DISCLAIM: Ni Harry Potter, ni Aang el último maestro aire me pertenecen. Cada uno es de su respectivo creador.

PRECAUCIÓN: Fanfic BL-YAOI, osea relaciones chicoxchico. (No se por qué sigo poniendo esta precaución, si ya llegaron a este capitulo deberían saberlo.)

CAPITULO 50

¨No digas su nombre¨

Ron tomó la decisión de irse en un ataque de ira, escuchaba a Hermione detrás de él gritar, suplicar, pero lo que sentía era como una ira fría, no podía razonar ni pensar en cuanto quería a esa chica, cuanto la amaba. Sí, la amaba, no importaba que ella quisiera a Viktor, que ella lo viera como hermano, que se supusiera que él ya había superado todo. Él la amaba y nada cambiaría eso, sus sentimientos lo fortalecían, pero a veces hacían que esos sentimientos se volvieran negativos, no precisamente hacia ella pero en general. Sacaba lo peor de si mismo y el medallón finalmente lo había empujado hasta el límite.

No volteó ni una vez, no se detuvo, no dijo nada, sólo corrió y desapareció huyendo y dejándolo todo atrás. Apareció en los bordes de un pueblo en el cual habían estado antes, tal vez el estar solo por unos días o ver a su familia a salvo lo ayudarían a retomar el control de si mismo.

Arrepentido caminó por las calles semi vacías sin notar como lo seguían personas detrás suyo. Sin notar que al aparecer había despertado alarmas de aparición en el pueblo, algunas de estas siendo de carroñeros. Al acercarse a un callejón estos lo empujaron rápidamente contra una pared y lo rodearon.

-Mira que tenemos aquí Jhon, este debe ser menor de edad.

-¿A quién le robaste magia pequeña sanguijuela? –Ron quiso sacar su varita pero pronto los tres lo apuntaban con las suyas.

-No, no, no. Te aconsejo entregar eso ahora niño. –Ron sabía que no tenía más opción que entregar su varita y esperar a que se descuidaran para usar tierra control. Maldijo en su mente el no haberse dado cuenta, el haberse ido del campamento. –Bien. ¿Cuál es tu nombre?

No podía dar su verdadero nombre, eso era obvio, podían preguntarle por Harry y Mione. Quería volver con ellos, lo sentía mucho y pasara lo que pasara no los pondría en peligro.

-Shunpike, mi nombre es Stan Shunpike.

-Búscalo.

Se pusieron a buscar su supuesto nombre en una lista, Ron supuso que la lista era de los nacidos en familias Muggles o de magos buscados por el ministerio.

-¡Su nombre no está! Está mintiendo.

Se pusieron a debatir sobre si mentía o no y sobre llevarlo al ministerio mientras Ron veía al que tenía su varita. Estaban discutiendo, realmente discutiendo de manera infantil si su nombre era Stan. Y de manera extraña dos empezaron a pelear al punto de levantarse las varitas. Ron lo vio como la oportunidad que estaba esperando y golpeó firmemente el pecho del que le había quitado la varita mientras usaba su otra mano para recuperar su varita mientras el otro se tambaleaba y caía de espaldas. La expresión de uno de ellos totalmente ofendido fue lo último que vio.

Dolor, supo de inmediato que no lo había hecho bien, su mano sangraba copiosamente. Nuevamente se arrepintió de haber haberse ido. Se había comportado como un idiota, como un niño, como el peor de los amigos, tenían una misión muy importante y obviamente las cosas no iban a ser fáciles. Había sido un tonto al pensar que todo sería más simple, Harry tenía razón, en el fondo era probable que esperara encontrar un Horrocrux cada semana y volver a la madriguera como un héroe para Navidad. Él aun simplemente no se había dado cuenta de la realidad tal como era.

Vio su mano y se dio cuenta cuan dependiente era, de su madre para sobrevivir, de Harry para tener un lugar en Hogwarts y en el mundo al sentirse menos especial que sus hermanos, de Hermione para aprender todo lo que él se negaba a aprender, de Aang para aprender algo que sus hermanos no supieran, de Draco para no sentir que era el peor del grupo, e incluso de Blaise para sentirse como un buen amigo esperando que este hiciera algo para lastimar a Harry y así él estar ahí para apoyarlo.

