Otra semana más y otro capítulo más!
Muchas gracias por leer esta historia, hacerla favorita o seguirla.
Mil gracias por vuestros comentarios: SnixRegal , LiteratureloverE3 , dibarbaran , EmmaS92 , PrincesseMal , kykyo-chan , Guest , Guest , Guest , BeaS , Eristera , 15marday , Ruth maria, LyzzEQ , mills1 , Catwomen1974 , NATACHA PAREDES , LectoraMills.
Sé que la historia va lenta, pero los capítulo son más cortos de lo que suelo escribir, y para que mentir, me gusta haceros sufrir :P
Ahora en serio, espero que disfrutéis.
CAPITULO 6: UN DÍA COMO HOY
Cada uno somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro infierno
(Oscar Wilde)
FLASH –BLACK: 3 AÑOS ANTES
- No Regina, tu problema es que no te comprometes con nada… Te crees superior.
- No seas ridícula… ¿Todo esto es porque aún no he ido a tu asociación?
- ¿Ves? No es mi asociación, no es un juguete con el que me recreo – El tono de Kath iba aumentando – Ayudamos… ¿Sabes lo que es eso Regina?... Creo que no. A ti solo te importa tu puto dinero.
La empresaria se acercó a su novia, ya que minutos atrás se había distanciado cuando la conversación empezó a coger un tono más fuerte que el inicial. En estas situaciones, siempre hacía eso, poner distancias, y observar todo como si no fuera con ella. Pero ahora ya veía el final del debate y quería imponer aún más su presencia allí.
- Es irónico – Regina mostró una media sonrisa mientras seguía hablando sin mostrar ningún tipo de alteración – Sin mi puto dinero esa asociación no existiría. Así que no me vengas con intransigencias, tengo demasiadas cosas más importantes que hacer para que, gracias a ellas, tú puedas seguir… ¿Cómo has dicho?... ayudando – Regina se giró. Para ella la conversación había terminado. Aquella asociación no tenía ningún sentido, tan solo era una pérdida de tiempo –Así que cuando yo quiera, iré.
ACTUALIDAD
Regina seguía contemplando aquel edificio blanco. Aún recordaba como Kath le pedía una y otra vez que fuese, pero ella nunca estuvo. No fue por falta de tiempo, fue por falta de interés. Para la empresaria aquel lugar no significaba nada, no le apartaba nada. Y en eso consistía su vida, en que las cosas tuvieran un valor. Pero aun así, ese día había decidido ir antes y sola. El motivo era desconocido. Sin embargo, estaba de pie, mirándolo como se mira una carta que da miedo empezar a leer. Con esa angustia desconocida que presiona aquellos sentimientos relegados en el edén de la indiferencia. Tomó aire y solo esperó a que los minutos se malgastaran.
- Buenos días Señorita Mills – La voz de su ayudante rompió aquel momento. Sin darse la vuelta, miró su reloj. Eran las 10.55, y había quedado con Sydney a las 11 de la mañana. Ella sabía que él llegaría puntual, siempre lo hacía. Era un requisito si se quería ser su mano derecha.
- Buenos días… ¿Entramos? – La empresaria estaba impaciente por concluir aquella farsa en pocas horas.
- Aún no podemos… Debemos esperar a un periodista de la revista Mirror, y al fotógrafo… No tardarán en llegar, les he dicho que a la Señorita Mills no le gustan las esperas, y que si había algún retraso, no concedería ninguna entrevista – Exactamente eso, más unas amenazas, fue lo que le dijo el ayudante al periodista los días previos.
- Veo que con el paso del tiempo vas trabajando como debes – No hubo replica. Y es que Regina Mills era así con todos sus empleados, sin excepción. Nunca una palabra agradable, nunca un bien hecho, o un reconocimiento. Ella siempre esperaba más, mucho más de todo el mundo. Incluso mucho más de ella.
