Atención: Escena subida de tono en este capítulo. Leer a discreción propia. ¡Un saludo!
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Casi metro noventa de puro músculo se abría paso entre el gentío de la discoteca, desesperado por sacar a la bella chica que sujetaba su mano con firmeza de ese apabullado local.
Justo cuando estaban a punto de llegar a la salida, la joven sintió que una mano agarraba su brazo haciendo que diera un paso atrás.
Tanto ella como el chico se giraron para ver quien había interrumpido su salida, y se encontraron con el rostro de Nabiki, que les miraba curiosa.
-¿A dónde vais con esas prisas?
-Ahora no, tu hermana y yo tenemos que hablar. –Ranma no dejó tiempo para más preguntas. Necesitaba salir de ahí al instante.
-Pero…-La hermana mediana se quedó con las palabras en la boca, pues la pareja se alejaba apresuradamente ante sus ojos.
-¿A dónde van? ¿Se marchan? –Llegó a su lado Kasumi, viéndolos marchar apresuradamente.
-¿Tú a dónde crees que van hermanita? –La miró la mediana divertida. –Anda, ya volverán si quieren, no hemos dejado a los niños para nada. ¡Te invito a la primera!
Kasumi asintió y volvió a mirar una última vez en dirección al camino que había emprendido su hermana pequeña con su antiguo prometido, suspiró y sonrió de medio lado antes de seguir a Nabiki a la barra.
Al salir, el fresco aire de la noche les dio la bienvenida. Aún agarrados de la mano, se miraron fijamente antes de que por iniciativa del joven volvieran a echar a andar calle abajo.
Al girar la calle, dejando el sonido ensordecedor de la discoteca atrás, la chica comprobó que estaban ante una gran puerta negra de hierro, escoltada por dos corpulentos hombres que les miraban con curiosidad cuando llegaron ante ella.
-Hola Taro, ¿está Hiroshi? -Preguntó el azabache con voz ahogada a uno de los hombres, sin soltar su mano y manteniéndola pegada a él.
-Hoy no. –Respondió inmediatamente.
-Estaremos arriba. -Sentenció el chico, no dando pie a réplica.
El otro hombre asintió una vez y abrió la puerta por la que Ranma la hizo entrar, por delante de él.
-¿Dónde estamos? -Preguntó ella, sofocada por las prisas y por los nervios.
-Conozco al dueño de la discoteca. -Concedió, como única explicación de que ese sitio era de su propiedad y por ello él tenía acceso.
No dejaron de avanzar hasta que llegaron a una enorme sala de estar, bañada por una tenue luz cálida.
La chica distinguió varios sofás de color gris y un enorme escritorio en el centro con un moderno ordenador Mac.
Pronto fue interrumpida de su escrutinio al lugar cuando el impetuoso luchador paró en seco en medio de la estancia, se dio la vuelta y asiéndola de la nuca con suavidad, volvió a juntar sus labios con los suaves y mullidos de ella de forma lenta y apasionada.
Akane dejó escapar un suspiro de placer tras lo cual, no pudo reprimirse y mordió levemente el labio inferior del chico, notando como un fuego creciente se asentaba en sus entrañas.
Por su parte, Ranma perdía la cordura por momentos pues el atrevido gesto de la chica, envió un ramalazo de placer desde sus labios directo a su hombría, lo cual le hizo maldecir y llevar a la chica al asiento más cercano.
Sin dudar, se sentó en uno de los sofás llevando a la chica con ella y colocándola sobre él a horcajadas. Sin perder ni un instante, comenzó a besar ardientemente todo lo que tenía a tiro, empezando por sus labios entreabiertos, su delicada mandíbula y pasando por su largo cuello, dejando un húmedo camino de besos que hizo que la chica dejara caer su cabeza en un gesto de total abandono.
Automáticamente, las manos de la chica cobraron vida y se dispusieron a desabrochar la camisa de su ardiente compañero, al cual le costaba respirar, mientras que asía a la chica de las caderas pegándola así a su miembro excitado, el cual a pesar de los vaqueros, la chica notó considerablemente.
Conteniendo ambos el aire momentáneamente, se miraron a los ojos, calidez contra frío, pero ambos oscurecidos por los deseos contenidos durante diez años.
Volvieron a atacarse mutuamente con besos febriles el uno al otro, Akane dándose a la tarea de retirar por completo la camisa de Ranma y este a su vez, levantando su falda y arrugándola a la altura de sus caderas para acariciar sus suaves piernas con vehemencia.