No estaba orgulloso de todo eso y sin importar lo que aprendiera seguía sintiéndose inferior, sí, sabía algo de tierra control pero al ver su mano no podía pensar que no era más que un muggle. Incluso eso era risible porque ya no debía subestimarlos. Los muggles habían demostraron que incluso eran más fuertes que él, un mago. Debía volver con Harry y Mione, debía ayudarlos porque el peligro era algo inevitable y si podía hacer algo incluso sólo para que tuvieran menos enemigos lo haría.

Se mojó la mano en un riachuelo cercano y las heridas dejaron de sangrar casi por completo por el agua fría. Vio con horror que había perdido dos uñas, nuevamente se había escindido. Envolvió su mano con un trozo de su polera y fue por el borde del riachuelo buscando a sus amigos. A sus dos mejores amigos. Pero después de caminar horas y cuando reconoció el lugar donde habían acampado… ya no estaban. Los había perdido.

Se pasó los siguientes días buscándolos, escuchando la radio para saber que todo iba bien y gracias a esta se enteró que los que lo habían atacado el primer día eran carroñeros, personas que capturaban nacidos muggles para venderlos al ministerio. Era asquerosa su actitud pero no se podía hacer nada. De la misma manera se había echado una maldición al nombre de Aquel-que-no-debía-ser-nombrado, cualquiera que lo dijera comunicaba a los mortífagos de su ubicación. Había acertado al evitar que Harry y Mione lo dijeran pero… cómo avisarles de eso, ya no estaba con ellos y por más de que los buscara no sabía como volver a encontrarlos.

Había pasado una semana ya pronto sería Navidad, faltaban apenas unos pocos días cuando pasó. Ron estaba en un pueblo mágico intentando averiguar más información para la orden, podía contactarse con Bill, él lo entendía, él no le había juzgado cuando le contó lo sucedido. Lo mínimo que podía hacer ahora que no encontraba a Harry era recaudar toda la información posible, buscar donde estaban mortífagos e informarle a la orden. Sin embargo, no había encontrado nada en ese pueblo, habían rumores de reuniones secretas y pensaron que eran mortífagos y Bill le había comunicado a Ron. Nadie más sabía que se había separado de Harry y Hermione.

No había nada, no mortífagos al menos, había visto carroñeros pero eran de menor importancia y a pesar de su gran número, bastaba con que los esquivara. Aunque tenía que admitir que eran demasiados, unos 20 por lo menos, podía identificarlos porque se vestían de manera poco usual para un muggle. Eso lo sabía gracias a Hermione que les había explicado qué era lo normal y también porque eran obvios al vigilar a todos lados mostrando que buscaban a alguien.

Empezó a seguirlos para saber si planeaban algo en especial, usualmente los carroñeros eran magos que querían dinero fácil, no apoyaban ningún lado de la guerra, eran un punto neutro que a nadie le importaba y por eso eran descuidados. Habían empezado a ir a pueblos simplemente porque los hijos de muggles al huir solo salían de la ciudad, era predecible. Y en ese pueblo se habían visto varios magos que pasaban o escapaban. Simplemente era cuestión de tiempo y de quien atrapaba al conejo. Parecían buitres esperando a que alguien cayera a la fosa del león para comer lo que quedara. Eran predecibles, solo iban donde habían presas y no intentaban pasar desapercibidos.

Ron vio que de vez en cuando se juntaban en callejones pero en ningún momento notó que no era el único que los observaba. Los había vigilado por días sin notar las otras sombras. Hasta que un día se escuchó un sonoro crack y empezaron a moverse, como si esa fuera una señal corrieron. Ron los siguió, temiendo que un hijo de muggles tuviera la mala suerte ir.

-Parece que esta vez Merlin nos ha sonreído, qué tenemos aquí.

-¡Tienen miedo! Seguro es una familia con algún sangresucia. Entreguen sus varitas si no quieren morir.

Ron vio entre ellos a cuatro chicas y un chico rodeados, seguramente por los veinte años, estaban asustados. Presionó su varita con ira en su bolsillo preparándose.

-Te dije que los rumores eran ciertos, los sangresucias vienen a este pueblo para evitar al ministerio.