En su espera sin hacer nada, los minutos fueron pasando lentamente. Además había que añadir el hecho de que el periodista y el fotógrafo llegaron unos minutos más tarde, alargando así el momento de entrar y, por ende, ganándose la mirada de desaprobación de la empresaria. Sin embargo, al contrario que en otras ocasiones, esta no se entretuvo con palabras, quería acabar con aquel día lo antes posible. Su misión era encontrar a la Señorita Swan, que de paso sea dicho, no tenía ni idea de cómo era. No había ni una foto suya en ninguno de los papeles e información de los que disponía. Así que la mente de Regina se ejercitó un poco, imaginándose cómo sería. Especuló que sería morena, de constitución ancha, algún que otro tatuaje, y algún que otro pendiente. Sus ojos serían marrones y su estatura normal. Seguramente no tendría educación, y su actitud sería inadecuada. Sí, así sería, pensó la empresaria, quien hizo de esto su pequeño juego los días anteriores. Valga decir que, pese a que le pareció divertido hacerlo, tampoco dedicó muchos minutos, para ser sinceros, a ella no le gustaban estas cosas, prefería trabajar con cosas comprobadas, reales, sin conjeturas.
La entrada en la asociación fue como la empresaria se lo esperaba, mucha gente y todos nerviosos. Desdichados. Podía olerlo a kilómetros de distancia. Era muy notorio que imponía hasta el punto que la gente temía cada paso suyo, cada palabra. Todos preocupados por su trabajo, por su futuro. Pero qué equivocados estaban, rumió, ella no estaba allí por eso. No estaba allí para ojear papeles relativos a la economía de la asociación, ni para examinar al personal y despedirles si hiciese falta. Ni siquiera como una simple propaganda óptima para su imagen, como muchos pensaban. Tampoco estaba para cerrar ese sitio. Ella estaba allí por una persona y debía encontrarla. Así que se dedicó a hablar con todo el mundo que pudo, les preguntó sus nombres. Estuvo pendiente de a aquellos que no se le acercaban, acercándose ella. Cada rincón, cada puerta fue abierta, sin embargo no encontró el objetivo de su venganza.
Regina Mills estaba cabreada, cansada. Y por si fuera poco, empezaron a brotar recuerdos en los que Kath le hablaba de la asociación y estos desembocaban en otras imágenes de su pasado con ella. Necesitaba huir, necesitaba un minuto de soledad para seguir fingiendo que aquello le gustaba. Así que decidió preguntar por el servicio, y una vez en él, y sin que nadie se diese cuenta, siendo la acción más difícil, se escapó para visitar el centro por sí misma.
No había transitado mucho cuando, de pronto, notó como alguien chocaba con ella. Posteriormente sintió una humedad en su pecho. Por acto reflejo se miró, y entonces vio que estaba manchada de una especie de líquido naranja. Con cólera levantó la vista para conocer quién había sido el estúpido que le había ensuciado. Y entonces la vio, era una mujer rubia, piel de porcelana y gestos suaves, en cuyos ojos se podía ver perfectamente el mar. Bajó sin querer de nuevo la mirada para inspeccionar más. Su constitución era atlética, un poco más alta que ella. En resumen se podía decir que era una mujer bella, de esas que llaman la atención desde el primer momento.
- Lo siento – Oyó decir, percatándose que aún seguía en el centro y que una auténtica desconocida le había manchado su blusa de seda. Y encima, para colmo, pudo contemplar una pequeña mueca en su rostro. Hecho que le incomodó hasta el punto de olvidarse de su fingida hospitalidad.
- ¿Usted es? – El tono de Regina fue despótico. Deseaba muchísimo que su día concluyese ya, y más cuando todo le estaba saliendo mal. La guinda, una colisión como aquella, donde no solo había salido manchada, sino donde corría el riesgo de salir retratada por el fotógrafo en caso de ser encontrada en esos momentos.
- Perdón, soy Emma Swan – La morena se quedó helada al escuchar ese nombre. Por fin. Era ella.
- ¿Emma Swan?
- Sí… ¿Nos conocemos?
- Debería andar con cuidado Señorita Swan. – No cambió la dureza de su tono. Sin embargo, la sensación de ira invadió cada rincón de su ser. Era raro tener por fin a aquella mujer enfrente de ella. Pero no podía perder los papeles. La sangre fría templó cualquier sentimiento que pudiera florecer y ser observado.
- Perdón, es que un niño me ha tirado un zumo… Ya sabes cómo son los niños…y me di cuenta que estaba goteando y ensuciando todo… y quería…– La rubia hizo una parada. Aquella mujer le sostenía la mirada como si realmente la conociese, pero el gesto de su cara era severo, ni un ápice de que lo que le aquello fue de su interés. – Lo siento.
