Buen miércoles! Ya estoy de vuelta :)

Muchas gracias a los que leen esta historia, la siguen o la hacen su favorita.

Gracias por vuestro comentarios que no solo gustan, sino que también ayudan: dibarbaran , begobeni12, , SnixRegal , TheWonderlandFreeT456 , Guest , Ruth maria , Guest , 15marday , Eristera , EvilRegalJMO , Catwomen1974 , BeaS, EmmaS92, SaikoSwan , PrincesseMal , Wenn Swan Mills , NATACHA PAREDES , LectoraMills , kykyo-chan, Guest , LyzzEQ , LiteratureloverE3, mills1

Espero que disfrutéis!


CAPÍTULO 7: EN EL EPICENTRO DE SU INFIERNO

Deje de luchar contra la oscuridad,
y me di cuenta, que siempre fui parte de ella
Ahora me tiro en abismos,
y de vez en cuando, alimento a mis monstruos,
Están escondidos en mí,
y a veces, se les da por salir.

(Dromerig Vliegend)

- Yo – Dijo sonriendo la mujer morena para sorpresa de la rubia.

Emma se había quedado estupefacta. De pronto, como si la realidad quisiera entrar en escena, cada una de las palabras que había dicho minutos atrás se proyectaron en su mente, maldiciéndose mil veces. Aunque a ella no le gustaba creer en los rumores, no pudo evitar la evidencia, había metido la pata hasta el fondo y sabía que aquello era el fin de su vida en Somnia. Regina Mills, cuyo alias era la Reina Malvada, tardaría menos de un segundo en despedirla, aun incluso confesando que todo lo que dijo con anterioridad era producto de su mal día, del cansancio y de la impotencia.

- Lo… Lo sien…

- No lo haga – La voz ronca de la empresaria interrumpió la disculpa de Emma. Para Regina, seguramente aquella chica pensaría que estaba rozando el infierno por su discurso errado con la persona equivocada. Lo que no intuía, es que gracias a él le había proporcionado la excusa perfecta para poder acercarse lo suficiente y llevar acabo su venganza. La empresaria rio internamente, saboreando aquel momento. Pobre inocente. Emma Swan estaba a punto de entrar en el epicentro de su infierno.

La rubia miró a aquella mujer frente a ella, casi sin pestañear. Su gesto seguía sin cambiar, parecía desafiante, y su mirada era intensa. Pero ¿Qué había pasado? ¿Por qué no le gritaba y le despedía enseguida? ¿Por qué no quería sus disculpas? El murmullo de gente por el pasillo y su propia compañera llamándola, rompieron su reflexión.

- Señora Mills, le estábamos buscando.

- Perdón– Regina giró su cabeza hacia Elsa – Salí del baño y no sabía hacia dónde dirigirme.

- ¿Está usted manchada? – El murmullo se hizo más intenso. Y Emma recordó que también era la culpable de aquello. El día de hoy tenía que acabar ya. Un dolor punzante se instauró en su cabeza.

- Sí, pero no se preocupe, ha sido un accidente – la empresaria sonrió fríamente- Necesito un despacho y cero interrupciones.

- Claro – Elsa miró a Emma, aún pálida, e intentó saber qué había pasado. Sin embargo, la única respuesta que obtuvo fue un levantamiento de hombros por parte de la rubia – Sígame.

La directora del centro fue la primera en dirigirse a su despacho. Le seguían dos administrativos más, el periodista y el fotógrafo, este último no perdió tiempo en fotografiar a la empresaria así. Más rezagados estaban Sydney, extrañado del requerimiento de su jefa, y esta, quién no se había movido de su sitio. Después de un gesto a su ayudante para que avanzara, volvió a mirar a Emma, aún intimidada por descubrir quién era la mujer con la que había tropezado.

- Vamos – No fue una pregunta, el tono de la morena expresaba una orden. No obstante, Emma no se pudo mover, simplemente miró a Regina, y esta le devolvió la mirada. Ahora sí se encontraba en el punto más álgido de la intimidación. – No me haga repetirlo Señorita Swan… Acompáñenos.

A la rubia le hubiera encantado girarse y poder hablar con su amiga. Le hubiera encantado decirle que había metido la pata y que estaba a punto de ser cesada. Porque sí, eso es lo que iba a pasar. Después de cuatro años iba a ser despedida por decir la verdad a quien no debía. Suspiró con resignación, y se dio la vuelta, pero no dijo nada, solo sonrió a su amiga para no preocuparla, marchándose acto seguido detrás de su jefa, quien se había adelantado clavando cada tacón en el suelo de madera, haciendo que este retumbara y que el sonido que provocaba se colase en cada centímetro del cuerpo de Emma. Definitivamente, aquello iba a ser su final.