Ron esperó que negaran eso, que mintieran en sus nombres como él lo había hecho pero una de las chicas a pesar de ya no tener varita se adelantó y con toda la valentía que pudo juntar dio un paso al frente enfrentándose al carroñero que había hablado.

-¿Y qué si lo soy? ¡No tienen ningún derecho a llevarme al ministerio!... Nadie me asegura que tu sangre sea limpia después de todo.

Ron casi se atragantó al mismo tiempo que el carroñero golpeó a la bruja y esta cayó al piso.

-¡Crucio! –la chica comenzó a gritar y Ron notó que los demás solo se quedaron en su lugar, una de las chicas comenzó a llorar y los demás solo parecían impasibles. Ron se levantó y preparó para intervenir cuando el primer carroñero cayó al suelo.

Vio con sorpresa como caían otros 3 antes de que empezara el caos. La sorpresa lo congeló y vio como la chica del suelo repentinamente pateaba al que la había hechizado y le quitaba las varitas. Los demás, menos una de las chicas, igual comenzaron a luchar. Los carroñeros estaban tan sorprendidos que su lenta reacción no era rival contra personas que obviamente habían sido entrenadas.

La chica se balanceaba un poco y Ron vio que guardaba las varitas, no las usaba y rompió una en cierto momento al quitársela al merodeador, eran muggles. Maldijo y cerró sus ojos, era su pista para desaparecer. Nada pasó, no pudo hacerlo.

Y todo el calor de su cuerpo lo abandonó, un estremecimiento recorrió su cuerpo y supo que debía correr. No se había dado cuenta, los habían atraído tan fácilmente y justamente Ron había sido tan tonto al caer en la trampa, se maldijo. Había alardeado tanto de ser estratega después del juego de ajedrez en primer año y ahora caía por un truco obvio.

Corrió, debía apurarse ya pronto estaría lo suficientemente lejos para esconderse. Solo doblando la esquina podría entrar al hotel donde se quedaba, solo unos cuantos pasos más. Dos muggles aparecieron frente suyo y se detuvo en seco.

No sacó su varita debía controlarse a pesar del miedo.

-Tú no eres parte de ellos. –intentó volver a desaparecer pero no podía.

-Claro que no.

-Sin embargo, si eres un mago. ¿Por qué los seguías? –Respiró buscando una manera de librarse.

-Sí los seguía, pero no soy un mago, no soy uno de ellos.

-¿Si te registramos no encontraremos una de estas? –uno sacó una varita y Ron supo que no podía negar ni mentir sobre eso, debía cambiar de estrategia.

-¡…Trabajo para un grupo especial, estamos intentando detener todo esto!

-¿A qué te refieres?

-¡A la guerra que ha iniciado! ¡No contra ustedes, no saben el peligro en el que está el mundo!

-¿Te refieres a los 8?

-¡No! ¡Me refiero a Aquel-que-no-debe-ser-nombrado! Deben dejarme ir, nosotros luchamos de su lado.

Hubo unos momentos de silencio antes de que uno sacara un aparato que Ron no sabía que era, habló con alguien por el aparato y finalmente habló.

-Se nos ordena que te llevemos a la base para que des información, luego mi superior decidirá tu destino. Te llevaremos a la fuerza o voluntariamente tú decides.

-…Es muy amable de su parte darme la opción. –El desprecio era claro en la voz de Ron pero sabía que no podía enfrentarse a esos muggles, su conocimiento en combate era limitado cuando era obvio que estos tenían años de entrenamiento. Al ver a su alrededor notó que todo era cemento, cemento que se sentía distinto a la tierra y era incapaz de controlarlo, no tenía opción. –Iré por mi cuenta.

Lo obligaron a entregar su varita y mochila, antes de caminar. Al llegar de nuevo donde se habían reunido los carroñeros solo pudo mirar en horror. El suelo estaba lleno de sangre, varios muggles todos vestidos igual recogían los cuerpos con normalidad.

-Pensamos dejar a algunos con vida pero al verte supimos que tú eras la mejor fuente de información, así que… ellos ya no importaban.

Ron no pudo evitar temblar de ira, le pusieron cosas de metal en las muñecas y lo metieron a un auto extraño. Antes de entrar vio como uno de los carroñeros aun respiraba y una de las chicas que habían actuado como carnada fue y sin dudar un segundo levantó la cabeza del mago y con un cuchillo hiso un corte limpio. El suelo se manchó más.

