Qué haces por aquí? –Le habló de forma melosa al chico, lo cual envió un ramalazo de adrenalina al brazo de la chica, que tuvo que contenerse para no agarrarle y ponerle tras ella como una auténtica cavernícola.

''Dios mío, ¿yo he pensado eso?'' Se sorprendió a sí misma la chica.

-Hola... Ehh ¿Kira?

Akane tuvo que apretar sus labios que amenazaban con romperle la cara en una enorme y satisfecha sonrisa si los dejaba escapar. Cómo le había crispado los nervios esa chica en la universidad.

La aludida, frunció el ceño levemente pero volvió a mostrar una sonrisa gatuna, aun sin reparar en Akane.

-Casi...Kairi.

''Por Dios...qué penosa.''

Ranma asintió distraído sin decir nada. Para alivio de Akane, no parecía tener ganas de darle conversación.

-Bueno, ¿te apetece bailar un poco? Podemos charlar y ponernos al día...ya sabes.

Akane vio con horror cómo la susodicha, recorría con un afilado dedo el brazo de Ranma en un intento de resultar atrayente, lo que le produjo que finalmente su brazo actuara sólo, agarrando con lentitud la mano de Ranma y asiéndolo hacia ella, le colocó a su lado y dejó reposar su mano libre en el pecho del asombrado luchador.

Por fin, Kairi reparó en ella y la miró de arriba abajo como si fuera un insecto.

-Oh lo siento, pero justamente esta canción la tiene reservada, guapa. –Ranma la miraba con los ojos como platos, complacido a más no poder y dejándose hacer. Akane le dio la vuelta, bueno, Ranma se dejó dar la vuelta por ella y ser empujado levemente en dirección a la pista de baile. –Un placer verte de nuevo, Kira.

La peli azul vio con regocijo cómo la aludida se sacudía dignamente el pelo y alzaba la voz en su dirección.

-¡Es Kairi!

Akane se giró y con una sonrisa, levantó el pulgar en su dirección y volvió a caminar, aunque le dio tiempo a observar el semblante hastiado de la insatisfecha chica.

Cuando llegaron a la pista, mientras sonaba If I can't have you, Ranma tomó de nuevo el control de la situación y cogiéndola de la cintura, la puso ante él para inquirirle con gesto divertido: -¿Celosa?

Akane puso los ojos en blanco y cuando enfocó de nuevo en él la mirada, se paralizó al comprobar que este la miraba intensamente, recorriendo su silueta de arriba abajo sin reparos y con la mirada oscurecida.

Aunque cohibida, no pudo evitar devolverle la pulla aunque con voz entrecortada: -¿Ves algo que te guste?

El chico dejó de vagabundear la mirada sobre el prodigioso cuerpo de Akane y miró sus ojos, ya sin gesto divertido.

-No tienes ni idea.

Akane ahogó un suspiro y abrió sus labios para intentar hablar pero fue para nada, puesto que en medio segundo el chico, cegado por el deseo y la tentación de tenerla así, entre sus brazos y acalorada, juntó sus labios desesperadamente con los de ella en medio de todo el mundo, sin importarle nada ni nadie, sólo la chica que tenía sujeta como si la vida le fuera en ello.

La abrazó posesivamente cruzando sus brazos por la espalda de la chica, a la altura de la cintura, mientras esta, tras unos segundos de sorpresa, cerraba los ojos y tiraba sus brazos tras el cuello de Ranma, dejándose llevar por ese beso que se tornaba más ardiente a cada segundo que pasaba.

Ranma bebía de ella, no parecía tener suficiente y el hecho de tenerla ahí, deshaciéndose con sus besos tras un ataque de celos hacia otra mujer que se le había insinuado, le hizo volverse loco por tenerla completamente. Nada le había parecido más sexy y atrayente en toda su vida que el hecho de ver a Akane un poco cavernícola con él.

Dejó sus manos deshacer el agarre sin romper la intensidad del beso, para posarlas sobre las caderas de la chica por sobre la falda y pegarla a él.

A pesar del lugar, la gente y la música, el chico sólo pudo ser consciente de toda la anatomía de la chica de sus sueños, que pegada a él como una segunda piel, se agarraba a su cuello con firmeza, dejándole sentir todas sus curvas casi sin reservas.

El intrépido chico intentó colar una mano entre su falda y la blusa para sentir su piel, lo cual consiguió, y abarcando la nueva piel expuesta de su cintura con una mano, Akane despegó sus labios de los suyos para respirar, consiguiendo un leve gemido que a oídos de Ranma, sonó como música celestial.

No dejó de acariciarla cuando llevó sus labios al oído de la chica.

-Eres lo más precioso que he visto en mi vida.

Akane suspiró contra el cuello del chico, cerró los ojos y apretó sus manos al cuello de él, notando cómo esas palabras la habían dejado KO.

Sin poder evitarlo, se puso de puntillas y agarró el labio inferior del chico entre los suyos, dejándolo escapar lentamente para luego hablar sin despegar sus bocas: -Llévame a otro sitio.

Ranma entonces apartó levemente su cabeza y la miró con los labios entreabiertos y el flequillo tapando parcialmente sus oscurecidos ojos azules.

Emitió un gruñido y sacando su mano de la blusa de la chica, agarró su mano y se encaminó a la salida, olvidando totalmente que las hermanas de Akane debían andar cerca.