Un silencio incómodo prosiguió, Emma seguía mirando sin saber qué hacer o qué decir. Sin embargo, para Regina era todo lo contrario, sabía perfectamente que decir y que hacer. Y era tan simple como conocer a aquella extraña que había perpetrado en su vida, y luego acabar con ella, aunque fuese lo último que hiciese. En otras circunstancias, o por otras cosas, todo sería más fulminante, podría hacerlo sin pestañear. Pero, en esta ocasión, quería gozar de aquello, quería recopilar toda la información necesaria para perpetrar su gran venganza, acabar con la Señorita Swan, y disfrutar de cada paso. Ella se había llevado algo que no le pertenecía, se había llevado el corazón de su mujer, y así que se merecía eso y más.
- Y dígame ¿En qué consiste su trabajo? – La sonrisa de la empresaria era fría, denotando poca cordialidad y mucha dominación.
- ¿Perdón?
- A parte de mancharse, y manchar a los demás, doy por hecho de que usted hace otras cosas…
Emma se rio por dentro, no conocía nada a aquella persona, pero algo le hacía intuir que su mancha estaba bien merecida. Sería la típica mujer con dinero cuya obra de caridad del año sería adoptar a algún niño sin hogar. En otro día, hubiera sonreído, y hubiera dicho que era una educadora social del centro, luego se hubiera despedido, porque así era ella, le gustaba ser amable con los desconocidos, por mucho que estos le sacaran de sus casillas. Sin embargo, en ese preciso minuto, el volcán de sentimientos que llevaba dentro entró en erupción y comenzó a hablar.
- Sí, claro que hago más – La rubia, educada por lo general y que nunca levantaba la voz, se dejó de lado su habitual comportamiento, haciendo que su tono fuera completamente irónico, independientemente que aquella mujer fuese una futura madre a la que aquello le daba igual - Juego y cuido de los niños que están ahí adentro. – Emma señaló la habitación de la que había salido minutos atrás - Mientras que ahí afuera están jugando a adornar los problemas para que la gran jefa esté contenta y pueda irse hoy aún Spa pronto– El gesto de Regina no cambió, aun sabiendo que se estaba refiriendo a ella- Además me peleo con familias y con el mismo Estado, y todo esto sin tener ni idea de leyes… ¿y por qué? Fácil, porque no contamos con buenos abogados, ya que los buenos están solucionando problemas banales… como, por ejemplo, las multas de mal estacionamiento o de velocidad de los altos directivos de la empresa – La rubia no pudo controlar cada palabra, y a cada segundo estas salían con más fuerza y con cierto sarcasmo. Necesitaba soltar todo aquello que llevaba guardando - ¿Qué más hago?... Pues malabares con el poco presupuesto que tenemos al año, y cada vez se acorta más, porque está asociación no da dinero, y no interesa tenerla abierta – Regina no quiso pronunciarse. Era la primera vez que alguien le hablaba así, sin haber sido despedida con anterioridad. Aquella persona le estaba desafiando sin saberlo. Y lo que más llamó la atención a la empresaria fue que había algo diferente en aquella mujer de cabellos rubios. Una sensación inexplicable se instauró en su ser - Además de buscar las mejores familias para esos niños, que se merecen mucho más… Muchísimo más… - Emma suspiró –Y hago lo más importante, aquello que no sale en ningún informe… Les doy de comer cuando ellos no pueden, y cuido sus heridas, soy su cámara fotográfica cuando ríen, su luz cuando no pueden dormir en la noche, su madre y su hermana cuando lloran, su consuelo cuando se percatan que nadie les adopta, soy sus muletas cuando se niegan a andar, su amiga cuando han perdido la ilusión… - La rubia fijó su mirada en esos ojos marrones que pocas emociones parecían mostrar. Pero a ella le daba igual. Hoy le daba igual. - Y no solo yo, aquí hay personas que son su familia, que se desviven por ellos… Pero esto no interesa enseñarlo… No… Lo único que interesa es que a una rica que montó esto, seguramente para salir en una portada, le hagan creer que todo va bie…
- -¿Regina Mills?- La voz de Belle, quien acaba de salir de la habitación de los juegos, interrumpió las palabras de Emma.
- - ¿Quién? – Emma giró su cabeza en todas las direcciones intentando encontrársela a ella y las veinte personas que seguro le seguirían.
- - Yo – Dijo sonriendo la mujer morena que tenía enfrente para su sorpresa.
Continuará…
Qué os ha parecido el capítulo? Ya tenemos el reencuentro, y también una metedura de pata… Cómo reaccionará Regina? O cómo lo hará Emma?...