Al llegar a la puerta de la directora, observó cómo todo el mundo estaba esperando a Regina. Para asombro de la rubia, lo que vino después fue impredecible.

- ¿Este es el sitio? – Preguntó la morena mientras Elsa asentía con la cabeza – Muchas gracias… Necesito unos minutos a solas con la Señorita Swan… Ruego que no se me moleste ¿Entendido? Y eso le incluye a usted, Sydney.

En ese preciso momento el mundo se congeló, no solo para Emma, sino también para las otras cinco personas. Ninguno comprendía nada, eran ajenos a lo que minutos atrás un simple zumo había provocado.

- Pase – Volvió a ordenar Regina desafiando de nuevo con su mirada a la rubia. Esta tragó la saliva e intento aparentar que no estaba nerviosa. Sin embargo, la morena podía distinguir la alteración de cualquier empleado a miles de Kilómetros. Tal vez Emma no era tan diferente como creyó minutos atrás.

- Entonces ¿Le espero aquí Señorita Mills? – La voz de Sydney era suave, un susurro para no despertar a la fiera. Después de la chocante petición de que todo el mundo se quedase fuera, no sabía lo que pretendía su jefa, pero auguraba que nada bueno. Regina Mills tenía muy claro su objetivo, vengarse de la Señorita Swan, y aquella mujer inocente, que por casualidades del destino había caído en la tela de la araña, no tenía ni idea hasta donde llegaría Regina para conseguir lo que quería. En un principio, lo que él barajaba en su mente era un despido. Era simple y eficaz. Así que lo que vino después le extrañó, ¿Por qué Regina no quería hacerlo en público? Cualquier excusa le hubiera bastado, o ninguna, eso daba igual, tenía ese poder. Miró la camisa de ambas. Y todo se descuadró en su mente. ¿Qué plan tenía su jefa? ¿Por qué estaba manchada? ¿Por qué hablar en privado con ella? Él era la mano derecha, y nunca se había perdido ninguna reunión, nunca. ¿A qué estaba jugando? Su sentido se bloqueó todavía más cuando la empresaria, con una mirada severa, no dijo nada, pasando directamente en el despacho, seguida de Emma.

Al entrar, Regina ojeó aquella minúscula sala y luego se acercó a la mesa que en ella había. Posteriormente, un poco más lento, también lo hizo Emma. Aunque, por una nueva orden, se sentó en una de las dos sillas que había para visitas en vez de quedarse de pie. Para su sorpresa, la morena no se sentó en la silla de la directora, sino en la mesa, marcando de esta manera la superioridad que le rodeaba.

- Le seré franca Señorita Swan… En otra ocasión le hubiera despedido por tirarme un líquido pringoso… Mas…está de suerte – Regina sonrió hipócritamente. Sin embargo, a su pesar, no estaba tan cómoda en su total dominio como en otros casos. Otra vez esa sensación inexplicable. Aquella mujer tenía algo que no podía describir, le hacía sentir de una forma que no hubiera imaginado. Sus muros, forjados en hierro puro, se levantaron con más fuerza que nunca. - Le voy a ofrecer un trato.

- ¿Cómo? – De todas las frases que la rubia se pudo imaginar momentos previos, ninguna tenía que ver con lo que estaba escuchando.

- En vez de despedirla… Le ofrezco la oportunidad de cambiar este sitio – La falsa sonrisa de Regina no se movió. – Es cierto que los informes que me van a pasar no refleja nada de lo que usted ha mencionado en el pasillo… Y me interesa la verdad… Ciertamente, no se equivoque Señorita Swan, no me han gustado sus maneras… Pero creo que llegaremos a entendernos – Emma no apartaba su mirada de aquella mujer, era atrayente.- ¿Sabe lo que quiero decir?

- No – Y era la verdad, la rubia esperaba un despido, no un acuerdo.

- Lo suponía… - La intensa mirada de Regina se clavó en los ojos claros de su empleada

- ¿Qué supone Somnia Vera para usted?

- No tendría palabras para explicarlo – La rubia no quería relajarse, no debía, no obstante aquella pregunta despertó en ella demasiado sentimientos para darse cuenta que estaba enfrente de su jefa. Un nuevo pinchazo en el corazón. Últimamente se sucedían mucho. Debía hablar con su médico. – Se podría decir que es lo más especial que tengo...

- Entonces es usted la persona adecuada – La mirada de Regina Mills se iluminó. Sí, un despido hubiera sido rápido, pero no lo hubiera saboreado. Quería más. Quería destruirla - Quiero que me diga lo que realmente pasa en este lugar… Será mis ojos…Para ello, necesitaré informes redactados por usted y una estrecha colaboración… Nos reuniremos cada semana si hace falta durante este mes. Al finalizar, comprobaré si realmente hace falta todo lo que has dicho o simplemente ha sido una opinión personal… Por si lo duda, no solo tiene el futuro de usted en sus manos, también tiene el futuro de Somnia.

