Buenas de nuevo!

Aquí os traigo otro capítulo. Veamos la historia de Emma ;)

Muchas gracias por hacer favorita, seguirla o leerla.

Muchas gracias por vuestros comentarios: EmmaS92 , ineheram , SnixRegal , NATACHA PAREDES, Guest , BeaS, kykyo-chan , Ruth maria , EvilRegalJMO , Andreja , LyzzEQ , PrincesseMal, 15marday , LectoraMills , CarolinaMills, Eristera, LiteratureloverE3 , mills1 , begobeni12 , ChicaCiruelaSQ

Espero que os guste este capítulo!


CAPITULO 3: UNA CIUDAD DE PLATA

"Nunca temas a las sombras. Sólo constituyen el indicio de que en algún lugar cercano hay una luz resplandeciente"

(Ruth Renkel)

La luna llena ya llevaba varias horas iluminando las afueras de la ciudad. Y a ella le encantaba esto. Le encantaba aquella zona y le encantaba aquel paisaje teñido de plata. De solo un vistazo, desde aquella escalera podía observar su barrio, aquellas casas unifamiliares, y de fondo, la gran ciudad, edificios majestuosos se levantaban en el horizonte como gigantes esperando una batalla.

Aún con aquellas vistas que tanto apreciaba, cerró los ojos, hoy realmente estaba cansada. El día en el trabajo no había ido bien, un problema con uno de los niños supuso una preocupación para todos. Después había venido aquella horrible cita con un primo lejano de Ruby. Debía admitir que odiaba a su amiga en este aspecto. Siempre estaba diciendo que tenía que salir más, disfrutar, conocer a hombres y desconectar de su trabajo. Pero ella amaba su trabajo, después de cuatro años en él, ella era capaz de apreciar la sencillez de trabajar en algo en lo que creía.

Un ruido de pasos cerca de ella hizo que abriese de nuevo los ojos.

- Veo que la cita fue corta – Ruby asomó por la ventana antes de salir fuera y sentarse al lado de Emma.

- Tu primo era un poco rarito – Dijo la mujer rubia sin apartar la vista de la línea invisible que provocaban los edificios más lejanos.

- Primo lejano – Puntualizó su amiga – Además Em, es la una de la mañana… ¡Joder! Hasta mi abuela se acuesta más tarde viendo porquería en la tele… ¿Qué te pasa? Tengo la sensación que no te interesa salir con nadie.

- Cierto, ahora mismo no me interesa – Los ojos azules de Emma se clavaron en los de su amiga.

- No puedes aislarte siempre… Tienes una vida… ¿De qué te sirve todo lo que has luchado por ella?

- No lo entiendes Rub – Las palabras de Emma denotaban un cierto cansancio – Tal vez esta segunda oportunidad no es para continuar con mi vida, tal vez solo es para ayudar.

- Tienes razón, no lo entiendo… ¿Hablas de una segunda oportunidad?.. Pues si es así, no consiste en dejar de vivir… Debes salir, debes respirar… Debes enamorarte …

- No puedo – Emma volvió la cara al notar que sus ojos empezaron a picar, no quería que su amiga viese la verdad– Llevo un corazón que no es mío… y… él…

El silencio de aquellas palabras no dichas se entremezclaron con la brisa que corría en aquella noche.

- Lo sé, no está…

- Ojala no estuviera como algo que yo he perdido, como algo que se ha ido a otro país… Lo peor de todo es que él no estará nunca más… y yo… yo le echo de menos… Todo me recuerda a él, y eso quema – Emma volvió a girar su cabeza. Sus ojos le seguían picando, quizás ahora denotasen incluso un cierto brillo. Pero ninguna lágrima caía. Hacía muchos años que había dejado de llorar en público. Demasiados, calculó.

- Vamos a la cama Em.

Ruby sabía lo mucho que le estaba costando su muerte. Ya habían pasado tres años, pero aun así, cada emoción parecía reciente, cada imagen se incrustaba, cada recuerdo se vivía con intensidad, y más ahora con los últimos acontecimientos. Ruby suspiró internamente. Todo había cambiado. Aún recordaba como en los primeros meses, su amiga apenas le mencionaba, no alcanzaba a hacerlo, y si lo hacía, si lo conseguía, podían percatarse como la tristeza invadía todo su ser. Luego, meses después, todo se agravó, un dolor en el pecho y una noche en urgencias fueron la continuación del calvario, Emma tenía un problema en el corazón y necesitaba un trasplante lo antes posible.

Aquellos meses y los que le siguieron fueron terribles para todos, haciendo que Emma incluso preparase su propio entierro, se había rendido en su larga espera por aquella operación que nunca llegaba. Se había rendido ante la vida. Ella decía que no tenía miedo a la muerte, que lo que más le preocupaba era dejar a los niños de la asociación. Esa era su desasosiego, en lo único en lo que se concentró para continuar y luchar. Ruby no lo entendió, llegando a enfadarse por esta actitud. Había tanto que su amiga dejaría atrás, tantas personas, tantas cosas, que no entendía como convirtió su trabajo en su único propósito de centrar su pena y últimos días. Con el paso del tiempo, lo entendió todo. Él estaba reflejado en cado uno de los niños que Emma cuidaba, y dejarlos sería como volver a abandonarlo a él.

