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Había pasado un día desde que Akane había vuelto a su apartamento en el Soho de Nueva York, y descubrió que era la primera vez que se sentía realmente sola en ese lugar que hasta hace muy poco consideraba su hogar.
Al salir del aeropuerto, también se dio cuenta de que había extrañado el ajetreo de la ciudad y las idas y venidas de todo el mundo.
Se desperezó en la cama antes de que sonara la alarma y se tocó el colgante que ahora reposaba sobre su cuello, recordando los acontecimientos con Ranma y suspirando al mirar a un lado y desear que estuviera ahí con ella al despertar para ver su flequillo alborotado, sentir su respiración tranquila y profunda y para poder pasar sus dedos vagabundos por su poderoso brazo, para despertarle mediante caricias que luego podrían ser algo más atrevidas.
En la tranquilidad y soledad de su habitación, la peli azul se sonrojó levemente por el derrotero que estaba tomando su mente. Jamás había pensado tanto de esa manera de alguien, ni siquiera de Harvey con quien había mantenido una relación formal, emocional y física durante largo tiempo, como había pensado de Ranma en las últimas semanas.
Haberse entregado a él había sido lo más especial que jamás había hecho o sentido.
Akane se acarició los labios involuntariamente al recordar esa noche, los besos compartidos, las íntimas caricias, los suspiros y los ruegos.
Intentando alejar esos pensamientos, de momento, de su cabeza alcanzó su móvil para ver la hora pues estaba segura de que debían faltar apenas minutos para que sonara la alarma. Sonrió como una adolescente enamorada ante el mensaje que se abría ante ella.
''¿Enamorada?''
La idea, la verdad es que no le chocó demasiado que la palabra se cruzara con tanta facilidad por su mente. Pues ella había estado perdidamente enamorada del luchador en toda su juventud, y tras las últimas semanas, pese a luchar contra esos sentimientos...Ranma la había conquistado de nuevo y ella había caído sin remedio en sus dulces redes.
''Buenas noches princesa, ojalá te tuviera a mi lado. No me olvides'', rezaba el mensaje, acompañado de un selfie de la masculina cara de Ranma tumbado en la cama, a punto de irse a dormir al parecer, con el pelo húmedo de la ducha y una sonrisa tímida que le apretó el estómago a la chica.
Con una sonrisa traviesa en la cara, pensó que quizás a él le agradaría despertar de la misma manera que ella lo había hecho, así que antes de levantarse se atusó medianamente bien la melena y la hizo a un lado de su hombro, se recostó de lado y sintiéndose coqueta, bajó su holgada camiseta desgastada por el hombro, descubriéndolo así. Con una media sonrisa aún adormilada, se enfocó con el móvil y disparó la cámara un par de veces.
Contenta con el resultado, se la envió al chico junto con un mensaje de buenos días.
Tras una buena ducha y vestirse cómodamente, se encaminó al hospital, en el cual debería darse a la tarea de pensar en cómo abordar el tema de su traslado y por supuesto, hablar con Harvey.
Al llegar apenas le había dado tiempo a acomodarse, revisar su horario en el hospital y sobretodo, aprovechar para dormir todo lo posible.
Nada más salir de la boca de metro, se dirigió sin siquiera pensarlo al puesto de café de Andy, quien al ser un poco más tarde de lo habitual se encontraba sin mucha clientela, por lo que estaba llenando de granos el depósito de café para la segunda remesa de café-adictos que se presentarían en un rato.
Cuando Akane llegó a su altura, la saludó con alegría.
-¡Andy! Buenos días. -Sonrió. La aludida levantó la mirada y abriendo los ojos sonrió a su vez.
-¡Hombre Akane! Dichosos los ojos chica, ya pensaba que no volverías. -Alzó una ceja divertida mientras se disponía a preparar un café para la chica.
-No seas exagerada, sólo he estado de vacaciones.
-¡Joder y menudas vacaciones!
Akane rió negando con la cabeza y le tendió una bolsita que sacó de su mochila. -Ten, para que luego digas que te tengo abandonada.
La chica abandonó momentáneamente la tarea de preparar el café para con cara ansiosa, asir la bolsita y descubrir un bonito pañuelo de seda con flores de cerezo bordadas.
-Akane...wau. -La miró. -Sé que mi café es bueno, pero no hacía falta.
-Es sólo una tontería. -Le quitó importancia la peli azul. -Aunque si no te gusta...-hizo amago de retirarle el pañuelo, a lo que Andy lo estrechó con fuerza contra su pecho antes de volver a guardarlo a buen recaudo.
-Lo que se da no se quita...petarda. -A Akane le hizo gracia el ''insulto''. -Gracias, en serio.
-De nada. Y ahora, ¿puedo tener un vaso tan grande como mi cabeza lleno de café, por favor?
Andy rió y tras unos segundos de preparación le ofreció su preciado brebaje. Cuando Akane le tendió un billete, ella lo rechazó de pleno.
-Ni hablar, yo te invito. Ya me pensaba que te había comido Godzilla y que no volvería a verte. Tómatelo como mi bienvenida de nuevo a Nueva York. –Le guiñó un ojo cómplice.
Akane sabía que no tenía caso discutir con ella, así que se lo agradeció y se encaminó al hospital. Nada más entrar por la puerta, sonrió y pensó que probablemente debería disfrutar de las pocas semanas que le quedaran ahí.
Había disfrutado muchísimo de su residencia en ese hospital, en esa ciudad...pero lo cierto es que estaba deseosa de comenzar a vivir la vida que Ranma le había prometido cuando ella decidió darle una oportunidad a lo que podían llegar a tener. Deseaba estar a su lado por fin, tras años de peleas, malentendidos y una profunda separación.
Así que con fuerzas renovadas, fue a los vestuarios a cambiarse para afrontar los próximos pasos que debía dar.
-¡Pero bueno! ¿Su majestad ha vuelto de su visita real? ¡Abran paso!
Su amiga Amy bromeó al ver entrar a Akane en el vestuario, ganándose las risas de varios médicos que se cambiaban para irse, y el sonrojo de la joven avergonzada.
-Amy...hola a ti también... –Le dijo Akane con los dientes apretados y una mirada asesina, a la vez que abría su taquilla y dejaba la mochila.
-Sabes que te quiero, es con amor.
Se encogió Amy de hombros. Ambas se miraron unos segundos antes de reírse y abrazarse.
-Te he echado de menos Akanita, tres semanas han sido demasiado. No vuelvas a pirarte tanto tiempo, al menos no sin mí, ¿me oyes?
Akane se limitó a sonreír algo incómoda, pues no sería en mucho tiempo que finalmente volvería a Japón, pero no era el momento de hablar de todo lo acontecido con su amiga.
Esa conversación se merecía varios Cosmopolitan.
Akane terminó de ponerse el uniforme y la bata, se recogió el pelo y procedió a reunirse con el equipo junto con Amy, como cada día antes de la jornada, de manera que todos los médicos eran distribuidos según necesidad
Luego de ser asignada a hacer la ronda de visita a los pacientes, Akane se despidió de Amy y cogiendo el montón de informes para revisar antes de la ronda, se encaminó apresurada a la sala de médicos cuando al entrar, tuvo que frenar en seco. Ahogó un grito por el susto, pues casi se estampa contra un atractivo médico de ojos verdes que la miraba sorprendido.
-Akane...hola. –Saludo algo confundido.