Y los odió. Por primera vez odió a los muggles y por un segundo entendió el pensamiento de Aquél-que-no-debía-ser-nombrado, la razón para eliminarlos, pero la idea fue rápidamente descartada al recordar lo que los magos oscuros hacían. No era lo que una persona era, eran sus actos, no todos los muggles eran así y no todos los magos eran como aquel-que-no-debía-ser-nombrado.

No supo cuanto tiempo estuvo en el auto pero cuando salió vio un lugar extraño, estaba rodeado de murallas de piedra con puertas metálicas. Entraron a un patio y ahí Ron pudo ver que no era el único con las cosas de metal en las muñecas, una mujer también las tenía que miraba con preocupación a una de las chicas que había sido carnada, la que no había luchado, la que llevaba esposas, y lo comprendió. Eran brujas. Seguramente la mayor había puesto la barrera para no poder aparecer justo después de que la otra se había aparecido con los muggles fingiendo ser magos.

Lo llevaron a un cuarto extraño y oscuro y una pantalla se iluminó, ahora estaba sólo. Pensó en escapar cuando una voz salió de la pantalla.

-Soy el general Dubois, se nos informó que tienes información valiosa que ofreces dar a cambio de tu libertad. –Ron se sobresaltó un poco pero se recuperó fácilmente, todos los retratos en Hogwarts hablaban, aunque este no parecía un retrato.

-Sí, bueno no totalmente. Quiero que entren en razón, yo estoy ayudando a gente como ustedes.

-¿Gente… cómo nosotros? –el hombre no cambió su seria expresión simplemente frunciendo las cejas ligeramente, sin embargo interés se leyó en el rostro del hombre, lo estaba escuchando.

-Muggles. Personas no mágicas.

-Los falsos ministerios dijeron eso una y otra vez más no hicieron nada cuando tenían la oportunidad, mis superiores están hartos de que se les endulcen los oídos con mentiras.

-¡Pero es cierto! El ministerio ha-

-No importa lo que su falso ministerio haya dicho. ¿Tienen acaso a los 8 que empezaron esta guerra detrás de rejas? O mejor aún, sus cabezas empaladas en las puertas de algún escondite mágico.

Ron apretó los puños, nervioso, no podía permitirse dudar y veía que el hombre mantenía ese interés. Sabía que debía seguir hablando aunque ese no era su fuerte.

-N-no pero… ¡esto va más allá de ellos! –el hombre lo miró con cuidado un poco preocupado.

-¿Quieres decir que hay alguien peor?

-Sí. O bueno… no exactamente pero… todo empezó por él. Fue él y sus seguidores los que iniciaron ataques a casas muggles, o bueno personas no mágicas.

-¿Quién es él?

-Aquél-que-no-debe-ser-nombrado. Odia a todas las personas no mágicas, nosotros estamos luchando por eso.

-Te refieres a una especie de guerra civil.

-¿Eh? –Ron recordó historia pero le pareció extraña la repentina asociación.

-Me refiero a que están luchando entre ustedes.

-Sí. Bueno los seguidores de Él-que-no-puede-ser-nombrado y los que no están de acuerdo con él.

-¿Por qué sigues llamándolo así? ¿Cuál es su nombre?

-¡No puedo decirlo, nadie dice su nombre! –el obvio nerviosismo lo delató. El general solo levantó las cejas.

-Le temen.

-No sólo eso, bueno es la principal razón pero ahora… le puso una maldición a su nombre. Es el peor mago oscuro que la sociedad mágica ha enfrentado en siglos y ahora estamos en guerra, deben soltarme.

-Bien, repasemos esto desde el inicio. Explica todo desde el inicio, desde como surgió ese mago oscuro.

Luchaban por ellos, lo estaban escuchando, había una oportunidad. Tal vez si les explicaba todo podría salvar vidas, podrían enfrentar juntos a los mortífagos. Es lo que su familia siempre había pensado, siempre, que se podían entender ambas sociedades y ahora él lo demostraría. Les haría ver la razón. Sintió su valor Gryffindor al máximo, se enderezó y aclaró su garganta y con la mayor claridad posible sin dudar contó todo.