Ruby sonrió internamente recordando a su amiga con aquellos niños. Era increíble la extraordinaria labor que hacía. Ella trabajaba en lo mismo, pero para nada se implicaba tanto, para nada sentía como lo hacía Emma. Se había convertido en el eslabón fuerte de aquel sitio, lo era todo. La lucha constante, y eso que había visto la cara oscura de la existencia humana, desde muertes hasta la brutalidad del ser humano sin justificación alguna, pero aun así no flaqueaba. Siempre estaba allí, preocupándose por todos, menos por ella. Y aquello tenía que cambiar, debía cambiar. Ruby volvió a suspirar internamente. Emma ya había conseguido un trasplante en el último instante, y todo había salido perfecto. Volvía a tener una vida a la que aferrarse. Además era joven, guapa e inteligente. Solo necesitaba a una persona que supiera acariciar su alma rota. Porque sí, hasta ella se había dado cuenta que su amiga portaba aquellas sombras por dentro.

- Ahora entro, solo necesito unos segundos.

- Está bien.

- Ey, lo siento – Ruby, que ya se estaba metiendo de nuevo al apartamento, se giró para observar a su amiga – Dentro de poco es su cumpleaños, y estoy un poco sensible.

- No te preocupes… Pero le tienes que dejar ir – En otra ocasión su amiga solo habría asentido, pero ahora, lejos de todo pronóstico, le preocupaba un poco la situación si esta no cambiaba pronto – Nos vemos mañana… Que descanses.

- Buenas noches.

De nuevo el silencio volvió a reinar en aquella escalera de incendios.

La noche acunaba los pensamientos de Emma. Su amiga tenía razón, después de tres años debía dejarle marchar. Habían podido compartir once años juntos, pero ahora él ya no estaba, había muerto de cáncer, de la noche a la mañana se lo habían descubierto, y de la noche a la mañana no pudo superarlo y se fue. Años después, allí estaba ella, con su última imagen, con uno de sus muchos debates internos, y no era otro que descubrir si sería capaz de rehacer su vida, de volver a encontrar un sentido a todo. De pronto un pinchazo en el corazón hizo que por instinto se agarrase el pecho, olvidándose de su último pensamiento. A veces le pasaba, a veces el nuevo corazón le indicaba que estaba allí. El dolor no era muy fuerte, solo un pinchazo, pero lo suficiente para que ella no se olvidase que seguía latiendo.

La mirada de Emma se posó en los edificios más altos, no porque fueran los más bonitos, sino porque sus luces le atraían como los polos opuestos de un imán se atraen.

La gran ciudad, tan lejos y tan cerca a la vez.

Para ella la gran ciudad estaba llena de gente desconocida, trabajando de sol a sol, esforzándose por aparentar, siendo extraños de ellos mismo y con historias tan distintas que, lejos de entrelazarse entre sí, terminan ocultándose por miedo a no encajar con el resto. Ejemplo claro era su propia historia, parecía una chica normal de treinta y dos años, y sin embargo había estado toda su vida sola. Había crecido sin padres, y no había tenido mucha suerte con las familias de acogida. A los dieciséis años creyó conocer al hombre de su vida, pero la dejó embarazada y luego la abandonó. Por este motivo, y para sacar su hijo adelante tuvo problemas con la ley, llegando a ser encarcelada. Años después, en su salida de la cárcel, llena de problemas, y cuando creía que la felicidad no le sonreía, conoció a Killian, un hombre que le mostró un mundo diferente. En definitiva, le ayudó. A partir de aquí, todo cambió, se estabilizó, encontró el trabajo que siempre deseó. Un trabajo que le hacía sonreír cada mañana, y que cada tarde o noche al terminarlo le hacía sentir plena. Por fin la suerte se había paseado por su lado. En conjunto era feliz, sin embargo un día el destino se llevó una parte de esa felicidad. Primero con la enfermedad de la persona que más amaba, y luego con la suya. De lo primero no salió y de lo segundo estaba saliendo ahora.

Otro pinchazo. Sería mejor descansar, pensó.

Emma entró de nuevo en aquel apartamento que compartía con sus tres mejores amigas. Por una parte estaba Ruby, su amiga de la infancia y ahora compañera de trabajo. Por otra parte estaban Blanca y Belle, que había conocido años atrás en su trabajo actual. Cada una aportaba a la casa su toque personal. Ruby era la loca, siempre estaba de fiesta, conociendo a una chica cada noche, sin responsabilidades, ni actitudes de tenerlas. Belle era apodada la bibliotecaria por excelencia, siempre estaba entre libros. Si no era en su cuarto, era en una biblioteca que tenían cercana. No le gustaba mucho salir, aunque sí que tenía un Don de gentes que le hacía llevarse bien con todo el mundo. Por último estaba Blanca, la más responsable, la madre de todas. Su ética era admirable y su pureza por las cosas aún más. Y eso hacía que entre las cuatro hubiese una estupenda relación de amistad. A veces Emma se preguntaba qué sería de ella sin aquella familia improvisada. Cuando pasó su enfermedad comprendió aquello que tenía y no sabía. Y allí apareció otro de sus debates internos, la amistad y su segunda oportunidad. Quizás no solo tenía que ayudar a aquellos niños con problemas, tal vez también debía hacerlo con sus más allegados.

Con aquel último pensamiento se metió en la cama, ¿Por qué el destino le había concedido la oportunidad de que en su cuerpo latiese un corazón? Porque sí, ella creía en el destino, toda su vida lo había hecho. Y sabía que ahora no era diferente, todo pasaba por algo. Ahora solo tenía que descubrir qué era ese algo.

Otro pinchazo.

Emma cerró los ojos. Ya iba siendo hora de dormir, el día había sido cansado.


Continuará...

Qué tal va la historia? Os va gustando? Espero vuestros comentarios! ;)