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Akane cerró la maleta y exhaló el aire que retenía con lentitud.
Tras los acontecimientos de la noche anterior, lejos de sentir que el peso de la culpa se cernía sobre ella...sentía que el mundo cobraba sentido. Sentía que había encontrado su pequeño hueco en el universo. Las piezas encajaban y no sería ella quien rompiera el puzzle de nuevo.
Pero siendo realistas, no podía abandonar todo lo que tenía en Nueva York, su carrera, su casa, sus amigos y por supuesto, sin aclarar las cosas con Harvey.
Él había sido un auténtico apoyo para ella y le quería lo suficiente como para considerar que se merecía acabar las cosas cara a cara.
Unos suaves toques en la puerta la espabilaron de sus pensamientos y miró hacia ella.
Ataviado con unas bermudas de lino azul oscuro y una camiseta blanca ceñida, Ranma era la imagen de la perfección masculina.
La chica se sonrojó levemente al recordar que hacía sólo unas horas, sus propias manos habían recorrido todo su cuerpo como si un invidente leyera en braille. Más de una vez.
El chico, ante el sonrojo y el silencio de Akane, pareció adivinar por dónde iban sus pensamientos y quiso avergonzarla un poco a la vez que avanzaba en su dirección.
-Si me sigues mirando así, olvídate de llegar al aeropuerto. ¿Sabes? Hay un magnífico sofá en la sala de tu padre...
Ronroneó con voz grave mientras la atraía hacia sí por la cintura. Akane abrió los ojos como platos y le atizó el brazo.
-Idiota. ¿Pretendes matar a mi padre de un infarto?
Ranma sonrió complacido ante su reacción e inhaló de cerca el perfume que desprendía su cálido cuello. -Lo que pretendo es que el infarto lo tengas tú, nena.
Akane quiso apartarlo pero sólo momentáneamente, pues al sentir el aliento de Ranma contra su cuello, unas leves cosquillas la hicieron reír un poco, hecho que provocó que Ranma la estrechara contra él.
-¿Prometes que no tardarás en volver? Te lo he dicho y te lo repito, iré contigo a ayudarte en lo que sea. Tan sólo di las palabras y estaré googleando un billete en un segundo.
Akane rio divertida por su ansiedad de que regresara sin siquiera haberse ido y le plantó un pico en los labios, antes de mirarle y prometerle.
-Volveré lo antes que pueda. -Dándole así también a entender, que sóla podía apañarse perfectamente.
Él la miró frunciendo los labios, no convencido del todo por dejarla ir de nuevo, aunque fuera por un corto espacio de tiempo. Ahora que había probado de sus mieles y se sentía correspondido, su corazón sangraba al saber que iba a tardar en tenerla de nuevo a su lado.
-Pff, no sé Akane...Mira se acabó, me pillo un vuelo, las finales no comienzan hasta dentro de unas semanas, tengo tiempo suficiente para estar contigo, ayudarte con el piso, no parar de hacer el amor a todas horas...-añadió con una risa entrecortada, provocando la de Akane, -y volver a tiempo para ponerme las pilas entrenando. -No había acabado de hablar cuando el joven ya sacaba el móvil de su bolsillo trasero.
En un hábil movimiento, Akane se lo arrebató de las manos y antes de que pudiera alcanzarlo de nuevo fácilmente, le bajó el rostro y le hizo mirarla.
-Ranma, eh. -Le llamó la atención suavemente. -Por favor, déjame arreglarlo todo a mi ritmo. Ayer lo hablamos mil veces. -Ranma miró a un lado, tenía razón...pero se le caía el jodido corazón al tener que verla partir de nuevo. -Te prometo que volveré a tí, ¿vale? -El chico la miró receloso. -¿Confías en mí?
Él alzó las cejas levemente ante esa pregunta. Ante la mirada suplicante de ella, Ranma asintió. -Confío en tí.
Satisfecha, le echó las manos al cuello, feliz.
Ambos acordaron no decir nada a nadie de momento. Cosa difícil para Ranma, pues se moría por gritar a los cuatro vientos que había conseguido a la chica de sus sueños tras diez años de espera, pero aceptaría cualquier cosa que ella le pidiera. Cuando fuera el momento de volver, les darían la sorpresa a todos.
La despedida, aunque ella sabía que no sería por mucho, fue dura. Sus hermanas, sus sobrinos, Genma y Nodoka...su padre.
Se le partió un poquito el corazón al verles a todos tan tristes sin saber sus reales intenciones, pero sabía que luego la sorpresa sería mayor. Habiendo abrazado a todos y cada uno de su família, prometiendo que se cuidaría, que comería y que no trabajaría demasiado, partió hacia fuera donde la esperaba Ranma para despedirse más íntimamente.
El chico cogió sus maletas y las introdujo con cuidado en el maletero del taxi. Volviéndose hacia ella, se acercó para acariciar su rostro con una mano y su cabello azulado con otra.
-Cuídate, mi amor. -A Akane se le hizo un nudo en la garganta y apretó los labios. -Recuerda lo que te prometí anoche. Anhelo una vida contigo, así que vuelve a mí, por favor.
La voz de Ranma, aunque grave y profunda, sonaba lastimera.
Akane apretó los párpados y sin querer salió una lágrima de sus ojos. Lo acababa de tener en sus manos y de repente otra vez lo tenía que dejar.
''Es temporal'' Se repetía. ''Volverás''.
Antes de que pudiera decir nada más, se alzó de puntillas y le besó con todo el amor del que fue capaz.
Ranma correspondió sin vacilar y la estrechó contra su cuerpo, no queriendo olvidar ni una de sus curvas, ni el toque de su piel ni el sabor de sus besos. Lo guardaría todo bajo llave hasta que ella volviera.
Al separarse, juntaron sus frentes y respiraron con dificultad.
-Volveré. -Le prometió la chica en un susurro ahogado. -Te quiero.
Ranma la miró entonces. ''Te quiero''. Esas palabras fueron como si le insuflaran oxígeno por fin después de una vida sin respirar.
-Te quiero. -Correspondió a la chica.
Mordiéndose el labio y retirando una lágrima de su mejilla, le dio un último beso y se subió en el taxi.
Dejando de nuevo su casa, a su familia y al amor de su vida atrás, de camino al aeropuerto comenzó a hacer una lista mental con todo lo que tenía que hacer para poder trasladarse de nuevo a casa.
A casa.