Todo lo que sabía de Aquél-que-no-debía-ser-nombrado incluyendo su antiguo nombre, los recuerdos que Dumbledore había conseguido, la primera guerra, la profecía y Harry, su regreso, el conflicto, los mortífagos, y finalmente la situación actual buscando los Horrocruxes.

Quería creer en que podía confiar en ellos, en que estaban del lado correcto en la guerra. Podía salvar vidas de esa manera, era cierto no todos eran perfectos pero tenía que creer que alguien entraría en razón con lo que decía. No había mencionado a Aang solo porque sabía que la llegada del Avatar era algo que se mostraría en el momento adecuado. Pero ahora necesitaban detener esa guerra, no podían enfrentarse a dos guerras al mismo tiempo, debía confiar en ellos.

Sinceridad, eso era lo que emanaba del chico. Se había jurado no confiar en ninguno de ellos, ninguno había respondido nada si no fuera por tener otros con los cuales amenazarlos y aun así este chico había ido y contado la situación con un detalle preciso que evitaba que dude de él. Sabía que no podía simplemente liberarlo, podía aparecer con otros y atacar la base, era un peligro. Pero si era verdad lo que decía habían más cosas a las cuales no sabía cómo enfrentarse. Odiaba aceptarlo pero era verdad, hasta ahora se habían enfrentado a magos que intentaban detenerlos más que matarlos. Había un porcentaje que moría, como en todas las guerras pero gigantes, hombres lobo, vampiros, dementores, inferis…

Podría ser bueno trabajar con él, pero no podía decirle eso, debía consultar a la Unión Mundial completa para exponer algo así. Debía organizar todo lo más rápido posible.

-Esa fue información valiosa indudablemente.

-¿Entonces lo entiende? ¿Me dejará ir? –la esperanza volvió, podía lograrlo y luego volvería con Hermione y Harry.

-Entiendo, sí. Pero no lo dejaré ir.

-¡¿Qué?! ¿Por qué no? –no entendía porque de repente todo parecía arruinarse.

-Yo no puedo tomar decisiones a la ligera, debo hablar con mis superiores.

-¡Pero no hay tiempo! ¡Yo hablaré con ellos ahora, solo tráigalos o inclúyalos en la cosa sea lo que sea donde este!

-Es una pantalla y no pueden hablar ahora. Se lo trasladará a una celda en espera hasta la próxima vez que sea llamado, sus bienes serán confiscados de manera indefinida.

-¡Esto es injusto! ¡No pueden hacer eso!

Entraron guardias que empezaron a forzarlo y lo obligaron a sacarse toda la ropa hasta estar sólo en bóxer, le dieron un uniforme extraño. No importó cuanto Ron intentó luchar era inútil, le volvieron a poner esas cosas metálicas en las muñecas.

-¡Luchamos por ustedes! ¡Toda mi familia intenta ayudarlos!

-Intentan salvar su propio mundo, no quieras fingir que lo hacen solo por nosotros. Celda nivel 1.

Y sonó a burla, toda la charla parecía una gran burla y él había caído como un imbécil. Y repentinamente de nuevo no entendió por qué salvaban muggles, entendía el odio de los sangrepuras, entendía el miedo y el odio.

Le quitaron las esposas con clara duda y lo empujaron a un cuarto diminuto, cerraron las puertas de metal y antes de que las luces se apagaran Ron vio que habían varios cuartos así pero todos vacíos.

Era como si nadie los escuchara nunca. Aún con Hermione y Harry las personas a su alrededor parecían no escucharlos, era por eso que se habían metido en tantos líos. ¡¿Pero qué más podían hacer si nadie los escuchaba?! Si todos los ignoraban porque los consideraban niños y aun así dejaban que carguen cosas terribles, sobre todo Harry. Y amaba a Hermione, oh la amaba tanto pero no podía evitar pensar que ella también se burlaba. Eso era lo que le mostraba en sus sueños el medallón, su burla, como se reía a su espalda mientras se besaba con Krum, como Harry prefería la compañía de serpientes, como Aang había remplazado su lugar como mejor amigo de Harry, como él se sentía un extra indeseado en un grupo unido.

Tal como en su familia. De una madre que quería una hija, de un padre que no podía pagar para más hijos, de hermanos mayores que eran superiores a él, de una hermana que era más poderosa que él, ni siquiera su rata lo quería porque al final había sido un animago, y él no se había dado cuenta, porque así de idiota era.

