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La chica se quedó sin habla momentáneamente. Sujetó con fuerza los archivos y se colocó un mechón de pelo que se había soltado del improvisado moño tras la oreja.
Harvey observó sus movimientos, lo cual la hizo sonrojarse. Ya algo más recuperada carraspeó y logró hablar.
-Harvey...hola...
''Por dios Akane, ¿un poquito de entusiasmo al menos? Al fin y al cabo, es tu amigo''
-¿Estás bien? Penaba...bueno, pensaba que me llamarías al llegar. –Dijo pensativo.
-Eh... –Akane sacudió la cabeza, intentando despejar su mente. –Sí, sí tienes razón, disculpa Harvey. Llegué hace apenas un día y medio y la verdad es que he dormido todo lo que he podido.
Él frunció los labios, pero le sonrió levemente asintiendo.
-Claro, entiendo.
Hubo un breve silencio incómodo que Akane no soportó. Era la hora de coger al toro por los cuernos, y el primero que merecía la verdad era Harvey.
Él por su parte, no queriendo incomodarla, se encaminó de nuevo hacia la puerta pensando que quizás aún necesitaba tiempo, pero antes de que llegara a ella, Akane le llamó.
-¡Harvey!
Él se giró y la miró con expresión inquieta.
-Dime.
Akane, nerviosa le preguntó: -¿Quieres venir a cenar a casa esta noche?
Harvey sonrió levemente, asintió y le confirmó: -Nos vemos a la hora de siempre.
Akane asintió una vez y le observó marcharse. Al perderlo de vista, exhaló el aire que no era consciente de que llevaba un rato aguantando y pensó que no podía dejar que su relación con Harvey se quedara así de fría. Al menos, no por su parte.
Se dispuso a revisar los informes pensando en que hace tan sólo unas semanas, de verdad se planteó aceptar su propuesta de matrimonio. ¿Y ahora? Ni siquiera había sido capaz de llamarle para avisarle de que había aterrizado sana y salva.
-Genial, Akane.
Sacudió la cabeza y se dispuso a trabajar.
Horas después, dejaba el último informe firmado en la recepción de consultas suspirando agotada, pues aún no había salido del todo de los efectos del jet lag y se notaba agotada. Miró la hora en su móvil y sonrió automáticamente al encontrarse con un mensaje de Ranma.
''Deseando despertarme con esa vista cada día de mi vida. Eres un bellezón. Que tengas un buen día, nena.''
Akane se sonrojó. No sabía si se acostumbraría a este nuevo Ranma, atento, cariñoso y halagador.
...
Sí, se acostumbraría.
Le encantaba que le dijera todas esas cosas. Se había dado cuenta de que el Ranma que se había encontrado, no se cortaba a la hora de hablarle, ya fuera de una manera cariñosa para demostrarle sus sentimientos, o de una manera más...íntima. Y no le disgustaba.
Aun con una sonrisa bobalicona miró de nuevo la hora y comprobó que aún le faltaban un par de horas para poder irse, así que se puso manos a acabar el día esperando que el tiempo se pasara más rápido.
Tras lo que ella consideró como un día agotador, Akane llegó a casa con el tiempo justo de recoger un poco, darse una ducha y encargar algo de comida antes de que llegara Harvey.
Nerviosa, iba de un lado a otro por el apartamento mientras pensaba en qué le diría. ¿Cómo se lo tomaría?
''Vas a dejarle después de que te pidiera matrimonio Akane, saltos de alegría no va a dar''
La chica se pasó una mano por la frente intentando calmarse, cuando sonó el timbre.
-Hey, hola. –La saludó con una cálida sonrisa Harvey al abrir la puerta.
-Hola, pasa vamos. –Le instó ella haciéndose a un lado.
Él asintió y al cruzar la puerta, depositó un suave beso en la mejilla de Akane. Ella le sonrió en respuesta y ambos se dirigieron a la cocina.
-Acaban de traer la comida, he encargado Griego, ¿tienes hambre?
Akane comenzó a vaciar las bolsas, intentando desesperadamente tener algo que hacer con las manos, cuando vio que Harvey depositaba una botella de vino sobre la encimera, a su lado, mientras notaba que su mano se posaba sobre su cadera y su frente sobre uno de sus hombros, permaneciendo tras ella.
La chica se quedó estática de repente y no se movió, esperando que Harvey no hiciera otro movimiento, cuando recordó las palabras de Ranma al hablar con él hacía un rato. No le había mencionado que Harvey vendría a su casa, pero sí que hablaría con él.
Ranma sabía que tendrían que hablar, no que él estuviera de acuerdo puesto que le gustaría estar ahí. Odió no poder estar con ella por si el americano intentaba algo y así poder romperle la carita con todo el gusto, por ello no pudo evitar decirle a su chica:
''-Dile que tenga las manitas donde puedas verlas...sólo verlas
-Ranma, eres un exagerado. –Comentó ella rodando los ojos.
-Piensa lo que quieras, pero sé el efecto que provocas en los hombres, seguramente también en muchas mujeres. Joder, sólo con pensar en que te verá a solas... ¿sería una locura si cojo un avión y no te dejo salir de la cama hasta el año que viene?
Akane rió divertida. –Eso es mucho tiempo, alguien confía demasiado en sí mismo ¿no? –Preguntó intentando picarle.
-¿Qué? –Exclamó él. –Oh nena, aún no has visto ni sentido nada. Sólo espera a que vuelva a tenerte para mí solo.
Akane suspiró exageradamente siguiéndole el juego. –Supongo que de momento tendré que conformarme con fotos tuyas antes de irme a la cama... –Ronroneó.
-Te estás ganando que me presente ahí y te lo demuestre. –Amenazó con voz profunda. –Tendría que castigarte, ¿sabes?
-¿Es eso una promesa?
Ranma gruñó sonoramente, con impotencia, ante la risa de Akane. –Me estás matando nena...Eh, ahora en serio, –Añadió, -no dejes que te toque, por favor.
-No tienes por qué preocuparte, Ranma. –Agachó la cabeza, avergonzada pero complacida por su celo hacia ella, aun a sabiendas de que él no podía verla.
Silencio.
-Tú prométemelo...por favor.
Ella sabía que se quedaría relativamente más tranquilo, si fuera al contrario de hecho, probablemente ella también necesitaría oírselo decir. Además ella no pensaba dejarse tocar románticamente de ahora en adelante por nadie que no fuera ese cabezota troglodita. Sonrió.
-Te lo prometo, cariño.
Ranma respiró tranquilo.''
Apretaba sin darse cuenta el paquete que contenía el pan griego mientras rememoraba a toda velocidad la conversación con Ranma y la promesa que pensaba mantener.
Algo incómoda, dejó el paquete e intentó hacerse a un lado.
-Harvey. –No respondía, tan sólo le sentía respirar en su hombro. –Harvey tenemos que hablar. –La chica intentó separarse de nuevo, pero Harvey la aprisionó por ambas caderas, pegándose a ella.
-Luego hablamos. –Besó su hombro descubierto.
Akane se envaró, y con algo más de fuerza, se libró de su agarre posicionándose a varios pasos para mirarle directamente.
-Harvey no...yo no... –se apartó el pelo de la cara. –No puedo hacer esto.