Aquellas últimas palabras atravesaron el corazón de Emma. Jamás había tenido una responsabilidad tan grande. Si aquello fuera cierto, no se iba a ir solo ella a la calle, sino que arrastraría a todo el mundo, incluidas sus amigas. Su corazón galopó como nunca, y su respiración parecía estar fallándole.

-Ah, por si se lo preguntaba – Regina se levantó mostrando una actitud cual reina – No es un trato que pueda rechazar o una opción que pueda elegir… Si usted no presenta esos informes, este sitio será cerrado en menos de una semana… Espero haber sido clara.

Su actitud, sus aires de grandeza, su risa, sus ojos, o cualquier movimiento que realizaba la morena, le indicaba claramente a Emma que estaba hablando en serio. Ahora el despido no le parecía mala opción.

- Tendrá todo lo quiera – Susurró la rubia. Entretanto, en la mente de la empresaria se proyectó la frase "puedes estar segura de ello", pero no dijo nada. Aquello le parecía un juego, su juego.

Regina caminó hasta la puerta y se paró en seco antes de abrirla.

- Mañana tendremos nuestra primera reunión… Mi secretario hablará directamente con la directora de este centro para decirle que usted estará trabajando directamente para mi durante este mes y que no podrá cumplir con sus obligaciones aquí – La morena abrió un poco la puerta - Le advierto, no será fácil.

Con esas últimas palabras la empresaria salió del despacho, dejando a una Emma hundida en la silla. ¿Podría defender todo aquello en lo que creía? ¿Era demasiado compromiso para ella? ¿Hasta qué punto Regina Mills iba a llevar a cabo su amenaza? Estas y tres mil preguntas más se fundieron en su mente.

La rubia estaba desorientada, sin poder moverse, sin embargo advirtió como, a pocos pasos de la sala donde permanecía, la empresaria se despidió cortésmente de Elsa alegando que estaba cansada y que su asistente se pondría en contacto a lo largo del día con ella. Del mismo modo, sonrió al periodista diciéndole acto seguido que a lo largo de la semana contactarían con él para realizar una pequeña entrevista y así complementar el reportaje.

Diez minutos después de todo esto y, tras unas cuantas despedidas y percatarse de los susurros de cada grupo por el que pasaba, Regina Mills ya se encontraba en su Mercedes con Sydney a su lado. No había dicho mucho desde que había salido del despacho y aquel hombre estaba deseoso por saber que había pasado dentro de él. Conociendo la frialdad de su jefa, no podía ni imaginar que maldad se le había ocurrido esta vez para acabar con aquella chica.

- ¿Todo bien con la Señorita Swan?

- La Señorita Swan trabajará directamente para nosotros durante un breve tiempo. – No añadió nada más. Regina Mills era así. Ella tomaba una decisión, y no tenía dar explicaciones a nadie, y nadie intentaba saber los motivos.

- Está bien.

El coche por fin arrancó, y la empresaria se quedó contemplando el paisaje. Aquel día no había llovido, pero aun así, seguía guardando cierta tristeza. Su mente empezó a revolver ciertos recuerdos del pasado que había enterrado. Ambicionó deshacerse de ellos cerrando fuertemente los ojos. Pero era imposible, estaban allí, y todo lo que intentaba hacer para que esto no pasase acababa llevándola siempre al mismo punto una y otra vez. ¿Cómo explicar racionalmente que estaba dispuesta a vender el resto de sus días al diablo tan solo por notar lo que sería volver a sentirse un segundo parte de Kath? Abrió los ojos de nuevo. Porque en eso consistía su venganza, percibir de nuevo su corazón cerca mientras lo destruía para no aferrarse a ella. Era su forma de pasar por aquel dolor que codiciaba relegar. Su forma de zanjar con todo y poder seguir con su vida.

– Por cierto, necesito todos los papeles necesarios para cerrar un lugar.

- ¿Los papeles definitivos o desea que hagamos un estudio por si es viable?

- Los definitivos.- El secretario se quedó un poco pensativo ante aquellas palabras tan directas de su superiora. Además no se podía quitar de la mente por qué la Señorita Swan iba a trabajar con ellos ¿Qué perversidad se le había ocurrido?

- ¿De qué sitio se trata?

- Quiero cerrar para siempre Somnia Vera.


Continuará…

Qué os ha parecido este capítulo? Os esperabais la reacción de Regina? Tendrá algo planeado? Qué pasará en la primera reunión?...