Y ahora había vuelto a arruinar las cosas, había dado información peligrosa, Harry probablemente no lo perdonaría y Hermione le reclamaría el no haber pensado, seguramente Viktor habría logrado ser escuchado.

Todo estaba oscuro, habían apagado las luces y Ron se apoyó en la pared sin poder evitar acurrucarse.

Y es que él no era así. Nunca lo escuchaban, los únicos que si lo hacían eran las piezas de ajedrez, entendían sus ideas, seguían su plan y ganaban con él gracias a él. No era Harry, no era Ginnie, no era Fred, no era Dumbledore, no era Aang, no era Viktor. No era ninguno y aun así había estado hasta ese momento al centro de todo. No sólo pero igual estaba ahí.

Amaba a sus padres a pesar de que no era lo que ellos esperaban o podían mantener, amaba a sus hermanos aunque estos siempre lo dejaran de lado, amaba como amigos a Harry y Aang aunque fueran más importantes que él, amaba a Ginnie y la protegería aun si ella podía hacerlo sola y amaba a Hermione Granger. La amaba con todos esos defectos de personalidad que él tenía y su horrible costumbre de expresarse mal con la chica y hacerla sentir mal. Y necesitaba decírselo, necesitaba decirles a todos como se sentía y que lamentaba su humor cambiante y como explotaba fácilmente.

Podía odiar a los muggles pero también odiaba a los mortífagos y haría lo que sea para ayudar a sus amigos, lo que sea.

Su nuca chocó con la pared, pared. Ron se puso de pie enseguida, su entrenamiento era básico pero había mejorado más que Harry o al menos había entrenado sin parar desde que los había dejado atrás. Colocó sus manos en la pared.

No eran de piedra solamente como las de Hogwarts, habían más cosas, tierra de manera obvia pero cambiante, era extraño. Cerró los ojos a pesar de la oscuridad, respiró pausadamente intentando mover un poco los elementos. Nada. No supo cuanto tiempo estuvo ahí pero no se rindió. Podía sentir su magia pero había otra cosa que al mismo tiempo era igual a su magia, algo que la estaba cambiando. Era parecida pero se sentía más pura y natural, era primera vez que lo sentía de manera tan fuerte y obvia, una energía que recorría sus manos y su cuerpo en general. Dejó que esta dominara y se juntara a su magia como uno purificando su magia.

Sin que se percatara realmente aparecieron fisuras en ciertos bordes de la pared y sobre todo alrededor de sus manos. Y sin hacer ruido ni abrir los ojos empezó a golpear. Un eco suave se formó en el cuarto, las fisuras empezaron a unirse una a una, poco a poco la pared soltó un craqueo y un gran trozo de pared cayó al suelo dando espacio suficiente para que el maestro tierra pudiera salir.

Lo sentía, ahí presente esa misma energía. Salió y formó una pared detrás suyo con un movimiento que antes nunca había logrado totalmente pero ahora sí.

Otras dos paredes se unieron de manera a cubrir todo y dejar solo espacio delante de manera a que avanzara. Escuchaba alarmas y sintió cosas llegar a sus muros y dañarlos pero él corrió, resistirían lo suficiente hasta que se alejara de los muros y pudiera aparecer.

Había otra muralla delante y solo con pisar el suelo el muro se abrió dejando un rectángulo perfecto para que él pasara. Y con otro movimiento el muro volvió como estaba evitando que los soldados pasasen. Justo a tiempo porque su muro que cubría la espalda se destruyó por el daño de una explosión.

¡Era libre, lo había logrado! ¡Él había conseguido escap-!

Su cuerpo no le hizo caso mientras caía al suelo, el dolor en su pecho era insoportable. Retiró su mano y vio sangre. Una lágrima de dolor salió de sus ojos, era su adiós a todos los que amaba. La ira lo invadió y con sus últimas fuerzas escupió su nombre con tanto odio y rencor que escucharlo de sus labios no le dio miedo, le dio un placer escalofriante. Porque al final cumpliría lo que había dicho, ayudaría de cualquier manera a Harry y Hermione; si los muggles tomaban a los magos como sus enemigos al menos les mostraría cuales eran los verdaderos enemigos.

-…Voldemort.

Y todo se oscureció.

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