La chica, fuera de sus cabales y cegada por la excitación de la que era presa, rompió el beso momentáneamente para retirarle la camiseta al chico por la cabeza y dejar así su tonificado torso descubierto, despeinando así por completo los cabellos azabaches de Ranma, y dándole un aire tan sensual, que Akane pensó que se moriría en ese instante. Necesitaba más.
Ranma aprovechó que su bella y excitada acompañante se deleitaba con su cuerpo, para subirle sin ningún reparo la delicada blusa amarilla y sacársela por la cabeza, tirándola a cualquier lugar y dejando sus ojos vagar por ese diminuto sujetador sin tirantes, que con su precioso encaje parecía llamarle a gritos, aunque...tuvo que fijar la vista momentáneamente en su cuello, para luego mirarla a los ojos.
Ella se mordió el labio y miró a su regazo, aun respirando con dificultad.
-Es que es muy bonito Ranma...y significa mucho para mí. –Añadió nerviosa, mordiéndose el labio.
El chico tragó y delineó la fina cadena que sostenía el dije de estrella que él compró para ella años atrás, y que dejó en sus manos la noche en que se supo toda la verdad.
Notó su respiración pesada, mientras observaba el pequeño colgante reposar entre los preciosos pechos de su bella Akane, y no pudo evitar pensar que si un colgante suyo le quedaba así de bien...un anillo sería para volverse loco.
Introdujo una mano en su cabello, sujeto por la coleta y la atrajo sin miramientos de nuevo hacia él, para venerarla con un beso más profundo aún que los anteriores.
Necesitaba hacerla suya o moriría de no ser así.
Akane gimió quedamente y apoyada en sus hombros, por inercia y necesitada de calmar la molesta tempestad que se formaba en su centro, comenzó un vaivén de caderas por sobre la ropa del chico que desencadenó el placer en ella, y la locura en él por arrancar todo lo que tuvieran por medio que impedían el completo roce entre ambos.
Sin poderlo aguantar más, la chica trazó una caricia descendente por el trabajado estómago del chico hasta llegar el cierre de sus vaqueros. Mientras le besaba sin dejar de moverse, y sintiendo el agarre de las masculinas manos marcando el ritmo de sus movimientos, desabrochó el botón, y otro botón, y otro botón más.
Ranma se tensó de excitación cuando notó las intenciones de la chica, al pasear un dedo de un lado a otro por la goma elástica de su ropa interior. Sorprendiéndose a sí mismo, pues jamás había sentido tal grado de excitación ni necesidad por adentrarse en las profundidades de una mujer, paró la mano de la chica justo cuando esta se iba a introducir dentro de la prenda.
Akane, sorprendida, paró de besarle y con mirada turbia, hizo una muda pregunta.
-Créeme, te tengo tantas ganas y te deseo tanto que me voy a morir.
La chica apoyó su frente sobre la de él y suplicó, para martirio del joven: -Pues por favor, no me pares.
Para acentuar su súplica, se movió de nuevo provocando un placentero roce entre sus intimidades. Ranma cerró los ojos y ahogó un ronco gemido en su garganta.
Tenerla medio desnuda sobre él, suplicándole que no parara era una jodida prueba de fuego.
Agarró su cabello de nuevo y la acercó a él antes de hablar.
-No te vayas. -La chica se tensó levemente. -Quédate conmigo, quédate por favor, te lo ruego. -Le suplicaba ahora él, mientras se dedicaba a besar su cuello y hombro. -Te amo, no me dejes, quédate conmigo. –Acariciaba su cuello. -Te haré el amor cuando desees, te daré todo lo que quieras, te haré feliz, -más besos, dificultando los pensamientos de la chica, -te haré mi prometida de nuevo, -un empuje de caderas, ganándose un suspiro de la bella chica, -te haré esposa un día, -un apretón a su pecho por sobre el sostén, -te haré madre, -prometió besando sus labios de nuevo, -pero no me dejes.
A la chica se le escapó una lágrima lastimera, que limpió levemente sin que él se diera cuenta. Se apartó de sus besos y miró su cara suplicante, deseosa y que la miraba con anhelo.
Por el momento, hizo lo que su corazón le dictó y besándole de nuevo, tiró de él a un lado cayendo ambos en el sofá, esta vez con el chico sobre ella.
-Hazme tuya esta noche, Ranma.
No tuvo que pedirlo dos veces.
