Buenas! Aquí os traigo otro capítulo.

Muchas gracias por los que siguen esta historia, la han hecho favorita o la leen.

Mil gracias por vuestros comentarios: Eristera, SnixRegal , Sandra , BeaS , 15marday , mills1 , Guest , EmmaS92 , kykyo-chan , PrincesseMal c, Catwomen1974 , LectoraMills , dibarbaran, NATACHA PAREDES , LyzzEQ , Guest , begobeni12, Ruth maria , chica ciruela

Espero que os guste!


CAPÍTULO 5: COLISIONES

Conocí a una persona especial, llevaba el cielo en los ojos y el infierno en los labios; bastaba una mirada para perderme en las estrellas y un beso suyo para hacerme arder.( Cristhian Proaño)

Después de un café y varias respiraciones en su coche, Emma llegó a la puerta de Somnia Vera, justo a tiempo como siempre, pensó observando su lugar de trabajo.

Aquel lugar no era lujoso. Solo era un edificio de dos plantas de color blanco con todos los detalles en madera también en color blanco. Estaba situado en un barrio humilde de las afueras de la gran ciudad, apartado de peligros. En sus alrededores solo había vegetación y casas de fin de semana para los ejecutivos que necesitaban huir del día a día. Todo, en su conjunto, era perfecto, ya que muchos días realizaban excursiones con los niños para que conocieran la naturaleza cerca de allí, sin la necesidad de desplazarse lejos.

La rubia volvió a mirar su reloj. Aún le faltaban diez minutos para fichar cuando por fin entró en el edificio. Lo primero que notó fue que, al contrario que otros días, había más personal, y se podía palpar perfectamente el nerviosismo entre ellos. El ambiente parecía más cargado, recordando a los pocos segundos la conversación que sus compañeras habían tenido en la mañana, aquel día vendría la gran jefa para inspeccionar todo aquello. Así que internamente esperaba que con esa visita consiguieran los fondos que hacían falta para el trimestre.

Como hacía todos los días, la rubia se fue a la recepción para firmar su llegada. Sin poder evitarlo escuchó a la recepcionista hablar de todas las cosas que faltaban por hacer antes de que la Señora Mills hiciera su aparición. Así mismo, también tuvo tiempo de oír más rumores acerca de la empresaria, todos los ellos malos. Sin embargo, a ella no le importaba todo el circo que se estaba montando, no le importaba que las cosas no estuviesen perfectas, ni qué clase de persona era la jefa, ni tan siquiera si iban a venir periodistas. A ella lo único que le importaba es que aquel día pasase rápidamente, y centrarse en sus niños. No había nada más en su mente. Pero escapar de todo aquel revuelo le fue imposible. Si no era una de sus compañeras, era otro cuidador o los propios administrativos volviéndose locos. Y a medida que la mañana iba avanzando todo se hacía más insoportable, haciendo que desease que su reloj indicara la hora de salir o bien la llegada inmediata de aquella mujer. Sin embargo, esta se hizo esperar, ya que hasta las 11.06 de la mañana no hizo su entrada en el edificio.

- Bienvenida a la asociación – Emma escuchó como la directora del centro saludó a la gran empresaria mientras se acercaba a ella, quien estaba rodeada de demasiada gente. Tal fue así que la rubia ni si quiera pudo observar cómo era. Solo veía personas alrededor: trabajadores, fotógrafos, acompañantes. Advirtiendo de este modo que hoy sería un día largo, así que con disimulo decidió huir de aquello. Hoy no necesitaba líos o problemas. Hoy solo quería estar en soledad, y aquella mujer traía todo lo contrario. Además ya estaban sus compañeras de piso para cotillear de todo esto cuando llegasen.

Para Emma, las horas restantes fueron tranquilas. Ella se centró en la habitación de juegos, que era la más apacible y la más escondida de todo el edificio. Seguramente esta habitación no sería visitada por la Señorita Mills, estando a salvo de todo el ajetreo y pudiendo ser ella misma en todo momento, evitando fingir que las cosas iban bien cuando no era el caso. Porque las cosas no iban bien. La asociación tenía cada vez más niños, y cada vez el trabajo se complicaba más. Si no era por la burocracia, era por las familias desestructuradas a las que se tenían que enfrentar y sino por algún niño cuya maleta venía cargada de demasiados problemas. A todo esto había que sumar que Somnia Vera había sido abandonada desde que su fundadora, Kathryn Nolan, había muerto. Menos personal, menos materiales, menos mantenimiento… Pero hoy aquello no importaba. Todo el mundo pretendía hacerle la pelota a la jefa. Y en cierta medida, esto molestaba a Emma, ella consideraba más importante los niños, consideraba más importante la realidad en la que vivían, no tanto papeleo o que todo estuviese limpio. La asociación necesitaba ayuda, no un cambio de imagen para una rica. No le gustaba hablar mal de las personas, pero aquella mujer nunca había ido a Somnia, y ahora ¿pretendía concienciar al resto del mundo de que era altruista? Y como broche, mucha de la gente que trabajaba allí lo único que pretendía era salvar su puesto, olvidándose de su verdadero trabajo y los verdaderos protagonistas, aquellos pequeños diablillos. Resopló.

Los ruidos de los niños jugando hicieron que de nuevo su mente, como había pasado a lo largo de la mañana, se trasladase al cementerio. Allí yacía su hijo, allí yacía su vida. Todo fue tan confuso y rápido que tardó bastante en aceptar que aquella sonrisa que vio en él aquella noche de septiembre, sería la última. Era un niño tan sano, que no imaginó en ningún momento que aquellos síntomas fueran algo más que una simple gripe, que fueran leucemia. Cuando se lo diagnosticaron todo fue fulminante, su vida se consumió en pocos meses. Y ella tenía que aceptar que él se había ido para siempre, pero no fue así ¿Cómo se acepta eso?

Un pinchazo en el corazón y sus lágrimas a punto de salir le indicaron que debía intentar desplazar aquella angustia hasta llegar a casa, su trabajo no era el lugar adecuado. Por este motivo, su mirada se centró en los cinco niños que hoy tenía a su cuidado. Verlos jugar, reírse y disfrutar era la mejor medicina que podía tener. Amaba su trabajo.

- Emma, ¿Vamos feria? – La voz de uno de los niños llamó su atención.

- ¿Quieres ir a una feria? – La rubia se acercó a él y se puso a su altura – Ten cuidado con el zumo, lo vas a tirar.

- Sí, es juego, y oso – La ilusión del pequeño crecía con cada palabra que pronunciaba. Cada vez que iban a un parque a divertirse pasaban todo el día montando en las atracciones, eran inagotables. Además, al finalizar el día, los cuidadores responsables de ellos siempre intentaban conseguir algún pequeño peluche o algún detallito como recuerdo.

- Tendré que hablar con Elsa – Elsa era la directora de Sonia Vera. Una chica casi de la misma edad de Emma a la que también le encantaba su trabajo. Sin embargo, en ocasiones, podía ser una mujer fría si era presionada por los altos cargos del grupo empresarial Mills.

- Ya – La rubia se rio ante aquella expresión. Peter, que así se llamaba el niño, era de los pequeños el más revoltoso. Siempre estaba jugando, y siempre quería todo en el momento, la paciencia no era el punto fuerte.

- Ahora no se puede, Elsa está con una señora muy importante.

- ¿Mama?

- No Peter, esa señora no viene a adoptar – Emma pasó su palma por la mejilla del pequeño y le sonrió, y este hizo lo mismo imitándola.

Era un bello momento. Tanto que la rubia no se percató que otro de los niños había tirado una pelota en su dirección, haciendo que el zumo que llevaba Peter cayese directamente sobre ella. Lo que le faltaba. Menos mal que ya estaban acostumbrados a estos contratiempos y que contaban con ropa extra para ellos y para los niños.

- August, porfa, ten cuidado con la pelota. Ya sabes que no se puede tirar a los compañeros si estos no están jugando contigo.

- Lo siento, Emma.

La rubia se levantó intentando limpiar todo lo que pudo ese desastre. Posteriormente llamó a unas de sus compañeras para que la sustituyera y así salir a cambiarse.

Su sustituta no fue otra que su compañera de piso Blanca, quien entró en aquella habitación narrando todo lo que pasaba en el exterior.

- Dios mío, que revuelo ahí hay afuera. Regina está viendo cada rincón de este edificio, hablando con todo el mundo, preguntando todo. No para esa mujer… Y encima va con un periodista, un fotógrafo, una especie de ayudante, Elsa y dos personas más del departamento administrativo del centro… Es una pesadilla… Hay un jaleo… Un ruido… - Blanca no dejaba de hablar – Y claro, espero que no empiecen a venir por aquí con los niños… Porque no se le ve una mujer que le gusten los niños… De hecho me pregunto cómo fue para hacer este lugar… No quiero admitirlo, pero supongo que todo esto es por imagen… Pero es una pesadilla… Y no sé si se meterá con el tema de papeleo, porque va para largo la cosa…

- Tranquila – La rubia interrumpió – Y respira, aquí tendrás algo de paz. Voy un segundo a nuestra sala de descanso a cambiarme, y vuelvo enseguida.

Emma, al despedirse de los niños, notó como aún había gotas de zumo que le caían por la camisa, así que dejó lo más rápido que pudo la habitación. La suerte ese día no estaba de su parte y nada más salir colisionó con una mujer.

Ninguna se cayó al suelo, pero la rubia pudo advertir como sus movimientos y los de la otra persona eran lentos y torpes. Cuando por fin levantó la mirada del suelo, observó que sin querer había manchado de zumo la camisa blanca de la mujer. Definitivamente, hoy no era su día.

- Lo siento – Dijo mientras miraba si había hecho algo más. Pero no, solo era una mancha de unos tres centímetros a la altura del pecho. El resto estaba impecable. Aquella persona estaba impecable. Llevaba un traje de pantalón con rayas diplomáticas, zapatos cerrados de punta, y su pelo moreno de media melena perfectamente peinado. Cuando su inspección llegó a la cara, se dio cuenta que la mujer tenía una cicatriz en los labios, y unos ojos marrones intimidantes. No se solía fijar mucho en mujeres, pero en aquella ocasión le fue imposible no hacerlo, aquella mujer resultaba bastante atractiva para cualquier persona, debía admitirlo. Repentinamente un pinchazo en su corazón le hizo apartar este último pensamiento, generando en su boca una pequeña mueca casi imperceptible.

- ¿Usted es? – El tono de aquella desconocida era grave y autoritaria, tomándola por sorpresa.

- Perdón, soy Emma Swan – La rubia no sabía por qué, pero aquella mujer le estremeció tanto que su nombre salió casi sin permiso.

- ¿Emma Swan? – El tono grave y autoritario se convirtió en un tono de auténtica sorpresa.

- Si… ¿Nos conocemos?


Continuará…

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